miércoles, 9 de enero de 2019

ROMA


Se ha escrito muchísimo sobre la más reciente película de Alfonso Cuarón (dirección, guion y fotografía). La mayor parte no lo he leído (o solo por encimita) porque no quería echarme a perder la experiencia de ver la obra por primera vez. (Hay quien ha llegado incluso a compararla con el nuevo traje del emperador. En fin, cada quien.)

Aquí no pretendo más que compartir lo que fue para mí ver ROMA. En la cineteca de la Ciudad de México (adonde yo no había vuelto en más de 20 años). Con Santiago. Y con Pilar.

Llegando a la Cineteca
Pese a que suele suceder que algo que viene tan ensalzado nos decepciona cuando finalmente nos encontramos con ello, a mí con ROMA me pasó lo contrario. La amé desde la primera secuencia: los créditos sobre el agua en el pasillo de la casa de la calle Tepeji, con reflejo de ventana y avión incluidos. Preciosa.

Y me encantó la manera en que el agua (ahí, y en el mar, al final) juega un papel tan primordial en la historia de Cuarón: como símbolo de la vida, que pasa, o del tiempo, que sigue su curso, y en su discurrir acaba por curar las heridas, por reconciliarnos con lo que nos ha sucedido y, en última instancia, con nosotros mismos.

ROMA es para mí una historia de personas, diferentes pero hermanadas por el simple hecho de ser personas. Que aman. Que se decepcionan. Que pierden. Que tristean. Que se culpan. Que se acompañan. Que se quieren. Que se apoyan.

En ROMA como es afuera es adentro. O como es adentro es afuera. La vida al interior de la casa de la colonia Roma, al interior de quienes la habitan, resuena, hace eco, de la turbulencia en la vida del país.

Santiago a la salida de la peli
ROMA es tan local, en cuanto a espacio y en cuanto a época, que alcanza una dimensión universal, yendo mucho más allá de sus coordenadas de tiempo y lugar. Por supuesto que las referencias para alguien que vivió en los años setenta en la Ciudad de México, serán diferentes que para alguien que ha vivido en otro lugar o en otro momento, pero las resonancias más profundas, tocan a quien sea, en donde sea.

ROMA es cine de autor en todo su esplendor. Como el europeo. Como el americano. Como el mexicano. Como el que, en realidad, no necesita etiquetas. Porque, de hecho, es más que cine de autor. Es arte que te toca porque todos nos podemos conmover con el arte. Porque somos arte. Porque nos reconocemos. Los unos en los otros.



aquí, de pilón, una reseña, muy buena y más en forma, de la peli
por Camilo Rodríguez en Arcadia.


4 comentarios:

  1. Me encantó,concuerdo con tu opinión y a mí tambn me dejó ver la condición del masculino que abandona y es irresponsable frente al femenino quien rescata y es obligada a contener emocional y económicamente a su familia, mientras trata de elaborar sus sentimientos, al mismo tiempo que se alía con otra mujer que sirve a la familia desde su lugar creando una alianza.
    Un abrazo

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    1. Qué rico que me compartas tus reflexiones, Susy. Yo no resueno con una visión tan dicotómica de los géneros. Me parece que los bordes son más flexibles y que las etiquetas tienden a reducir y a acercarnos al juicio. Sería rico platicarlo en persona. Gracias por leerme y comentarme siempre. Un abrazo de vuelta.

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  2. De acuerdo contigo Adela, Roma a mi también me capturó desde la primera toma. Llena de símbolos que vamos descubriendo y descifrando poco a poco; me parece un maravilloso retrato de nuestra esencia como personas, mexicanas, como mujeres, como miembros de una familia, como ciudadanos de un México hermoso, donde se siguen cometiendo injusticias y atropelías contra los derechos humanos fundamentales, donde se miente, se mata, se abandona, se sufre, pero también se ama, se acoge y se da calor humano. Me encantó.

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    1. ¡Qué bonitas tus palabras, Gina, y gracias por compartirlas conmigo! Tu descripción de lo que te transmitió la peli me parece precisa y emotiva y siento que complementa naturalmente lo que yo escribí. Me alegra que coincidamos y ojalá pronto lo podamos platicar en persona. (El asunto de los símbolos me pareció fascinante.) Te mando un abrazo hasta allá...

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