sábado, 21 de marzo de 2026

Invitada: Roshi Joan Halifax


Cuando a un perpetrador de daño se le pide que se haga responsable y luego se presenta como la víctima, se lleva a cabo una inversión peligrosa. Aquí la responsabilidad se replantea como persecución. Aquellos que han sido lastimados, que nombran el daño o que piden reparación se ven como agresores, mientras que el perpetrador que causó perjuicio reclama la, así llamada, superioridad moral, presentándose como si estuviera bajo ataque y como si fuera él mismo una víctima. Esta maniobra desvía la atención de la víctima real del daño hacia el supuesto agravio del perpetrador a quien se le está pidiendo que rinda cuentas.
Esta desafortunada estrategia fractura la confianza y puede silenciar a las víctimas reales, que comprensiblemente pueden sentir angustia, vergüenza, enojo o entumecimiento como resultado de ser menospreciadas, ofendidas, marginalizadas, acusadas de "causar división" o informadas que "no entienden el panorama más amplio".

En esencia, un perpetrador que coopta la posición de víctima es una ejemplo de evasión atroz de responsabilidad y provoca más daño a las víctimas genuinas. Rendir cuentas requiere que el perpetrador no redirija la vergüenza y la culpa hacia las víctimas reales. Esta estrategia de revertir tiene un costo terrible: impide que las víctimas sanen y obstruye cualquier oportunidad de reparación y reconciliación.

😶 desde un abuso sexual 🫥 hasta un genocidio 😐 un perpetrador 🫤 NO es una víctima: lo pudo haber sido en el pasado pero su actuar presente es su responsabilidad (esta es una reflexión mía tras traducir el texto de JH)


un abejorro, no un perpetrador, en mi balcón














Original en inglés en esta página.
Traducción al español e imagen, mías.

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