Momento real
Agosto de 2002, sobrevolando el Distrito Federal en busca de la pista del aeropuerto Benito Juárez, el mismo de una dolorosa despedida casi dos décadas
antes. Allá abajo, en algún lugar del distrito, o quizás en sus alrededores,
estabas tú. No sabía dónde y tampoco me importaba conocer el lugar concreto. Me
bastaba saber que, aunque para mí inalcanzable, estabas en algún lugar.
Formando parte de un fugaz pasado pronto convertido en un doloroso trascurrir.
“Y de pronto, son años”, decía Silvio. La inmensidad de lucecitas extendidas en
todas dirección formaba una alfombra luminosa bajo el blanco airbus de la
compañía Taca. Quizás una de estas lucecitas estaba iluminando la ruta de tu
auto o quizás era la ventana iluminada de tu alcoba. Y quizás tú estabas
escuchando el rugido de un avión, uno más entre tantos, sin imaginar que yo
estaba allá arriba.
*
Momento imaginado
Influenciado por la lectura de Bajo el volcán, de
Malcolm Lowry, por un momento me imagino un atardecer en Quauhnahuac.
Un atardecer dulce como una fruta tropical, con el sol ansioso de esconderse.
Imagino los zopilotes volando en círculos a gran altura, recortados en negro
bajo el cielo todavía azul. Veo los inexistentes autobuses de la ruta
Zócalo-Tomalín. El viejo Volkswagen Golf aparcado frente a un edificio con
revoque de color amarillo. Los climatizadores del supermercado vecino rugiendo
a toda máquina. La penumbra de la alcoba bañada en aquella maravillosa luz
anaranjada. No me veo haciendo el amor, porque, como dijo Cortázar, “él nos
hace a nosotros”. Me imagino el amor haciéndonos a nosotros, conformándonos en
carne y alma como solo uno solo.
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