martes, 16 de julio de 2024

c h a r c o

Este vocablo ha aparecido en mi blog 15 veces, aunque solo una en un título (aquí) para describir un autorretrato. Hasta hoy no había buscado la definición en el diccionario y, la verdad, no es una de las más inspiradas de la RAE:

charco
 

Voz onomat.

1. m. Aguau otro líquidodetenida en un hoyo o cavidad de la tierra o del piso.

Sin.:
  • charcaaguachar1lagunar1.

2. m. Col. Remanso de un río.

cruzar, o pasar, el charco

1. locs. verbs. coloqs. Cruzar el marpor lo general el Atlántico.


Lo primero que me pregunto es cómo es que "charco" es una voz onomatopéyica. Cuando piso uno o salto en uno, yo no escucho nada parecido a "charco", pero puede ser que otres, sí. Me encanta el uso que le dan en Colombia, porque la palabra "remanso" es hermosa. Yo la mayoría de las veces he usado "charco" en la locución adverbial coloquial, o sea, para describir cuando cruzo el Atlántico, que para mí ha sido, casi siempre, equivalente de aterrizar en España.

Lo que la RAE no sabe es que un "charco" (o una "charca", que en femenino parece ser solo más grande) es mucho más que "agua u otro líquido detenido en un hoyo en la tierra". En un charco cabe el cielo entero, con nubes, con hojas de árboles, incluso con la luna toda o su mitad, como en estos donde a ella se aproximan unas burbujas de agua:


O donde las nubes conviven con una rama de jacaranda:


En un charco, descansa Antuanito cuando no nos está llevando a algún lugar:


Y en un charco se ve el mundo al revés y fragmentado, quizás más cercano a como es en realidad:



Lo que la RAE tampoco sabe es que los charcos son enemigos de la gente de bien que vive en condominios civilizados donde hay que combatirlos, igual que se combaten las plantas que salen por las grietas de las bardas (como cuento aquí). Así que en el condominio donde vivo, aunque yo no sea gente de bien, han empezado con una operación, en tres etapas, para cambiar los adoquines y ganarle la partida al agua de lluvia y su magia. Ya concluyeron la primera etapa y yo estoy tratando de salvar algunos charcos antes de que terminen la segunda y la tercera.

Así el progreso determinado por el capital, la utilidad, la productividad y demás -dades sin imaginación.
Qué se le va a hacer.
(Buscarse otro lugar para vivir. Supongo).

viernes, 12 de julio de 2024

Khenchen Thrangu Rinpoché


Cuando se trata de generar la actitud del bodhisattva*, la buena voluntad es más útil que la mala voluntad. Así que como practicantes, se nos aconseja cultivar la actitud de buena voluntad tanto como sea posible and reducir nuestra mala voluntad. ¿Por qué? Porque cuando nos acostumbramos a una actitud, tarde o temprno se manifesta; tarde o temprano, se expresa, no solo en palabras, sino en acciones también.

Si expresamos buena voluntad, inmediatamente ayuda a otros, e indirectamente, tarde o temprano, eso nos ayuda a nosotros. Por otro lado, la mala voluntad inmediatamente lastima a otros e indirectamente nos lastima a nosotros también. ¿De dónde provienen la mala voluntad y la buena voluntad? La mala voluntad procede de considerar que nosotros mismos somos los más importantes y la buena voluntad procede de considerar a los otros como los más importantes.


*bodhisattva: se refiere al practicante budista que se compromente a alcanzar la budeidad (o iluminación última) en beneficio de todos los seres sensibles, no del suyo propio
(N. de la T.)






Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

domingo, 7 de julio de 2024

m i l a g r o 2


Y sí, esta palabra me sigue dando un poco de repelús, como cuando la usé por primera vez para darle título a una entrada acá. Pero no se me ocurre otra para hablar de la biznaguita que vive en mi balcón y que, después de unos 20 años, más o menos, hace un par de días echó su primera flor.






Todo empezó con un chipotito peludo que le descubrí hará unas dos semanas. Aquí se ve en primer plano. A la izquierda se aprecia también un hijo que hace algunos años le salió al cactus en cuestion (que según gugle es más bien un Equinopsis).



Después de un par de semanas, más o menos, el chipotito se alargó y se despeinó por la lluvia y el viento. Había pasado el retiro de la sangha y estábamos a punto de irnos Santiago y yo a Chimal. Mi miedo de que pudiera malograrse la flor parecía infundado. Ya se perfilaba con mayor claridad. Ahora mi temor era que nos la perdiéramos al estar fuera de Cuernavaca. (Chale con los miedos y temores.)



Volvimos de casa de mi comadre y el chipotito alargado se había seguido estirando: un proceso muy sorprendente que yo nunca había atestiguado. Parecía una espada lanzándose a por el mundo. Y al cabo de un par de días más, ya se notaban los pétalos. Parecía que serían rojos.




Entonces llegó el final del miércoles y me asomé al balcón para ver cómo venía la noche, cómo venía la lluvia, cómo venía el viento. Descubrí que la flor de la biznaga estaba empezando a abrir y empecé a enloquecer sacándole fotos. (Sí, tratando de poseerla, de evitar que se perdiera, de hacerla duradera. Ahora lo veo.) También tomé la precaución de bajarla al piso del balcón. Primero pensé que si había brotado allí en el pretil, estaría segura. Pero luego arreciaron la lluvia y el viento y no quería que la destruyeran antes de tiempo.


Al día siguiente, el jueves por la mañana, amaneció así, en el piso del balcón, esta bellezísima, en su momento de mayor apertura.


La volvía a subir al pretil, pero la coloqué más al centro para poderla admirar desde adentro de mi casa con mayor facilidad. Y el enloquecimiento fotográfico se disparó a mil. (El apego dirían por ahí, el ansia por prolonngar el instante, la vida.) Se la presumí a Juana y se la presumí a Santiago y seguí sacándole fotos. De más cerca, de más lejos. De su corazón y de su sillueta completa. Con luz solar directa y a contra luz. No tenía ni idea cuánto duraría. (Hay flores de cactus que duran un solo día o una sola noche.)

Aquí una miniselección:









con admirador













Se pasó el jueves yel viernes aún seguía abierta. Ya con menos energía. La vida se le empezaba a evaporar. Como a todos. Pero qué fuerte es verlo en una flor, que empezaba poco a poco a cerrarse (desde el mismo momento de su apertura en realidad).

Aún cerrándose era bella:









El sábado, la flor trompeta amaneció ya doblada. La vida se le iba y se empezaba a marchitar. La fotografié para tener la documentación toda. Y el corazón se me encogía. Un poco. 


Y hoy domingo, un poco más aún.




Todavía se me encoge el corazón frente a la impermanencia, el paso del tiempo, la llegada de la muerte, que viene ya incluida en el nacimiento y sin la cual no habría nuevos nacimientos.
Lo sé, pero 
aún me cuesta,
aún me duele,
aún me entristece.

miércoles, 3 de julio de 2024

4 recuerdos de silencio (bis)


1.

Recuerdo cuando de niña escuché que mis papás estaban teniendo relaciones sexuales. Me quedé completamente callada y quieta en mi cuarto, entre aterrorizada y fascinada. No era una situación amorosa, sino más bien violenta y peligrosa. "Me matas. Me duele. Detente." Entre gemidos indescifrables. Y yo, paralizada, sin poder moverme. La primera vez que le conté a alguien este recuerdo fue a Deepak L., mi novio hindú. No me acuerdo si fue antes o después de haber hecho el amor por primera vez.

2.

De adolescente me dejaba resbalar entre la parte baja y la parte honda de la alberca de la casa de Cuernavaca, o me impulsaba hacia atrás, boca abajo, con los pies primero, casi a ras del piso de la alberca, por debajo del agua, preguntándome si era lesbiana o no.

3.

La primera vez que hice el amor, con Deepak L., aquel novio hindú, quedó encerrada en un hueco de silencio, como si la tierra se la hubiera tragado porque olvidé por completo el momento de la penetración. Tengo vagos recuerdos de los momentos anteriores, quizá una cena fuera, celebrando su cumpleaños y yo con mi vestido Pixie de algodón gris estampado con flores blancas. Tengo vagos recuerdos de los momentos posteriores, cuando desperté y descubrí que la sábana estaba manchada de sangre y Deepak dormía.

4.

Me vienen destellos de mi padre convenciéndome de salir del clóset donde me había escondido. De mi padre desabrochándome la piyama. Yo quieta y paralizada dentro de una burbuja de silencio y las enormes manos de la madre de Rembrandt, en la copia del cuadro que hizo Angelina, ocupando todo el espacio, como protegiéndome sin protegerme, como cómplice silenciosa de lo que no debería de suceder nunca. 


Acá la primera vez que escribí sobre este tema.


lunes, 24 de junio de 2024

El cumpleaños del guru


Hoy cumple años el guru, mi maestro, nuestro maestro, Dzogchen Ponlop Rinpoché.
Aquí, en mi traducción, algunas de las palabras que el decano de los mitras, Tyler Dewar, discípulo dilecto y traductor de Rinpoché, comparte al respecto de la ocasión:

El cumpleaños del guru es un momento significativo para nuestro camino contemplativo porque, debido a la buena fortun de que el guru haya nacido, y todas las innumerables condiciones que se reunieron para que nosotros pudiéramos ser guiados por él, nos encontramos en posesión de la preciosa oportunidad para disfrutar el esplendor del dharma, liberar nuestros corazones, paso a paso, mientras también cultivamos la valentía y el poder para ayudar a otros más y más.

Y aquí Dzogchen Ponlop Rinpoché:



Y estas gotas de lluvia sobre flores para festejarlo:




¡Que la calidez de tu sonrisa y la sabiduría y compasión de tu corazón nos acompañen siempre!

¡Que el sexagésimo año en esta tierra en este cuerpo que inicias hoy esté lleno de una ilimitada lluvia de bendiciones!

Happy happy birthday, dpr!


jueves, 20 de junio de 2024

r e c i é n

recién
 

Apóc. de reciente.

1. adv. recientemente. Recién salido. Recién puesta. En Am., u. t. antepuesto al verbo en forma conjugada. Recién lo vi entrar en el cine.


Cuando salí a caminar esta mañana, recién acababa de parar la lluvia. Pensé que no se detendría y que no podría salir. Pero se detuvo. Recién había puesto la pila de mi cámara a cargar, pero sabía que la necesitaría, así que decidí tomarla aunque no estuviera completamente cargada.  

El mundo estaba como recién lavado, como recién salido de la lavandería. O de la lavadora. Brillante y húmedo. Lleno de gotas y gotitas. De diamantes de luz. Me acordé de Sylvia Malkah a quien le encantaba fotografiarlas. Quizá aún le guste. Quizá aún lo haga.

Y me acordé, casi recién despertada, cuando me di cuenta de la fecha, que hoy cumpliría años Adrián. 68. Y pensé en él con cariño. Y le recordé a Santiago que era el cumpleaños de su papá y que le podíamos dedicar el mérito de nuestro día de retiro. Le gustó la idea.

Aquí algunos diamantes de agua y de luz:












domingo, 16 de junio de 2024

Invitado: Thomas Merton


El comienzo del amor es la voluntad de dejar que aquellos a quienes amamos sean perfectamente ellos mismos, la decisión de no torcerlos para que encajen con nuestra propia imagen. Si al amarlos, no amamos lo que son, sino solo su potencial parecido con nosotros mismos, entonces no los amamos: solo amamos el reflejo de nosotros mismos que encontramos en ellos. 















Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

sábado, 15 de junio de 2024

Invitado: Guru Vajradhara el Duodécimo Chamgon Kenting Tai Situpa



Bodhichitta última


Aferrándonos a la dualidad y teniendo apego, tendremos compasión por las víctimas y estaremos enojados con el perpetrador. Tendremos compasión por los pobres pero aversión por los ricos. Tendremos compasión por los débiles pero resentiremos a los poderosos. Tendremos compasión por la gente sin educación, pero no tendremos compasión por quienes disfrutaron de una educación. De este modo, nuestra compasión es parcial, que no es a lo que apunta la bodhichitta última. La bodhichitta última significa no tener prejuicios y no ser parcial. Tenemos que tener compasión ilimitada, esto es, debemos tener compasión por los perpetradores, los ricos, los poderosos, los educados, también, porque se convertirán en víctimas: se volverán pobres, débiles, sin educación y demás. Hemos visto suceder esto muchas veces en nuestra vida. Estas personas y seres crean las causas y condiciones para su propio sufrimiento y desdicha, y por lo tanto, tenemos compasión por ellos. 

Bodhicitta, byang-chub-kyi-sems (‘mente despierta de gentileza amorosa y compasión’), es muy preciosa y no significa que sintamos lástima o menospreciemos a aquellos que son menos afortunados que nosotros. Por supuesto que deberíamos hacer lo que sea que podamos por aquellas personas o seres de quienes nos compadecemos. En el Vajrayana, tener compasión es mucho más profundo que eso. Significa saber que, en última instancia, todo el mundo es sagrado y puro.

Ser imparcial no significa que no escuchemos sonidos, no veamos cosas, no hablemos y no hagamos nada. Escuchar, ver, hablar y hacer cosas no es el problema, más bien, aferrarse a las cosas es el problema. Shri Tilopa le dijo a su discípulo del corazón Naropa: "Hijo, no es por las apariencias que estás encadenado, sino por el aferramiento". Así que, intentamos no estar apegados y no aferrarnos a las cosas e intentamos no rechazar nada. Puesto que todo es una manifestación de las cinco sabidurías, ¿cómo podemos aferrarnos a algo o rechazarlo? Si lo hacemos, se convierten en las cinco contaminaciones, los cinco venenos. Debemos de soltar el aferrarnos o rechazar las cosas y solo estar en el estado primordial y no dual de libertad y apertura. Pero, ¿cómo podemos hacer esto? Teniendo compasión 
incondicional e ilimitada, devoción, determinación y dedicación a la iluminación de todos los seres sensibles. Si tenemos estas cualidades de Bodhichitta, entonces, así como las flamas y el humo de un fuego se alzan naturalmente —libres de intención—, tendremos compasión pura, devoción pura, y dedicación completa. Entonces todo estará bien y avanzaremos naturalmente.⁣





Original en inglés y fuente, aquí.
Traduccion al español e imagen, mías.

miércoles, 12 de junio de 2024

Mi prima Marisa


Cuando pienso en mi prima Marisa, la veo de joven, con un vestido verde largo, guapísima aunque incómoda, en una de las cenas de Nochebuena que se celebraban en casa de mis papás. Yo quería ser como Marisa, pensé varias veces, pero sin las migrañas. Creo que nunca nos parecimos y yo aún tengo migrañas.

Cuando pienso en mi prima Marisa, la veo sentada en una minúscula sillita en el patio de atrás de aquella casa azul de mis abuelos, sus segundos padres, en la calle de Esperanza. Estaba esperando a su primer hijo, o quizás al segundo. Tenía una panza enorme y pintaba muebles para el cuarto del bebé, que llegaría muy pronto. Se veía radiante.

Cuando pienso en mi prima Marisa, recuerdo la primera vez que fumé mota: fue con ella y su pareja de aquel entonces, David. Creo que estábamos en su recámara en la casa de Copilco, adonde se mudaron después del terremoto del 85 y donde yo aterricé cuando abandoné la casa paterna. Yo no sentí nada. También recuerdo que era súper fan de la serie de detectives Moonlighting, que protagonizaran, allá en los 80, Cybill Shepherd y Bruce Willis.

Cuando pienso en mi prima Marisa, recuerdo a sus hijos, Damián y Román, con qiuenes conviví, e incluso cuidé, cuando aún eran niños. Nos quisimos. Y recuerdo a sus hermanos, mis otros primos Herrán: Bego, hoy tan parecida a mi abuela María Luisa, y a Jose, mi primo favorito durante la infancia. También nos quisimos.

Cuando pienso en mi prima Marisa, recuerdo esa ocasión, también en Copilco, cuando yo esperaba la visita de Deepak Lakshminarayana, mi primer amor. Mientras hablábamos y hablábamos, tocaron a la puerta. Pensando que era él, ella se apressuró a abrir. Resultó que era un vendedor que traía jamaica. Le compró no sé cuántas bolsas con tal de que se fuera rápido para dejar el espacio al joven indio, que nunca llegó.

Cuando pienso en mi prima Marisa, recuerdo que me contaron que cuando visitó a mi mamá, después de la muerte de mi papá, olvidó una cajetilla de cigarros y mi mamá retomó el vicio. En el funeral de mi mamá, yo le pedí un cigarro, diciéndole algo así como que me lo debía. No me acuerdo si me lo dio, pero casi de inmediato, rectifiqué y le dije que no me debía nada.

Cuando pienso en mi prima Marisa, la veo comiendo arroz frío del refri. Lo aderezaba con mayonesa con jalapeños. Durante algún tiempo, yo hice lo mismo cuando ya vivía sola. La recuerdo, también, preparando la famosísima "carne gris" (así le decía yo de niña) que nos hacía mi abuela María Luisa cuando íbamos los martes a comer a su casa: bisteces de res fritos con harina y huevo. Creo que nunca he vuelto a comerlos.

Cuando pienso en mi prima Marisa, me vienen a la cabeza todas las canciones de José José de quien era fan irredenta. Y también recuerdo, y ahora puedo volver a disfrutar, el casete de Paul Simon, su álbum Graceland, que ella y David me regalaron cuando cumplí 25 años, hace ya 36. Creo recordar que su cumple era el 13 de abril (me llevaba 11 años) y que decían que su padre, José María, había lamentado que no naciera el 14, el día de la República. Ni a él, ni a su madre, mi tía Maricarmen, la hermana menor de mi papá, los conocí. Ella murió poco después de dar a luz a su tercer hijo y él, poco tiempo después, de tristeza y alcohol. A Marisa le aterraban las mariposas negras. Dicen que porque había visto una el día que murió su mamá.

Cuando pienso en mi prima Marisa, lamento que la vida nos haya llevado a desencontrarnos. Nunca encontramos el camino de vuelta, pero como dicen por ahí, lo bailado nadie nos lo quita. 

Antenoche me enteré, por una foto en feisbuc que compartió una sobrina, que mi prima Marisa había muerto.
Le deseo, de corazón, que encuentre la felicidad y trascienda el sufrimiento.
Y le dejo estas flores de mayo, esperando que le hubieran gustado:






lunes, 10 de junio de 2024

Nostalgia 2

Si busco la palabra "nostalgia" en mi lista de entradas del blog, me informan que aparece en 42 de ellas y en 3 borradores, que no se han llegado a publicar (o a escribir). Entre estas 42, solo una (esta) lleva la palabra por título (supongo que es, además, la primera vez que aparece) y es del 13 de febrero de 2011. Pero el hilo de nostalgia recorre los casi 15 años del blog y aparece explícitamente todos los años, a excepción del 2009, 2010 2012 y 2023. Lo hace con especial persistencia durante 2015 y 2020 y, un poco menos, durante 2017.  

Hace unos días, mi amiga Joana me dejó un comentario en el feisbuc, aludiendo a este espacio: Mucha nostalgia acumulada en el blog, rebosa. Yo no lo había hecho consciente, pero creo que tiene razón. Pienso que toda escritura por definición, por esencia es nostágica. De algún modo u otro entrelaza regreso y dolor, tejiéndolos si hay suerte con la brillantez si hay menos suerte con la oscuridad del presente.

Hace unos días, conversaba con mi hijo y le pregunté si no estaría próxima a morir dadas mis inclinaciones nostálgicas de los días recientes. Me dijo que no, que solo me estaba volviendo vieja. Quizás tenga razón.

Pero la nostalgia de estos días es mucho más ligera y luminosa, espaciosa, que la de hace unos años. Menos azotada, pues. 

Hace unos día empecé a recuperar aquella banda sonora original de mi adolescencia/juventud con la vuelta de mi aparato de sonido/grabadora, no solo con el reproductor de cedés, sino con el toca cassettes también, compuestos. Sí, ¡ambos! Y entonces me he echado un clavado al cajón del mueble morado, rescatando poco a poco, casi uno a uno, melodías momentos de hace, más o menos, 35 años. De mi primera media vida, pues.

¿Cómo no ponerse nostágica así? 

Entre esos casetes recobrados (a los que iré volviendo de a poco por aquí), destacan 2 que cuento entre mis posesiones más preciadas:



Los famosísimos "Brili Compactos", grabados en 1991 y 1992 por mi amiga Ángela, mejor conocida como Brili. Brili tenía miles de discos, supongo que elepés primero y luego cedés, sobre todo de rock, y fue mi maestra del tema. Mis inclinaciones iban más por el pop en español. (Menos mal que Brili amplió mi horizonte.) Hay Queen (su primer o más grande amor, con quienes incluso yo soñaba) y Peter Gabriel y Sinéad O'Connor y Marillion, Jethro Tull, Rolling Stones, The Who... 

Escucharlos es como viajar por el túnel del tiempo, tal cual. Y escucharlos con mi hijo es compartir ese viaje hoy.

Seguiremos reportando...


viernes, 7 de junio de 2024

Invitado: Thanissaro Bhikkhu


Tienes que darte cuenta de que algunas cosas son leves, algunas cosas son graves. Tu habilidad para hacer las cosas leves —en otras palabras, ver un contratiempo como algo que no es la gran cosa—es un habilidad mental importante. 




Original en inglés y fuente, aquí. Traducción al español e imagen, mías.



viernes, 31 de mayo de 2024

aleatorio, random pues 3

Escucho el sexto concierto de Brandeburgo de Bach en El Coleccionista. Me conmuevo y lamento, lamanto tanto, que le hayan quitado una hora al coleccionista en una universidad cuyo lema es "Por una humanidad culta". Me sana tanto la música clásica. Me acompaña. Me recuerda a mi papá, en buen plan.

Cuando anoche abrí el segundo cajón de la cocina, el de los cubierto grandes para guisar, me encontré un artefacto (no hay como la palabra gadget en inglés, que me recuerda tanto a Dasha, que los amaba) que lleva conmigo toda la vida, bueno casi toda mi vida adulta, desde que me mudé al número 7 del número 149 de la calle Petén. Fue un regalo de mi primo Jose, a quien hace añísimos que no veo. Quizá me lo dio en su casa, donde transicioné (verbo que la RAE no consigna aún en su diccionario) antes de irme a mi propio lugar. 

Helo aquí en 2 vistas, al derecho y al revés, por decirlo de algún modo.





No tengo nombre para el artilugio en cuestión, que tiene forma de trapecio raro. Lo llamo "el coso ese para aflojar las tapas", que es su uso principal, por lo menos en mi casa. El hueco dentado de forma triangular redondeada (por decirlo de algún modo) que ocupa la mayor pate de su cuerpo sirve, pues, para aflojar tapas de frascos de mermelada, de miel, de pepinillos, de tahini, e incluso de botellas de plástico como la del Tonicol o de agua mineral. El largo del hueco permite ajustar muchos tamaños diferentes y todo es cuestión de tomar el frasco o botella en cuestión con fuerza, poner el coso ajustándola según el tamaño y girarlo, cuando menos un poquito. Es increíble como un poco de esfuerzo logra el cometido. Cuando era niña, alguien me enseñó a aflojar las tapas con la bisagra de una puerta, colocando entre la puerta y su marco el frasco o botella. Funciona, pero suela dañar la propia puerta o la pared.






Nunca pensé que fuera a usar tanto el mentado artefacto. Jose ni debe acordarse de él. También se pueden destapar botellas con corcholata (chapa, dirían de aquel lado del mundo), o sea, es un abridor (abrebotellas dirían). Con el pico afilado que tiene del revés, se podrían hacer agujeros en latas, como las de leche Clavel, por ejemplo, aunque creo que nunca lo he hecho. (Ahora todo es abre fácil). Y el agujero en forma de cuadrado que tiene en la base era para aflojar algún tipo de tornillo en antiguos tanques de gas (tampoco lo he usado nunca, pero mi primo me lo explicó cuando me lo regaló). Uno de los lados del trapecio tiene una serie de hendiduras que ya no tengo idea para qué sirven. (Nunca las usé.) Y, como se puede ver, al derecho lleva la marca de una de las cervezas más típicas de México. (Quizás se lo regalaron a Jose por su fidelidad.)

Y también traigo a este aleatorio, como al primero de la colección, un viejo texto que escribí durante el coronaconfinamiento en Madrid hace ya 4 años.
Se titula "Cosas que extraño de mi tierra".
Era un día de morriña (Del gallegoport. morrinha.
1. f. coloq. Tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal.):

  • Que la gente te diga "salud" cuando estornudas. Te dé las gracias cuando haces algo digno de agradecerse. Te pida disculpas cuando te hayan hecho algo que amerite disculparse.
  •  Las flores amarillas como el sol que se apoderan del mundo, de la tierra, de las grietas en las calles, cuando llega el otoño y paran las lluvias. Sobre todo los cempasúchiles silvestres y el pericón.
  • El canto de los gallos, en casa de mi comadre o en Tepoztlán, por ejemplo
  • Los tacos al pastor (y eso que no soy tan aficionada)
  • Que cuando esté nublado haga frío y cuando haya sol, no

Faltaron muchas, claro.
Creo que tenía la intención de irlo completando y luego salimos del confinamiento y me puse a otras cosas.
Igual puedo seguir la lista en otro día aleatorio.
Hoy, para cerrar, una foto en picado de mi Khandro, uno de los seres extrañados entonces, en modo fetal dentro de caja de cartón. 











Recuerdo cómo cuando deambulaba por casa de Ana, tenía la sensación de que algún gato, negro o calico, se me iba a cruzar en el camino. O imaginaba colas donde no las había.
Ya hace tanto de aquello...