De balcones hablo mucho, aunque esta sea apenas la segunda entrada que lo lleva en el título. (La primera, de hace casi 9 años, la encuentras aquí).
Al vivir en un departamento, los balcones, el mío y los de mis vecinos, son portales al mundo a mi alrededor. Umbrales de entrada y de salida.
Desde que nos mudamos a este departamento (hace ya 21 años), en el edificio F, llené el balcón de plantas, en el piso y en el antepecho, pretil o barandilla (qué lindas palabras estas tres, ¿no?). Esos seres vegetales venían conmigo de varias vidas anteriores, compañeros fieles para el inicio de una nueva.
Años más tarde, con un cambio de administración, se dispuso que no podría haber plantas en los balcones, o sea, en los antepechos, barandillas o pretiles, dizque por motivos de seguridad, o sea, el riesgo de que alguna cayera hacia afuera durante un temblor.
Yo he pasado ya varios temblores en este departamento y aunque llegaron a caerse cosas dentro de mi casa en el del 2017, nunca se ha caído ninguna plata, ni hacia adentro ni hacia afuera. Así, que me rehusé a quitarlas, aunque tuve la precaución de ponerlas lo más al borde posible del lado interior del pretil. En algún momento, me hicieron firmar un documento donde me hacía responsable de cualquier cosa que sucediera con mis plantas del balcón. Y lo firmé, claro.
Somos unos cuantos quienes tenemos plantas en la barandilla del balcón, doña Pina entre ellos, por supuesto. Hay quienes tienen una o dos macetas y la mayoría los tiene pelones (pobres).
Eso sí, hay vecinos muy comprometidos con decorar sus balcones según la época del año, sobre todo a partir de septiembre, nuestro mes patrio. Hay uno en especial, en el segundo piso del edificio C, que tiene un gusto impecable. Este año celebró la mexicanidad solo a través de la iluminación bicolor, jugando con el blanco de sus persianas. Me pareció hermoso:
Ahora ya empezaron a prepararse para las festividades de finales de octubre y principios de noviembre, a saber, halloween y muertos:
Pero esto es solo el comienzo. Estoy segura de que la decoración con estos motivos se seguirá desarrollando a lo largo del como en años anteriores. De momento esas calabazas calavera sonrientes e iluminadas en un entorno naranja son un muy buen comienzo. Este es, sin duda, el balcón que se lleva el premio mayor cada año. Hay otros simpáticos, pero nunca tan creativos ni comprometidos, como el de los vecinos a cuyo departamento da mi habitación:
Entre más desenfocado, mejor se ve, la verdad.O el de los papás, en el departamento de al lado, que gana bastante cuando hay sol y se hacen sombras:
O uno del último edificio, que fotografié desde lejos, desde mi propio balcón:
Bonitos tonos y poco más. Yo por mi parte, no decoro mi balcón. De hecho, acabo de quitar dos móviles: uno de peces de madera (quedó solo un pez solitario) y otro de gallinas de barro, porque me preocupó que los desgastados hilos que los sostenían provocaran que alguien saliera herido cuando se reventaran. Pero siempre estoy ajo avizor a los balcones vecinos.
Seguiré reportando.