reflejos en juego
lunes, 26 de octubre de 2026
Invitado: Dzogchen Ponlop Rinpoché
domingo, 25 de octubre de 2026
o.l.v.i.d.a.r / dejar de recordar
Según la RAE:
- tr. Dejar de retener en la mente algo o a alguien. Olvidé su nombre. La enfermedad provocó que olvidara a sus hijos. U. t. c. intr.Sin.:
- borrar, dejar, desconocer.
Ant.:- recordar, memorizar, acordarse.
- tr. Dejar de tener en cuenta algo. Olvida lo dicho.
- tr. Dejar de hacer algo por descuido. Olvidé cerrar la puerta.
- tr. Dejar algo o a alguien por descuido en un lugar. Olvidé el sombrero en casa. U. t. c. prnl. expr. Me olvidé al niño allí.Sin.:
- perder, extraviar, dejar, abandonar, descuidar, desatender, preterir, ignorar.
- tr. Dejar de tener afecto o estima por alguien o algo. Me olvidaste muy pronto.
O sea que, en común, todas estas definiciones tienen el "dejar". Y este, según la RAE, tiene 22 acepciones (!) y aparece en 24 frases afirmativas y en 4 negativas. Me quedo, para el propósito de hoy, con las primeras 2 acepciones:
Del ant. lejar, y este del lat. laxāre 'aflojar', infl. por dar.
- tr. Soltar algo.Sin.:
- soltar, aflojar, despojarse, renunciar.
Ant.:- coger, recoger.
- tr. Retirarse o apartarse de algo o de alguien.Sin.:
- apartarse, retirarse.
Y todo esto a propósito de una experiencia de hace casi una semana, cuando amanecí sin internet. Claro, entré en pánico, sobre todo porque tenía que fungir como asistente de una clase en línea. No sucedió.
Apagué y encendí el módem. Nada. Lo reseteé. Nada. Al final me fui a la oficina de teléfonos de méxico donde aproveché para pagar mi recibo y preguntar sobre la falta de internet. Ahí me enteré que había habido una falla masiva en mi zona. Parece que alguien en la madrugada cortó la fibra óptica. Será cuestión de unas 4 o 5 horas, me informaron, pero hoy queda resuelto.
Doble alivio: 1) volvería a tener internet relativamente pronto (y no era un problema mío nomás) y 2) durante unas horas, era libre de él.
Aproveché esa libertad para resolver un pendiente: reactivar mi línea celular (la de mi pequeño teléfono tonto), suspendida por falta de registro. Entonces me lancé al centro comercial más viejo de Cuerna y el más agradable, if you ask me. Reactivé mi línea y me compré montones de comfort food: delicias libanesas en el restorantito al que vamos hace casi 30 años (arroz con fideo, jocoque líquido, jocoque sólido, hummus, babaganoush, baclava y maamoul de dátil), un par de barras de chocolate con frambuesa y una calaverita de chocolate blanco pintado de naranja para la próxima ofrenda. Difícil para el malestar emocional resistir este embate de consuelo.
Fotografíe varias calacas que adornan la plaza y papel picado y ojos de dios:
Y emprendí el regreso a casa.
Cuando llegué, el internet había vuelto, según demostraban los foquitos verdes en mi módem. Qué felicidad y qué tristeza. Pero la reconexión no fue tan rápida. Mi laptop nomás no quería reconectarse. Parecía una falla del wifi. La viejita de escritorio, conectada directamente al módem, no tuvo problema. Intenté localizar a mi técnico de cabecera. Nada. Llamé a telmex 2 veces y entonces medio colegí que el problema había sido resetear el módem, que volvió a valores de fábrica y perdió la contraseña personalizada que tenía, algo que intuí desde el principio.
La cosa fue que por más que intentaba buscar la manera de que la lap me pidiera la contraseña, ella se aferraba, aparentemente, a la contraseña anterior y, claro, no podía conectarse. Cualquier parecido con mis estrategias relacionales es pura coincidencia...
Algo me dijo la señorita de telmex sobre que mi compu tenía que olvidar la otra contraseña. Algo había yo visto pero no entendía. Entonces le pregunté a san gugle y me explico el procedimiento. Pero en mi lap, en la configuración de wifi pues, no aparecía la opción "olvidar" sino "dejar de recordar".
El asunto se resolvió y yo me quedé contemplando la posibilidad de "dejar de recordar" en lugar de "olvidar": amores pasados, amistadas que ya no lo son o que son de otra manera, modos de relacionarme que ya no funcionan. "Olvidar" parece requerir un esfuerzo demasiado parecido al de aferrarse a alguien o a algo, como un puño cerrado. "Dejar de recordar" me parece más como abrir el puño y dejar que de la palma de la mano se deslice lo que queremos dejar ir, sin mayor esfuerzo, sino con un sentido de relajación e incluso de disfrute.
Ahora a poner en práctica las instrucciones del guru que se manifestó como apariencias simbólicas a través de mi laptop y su configuración de wifi.
O a intentarlo por lo menos...
jueves, 22 de octubre de 2026
Pequeño monólogo vecinal
Estoy en el baño y escucho por la ventana a mi vecina de arriba. Primero pienso que habla con uno de los gatos callejeros que vagan por el condominio, aunque se me hace raro que el felino haya subido 4 pisos. Sigo escuchando y entonces colijo (como diría mi amigo Horacio) que habla con su perro, muy probablemente el cachorrito con el cual la he visto en brazos desde hace unos días. No hay ninguna respuesta del lado de la mascota:
—¡vámonos!
— (...)
—¡órale!
— (...)
—¡sáquese!
— (...)
— no puedes tomar agua de ahí
— (...)
—¿quieres agua?
— (...)
—dime que quieres agua
A lo mejor no sabe que los perros no hablan.
Recuerdo que mi mamá decía que la razón por la cual los perros se persiguen la cola era porque en alguna época sí hablaban y luego perdieron esa capacidad. Alguien (no sé si se sabía quién) profetizó que las instrucciones para que recuperaran el habla habrían de encontrarlas en la cola de alguno de ellos. Se supone que todos los perros saben esto y por eso buscan las preciadas instrucciones en su cola.
Quizá sea el cachorro de mi vecina el que las encuentre...
martes, 20 de octubre de 2026
she'll hang the baskets
helplessly hoping (again)
Awaiting a word
Gasping at glimpses of gentle true spirit
he runs wishing he could fly
only to trip at the sound of good-bye
at the empty place inside
did he hear a good-bye or even hello
They are 2 alone
They are 3 together
They are 4 for each other
confusion has its cost
saying she is lost
They are 2 alone
They are 3 together
They are 4 for each other
jueves, 15 de octubre de 2026
Invitada: Pema Chödrön
Ya tenemos todo lo que necesitamos. No hay necesidad de mejora personal. Todos estos viajes que nos echamos encima —el miedo potente de que somos malos y la esperanza de ser buenos, las identidades a las que nos aferramos tan profundamente, la rabia, la envidia y las adicciones de todo tipo— nunca tocan nuestra riqueza básica. Son como nubes que tapan temporalmente el sol. Pero todo el tiempo nuestro calor y brillantez están justo ahí. Esto es quien realmente somos. Estamos a un abrir y cerrar de ojos del despertar pleno.
| atardecer espectacular con luna nueva: ayer |
Original en inglés, aquí. Traducción al español e imagen, mías.
miércoles, 14 de octubre de 2026
Invitado: Dzogchen Ponlop Rinpoché
Para descubrir tus preguntas reales, tómate un tiempo fuera. Deja de ver hacia adelante, adonde estás yendo, o hacia atrás, donde has estado. Cuando te detienes, hay un sentido de no ir a ningún sitio. Hay un sentido de hueco, lo cual es un alivio tremendo. Puedes simplemente respirar y ser quien eres.
Original en inglés, aquí. Traducción al español e imagen, mías.
martes, 13 de octubre de 2026
gotas floridas
Salí a caminar y me encontré con el flor de mayo al fondo del jardín del fondo lleno de gotas de lluvia. Y florecido otra vez.
Saqué varias fotos y mi camarita rosa, como otras veces, captó lo que mis ojos no vieron.
¡Gotas florecidas!
Y entonces pensé en Milarepa, el yogui tibetano por excelencia, que en una ocasión se refugió en un viejo cuerno de yak durante una tormenta de granizo.
Así las perfumadas flores rosas dentro de transparentes gotas de lluvia.
Un mundo dentro de otro mundo, más allá de lo que concebimos como posible.
domingo, 11 de octubre de 2026
balcón 2
De balcones hablo mucho, aunque esta sea apenas la segunda entrada que lo lleva en el título. (La primera, de hace casi 9 años, la encuentras aquí).
Al vivir en un departamento, los balcones, el mío y los de mis vecinos, son portales al mundo a mi alrededor. Umbrales de entrada y de salida.
Desde que nos mudamos a este departamento (hace ya 21 años), en el edificio F, llené el balcón de plantas, en el piso y en el antepecho, pretil o barandilla (qué lindas palabras estas tres, ¿no?). Esos seres vegetales venían conmigo de varias vidas anteriores, compañeros fieles para el inicio de una nueva.
Años más tarde, con un cambio de administración, se dispuso que no podría haber plantas en los balcones, o sea, en los antepechos, barandillas o pretiles, dizque por motivos de seguridad, o sea, el riesgo de que alguna cayera hacia afuera durante un temblor.
Yo he pasado ya varios temblores en este departamento y aunque llegaron a caerse cosas dentro de mi casa en el del 2017, nunca se ha caído ninguna plata, ni hacia adentro ni hacia afuera. Así, que me rehusé a quitarlas, aunque tuve la precaución de ponerlas lo más al borde posible del lado interior del pretil. En algún momento, me hicieron firmar un documento donde me hacía responsable de cualquier cosa que sucediera con mis plantas del balcón. Y lo firmé, claro.
Somos unos cuantos quienes tenemos plantas en la barandilla del balcón, doña Pina entre ellos, por supuesto. Hay quienes tienen una o dos macetas y la mayoría los tiene pelones (pobres).
Eso sí, hay vecinos muy comprometidos con decorar sus balcones según la época del año, sobre todo a partir de septiembre, nuestro mes patrio. Hay uno en especial, en el segundo piso del edificio C, que tiene un gusto impecable. Este año celebró la mexicanidad solo a través de la iluminación bicolor, jugando con el blanco de sus persianas. Me pareció hermoso:
Ahora ya empezaron a prepararse para las festividades de finales de octubre y principios de noviembre, a saber, halloween y muertos:
Pero esto es solo el comienzo. Estoy segura de que la decoración con estos motivos se seguirá desarrollando a lo largo del como en años anteriores. De momento esas calabazas calavera sonrientes e iluminadas en un entorno naranja son un muy buen comienzo.
Este es, sin duda, el balcón que se lleva el premio mayor cada año. Hay otros simpáticos, pero nunca tan creativos ni comprometidos, como el de los vecinos a cuyo departamento da mi habitación:
Entre más desenfocado, mejor se ve, la verdad.
O el de los papás, en el departamento de al lado, que gana bastante cuando hay sol y se hacen sombras:
O uno del último edificio, que fotografié desde lejos, desde mi propio balcón:
Bonitos tonos y poco más.
Yo por mi parte, no decoro mi balcón. De hecho, acabo de quitar dos móviles: uno de peces de madera (quedó solo un pez solitario) y otro de gallinas de barro, porque me preocupó que los desgastados hilos que los sostenían provocaran que alguien saliera herido cuando se reventaran. Pero siempre estoy ajo avizor a los balcones vecinos.
Seguiré reportando.
sábado, 10 de octubre de 2026
Invitado: Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoché
La búsqueda de una vida asentada
La única cosa que todos seguimos persiguiendo es esa sensación de tener nuestras vidas finalmente asentadas. Piensas: "Una vez que llegue a la siguiente etapa, todo va a estar bien", como cuando entras a la universidad, consigues un trabajo o te casas. Pero entonces, justo después de haber alcanzado ese punto "perfecto", vuelven a surgir nuevas incertidumbres.
No se trata de que la vida quiera castigarte o lastimarte: la incertidumbre es solo parte de lo que está hecha la vida. Estás intentando agarrarte de un pedazo de hielo flotante como si fuera tierra firme, pero sigue alejándose. No importa con cuánta fuerza te agarres, nunca se va a convertir en suelo de verdad.
| semilla a la deriva |
Original en inglés, aquí. Traducción al español e imagen, mías.
jueves, 8 de octubre de 2026
sin título 9
Escucho, en Series de El Coleccionista, Metamorfosis para 23 cuerdas solistas de Richard Strauss y me dan profundas ganas de llorar. La serie de esta semana ha sido sobre música en tiempos de guerra, donde han sonado también Haydn y Prokofiev, entre otros.
A un día del 7 de octubre y el tercer aniversario de terrorismo, muerte y genocidio, cómo duele el sufrimiento que nos infligimos los seres humanes a nosotres mismes. Y cómo conmueve cuando algunes lo hacen como música.
Leía un poco antes sobre la difícil situación en que acabó Zohran Mamdani ayer, entre críticas de judíos y de palestinos. También me entristeció.
Es el cuento de nunca acabar, este continuo estar en guerra. Donde empieza es adentro nuestro, enseñó el Buda, cuando escindimos el mundo en "yo" y "otro" y nos creemos que así es como son las cosas.
Y así, agridulce, la imagen del amanecer de esta mañana:
Como si el cielo quisiera llorar, mientras el sol se asoma y tiñe de un naranja levísimo lo que podría, quizá, llamarse horizonte.
martes, 6 de octubre de 2026
Invitado: SS el Karmapa 17
lunes, 5 de octubre de 2026
Háblame sobre sábanas
Fue uno de los temas del grupo de práctica de escritura del pasado sábado. Me vieron raro cuando lo propuse, pero para escribir todo se vale.
Aquí el texto que salió de mi pluma:
Me encanta doblar sábanas con alguien más (mi hijo, mi sobrino, mi nuera), sobre todo las más grandes, matrimoniales o queen, y cuando ya estamos acabando de doblarlas, jalarlas con fuerza y zafárselas de la mano al compañero de doblado. Casi siempre lo consigo porque a la gente se le suele olvidar que siempre lo hago o casi siempre y los agarro desprevenidos. Cada vez que lo logro suelto una carcajada, sonora y genuina. De dónde me viene esta costumbre me pregunté sin preguntarme y entonces me acordé de cuando en la casa de Cuernavaca de mi abuela Rosa se lavaba la ropa y, en especial, las sábanas. Supongo que no habría lavadora y se hacía a mano. Conforme se entraba a la casa por la puerta principal (no había otra vía de acceso salvo la barranca hasta abajo de la propiedad), había un camino empedrado hacia la izquierda que iba bordeando una superficie rectangular de pasto (el jardín principal de la casa) hasta llegar al otro lado donde se estacionaban los coches, frente a la terraza que era por donde se accedía a la casa principal, ya fuera por la cocina o por la estancia. A la derecha de ese camino había una pendiente de pasto, quizás con un camino empedrado al lado para bajar más fácilmente y quizás con una especie de pasillo a la altura de la calle. Una vez que se acababa la pendiente de pasto, se llegaba a la zona de servicio de la casa: estaban los lavaderos, oscuros y húmedos, la sala de máquinas que tenía algo que ver con la alberca, oscura y húmeda, y creo que una bodega con herramientas de jardín y la cortadora de pasto, también oscura y también húmeda. Había tubos clavados en el pasto entre los cuales se colgaban los tendederos para la ropa. Recuerdo las sábanas blanca secándose al sol y al viento. Y supongo que en las vacaciones de verano mi abuela Rosa nos mandaba a mi hermano y a mí a ayudar a destenderlas y doblarlas. Entonces él y yo jugábamos a jalarnos las sábanas de entre las manos cuando estaban a medio doblar, intentando hacerlo antes que el compañero. Y entonces soltábamos una carcajada, sonora y genuina, supongo.
Y por puro gusto, esta foto de sábanas blancas tendidas al sol en un hotel en Tepoztlán donde pasé unas noches con un amante hace mucho tiempo:
jueves, 1 de octubre de 2026
primer día de octubre
Salgo a caminar. No me animé a nadar porque el aire estaba frío y me faltó aliento.
A veces tengo la impresión de que no encontraré nada nuevo que fotografiar en mis caminatas por el mismo sitio desde hace unos 20 años, pero siempre lo encuentro. Porque el mundo es nuevo a cada instante.
Como esta flor que mi abuela Rosa llamaba manto de la virgen, del otro lado de la barda:
Luego me topé con honguitos y un caracol, pero mi camarita los sacó borrosos, menos este:
Cuando andaba caminando descalza en el jardín de arriba, me interpeló mi vecina del edificio C, una señora mayor (quizá solo un poco más que yo) cuyo nombre desconozco. "¡Qué valiente!", me dijo por mi andar en el pasto sin zapatos. "A ver cuándo me atrevo." Me dice esto cada vez y nomás no se atreve. "Es tan bueno porque estimula todo el sistema nervioso. A veces lo hago con tenis, pero no es lo mismo." Pues no, no es lo mismo, aunque no es que me considere yo especialmente valiente.
Luego salió otra vecina más joven del A y dijo que se quitaría los zapatos por le menos de camino a su coche, inspirada por mí. Ambas se quedaron con los ojos cuadrados cuando les dije que en mañanas con un poco de sol estaba nadando en la alberca del fondo. La joven dijo que ella solo se metía al agua en primavera y cuando había mucho sol. Les conté que no se sentía tan fría el agua, sobre todo después de dar unas cuantas vueltas. La joven se despidió, rumbo al trabajo supongo, y le chuleé sus aretes. De cobre, me dijo. Muy bonitos, le dije.
Luego seguí caminando y di mi acostumbrada vuelta alrededor de la alberca, donde distinguí una catarina toda roja a punto de ahogarse. Me agaché para sacarla y la vecina grande me preguntó cómo estaba el agua. Le enseñé la catarina recién salvada y me dijo que eran bichos muy inteligentes porque se reproducían solo cuando había comida y si no, no. Ojalá los seres humanos hiciéramos lo mismo, remató.
Yo me dirigí a las escaleras para volver a mi casa y, en el camino, depositar a la catarina en alguna planta alejada de la alberca.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Invitado: Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoché
Hay un tipo popular "piadoso" de compasión: llorar cunado vemos un perro callejero, lagrimear por un mendigo, enojarnos con las noticias, querer matar cuando presenciamos abuso animal... y luego sentirnos muy parecidos a un bodhisattva.
El Karmapa te quiere decir: esto no es compasión. Es una reacción emocional, una autocomplacencia cuando pensamos "qué bueno soy". La compasión verdadera surge de la visión del vacío.
Cuando verdaderamente ves que todos los seres sensibles —incluido tú mismo— no tienen un "yo" independiente y verdaderamente existente, generarás una compasión única. Porque lo que ves ya no son "personas lastimosas" o "animales lastimosos", sino fantasmas secuestrados y atormentados por la mayor de las mentiras: el ego que se atesora a sí mismo.
El ser animal abusado, el carnicero llevando a cabo el abuso, tú, que estás enojado: todas son manifestaciones del mismo vacío, distorsionado por diferentes tipos de ignorancia.
Por lo tanto, la compasión más profunda no suele manifestarse como lágrimas o abrazos, sino como sabiduría inquebrantable y clara. No estás secuestrado por las emociones, ni caes en la arrogancia de "yo debo salvar al mundo".
Simplemente ves las cosas como son: el sufrimiento es un subproducto de la ilusión y la liberación es el momento de ver esa ilusión.
Cuando ves a los seres sensibles desde esta perspectiva, tu compasión por ellos ya no es selectiva (yo solo siento compasión por los cachorritos tiernos, pero no por los asesinos), sino que es abarcadora e incondicional, porque entiendes: la persona más brutal es precisamente la que más necesita ser vista como carente de un yo verdaderamente existente.
Es por esto que los bodhisattvas atraviesan los seis reinos para salvar a los seres sensibles, pero nunca caen en ellos.
Porque no están engañados por la ilusión de "yo estoy salvando seres sensibles". Son simplemente vacío manifestando compasión, como el sol que brilla sobre heces y lotos con igual imparcialidad.
