viernes, 13 de marzo de 2026

c o l i b r í


Hoy no había casi viento, cuando salí a caminar. Había más aves volando. Yo creo que la primavera temprana trajo ya polluelos que están aprendiendo a volar. En el ciprés frente al edificio G, viven y se reproducen unas aves que sospecho que son pinzones mexicanos, cuyo pecho está manchado de rojo, pero no son petirrojos.  También se pasan por ahí otros de panza amarilla, quizá  bienteveos. Aquí uno pequeño, que me encontré hace unos días, muy seriecito en la valla de alambre, aunque viéndolo bien, quizá sea alguien más (se me han perdido los contactos ornitólogos):


Pero bueno, yo venía a hablar de otro pájaro, americano por excelencia. O a mí así me lo parece porque aún recuerdo cuando me enteré de que en Europa no hay colibrís. Me pareció inaudito. Cómo puede vivirse en un continente donde los colibrís no vuelan, me pregunté y me sigo preguntando. 

Los colibrís no son fáciles de ver y mucho menos de fotografiar. A mi balcón han llegado dos o tres a lo largo de más de 20 años, solo de pasada, rápidos y temblorosos como son. Hoy, en mi caminata matutina, ya al final, me quedé admirando la jacaranda que está del lado del súper, junto a donde estaciono a Antuanito. Y, oh sorpresa, vi que un colibrí estaba libando el néctar de las flores: menudo desayuno. Tenía la camarita rosa en la bolsa del pantalón. La saqué de inmediato. Apagué la alarma del celular que me avisaba que la media hora ya había corrido (no quería que asustara al ave) y la camarita y yo nos dimos a la tarea de capturar la imagen del colibrí. Pensé que los resultado no serían muy buenos y cuando bajé las fotos a mi compu, oh sorpresa, colibrí y jacaranda habían quedado así:




Y recuerdo las palabras de Joana, mi amiga barcelonesa, a propósito de mi aparato rosa para hacer fotografías: No dejo de maravillarme ante tu camarita rosa, es un objeto medio humano, o a mi me lo parece. y qué decir de quien hace la foto. Yo le respondía que mi camarita rosa es lo más, quizá una extensión de mi brazo o yo una extensión de su lente...

Dejo para cerrar la definición que da el DLE del pajarillo en cuestión, sobre todo por la fascinante lista de sinónimos:

De or. caribe.
  1. m. Ave americana de la familia de los troquílidosalgunas de cuyas especies son extremadamente pequeñascapaz de mantenerse suspendida en el aire mientras vuela para libar el néctar de las floresy de plumaje colorido y brillante.

jueves, 12 de marzo de 2026

v i e n t o




Del lat. ventus.

  1. m. Corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturalescomo diferencias de presión o temperatura.

Así define la RAE este fenómeno. Curiosamente, uno de sus sinónimos es simplemente "aire", como en la expresión "hace aire". "Aire" solito en su primera acepción es: m. Gas que constituye la atmósfera terrestre, formado principalmente de oxígeno y nitrógeno, y con otros componentes como el dióxido de carbono y el vapor de agua.

O sea que cuando este gas se mueve "hace viento", ¿no?

Pues así amaneció mi pueblo hoy. En realidad desde la madrugada, empezó el viento a colarse por la ventana entreabierta de mi cuarto y al final la cerré porque no me podía volver a dormir. 

Después de levantarme, me fui a caminar con todo y viento, claro, y un chaleco por si las dudas. Y me puse a pensar cómo el viento, en realidad no se ve. Porque el aire no se ve, y sigue sin verse aunque se mueva. ¿Y cómo sabemos que hay viento?, me pregunté. 

Entonces, me puse a hacer una lista de todas las maneras en que nos damos cuenta que hay viento:

ADENTRO: las persianas que chocan contra la ventana, una y otra vez; el sonido del aire colándose por las rendijas (su ulular); el baile frenético de los móviles de mi balcón; los papeles que emprenden el vuelo desde la mesa o las servilletas desde la barra de la cocina

AFUERA: las hojas secas (de jacaranda, tabachín, guamúchil, moringa, ficus), las bugambilias secas, las flores secas de moringa o de jacaranda que danzan en coreografías caprichosas por encima de los adoquines o del pasto; mi pelo que se va de un lado a otro sin que yo pueda evitarlo; menos aves volando (las golondrinas y los zanates parecen ser los más intrépidos); ráfagas de olores, más intensas, más efímeras; el agua de la alberca rizándose, llenándose de olas pequeñas; mi piel que se me enchina al roce del aire fresco; la blusa que se me desabotona si me descuido; el susurrar de las hojas; las bugambilias de diferentes acumulándose junto a la pared del fondo detrás de los últimos tres edificios; Copal y Simba, los gatos de Santiago y Yare, volviéndose locos: corren y saltan y se trepan y maúllan y lloran y parecen ansiosos: los columpios en un parque que se mueven por sí solos; las nubes que cambian de forma aceleradamente y se fugan sin que nos demos apenas cuenta






miércoles, 11 de marzo de 2026

......62..


Mi hermano nació hace 62 años un día como hoy, 11 meses y 6 días después de mí. 

Creo que nunca he escrito nada por su cumpleaños. En este blog hay una que otra anécdota feliz, como la clásica de la revolvedora amarilla de la cual hablé aquí hace casi 15 años. Son las menos, indudable y tristemente. La balanza se inclina hacia las perturbadoras (la orquídea golpeada, la amiga insultada en el teléfono, el mueble roto de un raquetazo mientras la maestra de guitarra y yo nos encogíamos en la escalera, el apuñalamiento de Hipólito, las piezas de ajedrez volando por los aires). 

Escribiendo, me llega otro momento feliz: la espera de los Reyes Magos y, sobre todo, el descubrimiento de lo que nos habían dejado al pie de la escalera, junto a nuestros zapatos o pantuflas, la mañana del 6 de enero. Siempre todo muy igualado. No fuéramos a sentir que a alguno lo querían más que a la otra.

Recuerdo también la ocasión, una tarde, quizás, en su cuarto (o quizá era aún nuestro cuarto, antes de que cada uno tuviera el suyo) me enseñó a firmar, en letra manuscrita, con una M del apellido materno garabateada encima del nombre y apellido paterno. Mi firma no ha cambiado casi nada desde entonces.

La relación de mi hermano con mi mamá siempre fue más cercana que la mía, y la mía con mi papá, más cercana que la de ellos. Nos recuerdo en la cima de la escalera del departamento de Uxmal, escuchando una discusión entre mis papás donde se asomaba el fantasma de la separación. Si sucedía, él se quedaría con mi mamá y yo con mi papá. No sé si siquiera mi hermano y yo nos volteamos a ver, mucho menos hablar del asunto. 

A esta situación se sumaron las interminables comparaciones en la escuela (del tipo "¿por qué no eres más como tu hermana?"), ya que él iba un año más abajo que yo y yo era una alumna estrella. A mí también me habría resultado molestísimo que me compararan con él y, quizá, también lo habría odiado. .

Yo nunca he odiado a mi hermano. Le he temido. Me ha decepcionado y desesperado. Me ha dado lástima y compasión. Me ha enojado y frustrado. Pero quizás el sentimiento que ha permeado con más constancia nuestra relación sea la indiferencia. Tampoco puedo afirmar que él me haya odiado a mí, aunque así sentí la vibra muchas veces. Pero yo creo que el desinterés es quien nos ganó la partida hace mucho tiempo. 

Lo recuerdo reclamándome la falta de comunicación con mis papás, después del nacimiento de mi hijo, cuando en realidad el corte provenía del lado de ellos. Lo recuerdo acompañando a mi papá para intentar llevarme a casa de él y mi mamá cuando Santiago estaba recién nacido. No lo recuerdo cubriéndome la espalda, sino más bien haciendo eco a los juicios o ataques de mis papás. Así nos enseñaron. 

En fin que mi hermano, Román como mi papá y como mi abuelo y también como el hijo menor de mi prima Marisa, cumple hoy 62 años.
Le deseo que sea feliz y esté libre de sufrimiento, junto a sus hijos, Santiago y Diego.
Y le dejo este diente de león que encontré al salir a caminar esta mañana por si quisiera/pudiera soplarlo:






martes, 10 de marzo de 2026

Doble salvamento matutino


Estás al final de tu caminata de esta mañana. Ya llegaste a la parte de arriba del condominio, a la alberca de la entrada, rodeada de pasto y acompañada por una palmera, un aguacate, una araucaria y, al fondo (quizás en el terreno contiguo ya), una jacaranda en flor que se hace alfombra morada sobre el verde. 

Ya estás descalza para disfrutar el contacto del pasto con las plantas de tus pies. El frescor de la mañana. Así recorres el borde de la alberca, contrastando la suavidad del césped con la dureza del cemento y viendo si hay alguien que corra peligro, o sea, algún bicho ahogándose.

Notas algo lejos de la orilla. Deseas que sea solo un fragmento vegetal que no necesite salvamento (pereza, sí, pereza), pero te das cuenta que es una abeja a punto de morir. Entonces te apresuras a subir hasta la caseta de vigilancia donde le pides a don Armando, el guardia de turno, prestada su escoba. Sospechas que ya sabe para qué y que no le hace mucha gracia. Te dice que hay una en el espacio de los botes de basura, que la tomes si quieres. 

La tomas y regresas presurosa a la alberca. Entonces descubres que también hay una avispa negra ahogándose cerca de la orilla. La sacas con la escoba y la llevas a la barda donde pega al sol para dejarla ahí y volver por la abeja. Pero no se quiere bajar. Golpeas la barda con la escoba, pero la avispa está bien agarrada. Entonces la llevas contigo para sacar a la abeja, que está más lejos de la orilla.

Hundes la escoba, cuidando que la avispa no vuelva al agua y deseando que la abeja pueda asirse de las cerdas. Sacas la escoba del agua y te das cuenta de que ambos bichos están salvados. Los llevas a la barda donde pega el sol. Con una semilla de araucaria, colocas a la abeja sobre tierra firme; con una hoja de ficus, haces lo mismo con la avispa. Y vuelves a dejar la escoba donde la encontraste. El guardia está en su caseta desayunando.

Antes de volver a tu departamento (ya sonó la cuenta regresiva en tu celular, indicando que la media hora ha terminado), pasas a despedirte de los bichos, que se siguen secando al sol, indiferentes la una de la otra. (Te preocupaba un pelín que hubiera hostilidades entre ellas, pero ni se pelan.) Les sacas un par de fotos y te encaminas a casa. Contenta.




En el diccionario de la RAE averiguas lo que significa salvamento: m. Acción y efecto de salvar o salvarse.

Y piensas que qué bonito: en salvando a los bichos tú te salvas también, un poco. Y recuerdas alguna enseñanza que decía que al salvar a un ser, estás salvando a todos.

Ojalá.
Piensas.
Deseas.
Aspiras.

Tratando de emular a los bodhisattvas.



domingo, 8 de marzo de 2026

total eclipse of the heart 2

 



Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo


Cuando estamos enojados, cuando estamos emocionados, cuando estamos deprimidos, cuanto estamos eufóricos, estamos completamente sumergidos en esos pensamientos y emociones y estamos identificados con ellos. Es debido a esto que sufrimos. Sufrimos porque estamos completamente identificados con nuestros pensamientos y emociones y pensamos: esto soy yo, esto es quien yo soy. Los pensamientos y las emociones y los recuerdos no son el problema El problema es que nos identificamos con ellos y creemos en ellos y así, somos controlados por ellos. 


flor de colorín en CDMX
Original en inglés tomado de esta página.
Traducción al español e imagen, mías.

sábado, 7 de marzo de 2026

Otras 2 listas


Cosas emocionantes

un beso; una llamada inesperada; una carta de verdad con timbre de verdad; la primera estrella de la noche; un gol del Barça; 3 goles de Lamine Yamal; Argentina campeón del mundo; un abrazo de mi maestro; un "my love" de blaze; el emoticón de Snoopy abrazando un corazón cuando me lo manda Santiago; un paciente nuevo que se presenta a su segunda sesión; la posibilidad de tener una pensión; un colibrí en mi balcón; un zopilote planeando en el cielo o parado en el alero de uno de los edificios; una catarina descansando en una flor; un atardecer tras la jacarandas que empieza a florear






Cosas aburridas

una traducción jurídica; una película pretenciosa; un discurso político; una serie donde te resuelven todo el misterio en un capítulo flashback; las reuniones de la sangha para dizque reorganizarnos; un partido de futbol si no juego el Barça; algunos libros como TransAtlantic que no acabé de leer o El general en su laberinto; alguien que se queja todo el tiempo o se hace la víctima; pedir lo mismo 5 o 10 o 15 veces antes de que te hagan caso; el informe presidencial; ir al súper; sus caras en la reuniones de la sangha; la burocracia (pero no la tortuga de Mafalda y Guille)




jueves, 5 de marzo de 2026

::25:::::


Para ti Runs tan tan querido, hoy que es tu cumpleaños 25


Llegaste a nuestras vida, a mi vida, hace 3 años, cuando estabas por cumplir 22. Bueno, eso es un decir, a nuestra vida presente y cotidiana.

¡Qué regalo!

La primera vez que te recuerdo es es una foto junto a tu mamá en casa de tu bisabuela, mi tía Marisa, allá en El Rancho. Tendrías unos 3 o 4 años y eras familia del otro lado del mar. Lejana, aunque con tu mamá me unía un cariño de siempre.

Luego vinieron de visita a ese rancho a tus 7 u 8, quizás. Laia era aún bebé. Tú eras pensativo, callado y muy presente. Mirabas todo a tu alrededor, con curiosidad, con profundidad, sin dejar escapar nada.

La conexión se reavivó cuando yo viajé a España en el 2018 y les visité en Barcelona. Estabas al final de la adolescencia. Reservado y presente. Confiable. Siempre confiable. Recuerdo que me enseñaste cómo pasar las fotos de la memoria de mi cámara a un archivo en internet para que le cupieran más. 

Y luego mi estancia en Madrid durante la pandemia y las criaturas de mi bestiario hicieron puente entre les dos. Y las empezaste a ilustrar. Y nos reunimos en el centro de Barcelona antes de mi regreso y tu ida a Rotterdam. Caminamos mucho y tomamos algo en algún bar al aire libre. Y platicamos, claro.

Luego, ya de vuelta en México, videollamamos para un proyecto tuyo sobre ser queer en la familia y el lazo se estrechaba. Nos entendíamos. Y, por fin, llegaste a vivir acá. "Tía, te tengo una noticia...", me compartiste.

¡Qué regalo!

Empezamos a vernos con mucha más frecuencia. Mi casa se hizo la tuya. Tía y sobrino en forma, y mucho más allá de tía y sobrino. Contigo la palabra "familia" adquirió una connotación positiva que nunca había tenido. Te hiciste primo de Santiago, que no había tenido más familia. Empezamos a hablar muchísimo, de muchas cosas, de forma genuina y profunda. A acompañarnos. A jugar continental en la tradición de mi tía Olga. Te amigaste con la Khandro, que no es una tarea fácil. La cuidaste junto a la Luna.

Vemos series, bueno contigo más bien nos las atracamos y es un disfrute total. Vamos al cine, mucho. Hablamos de música y de la vida y de la familia y de escritura y de libros y de la vida y de todo. De amores y desamores y cambios y transformaciones. De miedos y deseos. Intercambiamos plantas.

¡Qué regalo!

Y hoy cumples 25, que como dice uno de mis maestros no tiene un significado especial más que el que nosotres le demos, quizá como ningún cumpleaños. Pero es un gran pretexto para celebrarte y decirte cuánto te quiero y cuánto valoro aprecio amo disfruto tu presencia en mi vida. 

Sé feliz. Y cuando haya tristeza, navégala que pasará. Sigue amando con todo lo que eres. Y caminando con valentía a pesar del miedo o los bajones. Conmigo tendrás siempre un hogar cuando lo necesites y cuando no, también. Una habitación. Un rompecabezas. Un ragú de berenjena y una tortilla de papa o unas mongetes. 

Te quiero. Tanto tanto tanto.

Aquí conmigo siempre, la Marieta, recordándome nuestra conexión todos los días:





miércoles, 4 de marzo de 2026

m o m e n t o (s)


Las dos primeras acepciones que el diccionario consigna de este palabra no tienen desperdicio, sobre todo porque son contradictorias (y que alguien venga a decirme que la lengua no es fascinante):

Del lat. momentum.
  1. m. Porción de tiempo muy breveLo vi un momento esta tarde.
  2. m. Lapso de tiempo más o menos largo que se singulariza por cualquier circunstanciaEste fue el mejor momento de su vida. Aquella guerra civil fue el peor momento del siglo.

Luego hay 5 más que recomiendo a quien comparta mis fascinaciones...

Tenía yo la impresión de que ya había hecho alguna entrada con este título y, buscando en el blog, me encontré muchísimas. Algunas con nombre y apellido (o sea, con otra palabra que describía el tipo de momento o el lugar donde había ocurrido) y las menos, solo con nombre de pila. Se ve, pues, que de momentos está hecho el blog: los hay en muchas entradas, aunque no sea en el título. Y es que de momentos está hecha la vida, ¿no?

Todo esto viene a cuenta porque hace unos días, un par de semanas quizás, me asomé por la ventana de mi cuarto y me encontré con este momento:


Y decidí capturarlo (inmortalizarlo suena exagerado) con mi camarita rosa, porque me dio tristeza. Sin ánimo de juicio (aunque en este mundo dualista que creamos con la mente aún se me cuela artero), me parece el prototipo de de distracción, de no estar en lo que uno está: una mano en la manguera y la otra sosteniendo el esmarfon: la mirada en este último, el agua fluyendo como si tal cosa. El personaje es el jardinero a quien en este espacio he llamado "verdugo" (con más o menos razón?. Supongo que su trabajo, como el de tantos, no le es disfrutable y se escapa por una pantalla. Otra de las razones varias por las cuales no uso un teléfono inteligente.

Y para cerrar, un par más de momentos humanos, por aquello de que yo casi no fotografío gente con mi camarita rosa:


Aquí, el hijo rumbo a casa, con ropa recién lavada y bolsita para la compra, pasando junto al farol. Nos despedimos un pelín desencontrados, pero siempre conjuro su seguridad con una foto desde la ventana de mi estudio o con un beso (o ambos) desde el mismo lugar.


Y acá, el sobrino (el favoritísimo, claro) y la mitad de su sombra, rumbo a casa en CDMX, después de un fin de semana juntes maravilloso. También conjuro su buen viaje y mejor retorno.

martes, 3 de marzo de 2026

hallazgo 37


El sábado anterior a este, fuimos a Tepoztlán a celebrar, con nuestra sangha raíz (la de Shambhala) la llegada del Año Nuevo Lunar (losar en tibetano), que este año estará regido por el Caballo de Fuego masculino, de energía muy intensa, dicen.

De camino a Tepoz (Santiago al volante y yo de copiloto), nos encontramos con este ser que iba en la misma dirección, por lo menos durante una parte del trayecto.




Cómo no pensar en Mahakala, el protector del Dharma de cuatro brazos y color negro. Habíamos estado practicando con él/para él los días anteriores al inicio del año, durante lo que entre los mexicas se llamarían días funestos, los últimos días del año saliente: aciagos, peligrosos y de mala suerte. 

Así la vida, la magia y el año nuevo:
protectores por todas partes, en diferentes atuendos, si nos abrimos de corazón a su presencia.
 

viernes, 27 de febrero de 2026

La voz de Hind Rajab


Fui a ver La voz de Hind Rajab, de la directora tunecina Kaouther Ben Hania y ganadora del "León de Plata - Gran Premio del Jurado" en el Festival Internacional de Cine de Venecia, porque siento un compromiso (una deuda moral) con todos los niñas y las niñas y los adultos y adultas y los ancianos y ancianas y los adolescentes que han sido asesinades en Palestina. Y  heridos. Y mutilados. Y maltratados. Y colonizados. Y dejados huérfanos, de padres y de hijes. Y desaparecides del mapa. Mucha más allá de filias o fobias, en Gaza y alrededores hemos sido testigos, y lo seguimos siendo, de lo peor que nuestra especie es capaz de infligir en otros seres, humanos y no humanos, vegetales, animales. En el medio ambiente.

Atestiguar es lo menos que puedo hacer.

Una niña encerrada, atrapada en un coche entre cadáveres de miembros de su familia, atacados mientras cumplían con las órdenes de evacuación. Una niña pidiendo ayuda, pidiendo que la saquen de ahí, pidiendo "ven por mí". Una niña asustada de la oscuridad. Una niña entre más de 300 balazos. Una niña de 6 años confiando en quien hablaba con ella. Los voluntarios de la Media Luna Roja acompañándola por teléfono, presionando para poder ir por ella, confiando en que lograrían salvarla. Una madre y un hermano esperando en su casa. 

El desenlace: una ambulancia con dos paramédicos que al final, después de horas, finalmente están a punto de llegar. Y más disparos: sin justificación (si es que alguna vez la hay), sin motivo, sin advertencia. Dos hombres muertos cumpliendo con su deber, arriesgando la vida. Una niña muerta esperando la ayuda. Más de 300 disparos contra una familia y una ambulancia.

Y entonces recuerdo el cuento de la anciana y el cocodrilo que vi en feisbuc hace unos días, donde se comparaba al segundo con los palestinos y cuando vuelvo a escuchar la voz de Hind Rajab y veo su carita, me pregunto quién es el cocodrilo. Esta niña, no. Eso sí seguro.


Cierro esta reflexión con las palabras que Santiago me mandó en la noche de la tarde en que fuimos juntos al cine: 

chief, gracias por llevarme a ver la peli hoy
fue una experiencia brutal, pero necesaria
and a tremendous opportunity to connect to loving kindness and compassion, however raw and poignant it was

jueves, 26 de febrero de 2026

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo


A veces la gente encuentra el silencio interno muy amenazante. Así que mantenemos nuestras mentes muy ocupadas, muy activas, llenas de distracciones. Sabes, entras en las casas de algunas personas y tienen el televisor encendido todo el tiempo. No lo están viendo, sabes, están haciendo otras cosas, pero la televisión está ahí de fondo dale que dale, como si tuvieran miedo del silencio. Necesitan escuchar voces, necesitan escuchar cosas sucediendo ahí.  

Eso es como nuestra mente. Nuestra mente está constantemente parloteando con nosotros. Está constantemente hablando, comentando, recordando, anticipando, juzgando, comparando: sin cesar. Estamos aterrados de estar callados incluso durante un momento, sin darnos cuenta de que nuestro verdadero gozo y felicidad se encuentran en el silencio, no en la confusión. Y esto nos da la oportunidad de hacernos amigos del silencio, un silencio que todos poseemos bajo la cacofonía de la superficie. 





Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Pequeño diálogo en un estacionamiento



Salgo del banco después de hacer un depósito a mi cuenta y me dirijo a mi auto que dejé en el estacionamiento. Antes de subirme, saco una moneda para el hombre alto, blanco, con sombrero, que los cuida y que me ayudará a salir. Cuando me acerco, volteo a ver el árbol de clavellinas rosas, que está en la banqueta justo enfrente. Es hermoso. Me recuerda a mi abuela Rosa (quizá hubiera alguno en su casa de Jalisco 222). Hace algunos día me desvié después de cortarme el pelo para fotografiarlo.

Yo: ¡Qué bonito ese árbol!, ¿verdad?

Él: Sí, aunque en Cuernavaca hay pocos. Yo solo he visto otro allá por Cartuchos.

Yo: Yo acabo de ver otro en Plaza Norte, mientras manejaba.

Él: Ah, allá más arriba. Mi hijo me dijo que también hay de flores blancas y hasta me enseñó una foto en su teléfono.

Yo: Esos nunca los he visto. 

Le doy la moneda (o quizás ya se la había dado), la agradezco y me despido.

Entonces emprendo el camino a Ahuatepec en donde voy a ver una paciente. Cuál no será mi sorpresa cuando voy bajando por Limoneros y me encuentro un árbol de clavellinas blancas, con las flores brillando al sol. Me estaciono, me bajo del coche y lo fotografío. Y luego me encuentro otro más grade y hago lo mismo.



Quizá si el cuidador de coches no me hubiera hablado de ellos, yo no me habría fijado. Le agradeceré la próxima vez que vaya al banco.