Nos faltaba la del coche, tan o más importante que el seguro (para nosotros y para los taxistas). A media mañana me fui al súper en cuya entrada suelen ponerse personas con los ramos de pericón recién cortados que fueron a recoger al campo y con cruces hechas. Hoy no había nadie. Me pareció extraño. ¿Se estará empezando a perder la tradición?
reflejos en juego
lunes, 28 de septiembre de 2026
Víspera de San Miguel 8
Nos faltaba la del coche, tan o más importante que el seguro (para nosotros y para los taxistas). A media mañana me fui al súper en cuya entrada suelen ponerse personas con los ramos de pericón recién cortados que fueron a recoger al campo y con cruces hechas. Hoy no había nadie. Me pareció extraño. ¿Se estará empezando a perder la tradición?
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Invitado: Tsoknyi Rinpoché
La experiencia sigue a la intención. Donde sea que estemos, lo que sea que hagamos, todo lo que necesitamos es reconocer nuestros pensamientos, sensaciones y percepciones como algo natural.
Sin rechazar ni aceptar, simplemente reconocemos la experiencia y la dejamos pasar.
Si sostenemos esto, a la larga nos encontraremos con que somos capaces de manejar situaciones que antes nos parecían dolorosas, atemorizantes o tristes.
Descubriremos un sentido de confianza que no está arraigado en la arrogancia o el orgullo. Nos daremos cuenta de que siempre estamos protegidos, siempre a salvo y siempre en casa.
Original en inglés, aquí. Traducción al español e imagen, mías.
martes, 22 de septiembre de 2026
otoño 13
Hoy pensé que El Coleccionista comenzaría con El Otoño de Vivaldi, por aquello del equinoccio, pero en cambio, escuchamos a Francesco Mancini con su Sonata para flauta de pico en re menor. Preciosa.
Salí a caminar temprano después de varios días de casi encierro, posteriores al suplicio de la extracción de mis muelas del juicio. Y me encontré con imágenes otoñales, por la época claro, y aquí las comparto.
Unas flores silvestres, entre las plantas cuidadas del condominio:
La Sinfonía en do mayor de Anton Filtz (preciosa) me acompaña mientras cierro el texto.
Vayan de pilón, la luna creciente anterior al equinoccio y unos fuegos patrios que capté desde mi balcón:
lunes, 21 de septiembre de 2026
La muerte de Dr. Greene
Yo tuve una amiga muy cercana, L, que luego dejó de serlo. Pero la recuerdo. A veces. Hoy está cumpliendo 80 años y pienso en ella un pelín más, aunque no lo sepa. (Recuerdo cuando llegó a los 64 y su hijo mayor le puso "When I'm Sixty Four" de Los Beatles, o sea, hace 16 [!!!]. Tengo que acordarme de pedirle a Santiago que me la ponga a mí el próximo año...)
Platicábamos de tantas cosas y durante tanto tiempo que era increíble. Cuando íbamos al Vips cerca de su casa, solíamos presenciar el cambio de turno de las meseras. Uno de nuestros temas recurrentes eran nuestras predilecciones: programas de tele, películas, libros. En la primera peli que vimos juntos supe que también la conmovía Chavela Vargas.
Compartíamos nuestra devoción por ER, la serie médica por antonomasia (Urgencias en España y ER: Sala de emergencias en Hispanoamérica). Yo la había visto (y lo volvía a hacer cada vez que podía) a trompicones en la tele: en desorden, con capítulos repetidos, con otros a los que nunca llegaba: siempre me enganchaba. Alguna vez L me comentó que uno de los capítulos más conmovedores era la muerte de Dr. Mark Greene, uno de los médicos protagonistas en la sala de emergencias desde el primer día: empático, amable, honesto, no muy guapo pero con un no sé qué que qué sé yo (su mejor amigo era Dr. Doug Ross, interpretado por el bellísimo George Clooney) y, claro, excelente clínico.
Yo obviamente lo conocía y amaba. Lo había visto enfermar de cáncer (tumor cerebral), someterse a una operación donde debía estar medio despierto, con la compañía de su pareja, la Dra. Elizabeth Corday, salir bien de la operación, para recaer un año después, tras haberse casado y recibido a su segunda hija Ella. Y luego, así como así, me encontraba con un ER donde Dr. Greene ya no estaba, pero nunca lo había visto morir, ni había encontrado donde retomar este capítulo o cualquier otro de la serie en línea.
Hasta que hace alrededor de un año y medio más o menos, mi sobrino Runs me regaló acceso a una plataforma que tenía disponibles las 15 temporadas de ER. No lo podía creer: un sueño hecho realidad. Por fin podía ver el final de la vida de Dr. Greene. Me puse a buscar el capítulo, en 8 temporadas de más de 20 episodios cada una y lo encontré (el penúltimo de la 8ava). Podía encargarme de ese pendiente.
Y entonces pensé: ¿para qué limitarme si puedo ver la serie completa y en orden? Me lancé, pues, a ver todos los capítulos de ER, indudablemente LA serie médica. Y la semana pasada, unos días después de que me extrajeran las dos muelas del juicio inferiores y sintiéndome especialmente vulberable , me puse a ver por fin el penúltimo capítulo de la temporada 8, "On the Beach". Llevaba ya varios anteriores llorando mientras Dr. Greene estaba cada vez peor, pero haciéndose cargo de su vida y de su muerte. El capítulo de su muerte, como me dijo L, es precioso y tristísimo. Seguí llorando. Pensando algo en ella, en que sería lindo poderlo comentar y en que soltar es, indudablemente, la mejor estrategia.
Ojalá L esté pasando un cumpleaños lindo...
jueves, 10 de septiembre de 2026
la feria 7.......
Hace dos días fue el mero día de la Feria de Tlaltenango, el día que se celebra el nacimiento de la Virgen María. Escuché más pitidos de agentes y muchos cohetes mientras atendía en línea a una paciente que vive en Cholula. No fui a la feria, pero cumplí el domingo pasado.
Fuimos tarde, nos agarró la noche, a Santiago, a Yare y a mí (se suponía que iba más banda que, al final, canceló) y nos tocó una feria a tope de gente. En muchos tramos hubo que caminar como trenecitos para no perdernos y casi haciendo pasos de gallo-gallina, mientras Yare se iba fijando en los ojos de la gente y señalándonos lo bonitos que eran algunos. Yo tenía mi concentración puesta en no dar un mal paso y caer o tropezarme. Qué susto cuando vi a un hombre con un palo largo de madera terminado en una filada punta, lo que había quedado de una banderilla que se comió. Me pareció peligrosísimo: entre empujones y tal podría haberse sacado un ojo o el de alguien más. Ojalá no.
Entramos a la feria más o menos por en medio, quizás un poco más hacia arriba, a la altura de una calle cercana donde dejamos el coche. Bajamos hasta abajo (valga la redundancia, porque la feria es redundante), o sea, pasando la oficina de Telmex. Pasamos por el puesto de cosas chiapanecas, donde vimos unos pies jugando abajo de una de las mesas con blusas y huipiles preciosos. No me iba a llevar nada, pero vi un pantalón de esos que cuando era yo joven calificábamos con el genérico "guatemaltecos" y tuve que compararlo.
Después de los juegos mecánicos, que solo a Yare le gustan y a mí me hacen las piernas de espagueti aunque solo los vea desde tierra firme, encontramos el mejor puesto: unos chicos artistas pertenecientes a una cooperativa vendían grabados, playeras estampadas, estíquers (las calcomanías de antaño) con sus propias obras. Yo creo que hicieron su agosto (o su septiembre) con Santiago y conmigo que compramos regalos para fechas venideras y un poco más (como una playera hermosa que combinaba de maravilla con el pantalón).
Seguimos bajando para buscar a la chica que hace juguetes tejidos y a su tío, que hace velas. Ella no estaba, aunque sus creaciones, sí. Él cuidaba ambos puestos y yo me hice de una colección de velas para la ofrenda próxima (en forma de cempasúchil, de pan de muerto y de cactus). Y para entonces ya casi se me había acabado el dinero y eso que no había comprado lo único en mi lista: un pocillo de peltre para calentar agua para té.
Así que emprendimos la subida, más en modo tren que la bajada, y pensé que no llegaría. Y entonces ya estábamos en el puesto de la pareja de Cuetzalan, quienes nos saludaron con sonrisas y apretones de mano. Platicamos. Vimos sus cosas. Me compré unos aretes que parecen una lluvia de florecitas rosas (la cereza del pastel para el atuendo de pantalones azul-verdes y playera rosa con estampado en sepia). Los hizo una de las hijos de los señores con chaquira calibrada. No podía irme sin comprarles algo, aunque me quedé con las ganas de una blusa de manta, con una cenefa bordada en verde y negro en el cuello redondo. Siempre me quedo con ganas de algo en la feria. Es su naturaleza, como la de la vida y la de esta mente confundida.
Y aún seguimos subiendo. Ya estamos aquí, busquemos el pocillo, insistió Santiago, a pesar de su cansancio y engentamiento. Lo conseguimos: blanco con borde azul oscuro y flores, no el típico azul más claro, pero bonito (y funcional). Y seguimos subiendo (ya faltaba nada para llegar hasta arriba) en pos de las maravillosas ciruelas morelenses, de hueso enorme y poca pero deliciosa pulpa amarilla casi ocre. Las conseguimos y luego fuimos aún por unos tamalitos de elote para la cena. Buenísimos.
Hoy ya estarán desmontando la feria y a punto de reabrir Avenida Zapata. Es cierto que interrumpe el tráfico y hace un poco de caos, pero es maravillosa. Ojalá no se la lleven nunca a un "recinto ferial" porque la calle es su mundo. Y total 10 días se pasan como un suspiro y a mí me dejan una nostalgia donde el otoño ya se está instalando...
viernes, 4 de septiembre de 2026
Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo
El signo supremo de logro es la disminución continua de nuestros deseos y necesidades. Así que cuando estamos interminablemente insatisfechos, siempre queriendo algo más, si solo tuviera esto, si solo las cosas sucedieran de esta manera, entonces todo estaría bien. Cuando esto empieza a tranquilizarse y reconocemos, de hecho, justo en este momento tengo todo lo que necesito. Tengo todo. ¿Qué más? Entonces eso es un signo de que algo adentro de nosotros está empezando a abrirse. Realmente, el mantra budista no es OM MANI PADME HUM. El mantra budista es suelta. Suelta. Suelta. Externo, interno, secreto. Suelta. Es nuestra mente de aferramiento lo que es el problema. El Buda dijo que la fuente de nuestra insatisfacción, nuestro desasosiego, nuestro dukkha, es la mente de aferramiento. Eso no puede enfatizarse lo suficiente.
| efímera en Chimal |
jueves, 3 de septiembre de 2026
otoño 12
En Cuernavaca, creo que lo he dicho antes, el otoño llega con la Feria de Tlaltenango.
El sol lo sabe y se suaviza. Se esconde, de pronto, tras las nubes y coquetea. El viento lo sabe y se refresca. Se cuela por las rendijas cuando no me doy cuenta. Me hace estremecerme en la madrugada cuando entra por la ventana entreabierta.
Y la lluvia. Parece que a la lluvia le llega la total licencia de lanzarse con todo lo que tiene, que este año, en Cuernavaca, no ha sido mucho. La verdad. Pero es ponerse los puesteros sobre Avenida Zapata y empezar a diluviar, sobre todo de noche.
Ya me decía Juana que septiembre es el mes que más llueve.
Lo que echo en falta mucho este año es el sonido de los pitidos de los agentes de tránsito. Por una extraña razón me daban sensación de seguridad al cambiar la estación y empezar el mes patrio. Hoy en la mañana, me pareció distinguir algunos muy lejos, pero sobre todo resuena su ausencia y una parte de mí se pregunta si la feria sí habrá empezado. Me pregunto también cómo se estará organizando la vialidad, siempre caótica en los días de feria. Ahí están los claxonazos como prueba. Esos sí se oyen.
Y yo he empezado a nadar muy de mañana (entre 7:30 y 8:30) a instancias de Santiago. Con suerte y así las gripas otoñales se espantan y yo me sigo sintiendo bien.
Me encontré en mi balcón esta flor de hoya que me pareció una metáfora de la llegada del otoño: la flor ya grisecita como símbolo del mundo que empezará a dormirse un poco, como Perséfone de regreso al inframundo, y sus hermanas rosas aun resplandecientes, restos del verano. Y aunque en mi latitud los cambios no son tan profundos, igual impactan en su sutileza.
martes, 1 de septiembre de 2026
Invitado: Chagdud Tulku Rinpoché
Siempre reconoce las cualidades parecidas a un sueño de la vida y reduce el apego y la aversión. Cultiva una disposición gentil y amable hacia todos los seres. Sé amoroso y compasivo sin importar lo que los demás te hagan. Lo que hagan no importará tanto cuando lo veas como un sueño. El truco es tener una intención positiva durante el sueño. Este es el punto esencial. Esta es la verdadera espiritualidad.
lunes, 31 de agosto de 2026
tres...cero bis
miércoles, 26 de agosto de 2026
Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo
Como sabemos, nuestra sociedad, especialmente en el momento actual, está basada en crear más y más y más codicia. Para la mayoría, nuestras necesidades básicas han sido satisfechas desde hace tiempo. Ahora estamos enfocados en codicia pura y dura. La gente está pagando millones de dólares solo para crear un sentido de necesidad de algo que es totalmente inútil. Y entre más inútil sea, más hábilmente trabajan sicológicamente para hacernos sentir desfavorecidos si no lo tenemos. ¿Cuántas de estas cosas extrañaríamos si nunca jamás hubiéramos escuchado siquiera de ellas?
| hoyas en flor en mi balcón: gratuitas y gozosas |
Original en inglés, aquí.Traducción al español e imagen, mías.
martes, 25 de agosto de 2026
Duelo 5 / Carta 3 y última
sábado, 22 de agosto de 2026
CDMX
| el reloj de Bucareli (regalo del último emperador chino, Puyi, con motivo del primer centenario de nuestra independencia) |
viernes, 21 de agosto de 2026
Invitado: Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoché
Desearle felicidad a quienes te han lastimado~
Cada uno de nosotros ha sido lastimado por personas que hemos querido y aunque podamos insistir en que lo hemos olvidado todo, rara vez lo hemos hecho. Para ayudar a calmar cualquier dolor persistente, visualízalos en el lugar de honor y mientras das pie a bodhichitta,* deséales todo lo que es bueno. Si pensar en ellos sigue siendo doloroso, es una señal de que no has soltado el sentimiento de que te han agraviado. Trata de no enfocarte en ello. En cambio, admite ante ti mismo que aún te estás aferrando a tu dolor. Entonces concéntrate en desearles toda felicidad y anhela asumir tú mismo todos sus sufrimientos. Y ten muy presente que para aquellos que están comprometidos seriamente con la práctica del dharma, las relaciones difíciles proporcionan el suelo más fértil para esa práctica.
*una mente que se esfuerza por alcanzar la iluminación y está imbuida con la motivación compasiva de ayudar a otros (aquí puedes leer más sobre ello en inglés)
| unas flores chimaleñas para ti, también |
jueves, 20 de agosto de 2026
Invitada: Roshi Joan Halifax
De Unfinished Vow ["Voto inconcluso", un ensayo de la autora]: Seamos inquebrantablemente claros sobre lo que la destrucción de Gaza no es. No es una pena privada que haya que manejar con ejercicios de respiración. No es una crisis de salud mental en los corazones individuales de los palestinos. Un niño muriendo de hambre bajo el bloqueo no tiene un trastorno de apego. Una madre tratando de sacar a sus hijos de los escombros no carece de resiliencia. Esto es sufrimiento impuesto, en la frase de Coates, sufrimiento con autores, presupuestos, cadenas de suministro y votos. Psicologizarlo o espiritualizarlo como la tragedia general de samsara es convertirse en cómplice silencioso de ello. Cuando la palabra genocidio debe decirse, y hay momentos en que debe decirse, nombra precisamente esto: sufrimiento que es colectivo en su imposición y que, por lo tanto, solo puede atenderse colectivamente: a través del atestiguamiento, a través de la protesta, a través del rechazo, a través de la solidaridad, a través de la protección de los vulnerables, haciendo que los perpetradores rindan cuentas. Hubo rabinos e imanes y sacerdotes y maestros budistas entre quienes dijeron esto públicamente, y yo fui uno de ellos, porque el silencio es, también, una postura.
Original en inglés, aquí. Traducción al español, mía.
jueves, 13 de agosto de 2026
l u c i é r n a g a s
Apenas dos apariciones de luciérnagas en casi 17 años de este blog: aquí (en un poema de desamor, desilusión, decepción de hace un pelín más de 11 años) y acá (en un texto sobre cosas efímeras de hace casi un año). Hacía siglos que no veía luciérnagas. En una parte de mí creía que ya nunca las iba a volver a ver y, oh sorpresa, el primer finde semana de agosto en Chimal, nos reencontramos las luciérnagas y yo (no que para ellas significara algo, o quizás sí...).
Salimos al jardín con mi comadre, que iba a guardar a su gallo, y nos dijo: "Es la hora de las luciérnagas: cuando empieza a anochecer, pero aún hay luz". (Y yo que pensaba que había que buscarlas en la oscuridad.) Y de pronto se encendió una lucecita allí y se apagó, y luego otra allá y se apagó, y luego otra y otra y otra. Me volví a sentir niña: maravillada del fenómeno. Llamé a Santiago, pensando que quizás nunca las había visto. Me aseguró que sí y se quedó también a ver el espectáculo conmigo y con Yare. (Al día siguiente repetiríamos con Ángeles, quien también las ve en su casa y también se maravilla.)Después de la sesión de fotos y de preguntarnos por el bienestar del insecto, que parecía incapaz de seguir volando, lo posamos en una planta, donde yo le tomé una foto menos nítida, más abstracta, digamos:
miércoles, 12 de agosto de 2026
tres...cero
| caras de infancia |
Y así, changuito, llegas al tercer piso.
Uncanny, if you ask me.
Así describía este cumpleaños tuyo en un texto que salió hace un par de días en el grupo de escritura de los lunes. El tema era colapso o estado colapsado y lo que me vino a la cabeza fue un berrinche homérico que hiciste a los 2 o 3 años en la terraza de un McDonald's en Plaza Cuernavaca adonde habíamos ido de paseo con tu papá. El colapso fue la técnica de dejarte caer como peso muerto para evitar que te alzáramos con rapidez y luego patalear y revolverte de un lado a otro en medio de una sinfonía de gritos y llanto. También sorprendente, misterioso, asombroso, increíble, raro, extraordinario, inesperado, si me lo preguntas.
Uncanny.
Así, en el mejor de los sentidos, podría describir mi vida contigo.
Este último año llegamos por fin a terapia para aclarar patrones poco sanos entre nosotros. La terapeuta comentó que no era común atender a madre e hijo en un espacio como ese ni atestiguar una relación como la nuestra: cercana, honesta, amorosa. Y nos acompañó para seguir encontrando los caminos de la independencia en nuestro vínculo como adultos. Gracias por compartir el lugar y el tiempo.
Este último año reanudaste los estudios de Letras Inglesas y te ves contento, entusiasmado, comprometido. Yo me alegro.
Este último año, hemos retomado, muy recientemente, el proyecto de comunidad, con Yare y con quien se vaya sumando: familia, familia escogida, amigues. Un espacio de convivencia donde buscamos trascender la individualidad sin borrarla. Acompañarnos en el camino de la vida desde nuestra propia autonomía. Parece que llegaremos a manifestarla. Ojalá.
Este último año volviste a acompañarme en momentos difíciles, desafiantes, de angustia, de duelo. Este último año te he acompañado en momentos buenos y malos y regulares. Qué fortuna.
Y así inicias un nueva década, la de los 30. Aunque como diría Rinpoché, el valor que le damos al aniversario es conceptual y ultimadamente inexistente, estos hitos sirven como pretextos para expresar lo que sentimos y hacer aspiraciones: así pues, te quiero, te admiro, te respeto, te agradezco y espero que en la vida encuentres siempre la manera de ser feliz, relativamente, y que no cejes en tu camino por alcanzar la felicidad trascendente.
Bol ye. A lot.
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| primera celebración treintañera en Chimal (foto de Yare) |
jueves, 6 de agosto de 2026
Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo
En lo que respecta a otras personas, no necesitamos reaccionar siempre ante cómo actúan otras personas. Ese es su problema, no el nuestro. Internamente, deberíamos estar relajados, permitir a los demás ser quienes son, y permitir que las cosas se nos resbalen, como si nuestra mente fuera un sartén con teflón antiadherente. No deberíamos dejar que todo en nuestro interior se caliente más y más como una olla de presión. No deberíamos convertirnos en alguien con mente como olla de presión. Deberíamos permitir que las cosas simplemente se muevan y no juzgar tanto. Las personas son personas. Simplemente permíteles ser quienes son. No podemos cambiar a los otros. Pero podemos cambiarnos a nosotros mismos: el único cambio al que podemos aspirar es cambiar nuestra propia respuesta frente a las acciones de los demás. Eso lo podemos hacer.
Lo podemos ver como la repetición de un programa en la tele. Ay no, no ese otra vez. Siempre estamos reciclando interminablemente las mismas situaciones viejas y las mismas respuestas viejas. Así que cambiemos el canal. Cultivemos una mente menos criticona, mayor compasión, mayor gentileza y un buen sentido del humor. Creo que es muy importante realmente sonreírnos a nosotros mismos y sonreír a los demás.
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| Jetsunma sonriente en México, 2007 |
Original en inglés, aquí. Traducción al español, mía.



