viernes, 23 de julio de 2021

Invitado: Dilgo Khyentse Rinpoché


Trascendiendo   la   prisión   de   las   apariencias


En el corazón del invierno, el frío congela los lagos y los ríos; el agua se hace tan sólida que puede sostener hombres, bestias y carros. A medida que se acerca la primavera, la tierra y el agua se calientan y se descongelan. 

¿Qué queda, entonces, de la dureza del hielo? El agua es suave y fluida, el hielo es duro y cortante, así que no podemos decir que sean idénticos; pero tampoco podemos decir que sean diferentes porque el hielo es solo agua solidificada y el agua es solo hielo derretido. 

Lo mismo es válido para nuestra percepción del mundo que nos rodea. Estar apegados a la realidad de los fenómenos, estar atormentados por la atracción y la repulsión, por el placer y el dolor, por la ganancia y la pérdida, por la fama y el anonimato, por el elogio y la culpa, crea una solidez en la mente. 

Lo que tenemos que hacer, por lo tanto, es derretir el hielo de los conceptos en el agua viva de la libertad interna. 
















Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

jueves, 22 de julio de 2021

Días de retiro 2



Los días de retiro dejan de ser días, así en plural, para pasar a ser un solo día. El mismo y siempre distinto.

Hay una rutina, sí, pero el tiempo es otro. Más presente. Menos pasado. Menos futuro.

Solo (o casi) el momento de estar.



Hay algún paseo de condominio y alguno por la calle. Y hay mucha mente. Mucha intención de ver la mente y descubrirla y ver que no se puede. Y, sin embargo, están la claridad y la luminosidad y el vacío.

Cabe todo. Una pinta en la pared. Un autorretrato y un retrato. Sombras de gallinas y peces.

Y todo se disuelve. 

8 more days 

domingo, 4 de julio de 2021

Días de retiro


Es la mañana del primer día. Un colibrí visita mi balcón, algo nunca visto en 16 años en este departamento. Parece que lo atraen las flores del amorcito. No estoy segura si alcanza a meter el pico.

A medio día, el colibrí regresa.

Es la tarde del segundo día. La sinvergüenza que rescaté de la alberca ha echado dos flores rosas. Las primeras. Me parece.

Tercer día. En soledad. La segunda flor rojo sangre del cactus-serpiente está por abrir.

Intento centrarme en las bendiciones. Intento no dejar que la mente se distraiga.

Intento.


jueves, 1 de julio de 2021

Paseo matutino 2



Mi amiga Joana me llama "
paseadora de condominio" y me gusta cómo suena. Me da también un poco de nostalgia ser paseadora de Madrid o de Barcelona.

Hoy salí a caminar más tarde porque tuve una paciente temprano. Parece que Enrique, el huracán-tormenta tropical, no se ha ido del todo aún. Todo estaba mojado y la luz brillaba, pero no había sol.



Me acompañaban las golondrinas. Vuelan bajo, como cortando el aire, y a veces parece que me van a rozar la cabeza. (Nunca ha pasado.) Me encanta verlas rozar apenas el agua de la alberca pera tomar un sorbo. Dejan una sucesión de ondas concéntricas que se extienden hasta desaparecer. Como la vida. Más o menos.

Mientras giraba para dar vuelta a la barda y encaminarme hacia el edificio A, que rodeo en mi caminata, una ardilla y yo nos dimos un susto. Ella iba tras un aguacate, que perdió al verme y salir disparada en sentido contrario. Yo di un brinco y me reí. Nos pasó dos veces. La segunda, yo me reí más y ella parecía igual de asustada.



Hoy vi menos pájaros, quizá por la hora, pero pude fotografiar dos. Y también volverle a hacer retratos dobles a una de las gatas que alimentamos entre varios vecinos.

Así la vida de paseadora de condominio el día de hoy, en este verano cuernavacense, lluvioso y hasta frío.


martes, 29 de junio de 2021

la flor azul 2

 

Chimal, la casa de mi comadre, es una de las constantes en nuestra vida, un sitio libre de todo peligro en este mundo tan incierto. "Nuestra" es de mi hijo y mía. Chimal ha sido desde siempre, desde qué él nació, nuestro segundo hogar. Nuestro lugar seguro.

Ahí está María Eugenia, dispuesta siempre a platicar, a escuchar, a compartir tlacoyos o tequila o huevos rancheros, o mezcal con miel o tamales o pay de atún. Ella ha sido para mí como un espejo amoroso donde me puedo ver, reconociendo lo bueno y lo no tan bueno que tengo, lo agradable y lo desagradable que puedo ser, a veces.

A Chimal llevamos a nuestros amigos más cercanos, a algún prometido pasajero, a Yare. Ahí festejamos cumpleaños. Convivimos con el recuerdo de doña T. Jugamos cartas. Y hablamos. Hablamos mucho. Y nos reímos mucho. De vez en vez, también lloramos. Sabemos que lo sucede en Chimal (lo que se habla en Chimal), se queda en Chimal.

Y Chimal nos hace saber de muchas maneras que sigue ahí para nosotros —cambiante y confiable—, ofreciéndonos, por ejemplo, diferentes flores en diferentes temporadas. Sabemos que volverán las magnolias o los azahares o las flores de manzano o de pera, o los cactus exuberantes que florecen en rosa-casi-lila. En esta ocasión, en plena temporada de lluvias (con todo y huracán/tormenta tropical Enrique), destacaba, entre floripondios y jazmines de la India, la flor azul (de la que hablaba también aquí, hace 2 años, la que dura un día).

La primera vez que recuerdo haber visto la flor azul fue antes: hace 7 años, en una visita en compañía hoy ausencia. Entonces la fotografié con una cámara ajena (porque mi camarita rosa no quiso enfocarla) y no tengo la imagen (o no recuerdo dónde quedó). Este vez, con la nueva camarita rosa, jugué a dejar los alrededores en blanco y negro y a resaltar el azul de la flor:




Aunque quizá no sea exactamente su color, sigue teniendo ese halo mágico de planta de cuentos que concede los deseos.


martes, 22 de junio de 2021

Quiero

Amapolas rojas y amapolas rosas.

Mariposas grises de alas estampadas.

El reflejo de una golondrina en el agua de la alberca.

Un helado de turrón.

La espuma del mar en los pies.

Tu mano en la mía.

Unas cañas en La Latina, cerca del Mercado de la Cebada.



sábado, 19 de junio de 2021

cosas raras que me gusta hacer

  • Ya hace poco hablé de cómo abro la llave del gas de la estufa y tardo un poco en darle al botón que lanza la chispa que enciende la parrilla, sola para ver una flama grande. Solo para sentir un atisbo de peligro.
  • Me gusta tomar la bolsita de cada uno de los varios tés que me preparo durante el día con los dedos para aplastarla y sacarle el sabor que aún le queda. Me gusta cuando quema un poco.  Me gusta la sensación viva en la piel. Se pasa pronto y no deja marca.
  • No lavo (casi nunca) la taza donde tomo té negro, mi adorada taza roja firmada por Saramago, sino hasta que ya tiene mandalas cafés dentro, de los restos superpuestos de té . Esta costumbre es herencia de mi exmarido, que lo hacía con su taza de café.. Para preservar el sabor, decía.
  • Al hacer (estirar) mi cama, no meto la sábana de arriba abajo del colchón, porque si no, en la noche, cuando me acuesto y me tapo, se zafa también la sábana de abajo y es como si no la hubiera hecho.
  • Cuando voy al cine (2 veces en los últimos 7 meses), intento sentarme con un espacio vacío a mi lado (derecho o izquierdo). En el asiento libre acomodo mi bolsa, pero, sobre todo, acomodo los dos pequeños changos (monos, simios) de peluche (uno morado y otro gris, como la bolsa anterior) que cuelgan de un lado (de la misma argolla) para que también puedan ver la peli. (Disfrutan tanto como yo).
  • Mi gata tricolor, la Khandro, se acuesta conmigo y se acurruca en la hueco que dejan mis piernas a la altura de las rodillas, cuando las doblo un poco. Yo la dejo, aunque implique una parálisis transitoria.


viernes, 18 de junio de 2021

gota

en una gota habita toda la gravedad

en una gota cabe el mundo todo

en una gota vive mi anhelo

en una gota tú, yo, los dos

en una gota


gota de lluvia a punto de caer esta mañana



miércoles, 16 de junio de 2021

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo


Así que sé breve. Y mantén tu aspiración: que nuestro día entero sea nuestra práctica del dharma, que no sea solamente sentarte en tu cojín. Tu cojín, sí, es para asentar tu mente, tener la conciencia clara, establecer una buena motivación, pero luego tenemos que usar nuestra vida cotidiana —todos los seres con quienes nos encontremos, todo lo que hagamos— para desarrollar nuestra conciencia amorosa, para desarrollar nuestra caridad y generosidad, para desarrollar nuestra paciencia, para desarrollar nuestra gentileza, e intentar estar conscientes, estar presentes tanto como podamos. Entonces, nuestra práctica es nuestra vida cotidiana. Nuestra vida cotidiana es nuestra práctica. Entonces no puedes decir: "No tengo tiempo", porque mientras que estemos conscientes, ese es nuestro tiempo para la práctica.



zanata al acecho


Original en inglés, aquí. Traducción al español e imagen, mías.


viernes, 11 de junio de 2021

Instagram y yo

Subí mi primera foto a Instagram el 17 de enero de 2021, hace 20 semanas según me informa la propia plataforma. La más reciente es de antier, 10 de junio.

Yo no había considerado tener una cuenta en Instagram porque no tengo un teléfono inteligente y, sin semejante dispositivo, parecía un poco inútil. Sin embargo, durante el confinamiento en Madrid a principios del coronavirus, supe que podía abrirla desde mi ordenador y lo hice solamente para seguir un evento en vivo de una amiga (hoy tristemente ex). No pude o no supe cómo conectarme y mi cuenta quedó ahí, medio abandonada. Entraba de vez en cuando, cuando recibí un recordatorio en mi correo, y veía las publicaciones o las "estoris" (que no historias) de unas cuantas gentes.

Cuando regresé a México, la novia de mi hijo me dijo que sí se podía usar Instagram desde la compu y me enseñó el truco. Así subí una luna nueva que contenía la luna llena. Desde entonces, Instagram para mí se ha convertido en una especie de album de fotos. Voy guardando las que más me gustan y me invento pies de fotos más o menos atractivos.

Hasta el día de doy, casi seis meses después, he subido 74 publicaciones (o sea, fotos), tengo 44 seguidores y sigo a 76, la mayoría de los cuales conozco, aunque algunos, no. (Los nombres en Instagram son rarísimos y, a veces, irreconocibles; yo, sin ir más lejos, soy "adelachurches"). "Estoris" no subo, pero me enteré, de forma más o menos violenta, que si tú ves la "estori" de alguien, esa persona lo sabe. Y no es que acosara a nadie, pero por una mezcla de nostalgia y curiosidad, "visitaba" a aquella examiga y resulta que no  le gustó. Incluso ha hecho su cuenta privada (aprendí también que eso significa que tienen que aceptar tu solicitud de seguimiento y mientras eso suceda no puedes ver sus publicaciones), aunque quizá no tenga nada que ver conmigo.

De esas 74 publicaciones, todas tienen por lo menos 1 "like" (me gusta o corazoncito). Es un alivio que Instagram no tenga distinción entre "me gusta" y "me encanta" como Facebook, porque a mí eso ya me da para imaginarme mucho más de lo debido. En promedio, yo creo que la mayoría de las fotos han recibido 6 "likes": aquí no es como en el blog, donde las visitas o los "me gusta" se van sumando en el tiempo: parece que lo que se vio y gustó en Instagram es instantáneo o no es. He juntado 23 comentarios en las 20 semanas (y algunos de esos son pies de fotos míos que no puse donde debía o alguna respuesta a alguien).



Durante mucho tiempo la publicación con mas "likes" tuvo 9  (la sexta, del 24 de enero: una toma del interior de la Casa Batlló en Barcelona) y pensé que jamás ninguna alcanzaría los 10, hasta que antier mi "gato bebe un gato" alcanzó los 13 corazoncitos. 

Un hallazgo importante ha sido el sistema de mensajes de Instagram, a través del cual he podido contactar a gente que de otro modo apenas me respondía.

Eso sí, podría decirse, con total precisión, que soy lo opuesto a un "influencer". Y está bien. Me gusta tener un lugar donde guardar mis fotos preferidas y me gusta la interacción (por casi nula que sea) con otros seres allá afuera. Sobre todo, me gusta ir deambulando por ese tan inasible fenómeno de la redes sociales y la virtualidad y atisbando cómo es relacionarse con el mundo, con la vida y con los otros desde ahí.



domingo, 6 de junio de 2021

Paseo dominical


—Los inquilinos pagan.

—Los inquilinos viven aquí. 

—Los inquilinos también tienen derechos.

Asevera una condómina del edificio B. La conozco desde hace años pero no nos hablamos, casi nada. Si acaso cruzamos miradas. En realidad Casi no habla con nadie, con los guardias de la entrada un poco. Es muy suya.

La escucho, cuando salgo a caminar temprano en la mañana. Habla con la presidenta de la Asociación de Condóminos, a propósito del robo de las cuatro llantas de dos autos la madrugada de hace una semana. Tiene razón. Los inquilinos (quienes rentan un departamento, pero no son dueños) son personas, aunque la administradora quiera hacernos creer lo contrario y algunos le crean. Siempre el patrón ancestral de nosotros, los buenos, versus ellos, los malos.





Sigo caminando. Ya no oigo qué le responden a la vecina. Pero veo a una golondrina sentada en unos cables. La fotografío y se ve su cola ahorquillada. 

Regreso a mi casa con los zapatos mojados por la lluvia de anoche. Quizá los calcetines, también. Me preparo para mi taller de meditación y escritura, que tomará las siguientes 6 horas del domingo.





Me traigo también una flor de un flor de mayo que empieza a marchitarse sobre las losetas grises. Hoy no me tocó salvar chicatanas (hormigas aladas también conocidas como hormigas de San Juan) de las albercas. Salen en la temporada de lluvias para cumplir un ciclo de apareamiento y procreación y son bastante torpes. Muchas acaban ahogándose. Confieso que hoy pasé sin fijarme demasiado.

Mañana será otra día.


jueves, 3 de junio de 2021

Invitada: Pema Chödrön

 

La paciencia es una práctica enormemente alentadora e incluso mágica. Es una manera de cambiar por completo el hábito humano fundamental de intentar resolver las cosas ya sea yendo hacia la izquierda o hacia la derecha, etiquetando las cosas como "buenas" o etiquetándolas como "malas". Es la manera de trascender el miedo, la manera de contactar las semillas de guerra y las semillas de paz duradera, y de decidir cuáles queremos alimentar. 









Original en inglés, aquí. Traducción al español e imagen, mías.


miércoles, 26 de mayo de 2021

¡Feliz Día de Shakyamuni!

 



Hoy celebramos la vida. el nacimiento, la iluminación y el parinirvana del Buda.

Es un momento de reflexión y de gran gozo.

*

¡Gracias, Buda Shakyamuni!


Imagen de Dzogchen Ponlop Rinpoché.


martes, 25 de mayo de 2021

espejismo / ilusión


 









espejismo

De espejo e -ismo.

1. m. Ilusión óptica debida a la reflexión total de la luz cuando atraviesa capas de aire de densidad distinta, lo cual hace que los objetos lejanos den una imagen más cercana e invertida.

2. m. ilusión (‖ concepto o imagen sin verdadera realidad).


O sea, la vida misma. No nada más en el desierto o en la carretera. Sino caminando por los vericuetos de mi condominio.

Salgo del pasillo que recorre la parte trasera de los tres últimos edificios y en la pared del "G", veo lo que me parecen dos hojas secas adosadas al muro. Pero cómo llegaron ahí. Cómo se sostienen ahí. Me pregunto y me acerco. Y veo que no son hojas. Tienen la forma de dos triángulos superpuestos. Pero no alcanzo a descifrar qué son. Me acerco un poco más y ladeo la cabeza para un lado y para otro.

¡Ah! Mariposas. De las nocturnas, pero de un color mucho más claro. Qué harán. Me vuelvo a preguntar. Podrían estar procreando, supongo, pero su quietud es absoluta. Podrían estar vivas o podrían estar muertas. Están. Eso es seguro.

Les pega la sombra. Pienso que podría volver más tarde cuando les pegue el sol. Pero cuando me acuerdo, una nueva sombra las ha vuelto a cubrir. Y ellas siguen imperturbables. Cuando paso por el mismo punto al día siguiente, esperando reencontrarlas, parece que nunca hubieran estado allí. Estuvieron allí, me vuelvo a preguntar. Alguien las habrá visto o me lo imaginé.

Y así sucede con tantas otras cosas en la vida. Que no son lo que parecen. Que no parecen lo que son. Que etiquetamos e inventamos sin verlas. Como espejismos. Como ilusiones. A las que les pega la sombra y luego desaparecen.


ilusión

Del lat. illusio, -ōnis.

1. f. Conceptoimagen o representación sin verdadera realidadsugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.






jueves, 20 de mayo de 2021

Invitado: Dilgo Khyentse Rinpoché


 ¿Cómo se crea el samsara? ¿Cómo se alcanza la realización? 


Para conquistar la esfera superior de la naturaleza 
no creada de la mente, debemos ir a la fuente y reconocer el origen de nuestros pensamientos. 

De otro modo, un pensamiento da pie a un segundo pensamiento, el segundo al tercero, y así sucesivamente para siempre. Estamos bajo el ataque constante de los recuerdos del pasado y somos arrastrados por las expectativas del futuro, y perdemos toda conciencia del presente. 

Es nuestra propia mente la que nos desencamina hacia el ciclo de existencia. Ciegos a la naturaleza verdadera de la mente, nos aferramos a nuestros pensamientos, que no son sino manifestaciones de esa naturaleza. 

Este congela la conciencia en conceptos sólidos, tales como yo y el otro, deseable y detestable y muchos más. Así es como creamos el samsara. 

Pero si, en lugar de que nuestros pensamientos se solidifiquen, conocemos su vacuidad, entonces cada pensamiento que surge y desaparece en la mente nos presenta la realización del vacío de una manera incluso más clara. 


apariencias pasajeras en un cielo pasajero





















Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

lunes, 17 de mayo de 2021

Historia de una planta 3

Ya hay otras historias de plantas en este blog (como aquí y acá), además de que se cuelan por todos lados, en palabras o en imágenes. En realidad no me había dado cuenta cabal del lugar tan importante que juegan las plantas, las flores, las hojas, las semillas, las raíces en mi vida. Gracias a ellas es que, después de 6 meses de haber cruzado el charco de vuelta, siento que empiezo a (medio) aterrizar.

Desde abril pasado hay una planta nueva , que me regaló mi comadre María Eugenia de cumpleaños. Un amorcito, cultivado en Chimal. No es la primera vez que me traigo alguno a Cuernavaca, pero el último se murió hace unos años, calculo.

Llegando a mi casa, lo coloqué en el balcón con la intención de comprarle una maceta más grande. Entonces me di cuenta de que traía dos botones de flores. Compré, pues, el tiesto nuevo, donde lo metí con todo y su recipiente original, sabiendo que cuando una planta va a florear no es el mejor momento para trasplantarla, pues la floración le consume mucha energía y no tendrá suficiente para adaptarse a un nuevo sitio. 

A los pocos días de estar expuesta al sol brutal (aún no empezaban las lluvias), vi con algo de tristeza que los dos botones se habían secado. No me sorprendió porque Cuernavaca es muuuuucho más caliente que Chimal. Pensé, entonces, que ya podría trasplantar el amorcito y entonces vi, ahora con sorpresa y gusto, que había echado otros dos botones, adaptándose casi de inmediato al clima cuernavacense. Opté, claro, por volver a aplazar su cambio de vivienda y empecé a esperar a que los botones abrieran.

Y abrieron, así de bonitos:



Ojalá nuestras (mis) readaptaciones a los cambios fueran tan suaves y sabias como las del amorcito chimaleño.

viernes, 14 de mayo de 2021

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo


El Buda dijo que hay dos tipos de sufrimiento. Uno es el sufrimiento

físico, otro es el sufrimiento mental. El sufrimiento físico es 

inevitable porque tenemos un cuerpo. Pero el sufrimiento 

mental es opcional. No necesitamos sufrir estas tormentas 

emocionales y torturarnos con todos estos sentimientos de culpa y 

vergüenza y todas estas cosas. De hecho, podemos simplemente dejar caer la

carga y estar libres en el momento. Es muy posible. Estamos practicando

para esto. Y una vez más más, en un nivel inicial, simplemente

enviarnos a nosotros mismos gentileza amorosa y compasión y amigarnos, en

lugar de estar en guerra  con nosotros mismos y torturándonos. 


lluvia y flor de mayo








Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

martes, 11 de mayo de 2021

siete/10

 









Hace un año más o menos, en pleno confinamiento madrileño, empecé a escribir sobre las 10 películas que más me han marcado. (La lista podría hacerla varias veces, pero estas primeras elecciones arrojan bastante luz sobre mi manera de entender el mundo.) La última entrada, la de la sexta peli, la hice todavía en Barcelona, en octubre pasado. Hoy vuelvo, desde Cuernavaca, para ir completando la labor.

Vi En la ciudad blanca a mis 20 años (qué década aquella, la segunda de mi vida...) en Barcelona, en el desaparecido cine Casablanca. Ya he hablado un poco de esa experiencia en este blog (aquí) y aquel momento se convirtió en parte central de un capítulo de mi novela La prima mexicana (en revisión).

Hoy, 37 años después, recuerdo vívidamente varias escenas de la película de Alain Tanner. A Bruno Ganz, por supuesto, jovencísimo y guapísimo filmándose a sí mismo en las calles imposibles de Lisboa y a Rosa, su amante portuguesa. Como me suele suceder, no recuerdo el final. (Quizás sea un mecanismo de defensa esto de olvidar los finales.) Una vez, en Lisboa, traté de volver a ver el filme, pero lo único que logramos fue que un virus infectara la compu donde lo intentamos. 

En la ciudad blanca ha estado conmigo desde entonces, más o menos presente, pero indisoluble. Ahora sé, a mi pesar, que los relojes no marchan al revés y el mundo no lo hace al derecho. Quizás saberlo sea una liberación, una bendición disfrazada.

Y, bueno, cuando se trata de esta peli, hablo de todo menos de ella. Con un argumento mínimo (un marinero alemán que deserta su barco en la capital portuguesa, donde conoce a una mesera del lugar, al tiempo que mantiene una relación epistolar con su pareja), es un poema sobre Lisboa y sobre la búsqueda (o la pérdida, según se mire) de uno mismo. Quizá algún día vuelva a verla: sería interesante mi percepción a casi 4 décadas de distancia de aquella primera vez, aunque me da un poco de susto también.

Para cerrar, dejo este enlace recién encontrado con una muy buena reseña del filme, por si a alguien le da curiosidad.

 

domingo, 9 de mayo de 2021

Invitada: Pema Chödrön

 

Protegernos del dolor

Protegernos del dolor  —el propio y el de los demás— nunca ha funcionado. Todo el mundo quiere estar libre de su sufrimiento, pero la mayoría de nosotros lo hacemos de maneras que solo empeoran las cosas. Escudarnos de la vulnerabilidad de todos los seres vivos —lo cual incluye nuestra propia vulnerabilidad— nos disocia de la experiencia plena de la vida. Nuestro mundo se encoge. Cuando nuestras metas principales son obtener comodidad y evitar la incomodidad, nos empezamos a sentir desconectados de los otros e incluso amenazados por ellos. Nos encerramos en una red de miedo. Y cuando muchas personas y países emplean este tipo de enfoque, el resultado es una situación global caótica con mucho dolor y conflicto. 


pájaros en el cielo de cuernavaca










Original en inglés y fuente, aquí.

Traducción al español e imagen, mías.


viernes, 7 de mayo de 2021

hoy tengo mono

 A veces me gusta abrir la llave del gas de la estufa y tardarme unos segundos en darle al botón que saca la chispa que enciende la flama. Así, se acumula un poco más de gas del conveniente y cuando se prende lanza una flama grande, amenazante, pero no aterradora. Si lo hago con el comal de barro encima (más por descuido que por voluntad) entonces puede ser más peligroso, porque el gas no huele, se amotina y cuando enciende me podría alcanzar a quemar. Aunque nunca ha pasado.

Quizás todo esto sea porque tengo mono. Que acá, en México no quiere decir nada. Como chango en España tampoco transmite ningún significado. Porque chango es mono, simio pues, solo en México. Pero acá no tenemos chango, ni tenemos mono.

Tener mono, que allá es el sinónimo coloquial del síndrome de abstinencia, es el sinónimo espiritual, según yo, de la falta de satisfacción, fuente ineludible del sufrimiento, Mentalidad de pobreza, según el Buda.

Y qué mono que tengo yo hoy de Madrid. De mi María. De Ata. Del cielo azul Madrid y de otra vida, por más ilusoria que sea, como la mía. Hoy.


Madrid, mayo 2020




jueves, 6 de mayo de 2021

sabiduría zen

 El tiempo es vida

por Norman Fischer y Susan Moon

 
Estar ocupado o no estarlo no es una cuestión de qué tanto tengas que hacer. Depende de tu visión, de tu actitud. Si insistes en que el tiempo es un contenedor limitado que está casi lleno y ahora estás intentando embutir tres o cuatro cosas más en él, entonces sí, estás demasiado ocupado. Te pones ansioso. Pero si reconoces que el tiempo es vida, entonces simplemente haces lo que sea que estés haciendo cuando lo estás haciendo y cuando terminas, haces otra cosa. Quizá no completes todas las tareas en tu lista. ¡Pero nada está al fin y al cabo completo! Todos nos moriremos con asuntos pendientes y, al mismo tiempo, con todo completo. 


Amanece sobre la moringa en Cuernavaca

Fragmento tomado de este libro y traducido por mí.

miércoles, 5 de mayo de 2021

5 de mayo

Imposible no pensar en mis papás un día como hoy. Es parte del imaginario familiar. Supongo. El 5 de mayo era su día. Hoy lo habrían celebrado 59 veces, a sus 86 años, si hubieran llegado, lo cual no era impensable. Pero no llegaron. Ninguno de los dos. De haberlo hecho, yo creo que se hubieran seguido celebrando Yo creo que habrían seguido juntos, por ello no me parece tan descabellado celebrarlos yo y honrar así mis orígenes. Seguir reconciliándome.

 En mi casa tengo un par de fotos de ellos a la vista, digamos.


 En esta están de luna de miel en Sevilla. No tengo idea quién la tomó —quizá un paseante que se encontraron— ni con qué cámara. No me acuerdo tampoco cuándo llegó a mis manos ni si yo la enmarqué o ya venía así. Sí recuerdo que contaban que su luna de miel había durado, por lo menos, un par de meses y la estancia más larga había sido en España. Tendrían a la sazón 28 años, 30 menos de los que hoy tengo yo. Tres más de los que cumplirá mi hijo el próximo agosto. Y sonreían mucho, sobre todo ella, quizás no nada más para la cámara. Quizás fueron felices, aun momentáneamente.

 


 


Y acá están en el claustro de alguna iglesia o convento en México. Quizás en Querétaro. Más o menos a sus 50 años de edad. Es posible que la foto la tomara yo, con la Retinette de mi papá, que quizá ya era mía. Es posible que haya sido en la temporada de Navidad, cuando solíamos viajar juntos los cuatro. Mi papá sonríe más aquí que ella, que aparece más como la recuerdo: seria, triste. Tendrían, sin saberlo, unos 14 años por delante para compartir su vida.

 




Hoy les dejo estas flores bañadas por el sol de esta mañana suya, deseando que hayan encontrado o estén en camino hacia un espacio feliz y libre de sufrimiento.

 


lunes, 3 de mayo de 2021

s:i:l:v:e:s:t:r:e:s:

 silvestre

Del lat. silvestris.

1. adj. Dicho de una plantaCriada naturalmente y sin cultivo.

Esta definición abarca, por supuesto, miles, millones de plantas. (Supongo.) Para mí las plantas y, más específicamente, las flores silvestres son las que nacen entre las grietas de las banquetas y los muros abandonados. En las macetas, entre especímenes con nombre y apellido. En un trozo de tierra baldía donde casi no se posan los ojos de nadie. Enredadas a una alambrada. O al fondo de un jardín cuidado y recuidado. 

Chimal








Cuernavaca









Madrid




















Todo esto me recuerda al señor del castillo plano, Rodrigo, el protagonista (¿antagonista?) de mi primera novela, Memorias a dos voces, visto por los ojos de la otra protagonista, su hija Elisa. Transcribo aquí un fragmento a propósito de esas plantas criadas naturalmente y sin cultivo:


Elisa lleva la soledad clavada en el pecho. Su mirada cae sobre el césped amarillento que antes cubría pretencioso la enorme cuesta que se desdobla frente a la construcción. Hoy nadie se molesta en regarlo. Los dos olivos, que dan nombre a la finca, sobreviven al abandono, como esperando que el señor vuelva a mirarlos con ojos orgullosos. Las hierbas se van apoderando poco a poco del terreno. Elisa se agacha y recoge una de las plantas silvestres que salen cuando hay agua. Esta ha resistido el comienzo de la época de secas. Tiene flores como lágrimas de color amarillo limón. “Bolsitas de Judas” les dicen en el pueblo. “¡Quítemelas todas! Ya ve cómo acabaron con las hortensias”, sentenció alguna vez el señor del castillo. “Si fue la lluvia la que echó a perder sus flores”, salió en su defensa el jardinero. Ni él ni nadie podía oponerse a las órdenes de Rodrigo. A escondidas, Elisa convencía al peón de indultar alguna planta de temporada, esperando que la mirada del señor no la condenara. Hoy también las hortensias se han dado por vencidas. Sucumbieron a los embates del agua para luego secarse sin remedio. Las hierbas ocupan, tímidas aún, el territorio. La bugambilia y la llamarada no tuvieron tiempo de aderezar la blancura de los muros del castillo; el descuido les ganó.