sábado, 21 de julio de 2018

Amistad 23

para Pili, porque seguimos y seguimos siendo amigas


"Mi amiga más vieja", dice Pilar cuando me presenta a alguna amistad de ella (de otro círculo). Y no tiene que ver con la edad, sino con el tiempo que hemos sido amigas. (Ahora ya suele decir "mi amiga más antigua", para no herir sensibilidades.) Y es que Pilar y yo hemos sido amigas desde tercero de primaria, o sea, más de cuarenta años, o sea toda la vida.

De niña, mis papás me llevaban a conciertos de música clásica donde tocaban la mamá de Pilar y su pareja de entonces. Con ellos, Pilar y su hermano menor, Roberto, se fueron a vivir a Holanda (en Heemstede), cuando íbamos a pasar a cuarto de primaria. Y entonces, a nuestra corta edad, mantuvimos una amistad epistolar. Aún recuerdo (aunque no conservo) unos sobres anaranjados y unas cartas en papel del mismo color donde me hablaba de los molinos holandeses.


Después de un tiempo, unos años quizá, Pilar me escribió que su mamá se había casado con un inglés y se mudaban a Londres. Y siguió nuestra correspondencia. Más adelante, una visita mía y de otra amiga a la capital inglesa, tras acabar la prepa, y nos quedamos en su casa, hospedadas por su mamá. A Pilar la visitamos en Bristol, donde cursaba la universidad, y la vimos en una de sus primeras obras de teatro.

Y entonces volvió a México donde se enamoró y eventualmente se casó. Y yo estuve en la boda, claro, en la casa de su papá en Tepoztlán. Y luego convivimos mucho, pues ella y su esposo vivían en la del Valle y yo, en la Narvarte. Recuerdo vívidamente una ocasión en que yo me enfermé de tifoidea, vivía sola, y tuve un dolor de cabeza espeluznante y me debatía entre si tomarme o no una neo-melubrina. Mi mamá, que me había ido a visitar, no aguantó la presión de la situación y se regresó a su casa. Y fue Pilar quien me llevó la comida: una olla con caldo de pollo y verduras que ella misma me había preparado.

Luego me casé yo. Y Pilar estuvo en la boda, claro. Y nació mi hijo. Y me visitó, con otras amigas, y me trajo una caja enorme de Apple Oh's. Nacieron sus hijas. Y nos seguíamos viendo. Menos, pero siempre en contacto. (Me acuerdo también de algunos cumpleaños de sus pequeñas en Xochitepec.) Y su carrera como actriz fue despegando más y más y la empecé a ver en algunas obras de teatro cuando me lanzaba a la ciudad. Y nuestros hijos coincidieron y jugaron Monopoly durante horas.

Y yo me divorcié. Y ella se divorció. Y nos seguimos visitando. A veces, solo las dos; a veces, con amigas más o menos "viejas" también. Y cuando hace 6 meses, mi hijo se quedó sin lugar donde vivir en la ciudad, Pilar, de inmediato, le ofreció una habitación en su propia casa: un gran alivio para mí y un gran espacio para él.

Nuestras reuniones en persona son dos veces al año, tres o cuatro cuando hay más suerte, pero la conexión se mantiene y evoluciona a lo largo de los años. Y este verano, me invitó unos días a su casa donde me eché mi minivacación deliciosa: pláticas larguísimas, cenas con amigas (de las más o menos viejas), series en su tele (a mis anchas en su casa) y planes futuros. Además, fotografié algunos detalles de su espacio que ahora ilustran esta entrada.


Aquí para terminar, un selfie de las dos movido por la falta de luz, en su coche, mientras llovía— de nosotras hoy en día, después de una vida de amistad y con una vida de amistad por delante:




Para Pili, con cariño, todo, y agradecimiento, todo...

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