martes, 28 de septiembre de 2021

Víspera de San Miguel 6


aquí la cruz nueva de mi Antuanito

Así llega una de las fechas clave de mi calendario personal y compartido, con mi hijo y con (parte de) nuestra comunidad. Mañana se festeja a San Miguel y se hace la primera elotada con elotes tiernos (esa celebración aún la tengo pendiente: alguien con milpa me tendría que invitar) y hoy hay que protegerse por aquello de que anda suelto el chamuco (el diablo), aprovechando que el arcángel aún no ha llegado.

La costumbre de proteger la casa colocando en la entrada (o entradas) cruces hechas de la planta de pericón me viene a mí de mi abuela Rosa y se reestableció cuando Adrián y yo nos mudamos a vivir a Cuernavaca antes de que naciera Santiago. A nivel más amplio, es una costumbre prehispánica. Desde entonces se protegían las milpas, los rebaños y los corrales. El pericón es una planta silvestre, cuyo nombre original en náhuatl es “yauhtli”, que significa niebla. Nuestros antepasados ahuyentaban con ella las malas energías como el miedo, el espanto o el mal de ojo (demonios que moraban dentro de las personas), ahumando la ropa con el pericón encendido. Cuando llegaron los conquistadores españoles, se sincretizó la costumbre en forma de cruces hechas de flor de pericón para proteger los hogares. 

En el medio urbano, también se usan para proteger los autos. Bueno, casi nadie, salvo los taxistas, ruteros, camioneros y yo, y algún otro raro amante de la tradición, sigue hoy en día esta costumbre. Para mí es esencial, con la llegada del otoño, conjurar las energías de protección para mi casa, mi coche y, sobre todo, mi gente cercana. Ayer, mi nuera Yare me acompañó a por las cruces y me ayudó a colocarlas. Ella y Santiago se llevaron una grande para colocar a la entrada de la casa que comparten con varios amigos. Al quitar las cruces del año pasado (que corrieron a cargo de Yare y Santiago mientras yo estaba en España), me di cuenta con cuánto ahínco las habían amarrado, retomando con total responsabilidad la tradición en mi ausencia. Volver a ella, un año después, me hace sentir plenamente en casa.


aquí la cruz nueva a la entrada de mi casa


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