Hasta cierto punto, la mente de la renuncia es muy simple:
tenemos una mente de renuncia cuando nos damos cuenta de que todo esto no es la
gran cosa. Alguien te pisa los dedos de los pies (o te ofende o te insulta): ¿por
qué tanto alboroto? Entre más nos acostumbremos a esta noción, tendremos más
mente de renuncia. La renuncia tiene, de algún modo, esta connotación de
abandonar algo. Pero es como el ejemplo del espejismo. No puedes privarte del
agua porque no hay ninguna: es solo un espejismo. Es más, no tienes que
abandonar un espejismo, porque ¿cuál es el sentido de renunciar a un espejismo?
Uno solo necesita saber que es un espejismo. Tal entendimiento es una renuncia
enorme. En el momento en que sabes que es un espejismo, es muy probable que ni
siquiera vayas allí porque sabes que es falso. O aun si vas, no hay
decepción porque ya sabes qué es lo que hay allí. Como mínimo, solo te llevarás
una desilusión pequeña.
martes, 30 de septiembre de 2014
Invitado: Dzongsar Khyentse Rinpoché
No es la gran cosa
Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.
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