Mi gata se pone alerta.
De pronto, echa una carrera hacia la sala. Y se sube al sofá. Mira con gran atención. Nerviosismo.
Escucho el gorjeo de un pájaro.
Cuando me empiezo a levantar para asomarme yo también a la ventana (y con suerte capturarlo con mi cámara), lo veo en el quicio. Su mirada se cruza con la de mi gata. Ella tensa los músculos, prepárándose a saltar (sueña con capturarlo también, imagino).
Cuando ambas nos disponemos a dar el siguiente paso, él emprende veloz el vuelo.
El momento ha pasado. Ella se queda echada sobre el respaldo del sofá. Yo tecleo en mi compu. Y el pájaro....
Ya no hay pájaro.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario