martes, 22 de noviembre de 2022

Día de Marta Cecilia

La última vez que viste a tu mamá fue el 7 de agosto de 2004, dos meses antes de que muriera, el 7 de octubre del mismo año.

Habías empezado el proceso de reconexión el 10 de mayo de ese año, pero no cristalizó sino hasta agosto, después de la intervención de tu tía Marisa.

Entonces quedaron, tu mamá y tú, en que irías a verla para comer juntas, allá en el departamento número 2 de Uxmal 548, la casa que ella y tu papá rentaron desde que tú tenías unos cuantos meses de nacida, o sea, alrededor de 41 años. Recuerdas que la noche anterior te fuiste a dormir a casa de tu amiga Dasha, como una suerte de rito propiciatorio. La vez anterior que habías visto a tu mamá había sido en el funeral de tu papá (más de 5 años antes) y la anterior a esa, un día después del nacimiento de tu hijo (aproximadamente 2 años y medio antes del funeral). 

El sábado 7 de agosto, saliste manejando a México en Antuanito, tu coche de siempre. No recuerdas nada del trayecto en la carretera, ni de la llegada a la ciudad ni a la colonia Narvarte. Sí recuerdas que estacionaste el coche del lado derecho de la calle, a cierta distancia del edificio, quizás por miedo, por precaución o porque no había lugar más cerca. 

No recuerdas los pasos que diste hasta la reja blanca, con su rectángulo negro y números  rojos. No recuerdas cuando tocaste el timbre ni cuando subiste las escaleras al segundo piso (si se cuenta el de la calle como el primero, donde estaba el departamento de la señora Lolita, que para ese momento ya debía haber muerto). No recuerdas quién te abrió la puerta, supones que Lupe, la señora que trabajaba con tu mamá y la cual habría de encontrarla muerta exactamente dos meses después.

No recuerdas cómo se saludaron. Tu primer recuerdo es de ambas sentadas en la sala de la casa, con sendos tequilas y ella fumando, fumando mucho. Y entonces te preguntó algo como si ibas a empezar a recriminarle cosas o a cobrarte cuentas pendientes. No, le respondiste. Mejor empezar de hoy hacia adelante. Y se sorprendió. Y siguió bebiendo y fumando.

Quizás fue aún en el aperitivo cuando tuvieron su momento más íntimo, más cercano: su plática sobre los Alcántara, tras descubrir que ambas eran seguidoras de la serie española Cuéntame cómo pasó. Hablaron de la abuela Herminia, tan parecida a la abuela María Luisa; de Antonio, tan parecido a tu papá. 

O quizás fue cuando pasaron al comedor, del otro lado del biombo (¿aún estaba el biombo o es una interferencia de memorias anteriores?), cuando los Alcántara les brindaron la ilusión de cercanía. Ella se sentó en la cabecera de la mesa que había sido de tus abuelos paternos. Tú, a su lado derecho. Quizás hubo sopa. Estás casi segura de que hubo pescado de segundo. El recuerdo más claro fue su aflicción cuando se derramó algo de salsa sobre el mantel. Decidiste entonces que no volverías a armar ningún drama cuando a ti o a tu hijo se les derramara algo sobre el mantel.

Le dijiste que no pasaba nada. Que no era importante. Que no se preocupara. 

No te acuerdas si te hizo caso. Recuerdas que comió muy poco, casi nada, y siguió bebiendo. Y  fumando. Te contó que había vuelto a fumar cuando tu prima Marisa la fue a ver después de morir tu padre y olvidó su cajetilla de cigarros sobre la mesa de la sala. 

Lo siguiente que recuerdas fue que te acompañó al coche para despedirte. Quizá hablaron de volverse a ver, de que volviera a ver a Santiago, que en 5 días cumpliría 8 años. Pero no estás segura.

Recuerdas que se encontraron a la Sra. Burak, la vecina judía del departamento 3, ya cerca del coche. Adelita, te dijo ella, qué gusto verte por aquí, o algo así. Apenas le contestaste. Te subiste a Antuanito y arrancaste. ¿Se habrán dado un último beso? No te acuerdas, tampoco, del camino de regreso ni de la llegada a Cuernavaca, a la casita que rentaste en Ocotepec después del divorcio.

Hoy te duelen aún estos recuerdos; también lo que no recuerdas. Hoy te escuecen un pelín todavía la ausencia y el abandono, como cuando una cicatriz vieja se pone sensible. Hoy te cuesta escribir, pero escribes. Lo necesitas.

Hoy sigues extrañando a tu mamá. Recordándola el día de su cumpleaños (serían 88, como los que tiene Khenpo Rinpoché).

Hoy le deseas, como desde hace varios años, que encuentre la felicidad y esté libre de sufrimiento.

Hoy es agridulce, pero no tan agrio como antes.

Hoy, para celebrarla, le dejas unos plúmbagos (aunque el diccionario diga que no son esdrújulos) de Tepoztlán.







3 comentarios:

  1. Amiga querida hoy te dejo un abrazo apapachando tu sentir agridulce que seguro en otro momento será dulce❤️

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    1. Gracias, amiga, por el apapapacho abrazador... igual toca aceptar lo que no puede ser dulce del todo y está bien 🥸

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  2. Laura Emilia comentó en el feisbuc: "Recuerdo muy bien a tus padres. Te mando un abrazo muy fuerte, querida Adela. Muy bonito texto." Y yo le agradecí: "¡Muchas gracias, querida Laura Emilia, por el abrazo, tu lectura, tu comentario y tu presencia! Va un abrazo muy fuerte de regreso para ti 😘"

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