martes, 10 de marzo de 2026

Doble salvamento matutino


Estás al final de tu caminata de esta mañana. Ya llegaste a la parte de arriba del condominio, a la alberca de la entrada, rodeada de pasto y acompañada por una palmera, un aguacate, una araucaria y, al fondo (quizás en el terreno contiguo ya), una jacaranda en flor que se hace alfombra morada sobre el verde. 

Ya estás descalza para disfrutar el contacto del pasto con las plantas de tus pies. El frescor de la mañana. Así recorres el borde de la alberca, contrastando la suavidad del césped con la dureza del cemento y viendo si hay alguien que corra peligro, o sea, algún bicho ahogándose.

Notas algo lejos de la orilla. Deseas que sea solo un fragmento vegetal que no necesite salvamento (pereza, sí, pereza), pero te das cuenta que es una abeja a punto de morir. Entonces te apresuras a subir hasta la caseta de vigilancia donde le pides a don Armando, el guardia de turno, prestada su escoba. Sospechas que ya sabe para qué y que no le hace mucha gracia. Te dice que hay una en el espacio de los botes de basura, que la tomes si quieres. 

La tomas y regresas presurosa a la alberca. Entonces descubres que también hay una avispa negra ahogándose cerca de la orilla. La sacas con la escoba y la llevas a la barda donde pega al sol para dejarla ahí y volver por la abeja. Pero no se quiere bajar. Golpeas la barda con la escoba, pero la avispa está bien agarrada. Entonces la llevas contigo para sacar a la abeja, que está más lejos de la orilla.

Hundes la escoba, cuidando que la avispa no vuelva al agua y deseando que la abeja pueda asirse de las cerdas. Sacas la escoba del agua y te das cuenta de que ambos bichos están salvados. Los llevas a la barda donde pega el sol. Con una semilla de araucaria, colocas a la abeja sobre tierra firme; con una hoja de ficus, haces lo mismo con la avispa. Y vuelves a dejar la escoba donde la encontraste. El guardia está en su caseta desayunando.

Antes de volver a tu departamento (ya sonó la cuenta regresiva en tu celular, indicando que la media hora ha terminado), pasas a despedirte de los bichos, que se siguen secando al sol, indiferentes la una de la otra. (Te preocupaba un pelín que hubiera hostilidades entre ellas, pero ni se pelan.) Les sacas un par de fotos y te encaminas a casa. Contenta.




En el diccionario de la RAE averiguas lo que significa salvamento: m. Acción y efecto de salvar o salvarse.

Y piensas que qué bonito: en salvando a los bichos tú te salvas también, un poco. Y recuerdas alguna enseñanza que decía que al salvar a un ser, estás salvando a todos.

Ojalá.
Piensas.
Deseas.
Aspiras.

Tratando de emular a los bodhisattvas.



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