miércoles, 4 de marzo de 2026

m o m e n t o (s)


Las dos primeras acepciones que el diccionario consigna de este palabra no tienen desperdicio, sobre todo porque son contradictorias (y que alguien venga a decirme que la lengua no es fascinante):

Del lat. momentum.
  1. m. Porción de tiempo muy breveLo vi un momento esta tarde.
  2. m. Lapso de tiempo más o menos largo que se singulariza por cualquier circunstanciaEste fue el mejor momento de su vida. Aquella guerra civil fue el peor momento del siglo.

Luego hay 5 más que recomiendo a quien comparta mis fascinaciones...

Tenía yo la impresión de que ya había hecho alguna entrada con este título y, buscando en el blog, me encontré muchísimas. Algunas con nombre y apellido (o sea, con otra palabra que describía el tipo de momento o el lugar donde había ocurrido) y las menos, solo con nombre de pila. Se ve, pues, que de momentos está hecho el blog: los hay en muchas entradas, aunque no sea en el título. Y es que de momentos está hecha la vida, ¿no?

Todo esto viene a cuenta porque hace unos días, un par de semanas quizás, me asomé por la ventana de mi cuarto y me encontré con este momento:


Y decidí capturarlo (inmortalizarlo suena exagerado) con mi camarita rosa, porque me dio tristeza. Sin ánimo de juicio (aunque en este mundo dualista que creamos con la mente aún se me cuela artero), me parece el prototipo de de distracción, de no estar en lo que uno está: una mano en la manguera y la otra sosteniendo el esmarfon: la mirada en este último, el agua fluyendo como si tal cosa. El personaje es el jardinero a quien en este espacio he llamado "verdugo" (con más o menos razón?. Supongo que su trabajo, como el de tantos, no le es disfrutable y se escapa por una pantalla. Otra de las razones varias por las cuales no uso un teléfono inteligente.

Y para cerrar, un par más de momentos humanos, por aquello de que yo casi no fotografío gente con mi camarita rosa:


Aquí, el hijo rumbo a casa, con ropa recién lavada y bolsita para la compra, pasando junto al farol. Nos despedimos un pelín desencontrados, pero siempre conjuro su seguridad con una foto desde la ventana de mi estudio o con un beso (o ambos) desde el mismo lugar.


Y acá, el sobrino (el favoritísimo, claro) y la mitad de su sombra, rumbo a casa en CDMX, después de un fin de semana juntes maravilloso. También conjuro su buen viaje y mejor retorno.

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