martes, 20 de diciembre de 2011

Reconciliación

Cuando mi hermano y yo éramos niños, mi mamá tenía un volkswagen - de los escarabajos estándar, que acá en México aún les decimos vochos o vochitos, de cariño. Era del año 1972 (el primero que ya no tuvo el tablero de metal), color azul muy clarito y con placas 321BHV. En la tapa de la guantera, negra y creo que metálica, mi mamá había pegado tres imanes: un pato donald, azul, un oso winnie poo, amarillo y otro en forma de libro abierto, cuyo color he olvidado. Sin embargo, recuerdo las palabras que exhibía: God grant me the serenity to accept the things I cannot change, the courage to change the things I can and the wisdom to know the difference.Yo entonces pensaba que era un pensamiento de mi mamá (no me preguntaba cómo se había materializado en forma de imán) y aunque no le daba más importancia que la meramente decorativa, de alguna forma me acompañaba en el ir y venir en el coche.

Han pasado varias décadas desde que viajábamos por la ciudad de méxico en el vochito azul. Alguna vez mi madre me prometió que el auto pasaría a mis manos cuando ella se comprara otro, pero eso nunca llegó a suceder y creo que finalmente el fiel vw acabó en las manos de un comprador, para mí desconocido. Sin embargo, hay algo de lo vivido en él que se ha hecho presente en estos días, en este fin de año. Quizás siga siendo el recuerdo de mi mamá, con el dolor y la añoranza que implica, pero también con una sensación de alivio y de reconexión que es nueva para mí, sobre todo en esta época festiva que normalmente me sienta fatal.

La palabra que más se acerca al estado en que me siento es "reconciliación". Y, claro, buscando ayuda en la RAE, resulta que "reconciliar" (puesto que reconciliación es "la acción y efecto de") es un verbo transitivo, usado también como pronominal, y significa "
volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos". Me parece, y lo digo por décadas de experiencia intentándolo y acertando casi por un proceso de ensayo y error, que el paso más importante es acordar esos ánimos desunidos dentro de uno mismo. Durante años, la falta de equilibrio interno me llevó a un desencuentro tras otro a mi alrededor. Espero que el espacio de paz que hoy experimento, impermanente por definición, constituya empero una plataforma suficiente para poder volver a las amistades con quienes la coincidencia parece haberse ido de vacaciones.

Y retomando la máxima imantada del vochito, que mucho podría tener que ver con ese balance de adentro, si pudiera escoger por lo menos una de las tres gracias, escogería la última: la sabiduría para poder distinguir entre lo que puedo cambiar y lo que no. Confío en que la serenidad y el valor los puedo conectar, practicar, manifestar, pero ser capaz de distinguir en qué circunstancia cada uno es más apto, sería una bendición. En última instancia, esta depende
también
de mí.

1 comentario:

  1. "la sabiduría para poder distinguir entre lo que puedo cambiar y lo que no"...

    Siempre en la diana Adela, siempre acertando con las palabras adecuadas...

    M llevo en el bolsillo lo de Vochito...para alguna idea venidera...

    Un fuerte, fuerte abrazo Adela,
    David.

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