martes, 29 de abril de 2014

Invitado: Dzogchen Ponlop Rinpoché


Amor versus apego

Amor es cuando estás pensando: "¿Cómo puedo hacerte feliz?"
Apego es cuando estás pensando: "¿Por qué no me estás haciendo feliz?"

Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

dpr en la ciudad de méxico
fotografía de jamez gritz

domingo, 27 de abril de 2014

Invitado: José Ángel Buesa


Balada del loco amor

I

No, nada llega tarde, porque todas las cosas
tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas;
sólo que, a diferencia de la espiga y la flor,
cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor.

No, amor, no llegas tarde. Tu corazón y el mío
saben secretamente que no hay amor tardío.
Amor, a cualquier hora, cuando toca a una puerta,
la toca desde adentro, porque ya estaba abierta.
Y hay un amor valiente y hay un amor cobarde,
pero, de cualquier modo, ninguno llega tarde.

II

Amor, el niño loco de la loca sonrisa,
viene con pasos lentos igual que viene aprisa;
pero nadie está a salvo, nadie, si el niño loco
lanza al azar su flecha, por divertirse un poco.
Así ocurre que un niño travieso se divierte,
y un hombre, un hombre triste, queda herido de muerte.
Y más, cuando la flecha se le encona en la herida,
porque lleva el veneno de una ilusión prohibida.
Y el hombre arde en su llama de pasión, y arde, y arde,
y ni siquiera entonces el amor llega tarde.

III

No, yo no diré nunca qué noche de verano
me estremeció la fiebre de tu mano en mi mano.
No diré que esa noche que sólo a ti te digo
se me encendió en la sangre lo que soñé contigo.
No, no diré esas cosas, y, todavía menos,
la delicia culpable de contemplar tus senos.
Y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,
que era como la llave de una puerta cerrada.
Nada más. No era el tiempo de la espiga y la flor,
y ni siquiera entonces llegó tarde el amor.

viernes, 25 de abril de 2014

jueves, 24 de abril de 2014

Nana de amor


...no sabías que el rumbo de mi barco no podría haber zarpado sin tu amor...



...no sabías que el viento que me trajo en tus labios dirigía mi timón...

Momento 8


(@)-‘-,-‘-,--


Leo lo que escribes -me faltabas tú esta tarde... me faltaba tu mano en la mía...y se me agolpan las lágrimas en la garganta. Una que otra llega a escapárseme de los ojos. No es tristeza. Quizá sea emoción combinada con la conciencia de mi vulnerabilidad, con tenerte tan lejos en el espacio y saberte tan cerca en el corazón.

Me prometes que "el próximo...pasearemos por sant jordi juntos" y yo temo que mis palabras ya no sean capaces de transmitir lo que siento...


(@)-‘-,-‘-,--

martes, 22 de abril de 2014

Momento de pascua


al alimón con Javier, otra vez...

Chateamos y es ya la semana posterior a la santa. Hemos pasado unos días comunicándonos menos y el reencuentro es dulce. Me dices:

¿Sabes? En estos momentos entiendo perfectamente el sentido de [decirte] "mi vida".

Aunque sé lo que quieres decirme, te pido que me lo expliques más.

El sentido literal... que mi vida va unida a tu presencia.

Es precioso lo que dices, te digo, y entonces tú agregas:

Decir mi vida es decir algo que sin ti no sería posible.

Y yo me quedo sin nada más que decir...

lunes, 21 de abril de 2014

Invitada: Pema Chodron


Aceptar la insustancialidad de nuestra situación 


No es la impermanenica per se, o inlcuso saber que vamos a morir, lo que es la causa de nuestra sufrimiento, enseñó el Buda. Más bien, es nuestra resistencia frente a la incertidumbre fundamental de nuestra situación. Nuestra incomodidad surge de todos nuestros esfuerzos por poner piso bajo nuestros pies, por materializar nuestro sueño de un constante estar bien. Cuando nos resistimos al cambio, se llama sufrimiento. Pero cuando podemos soltar completamente y no luchar en su contra, cuando podemos aceptar la insustancialidad de nuestra situación y relajarnos en su calidad dinámica, eso se llama iluminación, o despertar a nuestra verdadera naturaleza, a nuestra bondad fundamental. Otra palabra para ello es libertad —libertad de estar luchando en contra de la ambigüedad fundamental de ser humanos.






Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

domingo, 20 de abril de 2014

Domingo de Pascua


Que este año coincide con el penúltimo domingo de abril. Yo anoche soñaba con Ponlop Rinpoché, mi maestro, y al amanecer, un pajarillo, pequeño supongo por el timbre de su trino, se traía un alboroto enorme fuera de mi ventana. Al poco rato, sonaron las campanas de la Iglesia de Tlaltenango, a unas cuantas cuadras de mi casa, celebrando la Pascua, que la RAE define como: 2. f. En la Iglesia católica, fiesta solemne de la Resurrección del Señor, que se celebra el domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo. Oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Y a mí por cultura me tocó ser católica, eso que ni qué, aunque por decisión ya no lo sea.

Desde ayer se me ha venido un alud de recuerdos asociados a esta festividad, que según alguna amiga del feisbuc, en su versión pagana era una celebración de la fertilidad y la sexualidad, de la mano de la llegada de la primavera. El recuerdo más lejano tiene que ver con la búsqueda de huevos de pascua en la casa de la abuela materna de mi amiga Pilar (la más vieja de mis amigas, según su definición de mí - nuestra amistad data de los inicios de la primaria), una señora norteamericana ("Mama", le decíamos aunque no sé si se escribe así) retirada en Cuernavaca. Allí se trataba de huevos duros, pintados y no me acuerdo si éramos nosotros (Pilar y su hermano Roberto, mi hermano Román y yo) quienes los pintábamos o no, pero eso sí los encontrábamos escondidos en el jardín (tampoco recuerdo si nos los comíamos...).

Pensándolo bien, anterior a esa, están las memorias del jardín de niños en la Moderna Americana: Había festival de primavera, con triciclos decorados y niños disfrazados, e Easter Egg Hunt, supongo que con Easter Bunny y toda la cosa. Recuerdo sobre todo unas jardineras con unas plantas que echaban varas con flores moradas como de terciopelo y supongo que allí alguna vez encontré los anhelados huevitos o supe que habían estado (solía ser de las últimas en llegar a los tesoros escondidos).

Luego viene la casa del "tío" Achim, un barón alemán que fue amigo de mi abuelo Óscar, el padre de mi madre, y que se reunía con otra pléyade de "tíos" y nos invitaban a mi hermano y a mí, acompañados de nuestros padres, a la búsqueda de huevitos de chocolate envueltos en papel dorado. También en Cuernavaca, ahí no se salía al jardín, que se desplegaba enorme ante la casa, sino que la actividad se limitaba al interior del recinto, lleno de adornos carísimos provenientes de todo el mundo, entre los cuales se encontraba el tesoro, acompañado del miedo de romper algo en el intento de llegar primero. La competencia era solo entre Román y yo, muy bien vestiditos y peinaditos, mientras los adultos tomaban la copa y nos miraban de reojo.

Con mi hijo, no recuerdo haber hecho nunca alguna celebración especial. Creo que a lo más que llegué fue a llevar cascarones de huevo a la escuela para que él y sus compañeros los pintaran y los habrán buscado quizá, sin tanta alharaca. Ah, y cuando de joven, adolescente más bien, estuve en Barcelona, por mi familia medio catalana medio asturiana supe de la tradición de la mona de pascua, pero no llegué a estar en época de probarlas. Quizás algún día.

Y por si esto fuera poco, hoy el Domingo de Pascua coincide también con el que hubiera sido el cumpleaños 95 de mi querida querida Dasha, siempre presente, con más o menos intensidad, en mi vida. Cómo me gustaría poder platicar con ella hoy y ver su mirada cómplice y escuchar sus palabras siempre atinadas. Como cada año, unas flores para ella (estrellitas moradas de Chimal esta vez) con todo amor...



Y una foto más, de nuestra celebración cumpleañera particular hace cinco años (sus 90 y mis 46) en Tepoztlán:

En Las Marionas


sábado, 19 de abril de 2014

Eso es lo que te hace fuerte


Trapicheando por el facebook, como dirías tú, me encontré con que alguien que ama a otro alguien le había dejado en su página la letra de una canción en inglés, para mí desconocida. Al leerla, sentí, de nueva cuenta, que hablaba de nosotros. La busqué, encontré un cover que me gustó y te la dejo con mi traducción al español, hoy que te extraño, amor.




Si amas a alguien
Entonces eso significa que necesitas a alguien
Y si necesitas a alguien
Eso es lo que te hace débil
Pero si sabes que eres débil
Y sabes que necesitas a alguien
Ah, es algo curioso
Eso es lo que te hace fuerte

Eso es lo que te hace fuerte
Eso es lo que te da poder
Eso es lo que permite al humilde sentarse junto al rey
Eso es lo que nos permite sonreír
En nuestra hora final
Eso es lo que enternece nuestras almas
Y eso es lo que nos hace cantar

Y confiar en alguien
Es decepcionarse
Nunca es lo que querías
Y sucede cada vez
Pero si eres de los que confían
Esto ni siquiera pasa por tu mente
Ah, es algo curioso
Eso es lo que te hace fuerte


Eso es lo que te hace fuerte
Eso es lo que te da poder
Eso es lo que permite al humilde sentarse junto al rey
Eso es lo que nos permite sonreír
En nuestra hora final
Eso es lo que enternece nuestras almas
Y eso es lo que nos hace libres

martes, 15 de abril de 2014

Invitado: Pablo Neruda


¡Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
No amanece aún la primavera.

Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.

Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura del agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones

tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.


lunes, 14 de abril de 2014

---pasado medio día---


Camino hasta la caseta de vigilantes, bajo un sol ardiente, para dejar unos papeles que recogerá allí mi contador. Cuando emprendo el regreso, me detengo a escuchar una airada conversación entre dos zanates que coronan la raquítica palma que da la bienvenida a los condominios donde vivo. Después de unos segundos, uno emprende el vuelo y el otro (u otra) se queda parado sobre una de las hojas, balanceándose.

Y yo aún no puedo creer (y eso que llevamos 30 años en ello) que tú, en este mismo instante, estés viviendo ya el anochecer del mismo lunes.

Que, además, es el aniversario de la Segunda República y no puedo evitar el recuerdo de mi padre y de mi abuelo...

domingo, 13 de abril de 2014

Carta a través de treinta años


por Javier Roselló Iglesias




(Carta fechada el 13 de marzo de 1984, escrita sobre papel de correo aéreo)

No sé cuándo tú leerás esto, porque de momento esperaré a recibir tu carta antes de enviarte esta. No escribo con la intención de hacerte llorar, aunque sé que también llorarás, sino de animarte a exactamente no sé qué. Y si me permites decirlo, si es que es lógico pedirlo (o decirlo…), también con la secreta ilusión -que de hecho dejará de ser secreta en un instante, pero además ya lo sabes de sobra- de que algún día me puedas volver a encontrar. Sé que ahora estas palabras te sonarán extrañas y disparatadas, pero pensar así me anima. Y suena raro ahora a 8.000 kilómetros de distancia cuando estando juntos sucedió lo que sucedió.

(18 de marzo de 1984)

Esta tarde al venir para casa, lloviendo, pensaba en que tú y yo nunca habíamos caminado juntos un día lluvioso. Algo tan simple me ha hecho pensar mucho. Por un lado simplemente porque me hubiera gustado mucho conversar contigo un día así y por otro lado porque ese detalle denota el poco tiempo que hemos estado juntos tú y yo.

(21 de marzo de 1984)

Me agarro a tus cartas que no llegan como a lo único que me podrá ayudar. Para ser sincero me pregunto si no sería mejor poder olvidarme de ti. Sueño contigo, con los ratos que pudimos pasar junto y no pasamos, con las cosas que podríamos haber vivido y no vivimos. Con lo que no sucedió, “los pecados que no cometí porque no pude” que dice Silvio.

(17 de febrero de 1985)

Sigo añadiendo cosas a la carta inacabada que inicié hace casi un año… Son ya casi siete meses sin carta tuya. Tengo miles de cosas que decirte y no puedo hacerlo. Solo escribirlas aquí.

(25 de julio de 2013)

Ayer al arrancar el ordenador me llevé una enorme sorpresa. Tu invitación a hacernos amigos de Facebook. Primero fue una sensación muy sorprendente ver tu nombre en la pantalla del Outlook. Después alegría, siempre con aquel toque agridulce que nos quedó, de saber que pese a todo y pese al tiempo transcurrido te has acordado de mí. Imagino que trapicheando por el Facebook hallaste mi nombre. Estoy con nombre y dos apellidos, así que resulta fácil localizarme. He de decirte que yo también he estado, agazapado y de incógnito, viendo tu página de Facebook y tu blog. Quizás ya llevábamos algún tiempo viéndonos mutuamente… Por cierto, aunque tú no llegues nunca a saberlo, todo esto está escrito, casi sin solución de continuidad, con mi última carta de hace 30 años, una de la que no supiste nada porque jamás te la envié. Pensé que no tenía sentido.

(16 de octubre de 2013)

Hoy en tu blog dices “Anoche soñé contigo (…) Me sorprendió recordar tu olor, en sueños, después de más de diez mil días”. Calculadora en mano, ese puedo ser yo.

(7 de noviembre de 2013)

Me dio mucha alegría recibir tu correo electrónico con asunto “Y si…”, preguntándome qué me parecería reiniciar de algún modo nuestra correspondencia epistolar. ¡Treinta años después! Llevamos más de un año en contacto a través del Facebook, pero sin un mensaje privado ni unas palabras intercambiadas en un chat. Nuestra comunicación se ha limitado a los corteses “me gusta” o algún comentario público aislado. Diríase que a veces nos tanteamos. Estoy seguro de que crees que yo sigo enamorado de ti. Creo que no te equivocas.

 (7 de enero de 2014)

Tras unas semanas de intercambiarnos algunos correos, de insistir en que entre nosotros hay solo amistad, hoy por vez primera hemos chateado. Me ha parecido como si toda la vida hubiéramos estado haciéndolo. Imagino que dentro llevamos algo que ahora está saliendo a flote. También sé que da miedo. Me azotan las mismas ráfagas de vértigo que a ti y siento que algo me estruja el estómago mientras la garganta se reseca y los ojos se humedecen al ritmo acelerado del corazón.

(19 de enero de 2014)

Sabemos que las circunstancias (y la edad) frenan las pasiones, pero creo no engañarme si digo que volvemos a estar enamorados como el primer día, hace treinta años. Quizás no hemos dejado de estarlo nunca. Es una sensación complicada, bonita e ilusionante, aunque hay tantos obstáculos (los pincherretudos 8.000 kilómetros, mi situación actual, mi edad) que no sé si podremos culminarlo. Pero sueño con el prometido abrazo de dos días (y yo añado… y dos noches, dos largas noches) y con ese beso que nos hemos dado con muchos puntos suspensivos… Después en tu blog te hacías la pregunta que de cómo es un beso con puntos suspensivos y tú misma respondías “dulce y prolongado”. ¿No te parece vivir algo irreal y casi imposible? Sé que físicamente hemos cambiado mucho. Sé que no eres la jovencita a la que yo casi casi doblaba en edad, pero yo no me enamoré solo de aquel cuerpo casi adolescente de quien quise “albergar en la palma de la mano ese doble universo de nácar y rosas”, que dijo Marsé. Yo me enamoré de ti entera. ¿Sabes? Cuando tras mi viaje y montones de cartas que cruzaron el Atlántico en ambas direcciones dimos aquello por acabado… nunca, jamás, me arrepentí de haber dicho “te amo”. Una y otra vez.

(21 de enero de 2014)

No puedo dejar de leer tu mensaje del chat de esta última madrugada (mi madrugada, tu anochecer), “me llevo la música de fondo y tu olor y tus caricias y nuestros besos conmigo a mi cama y a mis sueños, desde mi hoy todavía hasta tu mañana ya, amor mío...”

(7 de febrero de 2014)

Y eso mismo digo hoy, te amo. Tras 10.950 días y 8.000 kilómetros… como en una canción de Sabina. Te amo. Sé que esta carta, por fin, va a llegar a tus manos, quizás en segundos. Una carta de amor iniciada en 1984 y concluida en 2014. ¿Increíble, no?





martes, 8 de abril de 2014

Invitado: Mingyur Rinpoché



La motivación es el factor singular más importante al determinar si tu experiencia está condicionada por el sufrimiento o por la paz.

Original en inglés, aquí.
Traducción al español, mía.

sábado, 5 de abril de 2014

¡51!


Hace exactamente 30 años, para mi cumpleaños 21, en la Ciudad de México, me llegó desde Barcelona un libro como regalo: La ciudad de las columnas, con texto de Alejo Carpentier sobre su Habana, fotos de Paolo Gasparini y ecos de Silvio Rodríguez en una dedicatoria trenzada con amor y tristeza.

Que los 21 años te traigan aquella fecha con la que tanto soñaste y que por un momento creíste tener muy cerca. Que los 21 años te traigan no sólo ilusiones, sino también realidades. Que no te traigan un 30 de enero.

Y que entre tú y yo sigan vivas la confianza y la sinceridad que desde el primer momento consideramos como algo tan esencial.

Hoy para mi cumpleaños 51, en Cuernavaca, me llegó otra vez desde Barcelona, otro libro como regalo: Cortázar de la A a la Z. Un álbum biográfico alrededor de la vida de uno de mis escritores favoritos. Por supuesto que también traía una dedicatoria, trenzada también con amor (como las de varios otros libros que fueron llegando a lo largo de tres décadas) y con alegría reencontrada.

Te deseo que junto a Santiago pases -pasemos- un feliz día este 5 de abril de 2014, tu 51 aniversario que esperemos sea el último que estemos unidos por la distancia, el primero después de nuestro reencuentro feliz pese al océano ("y si...") y el último antes del previsto reencuentro físico para el que ya falta tan poco.

Me faltan las palabras para describir las sensaciones que se me agolpan en el corazón en este presente vívido y luminoso, como solo puede serlo el presente. Me asombran las vueltas de la vida, los recovecos del amor, la magia de los lazos que se tienden entre las personas que amamos y que nos aman. Me entusiasma y me desarma cómo las aspiraciones de hace tanto tiempo se vuelven hoy esas realidades soñadas, a pesar de todo. Y me siento agradecida desde lo más profundo de mi corazón...


para Javier, trenzador constante del hilo del amor

Y además, esta jacaranda barcelonesa -o el árbol que sea- para este día...

viernes, 4 de abril de 2014


Cuando salgo de la alberca, los rayos del sol, casi oculto ya, iluminan las nubes blancas - parecen espuma sobre el cielo azul claro, casi atardecido.

Boca arriba, descubro un trozo de luna - parece una de las uñas de nuestra gata, que a veces aparecen en el sofá o en al alfombra de la sala: pedacitos curvos a medio desmoronar. (Será que no traigo puestos mis lentes de contacto.)

Como casi todo el tiempo, te me cuelas en el pensamiento...


***árbol reflejo***



jueves, 3 de abril de 2014

Momentos nuestros


Yo, desde mi noche, en Cuernavaca: Hoy volvía a casa y había un hermosa raja de luna, delgada y brillante, sobre un cielo azul claro con nubes grises... Y pensé en ti, como cuando veo el sol asomándose en las mañanas sobre un cielo azul intenso...

*

Tú, desde tu mañana, en Barcelona: Aquí tenemos un día nublado, de luz amarillenta, con una llovizna que deja el piso teñido de arena amarilla que llega de África… Un día raro, pero un día en el fondo como todos porque todos los días pienso en ti, me acuerdo de ti, te necesito, te deseo, te anhelo, te sueño… 

miércoles, 2 de abril de 2014

:::l:i:b:e:r:a:c:i:ó:n:::



para dpr, como siempre desde hace tanto

La Real Academia define "nudo" como un 1. m. Lazo que se estrecha y cierra de modo que con dificultad se pueda soltar por sí solo, y que cuanto más se tira de cualquiera de los dos cabos, más se aprieta. No me parece una mala definición, aunque pasa de largo los nudos del corazón.

De estos tengo varias memorias a lo largo de mi vida, de cómo al tirar de sus cabos (miedo y apego, por ejemplo) más se me apretaba el alma en el pecho. Algunos se deshicieron casi sin darme cuenta, otros los fui desenmarañando con más conciencia. Hace dos días, uno más se deshizo en un llanto que me lavó los ojos, la garganta y el alma.

"No need to worry" (no hay necesidad de preocuparse): "Todo es impermanente. Nada es definitivo. No hace falta apresurarse. Disfruta la experiencia gozosa, con medios hábiles, en pos del amor libre de apego".

Con estas palabras -sencillas, precisas y profunda-, una mirada compasiva y una sonrisa amorosa, fue mi maestro quien tiró de los cabos deshaciendo ese nudo que yacía callado dentro de mí. Después de estar con él, me sentí profundamente aliviada, reencontrada conmigo misma y agradecida más allá de las palabras...