martes, 28 de junio de 2011

Teoría

La vida no es más que una sucesión de encuentros y despedidas. Aprender a cantar la última copla a tiempo y no tratar de prolongar los acordes parece una buena manera de vivirla, con mayor deleite y menos sufrimiento. (Ni con 20 acepciones y más de 50 frases de las que el vocablo forma parte logra la RAE definirla para evitar que se nos escurra entre las manos.)

lunes, 27 de junio de 2011

Con Fernanda

Hace unos días, dejé abiertas las ventanas y las puertas de mi coche para que el sol y el aire se encargaran de disipar la humedad que la lluvia había dejado sobre las alfombras. "Una mariposa amarilla", exclamaste mientras pasábamos caminando al lado del vehículo. "¿Dónde?", pregunté y señalaste el interior del auto a través de la ventana trasera. Ahí estaba: revoloteando para encontrar la salida. "Se va a salir sola; no te preocupes", me dijiste cuando viste que rauda me disponía a una operación de salvamento. Cuando volvimos de comer, me senté en el asiento de atrás para empezar a cerrar las ventanas. La mariposa se posó un instante sobre mi pelo antes de salir volando. "Debe ser una bendición", dije. Tú sonreíste.

domingo, 26 de junio de 2011

Noche de sábado

Los truenos anuncian la tormenta.
Las gotas golpean los cristales de mi ventana.
Los truenos acompañan la tormenta.
El viento juega con la persiana.
Los truenos despiden la tormenta.
Me quedo dormida al arrullo del agua.

viernes, 24 de junio de 2011

Mediodía de viernes

Hoy el cielo no se ve. Está cubierto por gruesos nubarrones blancos y grises que apenas permiten el paso tenue de la luz solar. El calor es mínimo. Un viento fresco, casi frío, ronda mi estudio, manteniéndome despierta.

Escucho en la radio la novena sinfonía de Beethoven. Los ojos se me llenan de lágrimas.

happy birthday dpr!

For my guru with love

jueves, 23 de junio de 2011

Invitada: Carmen Laforet

Empezó a temblarme el mundo detrás de una bonita niebla gris que el sol irisaba a segundos. Mi cara sedienta recogía con placer aquel llanto. Mis dedos lo secaban con rabia. Estuve mucho rato llorando, allí, en la intimidad que me proporcionaba la indiferencia de la calle, y así me pareció que lentamente mi alma quedaba lavada.
Fragmento tomado de su novela Nada

Recuerdo cómo de adolescente tenía un cuaderno donde iba copiando citas de novelas, poemas o trozos de letras de canciones que ponían en palabras mis revueltas emociones. Hoy ese cuaderno no existe más. (Debe haber acabado en el tambo de basura después de alguna limpieza en el antiguo departamento de mis padres.) Sin embargo, mi memoria conserva algunos de los textos que allí copié. Con la ayuda de internet, recuperé este párrafo, solaz en varios momentos de mi juventud temprana. Ahora que han comenzado por fin las lluvias, mi alma se siente también como recién lavada por los chorros de agua que de tarde o de noche se dejan ver y escuchar desde mi ventana.

Llueve 3

Llueve 2

sábado, 18 de junio de 2011

Mañana de sábado

Con el pretexto de ir a comprar un medicamento a una farmacia especializada, me lancé al centro de la ciudad. Hace no sé cuanto tiempo que no iba, aunque vivo a escasos 15 minutos en coche. Después de conseguir la mentada pomada, decidí caminar un poco, sin prisa, como si fuera sábado. Descubrí que en una calle angosta, ahora peatonal, se pone una pequeña feria de libros todos los fines de semana, desde hace más de un año...

Después de pasear un rato, me senté en un café en la calle, enfrente de la catedral, y me pedí un capuchino cargado y un estrúdel de manzana.

Mientras los saboreaba, seguí leyendo una novela policiaca que me tiene atrapada y estuve viendo y escuchando gente. Qué sensación placentera no estar corriendo.

Una mujer se sentó junto a mí, armada con iPod y Blackberry, mientras dos hombres jugaban una partida de ajedrez, dos mesas a mi derecha. Un coche adornado con grandes moños blancos se paró a la salida de la catedral para recoger a unos novios después de la ceremonia. Atrás de él, se estacionó otro, con un moño dorado enorme. Quizá llevaba a una quinceañera a misa. No alcancé a ver.

Varios vendedores ambulantes ofrecían sus productos: collares, pulseras, canastas tejidas a mano. Casi había olvidado el colorido y el bullicio de estas calles. Un hombre, guitarra en mano, ofreció un par de canciones a cambio de lo que fuera nuestra voluntad darle.

Hoy recordé que puedo disfrutar de mi propia compañía.

Ñaña 2

miércoles, 15 de junio de 2011

Tarde de junio

Los tabachines están terminando de florear. De sus ramas cuelgan hoy vainas largas llenas de semillas. Mi hermano y yo las usábamos como espadas cuando librábamos batallas inocuas en la casa de Cuernavaca donde vivían nuestros abuelos. También servían como sonajas o maracas.

Hoy no puedo ni hablar. Mi garganta se ha quedado sin voz.

Qué lejos están esos recuerdos. Qué sola me siento hoy mientras los tabachines dejan de ser naranjas. Ya florecerán otra vez el próximo año. Y tal vez entonces mi vida esté más despejada y me sienta yo más plena en mi soledad.

Quizá entonces pueda disfrutar más las flores y lamentarme menos por su fragilidad.


sábado, 11 de junio de 2011

Después de nadar

El sol en mi piel
recoge las gotas de agua.
Sobre el árbol, las aves
cantan despreocupadas.
Los reproches del ánimo
se evaporan despacio.
*
De pronto, el viento levanta las hojas secas
y las tira al agua.

De irreverente a traidor

La receta es infalible: Asegúrese de establecer una relación profunda con otra persona (no importa el sexo, pero eso sí, sin sexo), es decir, una amistad. Cuando haya creado un espacio de confianza mutua, es probable que lo inviten a formar parte de un círculo mayor. Las cosas se están poniendo a punto. Es momento de empezar a mostrar su cara juguetona, medio rebelde, simpáticamente irreverente. O sea, puede empezar a verbalizar aquello que los demás no se atreven a poner en palabras. Empiece por detalles pequeños, insignificantes, pero eso sí, sea siempre honesto, a saber, 1. adj. Decente o decoroso. 2. adj. Recatado, pudoroso. 3. adj. Razonable, justo. 4. adj. Probo, recto, honrado. (Puede escoger la definición que mejor le acomode: Todas suenan igual de vanas.)

Poco a poco, notará cómo el gusto -en algunos casos hasta admiración expresa- por su irreverencia se empezará a transformar en incomodidad. Donde antes encontraba sonrisas y guiños de complicidad, ahora se topará con cejas levantadas o ceños fruncidos. El proceso va por buen camino.

Para cerrar con broche de oro, solo deberá hacer valer sus derechos, aun cuando sus colegas y presuntas amistades opten por la sumisión en nombre de la lealtad. Entonces la empresa estará completa. Empezarán a tacharlo de traidor y a tratarlo como enemigo público número uno. Ahora los gestos cómplices se harán a sus espaldas y tendrán como objetivo su aislamiento. Culpabilizarlo será el nuevo deporte regional.

Finalmente, no le quedará más que voltearse hacia sí mismo y preguntarse: "¿Cómo es posible que por enésima vez vuelva a ponerme en este mismísimo lugar?" Y si se siente como víctima, disfrútelo, de preferencia en silencio, mientras determina, también por enésima vez, cuál es su responsabilidad en el proceso.

Y, por favor, intente no volver a tropezar con la misma piedra.

jueves, 9 de junio de 2011

Ñaña

Duda

1. f. Suspensión o indeterminación del ánimo entre dos juicios o dos decisiones, o bien acerca de un hecho o una noticia.

Tantas palabras y yo lo único que tengo es que, a pesar de haber actuado según lo que consideré correcto, no me siento bien. Es decir, mi ánimo se halla suspendido entre la culpa (vieja conocida y muchas veces mala consejera) y el alivio (espacio poco explorado).
..

domingo, 5 de junio de 2011

Domingo de junio

El sol cae a plomo. Las lluvias no han llegado. Unas ráfagas de viento fresco alivian el calor y juegan con las persianas. La gata se asusta y se baja del pretil de la ventana. Mi corazón parece saltarse un tiempo. Pienso en la mortalidad. En la radio, un programa dedicado a Haendel.

viernes, 3 de junio de 2011

La revolvedora

Hoy iba en mi coche camino del trabajo, cuando en un cruce me topé con una revolvedora (uno de esos camiones que, como su nombre lo indica, revuelven en su enorme panza giratoria cemento o algo relacionado con la construcción y cuyo nombre en español peninsular es nada más y nada menos que "hormigoneras"). Desde pequeña, cada vez que veo un bicho de estos, pintado del color que sea, aunque si tiene colores brillantes el impacto es aun mayor, me hace sentir contenta, con una sensación cálida en el pecho. ¿Por qué?, me pregunto e inmediatamente me viene a la mente una revolvedora de juguete, hecha de plástico, pintada de color amarillo canario intenso con la cual jugaba mi hermano cuando éramos chicos. Lo genial era que, entonces, me invitaba a jugar con él. Juntábamos corcholatas ("chapas" dirían en la madre patria) de donde podíamos y las metíamos en el vientre amarillo para luego hacerlo girar y disfrutar el sonido que hacían. Y así, con algo tan simple, pasábamos horas juntos, contentos. Si acaso, sacábamos las corchalatas e inventábamos algo más que hacer con ellas, aunque fuera acomodarlas por colores.

Se trata de uno de los escasos recuerdos felices que guardo de la convivencia con mi hermano.