sábado, 28 de noviembre de 2015

"Carmín tropical"

Mi amiga Fernanda y yo compartimos pasiones, inquietudes, obsesiones y más. Entre ellas, el cine y, dentro de ese universo enorme, a Almodóvar. En octubre pasado ella escribió una excelente reseña (que no puedes dejar de leer aquí) de la película mexicana Carmín tropical. Vaticinó que me gustaría mucho (y acertó). Lo primero que me capturó cuando leí sus palabras sobre la obra fue: Cuando vi el tráiler, pensé: “Parece que Almodóvar se mudó a Oaxaca.”

Así que cuando ayer Beatriz me invitó al cine y vi que estaba Carmín tropical en cartelera, la convencí de ir a verla. En Cuernavaca las buenas películas no comerciales no suelen sobrevivir su primera semana de proyección (de hecho, estábamos en el cine nosotras y una pareja, que no dejó de hablar y hacer ruidos durante toda la función).

No voy a reseñar la película porque eso ya lo hizo Fernanda muy bien, pero sí refrendo su opinión. No hay que dejar de verla. Yo me quedo, entre muchos otros elementos, con el sonido del viento que es una especie de leit motif que acompaña el viaje de la protagonista de vuelta a su hogar, Juchitán, y que va entretejiéndose con imágenes de enorme belleza: gotas de agua cuando Mabel se lava la cara, luces que giran en el Bar King Kong, un ventilador de techo cuyas aspas dan vueltas insistentes. Además, el retorno de Mabel también tiene una banda sonora preciosa.

Ella abre abre la cinta diciendo: "Dicen que tus actos y el pasado siempre regresan de la mano. Y lo digo porque no es mi prioridad el tener que volver y dar explicaciones de lo que alguna vez hice. Yo creo que nadie tendría que ser juzgado por los errores que se cometen y menos cuando no tienes la suficiente edad o se es demasiado inexperto en algo que apenas sabes o entiendes que se llama vida."

Mi recomendación, pues, ver Carmín tropical y leer la reseña de Fernanda en is pharus. Para cerrar dejo el tráiler y mi intención de volverla a cachar antes de que la quiten. No creo que se me quite la inquietud que me dejó. Quizá se alivie un poco o se haga más profunda:


viernes, 27 de noviembre de 2015

"Te negaré tres veces

antes de que llegue el alba"

Así comienza una canción de Pablo Milanés que he escuchado desde hace años. Siempre me llamó la atención la relación entre negar y amar. Quizá sea la historia de Pedro negando a Jesús la que permea culturalmente esta reflexión. Quizá cuando amamos, negamos también, tantas cosas. Y es quizá cuando intentamos dejar de amar cuando aparecen con más nitidez nuestros hábitos mentales.

Entre la diez acepciones posibles de negar Del lat. negāre. que propone la RAE, hoy me quedo con dos:
2. tr. Dejar de reconocer algono admitir su existencia.
8. tr. Ocultardisimular.

Hace unos meses, compartí aquí un hallazgo de lo que hoy llamo el "efecto telaraña", es decir, la (mi) sensación de que si no hay una luz que se proyecte sobre mí, dejo de existir, como la telaraña a la cual no le pega el sol. Y hoy entiendo más cabalmente cómo se relacionan, en mi caso, negar y amar, por qué me duele y me enoja tanto que quien me ama (o me amó) me niegue. Me doy cuenta también de que quizá quien me niega no esté dejando realmente de reconocer su historia conmigo o de admitir su existencia, pero el hecho de que la oculte o la disimule (o agradezca a quienes según su percepción lo hacen) me ha resultado tan doloroso como el abandono. ¿Por qué? Porque me hace sentir como la telaraña que ha quedado en la sombra, invisible, imperceptible, inexistente.

Pero por fortuna, en este proceso espiral que describiera aquí mismo a principios de este año que está por terminar, ahora soy consciente de que mi existencia o inexistencia no dependen ni del otro ni del sol. Soy yo la responsable de mí misma y eso es un alivio enorme, aun cuando a veces me cueste verlo plenamente.

También descubro, gracias al diccionario, que quizá lo más triste sea negarse alguien a sí mismo: 1. loc. verb. No ceder a sus deseos y apetitos, sujetándose enteramente a la ley y gobernándose, no por su juicio, sino por el dictamen ajeno conforme a la doctrina del evangelio. 
O, en otras palabras, hacerse uno inexistente según las opiniones y juicios de quienes nos rodean, según los mandatos familiares que seguimos aun sin conciencia.


brizna de telaraña iluminada por el sol

martes, 24 de noviembre de 2015

100 años


Hoy hace 100 años (ahora sí lo sé de cierto porque mi tía Olga actual, Olguita, hija de mi tía Olga de siempre, lo verificó en su acta de nacimiento hace unos días) nació, pues, mi tía Olga. Hasta donde recuerdo, llegó al mundo en Estados Unidos (Arizona, me parece) donde su familia se había refugiado durante la Revolución. También me acuerdo que en su familia le decían que la habían recogido, pues tenía la tez ligeramente más oscura que los demás, aunque en realidad se parecía mucho a sus hermanas.

Mi tía Olga era mi tía abuela, hermana de mi abuelo Óscar, papá de mi mamá y como he contado en otras ocasiones fue mi abuela más importante, de hecho, una de las personas más importantes de mi vida, como niña, como adolescente y como joven adulta. Murió cuando mi hijo apenas tenía seis meses y gracias a Olguita, pude despedirme de ella por teléfono. 

Hace unos días, cuando puse la ofrenda de muertos, me encontré esta foto de ella, que en el anverso, en mi letra manuscrita cuando todavía se entendía y era bonita, dice: Disneyworld / tía Olga y totems / julio de 1975. A mis doce años (y once de mi hermano) este fue uno de los viajes a los que ella llevó a "sus adorables sobrinos", como nos decía emulando un programa de televisión de la época. También visitamos con ella Nueva Orleans, un Club Med en alguna playa del Pacífico y San José Purúa, un sitio de aguas termales. Además comíamos todos los martes en su casa, adonde llegábamos caminando mi hermano y yo desde la escuela. Cocinaba delicioso y llegar ahí era para mí entrar a mi lugar seguro y, además, me podía beber una Coca-Cola yo solita.


Aunque el lugar para la foto era uno de esos sitios puestos ex profeso para ello, ahora, tantos años después, me llamó la atención que se me ocurriera encuadrar a mi tía entre estos seres y el diccionario me echó una mano para entenderlo:


tótem

Del ingl. totem, y este del algonquino nin-totem.

1. m. Objeto de la naturalezageneralmente un animalque en la mitología de algunas sociedades se toma como emblema protector de la tribu o del individuoa veces como ascendiente o progenitor.

Sin duda, mi tía Olga fue y sigue siendo mi protectora y sé que siempre puedo encontrar refugio en los tantos recuerdos que conservo de ella. Hace unos días, cuando estaba empezando a trabajar en un lugar nuevo, tuve un sueño donde se aparecía ella (fue secretaria y excelente mecanógrafa, que me ayudó con más de un trabajo en su máquina de escribir), saliendo de detrás de un escritorio, joven, vestida de traje sastre y me daba un abrazo sin decirme nada más. Entonces supe que el nuevo trabajo, donde se suponía que el sueño sucedía, era un buen lugar donde estar.


Gracias tía. Te quiero. Te extraño. Te mando cien besos y cien abrazos. Siempre.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Pensando en doña T


Me voy hasta su casa en Chimal, a ese lugar que mi hijo considera su segundo hogar, después de nuestro depa en Cuernavaca. Nuestro hogar por doña Teresa, que siempre me decía que le quitara el "doña", pero a mí aún no me sale. Que nos abrió los brazos de su familia cuando los encontramos cerrados en otros lugares. Y así se han mantenido, primero con su presencia amorosa, discreta, constante, como otra abuela de Santiago, y ahora con su recuerdo persistente, como las flores de ese jardín suyo que siempre nos espera y que es siempre cuando lo visitamos.



Con todo cariño, hoy como siempre, pienso en doña T

domingo, 22 de noviembre de 2015

Me faltas


Me faltaste siempre. Ahora me reconcilio con el hueco de tu ausencia.
Lo acepto. Lo acuno. Me acuno.
Nos acompaño.

Has sido el subtexto de todas mis tristezas.

De todas mis pérdidas.

Quizá ahora pueda dejar de reescribirte.

Aprender a ser la luz que me
Ilumina desde adentro.


¡Feliz cumple, ma!

sábado, 21 de noviembre de 2015

Negatividad negativa


por Chogyam Trungpa Rinpoché

La negatividad negativa se refiere a usar filosofías y argumentos para justificar que evitemos nuestro propio dolor. Suele estar autojustificada y autocontenida. No permite que nada penetre su caparazón protector. Es una forma de superioridad moral para fingir que las cosas son como nos gustaría que fueran en lugar de ser lo que son. Hay que cortar de raíz con la negatividad conceptualizada, la negatividad negativa.


Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Negatividad honesta

por Chogyam Trungpa Rinpoché


Todos experimentamos la negatividad —la agresión básica que consiste en querer que las cosas sean diferentes de lo que son. Nos aferramos, nos defendemos, atacamos y a todo lo largo tenemos la sensación de nuestra propia infelicidad; entonces culpamos al mundo de nuestro dolor. Lo vivimos como algo terriblemente desagradable, algo de lo que queremos librarnos. Pero si la examinamos más profundamente, la negatividad no es mala per se, sino que es algo vivo y preciso, conectado con la realidad. La honestidad y simplicidad básica de la negatividad puede ser creativa tanto en comunidad como en las relaciones personales. 

Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español  mía.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Gracias


Gracias a Mausy (esposa de Leni, primo hermano de mi mamá), mi hijo y yo tenemos un espacio nuestro donde vivir desde hace 10 años. No solo eso, sino que este departamento está en el primer lugar de los sitios que Santiago reconoce como "hogar", según sus reflexiones desde el otro lado del Atlántico.

el sol . en la estancia . de tarde
Yo, en general, me acuerdo más de los cumpleaños, pero a Mausy, desde hace siete años, la pienso siempre en el aniversario de su muerte. Quizá porque no pudimos despedirnos. Quizá porque sé que su cumpleaños era en marzo, pero desconozco el día.

Hoy recuerdo su generosidad y su cariño. Hoy le agradezco, como todos los días, el regalo de este nuestro hogar. (Qué difícil habría sido nuestra vida sin él.) Hoy viene a mi mente con gratitud (y un pelín de tristeza).

Gracias, Mausy, siempre.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Pequeño diálogo absurdo*


Él (a ella): Nunca fue mi intención hacerte daño.

Él (a la prima de ella): Nunca fue mi intención hacerle daño.

La prima de ella (a ella): Nunca fue su intención hacerte daño, dice.


Ella (a sí misma): Si nomás faltaba que hubiera sido a propósito...


*
absurdo, da

Del lat. absurdus.
1. adj. Contrario y opuesto a la razónque no tiene sentidoU. t. c. s.
2. adj. Extravaganteirregular.
3. adj. Chocantecontradictorio.
4. m. Dicho o hecho irracionalarbitrario o disparatado.

martes, 17 de noviembre de 2015

Invitado: Enrique Urquijo



L A S T R E


(hallazgo 11)

Escribir en mayúsculas no me gusta nada, pero así se siente el L A S T R E. Y tampoco me gusta.

El diccionario de la RAE (en su página nueva, a la que aún no me acostumbro) dice al respecto:

lastre2

Quizá del germ. *last 'peso'; cf. a. al. ant. last.

1. m. Material pesado, como arena o agua, con que se cargan una embarcación o un globo para aumentar su peso, y que al ser soltado le hacen ganar ligereza.

2. m. Persona o cosa que entorpece o detiene algo.

Lo que sí me gusta es la posibilidad intrínseca que tiene el L A S T R E de poder soltarse y, así, ofrecernos ligereza. Y, soltarlo, claro, es una decisión que solo una misma puede tomar. Porque, hoy descubro, de nuevo, que el L A S T R E no son los otros.

En el ámbito emocional, esa arena o agua que entorpece nuestro andar por el mundo, haciéndolo tan pesado que llega a rozar con lo insoportable, es la manera en que nos relacionamos con esos otros, ya sea con amor o con odio o con indiferencia. Después de meses y meses de andar arrastrando ese material pesado, esperando a que mágicamente se disolviera, cumpliendo —por supuesto (¿cómo podría ser de otra manera?)— con mis expectativas e ilusiones, hoy vuelvo a soltar (sí, ya sé que he dicho lo mismo en muchas otras ocasiones, igual que he reflexionado sobre cómo es un proceso en espiral). Hoy tengo un pelín más de conciencia. Hoy veo con un pelín más de claridad. Hoy acepto un pelín más las cosas como son.

También es cierto que, aun tratándose de un proceso interno, el exterior (sobre todo y en mi caso, aquella persona en quien proyecté ese L A S T R E) puede contribuir al proceso, aun sin proponérselo. Un mensaje más o menos torpe, electrónico y/o a través de un intermediario, puede, si se lee con menos filtros, confirmarnos que la realidad es como es, no como quisimos que fuera.

Y, en última instancia, resulta que con nuestras (mis) acciones, soy yo esa persona que puede dejar de entorpecerme o detenerme a mí misma, dejando ir el L A S T R E.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Una certeza


Primero me quedé en silencio. Y luego me volví a preguntar. Me he preguntado mucho. Otra vez más desde hace un par de días. Y me sigo preguntando.

París. México. Beirut. Siria. Kenia. El Tíbet. La Tierra.

Veo el montón de comentarios y reflexiones vertidos en las redes sociales. Me impresionan, todavía, aun más, las etiquetas, las culpas, las distinciones, el maniqueísmo, nuestra capacidad ilimitada de juzgar a los demás y encasillarlos, aparejada a nuestra incapacidad de voltear hacia dentro y detectar ahí la violencia, la intolerancia, la compasión condicionada por nuestras preferencias, nuestros apegos y nuestros odios, que parecen justificar los ataques (desde los juicios hasta los atentados) contra quienes no quedan resguardados y separados en nuestras visión parcial y limitada del mundo.

Darnos cuenta que, en última instancia, las víctimas y los victimarios (cuya definición depende, por supuesto, de dónde nos situemos, como sucede con los amigos y los enemigos) son humanos, son iguales a nosotros. Padecen de la misma ignorancia, del mismo egoísmo, del mismo sufrimiento, y gozan también de la misma capacidad para el despertar, por increíble que pueda parecernos.

Darnos cuenta que somos parte de la cadena de causas y condiciones de este mundo enloquecido donde nos tocó vivir, que todo es interdependiente y que nunca el odio, por más justificado que pudiera parecernos desde nuestra limitada perspectiva, podrá ser la solución.

El odio a quien sea, cuando sea, como sea es el otro lado del amor condicionado y limitado por nuestro egoísmo. Solo desde ese reconocimiento, me parece, podrá írsele dando la vuelta al patrón de violencia que entre todos hemos creado. Solo trabajando hacia adentro y reconociendo incluso (y sobre todo) lo que no nos gusta, para entonces poder transformarlo (desde adentro, sí) para que nuestro actuar hacia afuera empiece a ser diferente.

Solo así.

Como dijo el Buda, hace más de 2,500 años (y como lo han dicho otros muchos en otros momentos y lugares —¿cuánto más hace falta para que lo entendamos?—): El odio no cesa con el odio, sino con el amor. Esta es la regla eterna.

Y el amor no es sonreír plácidamente y hacernos los buenos, el amor es el anhelo de que uno y los demás, todos todos todos, sean felices, y va de la mano de la compasión, es decir, el anhelo de que uno y los demás, todos todos todos, estén libres de sufrimiento.

Solo de una actitud así pueden surgir las acciones necesarias para alcanzar la tan mentada paz, de adentro hacia afuera, con un compromiso profundo en ambas esferas, atreviéndonos a ir más allá de las etiquetas superficiales con las que solemos relacionarnos con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo




La naturaleza de la mente no tiene problemas. Es el único lugar en el samsara que no tiene problemas. Es nuestra verdadera isla de refugio.
Y es por ello que estamos intentando experimentar la naturaleza de la mente: porque es el único lugar donde hay seguridad.


Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

/ encuadre / holandés /




la ventana del salón reflejada en la pantalla de una computadora


Y esto es un encuadre holandés: la imagen que resulta  cuando se inclina la cámara aproximadamente 45º grados. Hasta hace unos cuanto días, no tenía yo ni idea de su existencia. (Aquí se puede leer más sobre el término.) Anteayer estaba en clase, corrigiendo el texto de una alumna, cuando me encontré con esta imagen y recordé lo que recién había descubierto.

También recordé que una de las primera fotos que tomé, de niña, hace muchísimos años, en el jardín de un amigo alemán de mis papás acá en Cuernavaca, fue la de un rosal, con una sola rosa muy roja sobre el fondo verde del jardín. Entonces incliné la cámara (una instamatic de Kodak) sin razón aparente, porque sí. El revelado mostró una rosa que rompía con el plano vertical tradicional y mi padre hizo algún comentario sobre cómo había quedado chueca la imagen. Yo dejé de experimentar durante varios años.