jueves, 31 de julio de 2014

Chokhor Düchen




Que la sabiduría y la compasión del Buda sigan floreciendo siempre,
como desde que giró por primera vez la Rueda del Darma

viernes, 25 de julio de 2014

...o.m.b.l.i.g.o...


para Raúl, que guardó este recuerdo
de hace más de cuatro décadas 

ombligo.
(Del lat. umbilīcus).
1. m. Cicatriz redonda que queda en medio del vientre, después de romperse y secarse el cordón umbilical.


Hace casi tres meses fui a la Ciudad de México con unas amigas a ver una obra de teatro en la que actuaba otra muy buena amiga. Mientras esperábamos en el lobby para entrar a la segunda función, nos encontramos a un excompañero de escuela, con quien compartimos clases desde la primaria hasta el final de la preparatoria. Él venía saliendo junto con su familia de la primera función. Después de algunos comentarios sobre la obra, se puso a hablar conmigo (yo era quien más tiempo había pasado sin volverlo a ver) y me contó cómo siempre se acordaba de mí con la palabra "ombligo", que lo refería a una anécdota de nuestra niñez, cuando cursábamos segundo de primaria, más o menos.


Resulta que la maestra de español, Miss Carmelita si la memoria nos nos engaña, nos pidió palabras con las sílabas -bla, -ble, -bli, etc. Al llegar a -bli, él y yo (recuerda él) pensamos en la palabra "ombligo", pero nos daba vergüenza decirla, hasta que finalmente yo me atreví a hacerlo. La maestra me felicitó (me sigue relatando él), quien recuerda también que se quedó muy contento de que yo hubiera compartido nuestra palabra.


Yo, a mi vez, me quedé muy contenta y conmovida después de escuchar su relato. No tenía ninguna memoria de ese día, pero siempre había recordado con mucho cariño nuestra amistad de entonces y fue lindo constatar que esa sensación de afecto la habíamos guardado ambos.


jueves, 24 de julio de 2014

Trayecto citadino



Te corría por la espalda una gota de sangre
de mis venas. La noche, con la niebla
y el silencio en medio de los senos, nos veía y procuraba
cambiar su propia ruta.
Que nos perdonen las mismas pinceladas de la aurora.

Fragmento de "La estrella" de Efraín Huerta (poema completo, aquí.)


Me subo a un vagón del metro de la Ciudad de México, tras años de no hacerlo. Alguna vez fui una usuaria cotidiana y avezada: Sabía incluso en qué lugar del andén pararme para quedar justo a la altura de la puerta y poder colarme al interior del transporte sin riesgo de que quienes bajaban me devolvieran a la estación. Sabía las mejores y las peores horas para tomarlo y cuáles estaciones evitar, en la medida de lo posible. Pero de eso ya casi 20 años, antes de abandonar la ciudad donde nací.

Ahora voy poco y pocas veces uso el transporte público. He perdido práctica y he ganado miedo provinciano, pero ayer decidí probarlo de nuevo y ver si aún era capaz de hacerlo. Y, bueno, lo logré, incluido un transbordo en Pino Suárez, una de las estaciones más transitadas. La hora no era mala (4 de la tarde más o menos), pero la cantidad de personas, sobre todo en la primera parte del trayecto, antes del transbordo y bajo tierra, era impresionante y junto con ellas el hedor concentrado de miles de usuarios, el calor concentrado de miles de horas de servicio, que incluso impregnaba los tubos de donde agarrarse para no perder el equilibrio, que parecían prolongaciones de los miembros de los usuarios, tanto por su calor como por su tacto viscoso.

Pasado el transbordo, y el susto de no poder salir del vagón, caminé como parte de un río de gente hasta tomar el siguiente tren. Este venía mucho menos lleno y me tocaba bajarme en la última estación, así que fue quedando cada vez más vacío y este tramo era por encima del suelo, así que mucho menos claustrofóbico. Descubrí, pegado sobre la pared del vagón, casi llegando el techo y junto a varios carteles de propaganda, otro con la poesía de Efraín Huerta que abre esta entrada. Me encantó. Después de un par de paradas, se desocupó un asiento y un señor mayor (o quizá de mi edad...) me cedió el espacio y luego acabó sentado junto a mí. (Esta cercanía con las personas en los espacios reducidos me resultó impresionante, la había olvidado o antes ni atención le prestaba.)

En todo el trayecto, desfilaron varios personajes que no solo se transportaban de un lugar a otro, sino que tenían un objetivo ulterior. Una mujer indígena que ofrecía una tarjetita impresa color rosa, supongo que para explicar su situación y supongo que pidiendo dinero. Al cambiarme de lugar dentro del vagón, no alcanzó a dármela. Un joven que vendía un libro, por módicos $20 pesos, sobre los peores casos de corrupción de la justicia mexicana, tema que da de menos para una enciclopedia. Y otro señor que vendía plumones de muchos colores, aptos para vidrio y cerámica, entre otras superficies.

Antes de llegar a mi destino, como buena provinciana repartí más de una sonrisa y para mi sorpresa alguna recibió un gesto similar como respuesta. Y poco antes de apearme, le di un llegue con la manga de mi suéter a la señora que iba sentada a mi lado. "Le pegué, ¿verdad?", le pregunté. "Sí, pero no importa", me contestó. Apenada me disculpé y ella siguió dormitando hasta que anunciaron el final del recorrido. Entonces nos bajamos todos para perdernos en un nuevo río de gente y seguramente para no volver a cruzar caminos jamás.

Para cerrar, aun a riesgo de ganarme la crítica de más de uno por mi poco profesionalismo como fotógrafa de vehículos, una imagen del metro de la Ciudad de México desde el autobús que me llevó de Cuernavaca:




domingo, 20 de julio de 2014

Confianza


confianza.
(De confiar).
1. f. Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.


esperanza.
1. f. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.



Y, sí, a veces el diccionario de la RAE me sigue sorprendiendo con propuestas que me ayudan a ponerle palabras a lo que siento y no sé explicar con claridad. ¿Qué hacer cuando hay días raros y nos sentimos vulnerables? Confiar. ¿Qué hacer cuando la comunicación cambia y nos sentimos inseguros? Confiar. ¿Qué hacer cuando se dispara la tristeza y nos sentimos desesperanzados? Confiar.


¿Confiar en qué? En nosotros mismo, para empezar. Conectar con ese estado de ánimo en el cual aquello que deseamos se presenta como posible. Aunque, pensándolo mejor, más que eso es conectar con la certeza, o con cierta certeza, de que en el continuo fluir de las cosas, con su inevitable incertidumbre, cada momento podemos inhalar y exhalar y comprobar que seguimos vivos.


Y poniendo esto en práctica me lancé a nadar. "A la piscina", dirías tú. "A la alberca", dije yo. Di varias vueltas y a cada momento inhalaba y exhalaba. (No se puede hacer de otra manera, ¿verdad?) Y también en cada vuelta te pensaba. Recordaba, con imágenes, con sensaciones, que estás de nuevo en mi vida, que estoy de nuevo en la tuya, que nos queremos y que, aun a la distancia, estamos juntos.


Y al salir del agua y tenderme al sol, en la barranca próxima el sonido del río cargado de lluvia me invitó a soltar las dudas, las inseguridades, los miedos y dejarlos ir en su corriente cierta y contundente, como lo que sentimos tú y yo el uno por el otro, hoy...


viernes, 18 de julio de 2014

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo


Solo una película



Este interminable espectáculo fílmico se está reproduciendo en nuestra mente estados mentales momentáneos— y eso se proyecta afuera frente a nosotros como nuestra realidad externa. Ahora, mientras estemos fascinados por la película frente a nosotros, entonces nos la creemos y nos involucramos profundamente en lo que parece estar sucediendo. Pero si miramos hacia atrás y nos damos cuenta que es solo un espectáculo de la mente que estamos proyectando, entonces aunque aún podamos disfrutarlo, no vamos a sentirnos totalmente desolados si es una tragedia o completamente cautivados si es un romance. Sabemos que es solo una película.

Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

miércoles, 16 de julio de 2014

Lágrima 2


La definición de "lágrima" propuesta por la RAE le quita a uno hasta las ganas de llorar, lo cual podría verse como una ventaja. Ya en otro momento propuse una definición para esta palabra y hoy me apeteció volver a ella, quizá porque ando con los ojos llorosos y el alma un pelín decaída y recurrir a la escritura me ayuda, si no a resolver, por lo menos a procesar los momentos difíciles.

Así que lágrima para mí hoy podría ser una gota de agua triste, un reflejo de vulnerabilidad, o el recuerdo que la lluvia dejó sobre la hoja de un rosal.





Y te escucho decirme: Amor mío… veo esas gotas que bien podrían ser lágrimas y me gustaría poder estar ahí y secarlas con un beso… un beso suave, dulce y prolongado…

A mí también me gustaría.

lunes, 14 de julio de 2014






Invitado: Thich Nhat Hanh



A través de mi amor por ti, quiero expresar mi amor por todo el cosmos, toda la humanidad, y todos los seres. Viviendo contigo, quiero aprender a amar a todo el mundo y a todas las especies. Si tengo éxito amándote a ti, seré capaz de amar a todo el mundo y a todas las especies sobre la Tierra... Este es el verdadero mensaje del amor.



Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

domingo, 13 de julio de 2014

..a.t.e.n.c.i.ó.n..p.l.e.n.a..


para dpr,
por su amor, su generosidad y su guía

Observa tu mente.
Permanece en el momento presente.
Observa tu mente.
Permanece en el momento presente.
Y cuando de te des cuenta que has dejado de hacerlo, vuelve a observar tu mente.

Esta sería una manera de expresar las instrucciones que he recibido para la práctica de la atención plena (también traducida como presencia mental, término que me gusta aun más) en el contexto de la meditación de la tradición budista, emparentada obviamente con muchas otras tradiciones espirituales.

También me han explicado cómo la práctica formal (sentarse en el cojín a estar presente con la propia respiración) es una preparación para la práctica en la "vida real" o posmeditación, es decir, para cuando salimos de nuestro lugar seguro y nos enfrentamos a las emociones y pensamientos más o menos afligidos en el día a día.

Llevo muchos años siguiendo estas instrucciones, con una disciplina que merecería mejorar, eso que ni qué. Pero de pronto, hay momentos en que sin proponérmelo logro estar atenta a mi mente y no reaccionar de forma habitual. Como ayer, por ejemplo, cuando por azares del destino (o simples cuestiones de la vida) se me disparó mi viejísimo y conocidísmo patrón de sentirme abandonada.

¿Cómo se expresa? Con mal humor, enojo sin aparente motivación, indignación con aparente justificación y una serie de pensamientos que como cascada se apoderan de mi espacio mental. ¿Qué hacer? Observar mi mente y permanecer en el momento presente, viendo los pensamientos sin ceder a la tentación de montarme en la montaña rusa de la trama que proponen. ¿Y luego? Repetir la operación, hasta que los propios pensamientos empiezan a liberarse a sí mismos, es decir, pasan, pues no hay nada que los alimente (ni el apego ni el rechazo). ¿El resultado? Paz, por momentánea que sea, liberación del yugo de la mente obsesiva y controladora, del yo, pues, que se cree tan importante, cuando en realidad ni siquiera existe. ¿El corolario? Un profundísimo agradecimiento a mis maestros y a todos los seres que me acompañan en la vida y me permiten trabajar con mis patrones habituales, irme liberando a paso a paso.

para jri,
porque a su lado me convierto en una mejor persona
para sbi,
porque desde hace casi 18 años me reta a enfrentarme con mi mente todo el tiempo

sábado, 12 de julio de 2014

Invitado: Julio Cortázar


1. de "Cinco últimos poemas para Cris"

Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose
una
a
una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez
sea eso un árbol

o tal vez
el amor.


abeja y rosa


Chimal

lunes, 7 de julio de 2014

Invitado: Manu Cáncer


DOLOR EN PRIMAVERA

Tú me miraste
cuando yo era
un mendigo,
tú me miraste así,
cuando estaba sin nadie.
Cuando pensé morir

me miraste,
y eso fue
para mí
volver a casa:
aquella noche
tú me invitaste a entrar
y entonces me miraste.


domingo, 6 de julio de 2014





Invitado: Jaime Sabines (otra vez)


Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Cómo te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!

Te pones a flirtearme como a un desconocido
y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.
Pienso que soy tu esposo
y que me engañas conmigo.
¡Y cómo nos queremos entonces en la risa
de hallarnos solos en el amor prohibido!
(Después, cuando pasó, te tengo miedo
y siento un escalofrío.)

 

sábado, 5 de julio de 2014

Invitado: Antonio Gamoneda



Amor

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

viernes, 4 de julio de 2014





Invitado: Jaime Sabines


Te quiero como para invitarte a pisar hojas secas una de estas tardes. Te quiero como para salir a caminar, hablar de amor, mientras pateamos piedritas. Te quiero como para volvernos chinos de risa, ebrios de nada y pasear sin prisa las calles. Te quiero como para ir contigo a los lugares que más frecuento, y contarte que es ahí donde me siento a pensar en ti. Te quiero como para escuchar tu risa toda la noche. Te quiero como para no dejarte ir jamás. Te quiero como se quiere a ciertos amores, a la antigua, con el alma y sin mirar atrás.

jueves, 3 de julio de 2014

Despedida 4


Y hoy hace 31 años de aquella primera despedida dolorosa. Ya habíamos tenido una probada tres años antes en Avilés. Pero en 1983 fuimos plenamente conscientes y empezamos a idear maneras para que la conexión se mantuviera a pesar de la distancia y el tiempo. Así fue como aquella concha de peregrino que había yo traído de Santiago de Compostela pasó de mis manos a las tuyas y de ahí al retrovisor de tu coche y luego a otro y a otro. Después, según me contaste hace poco, la guardaste en la caja de recuerdos, junto con mis cartas del 83 y del 84 y alguna posterior, y ahí permaneció unos 20 años, hasta hace unos meses que vio la luz otra vez y volvió a su lugar, ahora en el espejo del cuarto auto:


foto de JRI

El cambio de manos de la concha tuvo lugar en el pasillo del Expreso de Madrid, donde pasé la noche del 3 de julio para amanecer el 4 en la capital española, lejos de Barcelona. El tren partía (me apetece decir zarpaba, pero sería un error técnico) de la estación de Francia, que tú habías fotografiado cinco años antes:

foto de JRI

Quizás sería exagerado ver la lluvia de entonces como premonición de las lágrimas que cada uno de nosotros, separados ya, lloraríamos después de haber arrancado el tren, con las palabras de tu hermano aún retumbándonos muy dentro: "Despedirse es morir un poco", como conté aquí hace casi tres años. 

Tú, en tu primera carta, del 7 de julio de 1983 me decías: Pensar que para mí la imagen de un expreso como el de Madrid, con abundantes coches camas, saliendo por la curva de la estación de Francia, era una imagen bonita y sugestiva, que recordaba a las vacaciones y los viajes... Creo recordar que me explicaste que ese tren ya dejó de funcionar, pero igual podremos ir a esa estación y liberar cualquier fantasma que aún haya quedado por ahí.

miércoles, 2 de julio de 2014

Un instante hace 31 años


por Javier Roselló Iglesias


Hace exactamente treinta y un años. La tarde del sábado 2 de julio de 1983. Una acuarela de Cadaqués –uno de nuestros destinos soñados entonces, como la Vall d’Aran– comprada al pintor en un mercadillo de arte del Barri Gótic. Un paseo en golondrina por las aguas del puerto barcelonés. Aquella noche yo deseé entrar en tu recámara, para hablar y hablar. Sentarnos en la cama, tomarte las manos y hablar de nosotros, de nuestros sentimientos, de nuestro futuro y de amor. Y besarnos. Tú tenías deseos parecidos, me dijiste luego. Pero a mí volvieron los miedos a una relación complicada, por la distancia, por la diferencia de edad, por un apellido compartido… Las puertas no se entreabrieron.

Ya tenías la maleta medio hecha. En 24 horas emprenderías el viaje de regreso a tu casa. Los dos presenciábamos angustiados los preámbulos de una primera separación cuando apenas habíamos intuido la necesidad de estar juntos.


Golondrina en el puerto de Barcelona hoy