sábado, 30 de mayo de 2015

jueves, 28 de mayo de 2015

Invitado: Chogyam Trungpa Rinpoché


Cuando te relacionas con los pensamientos obsesivamente, de hecho los estás alimentando porque los pensamientos necesitan de tu atención para sobrevivir. Una vez que comienzas a prestarles atención y categorizarlos, entonces se vuelven muy poderosos. Les estás dando energía porque no los estás viendo como simples fenómenos. Si uno intenta acallarlos, esa es otra manera de alimentarlos. 

monkey mind

Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

lunes, 25 de mayo de 2015

Invitada: Macu Gavilán


Y ahora que no estás aquí solo podría asegurar que te quería


Quizá esperamos del amor más de lo que pudiera dar el primer día

sábado, 23 de mayo de 2015

sueño 4.


Hace un par de tarde-noches, me llegó un mensaje de una amiga, excompañera de escuela de hace muchos muchos años, reconectada hace poco vía Facebook por supuesto, diciéndome que la noche anterior había soñado conmigo y preguntándome cómo estaba. Le contesté que bien y que esperaba que el sueño no hubiera sido pesadilla. "En absoluto, todo lo contrario", respondió. Aunque ya no aclaré qué implicaba ese "todo lo contrario", me gustó nuestro intercambio. Y me dejó pensando en ese fenómeno de que alguien sueñe con uno.

Yo aquí en algunas ocasiones he compartido sueños míos, que han incluido desde experiencias con el mismísimo Saramago o algún maestro espiritual, hasta personas más común y corrientes como parientes o conocidos y alguno que otro fantasma. "Anoche soñé contigo" seguramente me lo ha dicho más de uno (alumno, compañero de trabajo, algún noviete), pero el mensaje de ayer me hizo vivir más la situación. Nunca antes me había imaginado a mí misma siendo soñada por alguien más, apareciendo en un espacio onírico ajeno. Y me quedó una sensación mezclada de mi propia insustancialidad (o plasticidad, quizá) y de la interdependencia con todo y con todos: una suerte de encuentro en un espacio mental sin límites definidos, sin etiquetas rígidas, un lugar abierto y espacioso.

Y quizá de aquí surja un cuento fantástico o no... Quién sabe cómo se van plantando las semillas para la creación, pero es indudable que los brotes de la amistad se asoman por ahí de manera sorpresiva e inesperada. Gracias, Laura.

jueves, 21 de mayo de 2015

Invitado: Mingyur Rinpoché


Ya sea que estemos analizando objetos materiales, el tiempo, nuestro "yo" o nuestra mente, a la larga llegamos a un punto donde nos damos cuenta de que nuestro análisis se desmorona. En ese punto nuestra búsqueda de algo irreductible finalmente colapsa. En ese momento, cuando renunciamos a buscar algo absoluto, ganamos nuestra primera probada de vacío, la esencia infinita e indefinible de la realidad como es.




Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Invitada: Adrienne Rich


When you read these lines, think of me
and of what I have not written here.


Cuando leas estás líneas, piensa en mí
y en lo que no he escrito aquí.


Traducción al español e imagen, mías.

sábado, 16 de mayo de 2015

Paseo fantasma



Ocho acepciones propone la RAE para "fantasma" (Del lat. phantasma, y este del gr. φάντασμα). Y yo la he usado en otras diez entradas del blog: 

La primera cuando recién empezaba, por allá en noviembre del 2009, en referencia más o menos a la "3. m. Imagen de una persona muerta que, según algunos, se aparece a los vivos", aunque se trataba más bien de una persona viva con quien la relación que sostuve había muerto.



En las ocho ocasiones posteriores (12345678), más bien ha aludido a una "6. m. Amenaza de un riesgo inminente o temor de que sobrevenga", aunque más en un sentido psicológico, a saber, el miedo a la vuelta de los viejos patrones neuróticos de conducta.


Y en la más reciente se refiere a "7. m. Aquello que es inexistente o falso. U. en apos. Una venta fantasma. Un éxito fantasma", como un beso fantasma. Esto se acercaría en cierto sentido a la entrada de hoy, aunque en la frase título se aúna, a la calidad de inexistencia, la intención de disipar las vivencias dolorosas pasadas de los lugares presentes. 



Resulta, pues, que una tarde como hoy, pero hace 365 días, paseaba yo por la calles de Barcelona de la mano de un alguien que hoy es ya también un fantasma en mi vida. Entonces ambos intentamos espantar las presencias —antiguas e indeseadas— que se habían quedado rondando en algunos lugares de la capital catalana durante varias décadas. Pensamos que así limpiaríamos el camino para nuestro amor presente y futuro. No sabíamos que había otras apariciones que acabarían por desterrarnos de nuestra propia historia.



Hoy transito, como lo he hecho durante los días pasados, entre recuerdos y fotografías, anhelos y frustraciones, dolores y gozos —de aniversario todos—, para tratar de disipar las ausencias fantasmales que aún permanecen, para conjurar su salida, para seguir adelante, para dar un paso más en mi viaje de reconstrucción —desnuda ya, o desnudándome, de los deseos caducos y las promesas rotas—.


viernes, 15 de mayo de 2015

Invitado: Chogyam Trungpa Rinpoché


Queso azul

Tú no existes realmente de la manera en que piensas que existes, así que constantemente estás tratado de asegurar tu existencia. Eres como el queso azul [o el roquefort o el cabrales...], que trata de mantenerse a sí mismo haciendo crecer más hongos continuamente, hasta que los hongos consumen el queso, que se deshace en nada, un montón de polvo mohoso. No somos en absoluto una entidad íntegra, completa. Somos una colección de cosas, ninguna de las cuales tiene certeza sobre si existe o no.

Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

jueves, 14 de mayo de 2015


Un griterío de pájaros rompe al amanecer, como si fuera el primero, o el último. La gata araña la puerta de mi recámara y maúlla, tratando de forzar la entrada. 

¿Y yo?

Yo amanezco con mono, aunque de mi lado del Atlántico quizá no se entienda lo que quiero decir, aunque diferenciar las dos orillas del océano ya no tenga sentido.

miércoles, 13 de mayo de 2015

allá y ahora


allá y entonces
comencé a ser alguien desconocida












aquí y ahora
los tabachines están en flor












yo sigo sin saber quién soy



martes, 12 de mayo de 2015

Invitado: Dzongsar Khyentse Rinpoché


La mayor parte del tiempo estamos tratando de hacer que las cosas buenas duren o estamos pensando en reemplazarlas con algo aún mejor en el futuro o estamos sumidos en el pasado, recordando tiempos más felices. Irónicamente, nunca apreciamos en verdad la experiencia que nos hace sentir nostálgicos porque estábamos muy ocupados aferrándonos a nuestras esperanzas y miedos en aquel momento. 





Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

lunes, 11 de mayo de 2015

luna de miel


1. f. Temporada de intimidad conyugal inmediatamente posterior al matrimonio.

En este caso, recurrir al diccionario resulta casi un acto de morbo. Qué definición tan poco inspirada...



Podría yo proponer, y lo intentaré, otra manera de definir la frase. Hoy hace un año concluía para mí una experiencia que bien podría describirse como una luna de miel, quizá la segunda en mi vida, lo cual me hace, sin duda, afortunada. Llegué a Lisboa acompañada por un mi primer amor, reencontrado, y pasamos juntos cuatro días —que tanto entonces como ahora me parecen una vida entera— sensacionales.


Después de más de treinta años (sí, en varios otros momentos ya conté yo o contó él en este espacio la historia), recorrimos juntos "La Ciudad Blanca". Caminamos, platicamos, tomamos fotos, nos conocimos y nos reconocimos, nos conectamos en planos sabidos, intuidos y recién descubiertos. Durante cuatro días, como una vida.


Y los cuatro días se acabaron, como se acaba todo en la vida. También se acabó la historia de amor, en esa manifestación por lo menos. He transitado por mucho dolor, mucho llanto, mucho desgarramiento y, sobre todo, por cantidades industriales de apego, que hoy reconozco claramente como la fuente fundamental de mi sufrimiento, junto con la manera en que me volví a engañar a mí misma: Aun sabiendo que todo es transitorio y nada es sólido, me aferré a la relación (o sea, a mis ideas sobre la relación, a mis expectativas sobre la relación, a mis proyecciones sobre la relación) como si fuera permanente y sólida, como si fuera la solución última a mi vida. Y luego me aferré al dolor, a la decepción, al desengaño como si estos fueran, otra vez, permanentes y sólidos. Y no es que no se valga disfrutar lo disfrutable o llorar lo triste, pero convertirlo en verdad absoluta fue la manera en que yo me generé mi propio sufrir. Qué difícil ha sido verlo, asumirlo, y seguir caminando. Hoy siento que doy un paso más. Y así es la cosa, paso a paso, a veces  tres para adelante y dos para atrás.


Aquí no hubo ni matrimonio ni intimidad conyugal, estrictamente hablando, pues. Hubo amor, hubo entendimiento, hubo ganas, hubo miedo, sí quizá hubo mucho miedo, hubo cariño, también mucho cariño. Y quizá mañana se vuelva a manifestar algo de ello, cuando haya yo dejado sanar las heridas, cuando me siga tratando con gentileza, mientras sigo en la práctica de mi camino espiritual, con perseverancia y con la resolución renovada de renunciar a los patrones habituales que me provocan sufrimiento, a mí y a quienes me rodean.

Así que luna de miel podría ser, para mí, un viaje y encuentro maravillosos, con alguien que amé y que me amó, un encuentro profundo y efímero. Quizá además, en este caso, tuvimos la oportunidad de vivir lo que se nos había quedado en el tintero durante casi media vida. Y ya, nada más y nada menos...

domingo, 10 de mayo de 2015

A bordo del Lusitania en un día gris


Cuando Fernando se lleva las manos a la cara, le invade el olor verde y dulzón del Heno de Pravia, el aroma penetrante de su madre. Se pellizca la piel de los brazos y bosteza como quien quisiera tragarse el mundo para evitar que las humedades se le escapen de los ojos. Si su padre pudiera verlo, se avergonzaría de él. Pero Isidre se fue antes que su mujer, así que no se vio ante la encrucijada de llorar o no su ausencia. Tras la muerte de su marido, doña Ángela se sumió en un silencio que solo rompía de noche cuando recitaba ante la estufa de la cocina una serie de conjuros, intentando evitar que el gas se escapara. Una y otra vez las mismas palabras, repetidas en el mismo tono seco, cortante, gris.
            Fernando se tapa los oídos por instinto, como si así pudiera escaparse de esos recuerdos ásperos, pero la voz de su madre ya vive muy dentro de él. Casi siempre se mantiene muda, pero a veces le da por salir a la superficie para darle algún consejo, advertirle de algún peligro o reñirlo como cuando era un crío. «Ya te he dicho tantas veces que esa muchacha no te conviene, pero eres muy necio. No te quejes ahora del dolor. Para eso tienes a Hortensia a tu lado. Tienes que cuidarla. No se le vaya a ocurrir abandonarlos a ti y a Helena. ¿Qué harían solos, sin ella?» Fernando quiere gritarle a su madre que se calle, pero cuando voltea a su alrededor recuerda que está solo en casa. Hortensia, la mujer que vino desde El Salvador para cuidar a sus padres ancianos y se quedó a cuidarlo a él cuando ellos murieron, salió a hacer unos mandados. Y Helena, su hermana pequeña, aún no llega de la oficina. Menos mal. Cómo podría explicarles que ahora le ha dado hasta por hablar solo.
            Se había echado en el sofá después de la comida y se quedó medio dormido sin proponérselo. El tamborileo de las gotas de lluvia sobre los cristales de la terraza lo fue arrullando, como cuando de niño se quedaba enroscado en el regazo de su madre durante alguna tarde umbría de invierno, antes de que su padre llegara a cenar. Toma una bocanada de aire para impulsarse de vuelta al presente, donde ya no hay quien lo acune. Dirige la mirada al cristal y cierra los ojos para concentrarse en el ruido del agua. Los días grises siempre le han gustado. Lo consuelan, le cubren el hoyo que siempre ha sentido en su interior, ora en el pecho, ora en el vientre. Aunque a la gente normal la anima el sol, a él la brillantez de los días luminosos le recuerda que no sabe moverse en un mundo que sonríe. Nunca ha encontrado razones para hacerlo. Bueno, sí. Descubrió que la cara se le iluminaba cuando conoció a la prima de México, Andrea, la chica que hace treinta años le hizo creer que igual podía salir de las sombras. Luego la perdió durante una vida y hace tan solo un año creyó haberla recuperado. «Andrea», dice bajito, «Andrea».
            Sin darse cuenta apenas, el hombrón de más de sesenta años y muchos más kilos se balancea sentado en la sala de la casa de sus padres. Cierra los ojos, dándose por vencido frente al embate de memorias que lleva todo el día tratando de esquivar. Y es que por más que se esfuerce en distraerse con los problemas de la fábrica, con los reproches velados de Hortensia o las constantes exigencias de Helena, su cuerpo recuerda cómo hace un año Andrea y él estaban a punto ya de abordar el Lusitania, el tren nocturno que los llevaría a la ciudad blanca con la que habían soñado siempre, cada uno por su lado y sin confesárselo a nadie, desde que la visitaran sentados lado a lado en las butacas del desaparecido cine Casablanca durante la segunda visita de Andrea a Barcelona. Entonces el amor los agarró tan desprevenidos que no pudieron ni nombrarlo, mucho menos demostrárselo abiertamente. Pero eso sí, Lisboa se les clavó como una banderilla en la carne, impidiéndoles olvidar. Ni en sus sueños más absurdos a Fernando se le ocurrió que recorrería la ciudad de Ricardo Reis de la mano de su amor de juventud, el primero, el último. Y lo hizo. Sí, lo hizo después de que el tren se detuviera durante más de tres horas, quién sabe por qué extraña razón que no pudo averiguar, en la estación de Medina del Campo. Recuerda cómo la falta de movimiento lo despertó, cómo se asomó a ver a Andrea que dormía plácida en la litera de arriba, presa aún del desfase horario tras cruzar el Atlántico, cómo la niebla llenaba el andén. La imagen tenía un halo extraño, como si no se supiera si era una película en la que no había animación porque nada se movía, ni el viento, o si era una mera fotografía fija sobrepuesta a un paisaje que quedaba oculto detrás. Vuelve a sentir en la lengua el regusto ligeramente amargo de la cerveza portuguesa que compartió con Andrea durante la cena en la cafetería del tren. Luego se mezclaría con los besos que por fin se dieron en el pasillo frente a su camarote, apenas conteniendo el ansia por sacarse la ropa.

            «¡Fernando!, ¿qué haces?», le grita Helena horrorizada al entrar a casa, seguida de Hortensia, que se esconde detrás de su cuñada. Lo han pillado con la bragueta desabrochada y el sexo entre las manos. Imposible disimular. Ni siquiera lo intenta. Quizá Andrea también se masturbe imaginándose a bordo del Lusitania.

sábado, 9 de mayo de 2015

Invitado: Richard Siken


I put my sadness in a box. The box went soft and wet
and weak at the bottom. I called it Thursday. 
Today is Sunday. The town is empty.


*

Puse mi tristeza en una caja. La caja se volvió blanda y húmeda
y frágil en el fondo. La llamé jueves.
Hoy es domingo. La ciudad está vacía.

(Traducción de Berna Wang)

miércoles, 6 de mayo de 2015


para marisa

mientras la voz del guru llena el espacio
un helicóptero a control remoto pasa volando frente a la ventana
o será un ave que regresa al nido
la gata se acomoda sobre tus pies como quien encuentra su casa
nosotras nos acompañamos a lo largo del camino
nos reímos
la iluminación es posible en cualquier instante

martes, 5 de mayo de 2015

cinco de mayo


Hoy es el aniversario de bodas de mis papás. Aunque ellos ya no estén para celebrarlo, yo lo hago en su nombre como cada año (o por lo menos los recuerdo). El año pasado fue algo diferente: En esta fecha pensé en ellos, pero no escribí nada al respecto porque parecía que el quinto día del quinto mes iba a adquirir también un significado especial en mi historia personal y lo recibí llegando al Viejo Continente, a la capital española, como consta en esta foto de la madrileña estación de Atocha tomada hace exactamente 365 días (casi con horas y minutos exactos), de camino al Museo Reina Sofía:



Doce meses más tarde, el solo sentido que permanece es el del recuerdo, a veces tan brillante como el sol de mayo en Madrid, otras más sombrío, pero hoy, sin duda, en el camino de seguir soltando y seguir soltando... Y el cinco de mayo volverá a ser simplemente el aniversario de bodas de mis papás (53 años habrían sido esta vez) y, curiosamente, una fecha icónica en el calendario patrio de los mexicanos-americanos (hoy me enteré que el General Ignacio Zaragoza era originario de Texas) o un pretexto para beber cerveza mexicana, según sea el caso...

En fin, aquí unas flores y mi cariño todo para mis festejados: