lunes, 30 de junio de 2014

Invitada: Elizabeth Mattis Namgyel







Todos tenemos historias – pueden ser dolorosas pero no son únicas. Es un reto ser un ser humano. Y con todo, al final tenemos que soltar nuestras historias y acoger la totalidad de nuestra experiencia humana. Esta es una elección poderosa.




Original en inglés, aquí.
Traducción al español, mía.

viernes, 27 de junio de 2014

Invitado: Karmapa 17


Perdonarnos a nosotros mismos

He notado que algunas personas pueden ser muy críticas de sí mismas. Cuando la gente tiene una autoestima baja o una tendencia a juzgarse a sí mismos con dureza, existe el peligro que al confrontar sus propios defectos solo terminen por reforzar una imagen propia poco sana. Una identidad negativa fabricada puede llegar a parecer aun más real y sólida, y esto hace más difícil que la gente se transforme. Para tales personas en particular, pero también para muchos de nosotros en general, es más sabio confrontar nuestros defectos dentro de un espíritu global de perdón. Dentro de las relaciones, así como dentro de nuestras propias vidas, necesitamos espacio para crecer y aprender de nuestros propios errores. Con ese fin, perdonarnos a nosotros mismos, así como a los demás, es una herramienta poderosa para el cambio. 


Cita del libro The Heart is Noble (El corazón es noble).
Original en inglés, aquí.
Traducción, mía.



miércoles, 25 de junio de 2014

Carta abierta a Abril


por Javier Roselló Iglesias


para abril y sus compañeros de séptimo

Abril, de ti solo sé que eres una guapa muchacha de catorce años que está cursando primero de secundaria en una escuela de Cuernavaca. El otro día, cuando nos saludamos en skype, me preguntaste: “Javier, ¿cómo  tuviste tanta paciencia?”,  en referencia a la historia de amor, con un vacío de treinta años en su discurrir, vivida entre tu miss y yo. ¿Recuerdas? La pregunta me tomó un poco desprevenido y no atiné a contestar sino con alguna vaguedad. Y luego me reproché no haberlo hecho de otra manera.

Abril, te contesto ahora.

Con tu pregunta, de algún modo reviví el momento hace tres décadas en que ella y yo nos arrancamos el uno del otro y cuando, tras el doloroso desgarro, tuvimos los dos que seguir con nuestras vidas. A mí solo el habituarme a su ausencia me permitió vivir. Yo no consideré, quizás simplemente porque me sentí absolutamente incapaz de ello, la opción de olvidarme. Ella, en gran parte para evitar de cuajo la posibilidad de que yo sufriera más, optó por olvidar. O, como escribió después, eso creyó. Voluntaria o involuntariamente cada uno de nosotros dos cerró su caja de recuerdos. Yo callé y me habitué a su ausencia, sin ningún ánimo de victimismo, y ella inventó una nueva historia de sus relaciones amorosas en la que simplemente eliminó la presencia de su primer (y gran) amor. Y pasaron los años y los dos, cada uno por su lado, vivimos relaciones con mayor o menor éxito.

Pero ya desde tres años antes de que surgiera aquella historia de amor, ya desde el momento en que nos conocimos en 1980 —cuando ella entonces apenas tenía tres años más que tú ahora— entre nosotros empezó a tejerse un hilo que desde entonces nos unió sin saberlo. Estaba trenzado con amistad y cariño, aparentemente. Luego supimos que el amor de alguna forma ya estuvo presente en ese hilo desde sus inicios y que unos años después se convirtió en una presencia tenue y silente, pero tenaz, entretejida primero con amor y luego con tristeza. Ese hilo nos unió a lo largo de los años oscuros de silencio, sin que nosotros fuéramos conscientes de ello, y nos guio por fin a nuestro reencuentro.

Y cuando se entreabrieron nuestras cajas de recuerdos, descubrimos que lo que había allí dentro era mucho más intenso y poderoso que lo que nosotros podíamos imaginar. Y un vertiginoso mes de enero descubrimos que la corriente surgida de aquellas cajas, como la resaca de las olas del mar, nos arrastraba a los dos a aquel lugar de donde nunca hubiéramos debido salir, a aquel lugar donde supimos que siempre habíamos deseado estar. El lugar allí donde simplemente habita el otro. Y a eso es a lo que llamamos amor.

domingo, 22 de junio de 2014

Impermanencia 6


Como el aroma que queda
entre los dedos tras
tocar una flor de 
lavanda

Así la vida momento
a momento
se va

miércoles, 18 de junio de 2014

de nubes y amores





la mitad de la luna
a mitad del día

entre jirones de nubes
sobre un cielo azul

te pienso

estamos tan cerca
como se puede estar

a mitad del día
sobre un cielo azul





(imágenes de nubes atlánticas en la capital portuguesa)


domingo, 15 de junio de 2014

.s.e.n.t.i.m.i.e.n.t.os..e.n.c.o.n.t.r.a.d.o.s.


No recuerdo si celebrábamos el día del padre cuando mi hermano y yo éramos chicos, quizá porque cuando él y yo decidimos abolir el día de la madre, ella accedió con la condición de qué hiciéramos lo mismo con el de nuestro progenitor. Creo que a mi papá no le importó demasiado, o no externó sus sentimientos al respecto, cual era su costumbre. Hoy ya no está aquí para preguntárselo ni para festejarlo y tampoco estoy muy segura de haber querido hacerlo, pero lo cierto es que hoy pienso en él (difícil no hacerlo con el bombardeo de imágenes alusivas a la celebración en internet).

Huelga decir que mi relación con mi padre no fue sencilla. De hecho, fue tan compleja que durante sus dos últimos años de vida no tuvimos comunicación alguna. Fui a su funeral, después de que mi tía, su hermana mayor, me avisara primero que estaba en el hospital y a continuación que no había sobrevivido el procedimiento al que fue sometido. O sea que nunca nos despedimos ni aclaramos lo que había sucedido entre nosotros.


San Agustín Acolman,  hacia 1974

Hoy, sin embargo, puedo recordar también el gran cariño y complicidad que nos unió, aun teñidos a veces de confusión y ambigüedad. (Ya en otro lugar, esta foto sirvió de inspiración para describir esa mezcla de sentimientos.) Entonces, yo tendría 11 años y él, 40. Visitábamos el templo y exconvento de San Agustín de Acolman, en cuyos jardines hicimos un picnic al regreso de Teotihuacán. Entre otras cosas, llevábamos tortilla de papa (de patata, diría mi abuela). Hoy no puedo prepararla sin pensar en él, que me enseñó a hacerla. Hoy me gustaría tener la oportunidad de decirle que, a pesar de todo, lo quise y lo quiero. Hoy me gustaría que supiera que he vuelto a ser feliz. Me encantaría que eso lo hiciera feliz a él también.

sábado, 14 de junio de 2014

pesadilla 2


Estoy en un restorán, con familiares no bien identificados y con mi madre. El capitán es un sobrino con quien no he tenido mucho trato. Me traen el plato que ordené; se ha colado en él una cucaracha. Grito al verla. Los demás no se inmutan demasiado. Alguien pide que me lo retiren y siguen como si nada. Los comensales se paran de la mesa y me quedo sola. Busco a mi mamá. Necesito hablar con ella. No encuentro la manera de alcanzarla. Me ignora.

Despierto repitiendo la palabra "desolación". (El DRAE dice que desolar es 2. tr. Causar a alguien una aflicción extrema.). Supongo que así me dejó el sueño, desolada, como lo estuve hace tantos años.

Entonces te pienso y me acuerdo de la sensación de estar entre tus brazos y la tristeza enorme va despareciendo...



Barajas, 5 de mayo de 2014


martes, 10 de junio de 2014

Momento barcelonés al alimón


Te imagino en Barcelona en 1995, cuando nos despedimos (calle Francesc Pérez Cabrero) y yo pensé que podría ser para siempre.  Rocé con las yemas de mis dedos tu espalda como deseando absorber el tacto de tu piel a través del vestido y te miraba deseando absorber el color de tus ojos tristes. (jri)


*

Se me llenan los ojos de lágrimas por aquel momento, porque el tacto de las yemas de tus dedos se quedó en mi espalda, casi imperceptible pero presente, como una compañía que me protegía y me recordaba que merecía tu amor y en mis ojos tristes se quedó también la tristeza de los tuyos... (aim)




Barcelona 2014

Invitado: Antonio García de Diego


viernes, 6 de junio de 2014

Retratos 2


Yo no soy mucho de hacer fotos de gente, salvo cuando fortuitamente alguien se cuela en mis encuadres sin que me dé cuenta. Sin embargo, de ti, amor, también hice retratos, aunque muchos menos que los que tú me has hecho a mí. Pero no cabe duda que cada uno de los clics con que te capturé surgió de la fascinación por tus ojos amorosos, del encantamiento por tu presencia a mi lado, de la celebración de estar compartiendo, por fin, un camino que hoy sabemos que iniciamos hace casi 34 años. Te amo.


Lisboa
Lisboa

Lisboa

Lisboa

Lisboa

Lisboa


Lisboa

Lisboa

Lisboa

Vilanovia i la Geltrú


Vilanova i la Geltrú

Vilanova i la Geltrú


Vilanova i la Geltrú
Lisboa

Barcelona

Lisboa
Lisboa

Lisboa