viernes, 30 de agosto de 2013

Invitado: Karmapa 17


El amor puede tener esta cualidad vasta, que todo lo abarca. Se le puede permitir extenderse hasta que permee el centro mismo de nuestras relaciones. Sin embargo, con frecuencia, en lugar de darle espacio al amor para que se expanda, lo encajonamos con nuestras expectativas. Las expectativas hacen que nuestro amor dependa de si la relación satisface nuestros deseos o no. ¿Cómo puedes esperar que el amor perdure cuando le exiges que cumpla con tus condiciones y actúas como si fueras el dueño de la otra persona?




Original en inglés aquí.
Traducción de Adela Iglesias

lunes, 26 de agosto de 2013

domingo, 25 de agosto de 2013

>>>homeward bound<<<

para IE y NLE, que están por empezar el viaje...

El año que cumplí 20 (hace 30) me fui a Europa con una amiga antes de entrar a la universidad. Muchos detalles de ese viaje se han perdido entre las grietas de mi memoria y otros vuelven de pronto con una nitidez asombrosa, disparados por una variedad de sucesos, más o menos grandes.

Resulta que en estos días una amiga que lleva viviendo tres años en Madrid, emprende el camino a casa y a propósito de este proceso, pidió a sus amistades que compartiéramos con ella canciones alusivas al tema de viajar. Frente a su propuesta me transporté de inmediato al metro (el famoso tube, a miles de metros bajo la superficie de la tierra) de la ciudad de Londres, primer lugar que visitamos en aquel 1983.

Me veo enfundada en una chamarra azul que acabó gris después de semanas de viaje en que la primavera no acababa de manifestarse. Parada frente a las vías del metro, esperando y preguntándome dónde estaba mi hogar, al ritmo de Simon & Garfunkel.





Al salir de la estación compré una postal para mandarle a un chico del que estaba enamorada. Era un barco navegando en una extensión azul que supongo el artista concibió como agua y a mí me parecía el cielo. Así se lo escribí al susodicho, al tiempo que le contaba mis dudas sobre el significado de ir rumbo a casa.

No creo haber resuelto del todo la cuestión, pero cada día me queda más claro que la respuesta está adentro, no en millones de afueras que se van desgranando con el paso del tiempo.


...de regreso a casa, que la encuentren pronto

viernes, 23 de agosto de 2013

///rayos y truenos///

De niña, las tormentas, especialmente las eléctricas, me asustaban muchísimo. Las recuerdo muy vívidamente en Cuernavaca, cuando dormía en el nicho en la alcoba de mi abuela Rosa. Entonces me hacía bolita abajo de las sábanas y esperaba, aterrada, a que pasaran. No me atrevía a llamar a mi abuel.

De mi recámara en el departamento de mis padres en la Ciudad de México, no guardo casi memorias relacionadas con la lluvia. Pero sí recuerdo que uno de mis vecinos del piso de arriba, probablemente el que era más o menos de mi edad (la pareja tenía tres hijos hombres), alguna vez me dijo que no viera los rayos directamente, pues me podía quedar ciega. O a la mejor lo dijo el más chico cuando hablaba de la llama de un vela. Imposible saberlo hoy, aunque sí sé que ambas advertencias eran vanas.

Supongo que al comienzo de mi vida adulta, mi relación con los truenos se volvió más o menos neutral, pues tampoco destacan otros recuerdos, salvo el hecho de que al padre de mi hijo, mi esposo entonces, las tormentas eléctricas le fascinaban. En alguna ocasión nos agarró una en medio del campo y él, lejos de preocupase, me invitó a disfrutarla. No sé si llegué a tanto, pero mi miedo había sin duda disminuido.

Y, entonces, divorciada y viviendo sola con mi hijo, descubrí que los rayos y, sobre todo, los truenos me empezaban a gustar. Por un lado, me regalaban la compañía del Santiago niño en mi cama (con una bienvenida mayor o menor), que corría asustado a acurrucarse conmigo y, por el otro, me hacían sentir viva: ese estruendo, desde la seguridad de mi casa, empezó a emocionarme. Y aunque nunca llegué a explicarle al tercer o cuarto amor de mi vida que mi intensidad para amar (de la cual se escondió como niño asustado) seguro estaba conectada con la intensidad de las tormentas tropicales, ya no había vuelta atrás en mi romance con ellas.

Anoche, cuando decidí dejar la ventana abierta y dejar que la luz, el sonido y los chorros de agua se metieran a mi recámara a través del mosquitero y de las persianas, llenando todo de frescor, me di cuenta que ya no necesito cerrar la ventana para sentirme segura o evitar que se moje el piso...

jueves, 22 de agosto de 2013

lunes, 19 de agosto de 2013

Invitado: Bokar Rinpoché


Vida armoniosa

Como aves que se posan juntas en la copa de un árbol para luego dispersarse,
Estamos juntos durante un lapso muy corto,
Así que hace sentido vivir en armonía, en amistad incondicional.




Aquí la versión en inglés.
Traducción al español de Adela Iglesias

viernes, 16 de agosto de 2013

...extrañamiento...

Hoy mi papá habría cumplido 79 años. Se hubiera muerto otra vez de la pura impresión. Llegar a viejo nunca estuvo en sus planes y a mí me resulta imposible imaginármelo. (Murió seis meses antes de cumplir los 65.) La imagen que guardo de él en mi memoria debe andar por ahí de sus 50 años (mi edad actual), aunque cuando dejé de verlo tendría 62.

A veces me pregunto cómo hubiera sido nuestra relación en este momento. Y sé de sobra que el hubiera no existe, pero así se manifiestan, hoy por lo menos, la nostalgia y el extrañamiento.

Hoy también se cumple un año (lo recuerdo porque coincidió con el cumpleaños de mi papá) de la última vez que nos vimos como amigas and I still can't get over itQuizá se trate más bien de dejar de intentarlo...

A mi pá (como dice Fuen), la dejo estas rosas que supongo le habrían gustado:




jueves, 15 de agosto de 2013

"¡Qué bonito cielo!", dijiste mientras íbamos hacia el coche. Yo había salido un poco antes y pensaba en alguna buena metáfora para describirlo. Tú le pusiste palabras a mi búsqueda, sin rodeos ni artificios.

martes, 13 de agosto de 2013

Invitado: Shabkar


Maestros en el camino


Al principio tomé al maestro como el maestro,
A la mitad tomé las escrituras como el maestro,
Al final tomé mi propia mente como el maestro. 


Del libro The Life of Shabkar: The Autobiography of a Tibetan Yogin (La vida de Shabkar: La autobiografía de un yogui tibetano)
Traducción al español del fragmento por Adela Iglesias
Versión en inglés, aquí.

lunes, 5 de agosto de 2013

domingo, 4 de agosto de 2013

Invitado: Nagáryuna


El placer de estar sin deseo

Hay placer cuando una herida se rasca,
Pero estar sin heridas es aún más placentero.
Justo así, hay placeres en los deseos mundanos,
Pero estar sin deseos es aún más placentero.

Traducción al inglés de Jeffrey Hopkin
Traducción del fragmento al español de Adela Iglesias

Del libro Nagarjuna's Precious Garland: Buddhist Advice for Living and Liberation (La guirnalda preciosa de Nagáryuna: Consejos budistas para la vida y la liberación)
Puedes leer el texto en inglés aquí.
 

viernes, 2 de agosto de 2013

chayotes



Y aquí dos fotos tomadas por mi amiga Aleema Fontaine
quien, gracias a la magia de las redes sociales, me las prestó
 para ilustrar la entrada anterior.

de chayotes y corazones

El martes pasado fue martes de Juana, es decir, buena comida recién hecha. Mientras ella cocinaba, yo trabajaba en mi estudio, envuelta en aromas provocativos, unos suaves, otros más intensos.

En un descanso, me levanté por un té y descubrí a Juana preparando chayotes. Llegué justo a tiempo: Aún no les quitaba las pepitas. Inmediatamente me lancé sobre ellas, y me fui comiendo una a una, con una pizca de sal. "A mí también me gustan mucho", me dijo. "Cómase alguna", le respondí. "No, aprovéchelas usted, que yo siempre estoy en la cocina...".

Le conté cómo mi abuela Rosa, cuando cocinaba chayotes, nos llamaba a mi hermano y a mí y nos regalaba las pepitas. Desde entonces me parecen un manjar, que no disfruto con mucha frecuencia.

En menos que canta un gallo (no que haya ninguno cerca), me acabé las pepitas.

"Ahora sí ya los dejó todos sin corazón", comentó Juana.
"Como he hecho con tantos otros", respondí. Frase de proporciones dramáticas, aunque en realidad son esos tantos otros quienes me han dejado descorazonada a mí.

jueves, 1 de agosto de 2013


Una mujer con sombrero amarillo sale al balcón a regar sus plantas, colgadas de un barandal de hierro forjado.
Yo la miro mientras conduzco hacia mi cita con el dentista. Ella no se entera.

Quizá no valga la pena buscarle un sentido a la vida.