martes, 20 de agosto de 2019


comienza a llover
el olor del agua se mete por mi ventana
permea mi cuarto
y me recuerda
que el sabor de la soledad
puede ser dulce


viernes, 16 de agosto de 2019

.8.5.














Ayer salí a la farmacia y, de regreso, me di una vuelta por los jardines del condominio. Entonces me llegué hasta el fondo del predio, más allá de la segunda alberca, donde viven estos dos árboles  —flores de mayo o jacalasúchiles—, que hace muchos años plantamos Santiago, su padre y yo . Su origen fueron un par de ramas que se habían desprendido de un árbol igual en casa de una amiga en Tepoztlán y que nos trajimos de regreso a Cuernavaca. Empezaron en una maceta más o menos pequeña y, a medida que crecían, las íbamos cambiando de contenedor. Al final, decidimos que estarían mejor en la tierra, aunque cuando nos fuéramos de este lugar no nos los pudiéramos llevar. Y entonces los dos jacalasúchiles crecieron y crecieron, casi como un solo árbol, ocupando la esquina donde terminan los edificios.

De camino a mi departamento, recordé, cómo no, aquella vieja canción titulada "Mi árbol y yo", del cantautor argentino Alberto Cortez, fallecido apenas en abril de este año. Y eso me llevó, cómo no, a pensar en mi papá, que hoy cumpliría 85 años (otro leoncito). Una buena parte de la BSO de mi vida (sobre todo de mi juventud, antes de dejar la casa paterna) estuvo determinada por los gustos de él. Entre sus intérpretes populares consentidos destacaba, sin duda, el argentino. Yo lo escuchaba también y me sabía varias de sus letras de memoria.

Después de mucho tiempo, lo vuelvo a escuchar y pienso cómo me gustaría poder pasar un rato con mi papá, a sus 85. Siempre digo que no me lo puedo imaginar con tantos años, pero hoy, sí, un poco. Me gustaría pensar que sería un viejo simpático (ya lo era de joven, pero siempre tuvo que estar demasiado pendiente de guardar la formas). Tal vez con la edad habría podido dejado atrás, finalmente, el qué dirán y las convenciones (en lugar de haberse tenido que marchar tan pronto él mismo). Me gustaría pensar que hablaríamos mucho (como la tía y el sobrino de las Retahílas de Carmen Martín Gaite, otra de sus consentidas) y que, quizás, llegaríamos a decirnos muchas cosas sin tapujos y sin miedo. Quizás hasta podríamos perdonarnos. Y tal vez estaría contento de acompañarme en esta etapa de mi vida. Quién sabe.


Hoy solo puedo recordarlo y celebrarlo aquí, en la intimidad de mi espacio, y desearle que sea feliz donde quiera y como quiera que esté.

Te quiero, pa, a pesar de todo, y te dejo por aquí a tu Alberto Cortez con su árbol:




jueves, 15 de agosto de 2019

Invitado: Dilgo Khyentse Rinpoché


La práctica diaria es simplemente desarrollar una aceptación y apertura completas ante todas las situaciones y la emociones, y ante todas las personas, experimentando todo totalmente sin reservas y bloqueos mentales, de modo que uno nunca se retraiga o se centralice en uno mismo. 






Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

miércoles, 14 de agosto de 2019

s i n v e r g ü e n z a 2





Hace casi tres años, hablé acá de esa planta que donde quiera que cae echa raíces, la sinvergüenza, según el apelativo popular. (Quizá la podríamos llamar mejor superviviente o chingona...)

Esta vez, iba de camino al peluquero (estilista, diría él) y, al doblar en la esquina donde queda su lugar, vi de reojo un montón de florecitas rosas sobre hojas lila oscuro. Como tenía tiempo, estacioné el coche y salí, cámara en mano, en su dirección.

No es la misma sinvergüenza de mi otra entrada (que tiene hojas rayadas, verdes y lilas, extendidas y no en forma de cuna como estas, y una flor quizá más pequeña y de tono más claro), pero es una sinvergüenza. Eso seguro. Todo el derredor del árbol donde crecía estaba plagado de flores lilas.

Lo más sorprendente es lo que mi camarita rosa puede hacer cuando se lo propone: unas imágenes precisas y nítidas (con minipistilos, minisombras de pistilos y hasta telarañas ) como si de un macro profesional se tratara.

Así, mi mirada se expande más allá de lo que yo misma me doy cuenta que puedo ver.

lunes, 12 de agosto de 2019

*2*3*






Así empezamos la (pre)celebración ayer de tu cumpleaños, changuito, que es hoy. Con el sol en los ojos y un encuadre típico de selfie. ¡Y por primera vez con Yare (aunque parezca que ha estado aquí desde siempre)!

Así vas, pues, con paso seguro —a veces más, a veces menos, como nos pasa a todos— caminando por la vida. Ahora inicias la carrera donde haces lo que más te gusta (leer y escribir) y has iniciado, también, una relación amorosa, acompañando y en compañía. ¡Me alegro tanto! Y me alegro también de poder estar a tu lado, más o menos cerca.




Y así como ayer los planes fueron cambiando y acabamos celebrándote de manera imprevista, así  hay que hacer en la vida a veces: cambiar de juego (como nos ha enseñado Yare) e irnos acomodando según se presenten las circunstancias.




Con un pastel de pingüino/torma y unas galletas que se prestaron para sostener cinco velitas (la suma de los dígitos de los años que cumples), por ejemplo.

Que la vida te sonría siempre (o casi) y que cuando no te sonría, encuentres la fuerza, la compañía, el amor y la confianza para volver a sonreír tú.


Te quiero. 



viernes, 9 de agosto de 2019

Invitado: Karmapa 17


Estos días no es fácil sentirnos a gusto y satisfechos puesto que estamos rodeados de anuncios —en la televisión, los sitios del internet y nuestros teléfonos celulares—, los cuales incrementan nuestro deseo y continuamente nos distraen. No podemos simplemente forzarnos a estar satisfechos, así que necesitamos voltear hacia dentro y entrenar nuestras mentes. Si podemos hacer esto, no seremos arrastrados por nuestros deseos y estos empezarán a disminuir, y entonces estaremos más contentos y apacibles.





Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

martes, 6 de agosto de 2019

p.a.r.e.i.d.o.l.i.a. .2


En el camino entre el consultorio y mi casa, me encuentro con estas flores rojas, parecidas a las bugambilias, de lejos, pero muy suyas, de cerca. Les hago varias fotos, claro, y escojo una para subir al feisbuc.




—Parece que hay un tiburón nadando en la flor c: —comenta Santiago, después de indicar que le encanta mi nueva foto de portada.

Me esfuerzo por encontrar el escualo, pero yo lo que veo es un ave planeando hacia el centro de la flor. Entonces cambio el enfoque y creo ver el pez. Lo confirmo con Santiago, que ha entrado a mi estudio. Y sí, el tiburón y el pájaro corresponden a la misma sombra y son un ejemplo de pareidolia, como explicaba acá: percepción errónea de un fenómeno (en general una imagen) como una forma reconocible. La cuestión no es grave, siempre y cuando no nos aferremos a esa percepción como una verdad incontrovertible.


Y para mí, lo mejor, sin duda, es el diálogo continuado con mi hijo,
quien muchas veces me anima a ver lo que no había visto.

lunes, 5 de agosto de 2019

Invitado: Chogyam Trungpa Rinpoché


¿Es mala la negatividad?

Todos experimentamos la negatividad: la agresión básica de querer que las cosas sean diferentes de como son. Nos aferramos, defendemos, atacamos, y durante todo el transcurso hay un sentido de nuestra propia infelicidad, así que culpamos al mundo por nuestro dolor. Vivimos la negatividad como algo desagradable, maloliente, algo de lo que queremos deshacernos. Pero si la examinamos más profundamente, tiene un aroma muy jugoso y está muy viva. La negatividad no es mala en sí, sino que es algo vivo y preciso, conectado con la realidad. 




Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

jueves, 1 de agosto de 2019

Invitado: Karmapa 17



No separado de ti


La compasión es más que la simpatía y más que la empatía. Con la simpatía y la empatía, la mayor parte del tiempo hay un sentido de colocar el objeto de tu simpatía allá y de entender, hasta cierto punto, su situación o el lugar de donde proviene. La compasión es más profunda y se siente con más fuerza que eso. Con la compasión, no vives a la persona como un objeto que está allá, separado de ti, sino que más bien tienes el deseo o el sentimiento de que tú te has convertido en el otro. Ese es el tipo de sentimiento al que aspiramos. La compasión implica salir de donde estás y pasarte a la posición del otro, incluso dar un salto al otro lado, a su posición. 

En breve, la compasión nos convierte en una parte de los demás. Nos saca de nuestro propio espacio y nos mueve hacia el lugar del otro. La compasión no se trata de permanecer en nuestro propio espacio, mirando el sufrimiento ajeno desde arriba y llamándonos compasivos.

Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

martes, 30 de julio de 2019

la flor azul


Para Ma. Eugenia, que sabe hablar y escuchar
de amistad y desencuentros
(Gracias)

En Chimal, en la casa de mi comadre, hay muchas flores. La mayoría son pequeñas. O medianas. Y cíclicamente se asoman por los rincones del jardín. Cada estación me las vuelvo a encontrar. Iguales y diferentes.

Las rosas están entre las de mayor tamaño. Hay rosas rosas y rosas rojas. Y otras color granate, más pequeñas, que crecen en racimo. «Siete hermanas» les decía mi abuela Rosa.

Y los floripondios, claro. Esos son gigantes. De color durazno pálido.

Hay margaritas amarillas, justo enfrente de la ventana de la cocina, y aretillos rojos, al fondo del jardín, donde tienen su casa los pollos. También hay unas minúsculas, de color lila, las de la sinvergüenza, que duran apenas un día.

A principios de año, las dos jacarandas, que tiene en un par de macetas, se llenan de sus navecitas moradas. Y los geranios y malvones —rojos, naranjas, rosas, lilas— florean todo el año.

Y una vez al año, en la época de lluvias, sale la flor azul. Antes, al fondo del jardín, escondida, sigilosa. Ahora, en una maceta cerca de la mesa de vidrio donde desayunamos o comemos si hace buen tiempo. Si no llueve. Si no está demasiado fresco. Y dura, también, un día. En esta visita, vi por lo menos dos, porque ahora la planta es grande y la flor, cuando se marchita y se seca, da pie a un saco de semillas, que le permiten seguirse propagando.

Y aun sabiendo que será más común que antes, sigue manteniendo un halo mágico. Como de planta de cuento que, cuando el protagonista tiene la suerte de encontrarse con ella, le concede algún deseo o le hace realidad algún sueño.

Aquí, pues, la flor azul de este año:




jueves, 25 de julio de 2019

Invitado: Chamtrul Rinpoché


Recuerda siempre que la manera como reaccionamos ante cada momento de nuestra vida reforzará nuestros hábitos negativos o nuestros hábitos positivos. Sin importar cuán desafiante pueda ser la vida, cada momento puede verse como un problema o como una oportunidad. Si podemos entender esto, podemos empezar a traer nuestra vida entera al camino.





Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

martes, 23 de julio de 2019

Autorretrato fragmento 4


fragmento
Del lat. fragmentum.

1. m. Parte pequeña de alguna cosa quebrada o divididaU. t. en sent. fig.


en el cielo reflejado
en una fuente
en un jardín
en 
Cuernavaca

lunes, 22 de julio de 2019

hallazgo 23


Hace unos días caminaba a mi cita con el homeópata (mi coche se lo había llevado el mecánico) después de una sesión de intercambio compasivo. En una pared, me encontré con este corazón. Me sorprendí y (por supuesto) lo fotografíe: Justo había estado trabajando con mi propio corazón bajo la guía de Isa. Descubrimos cómo estaba bien, vulnerable (como debe ser un corazón), en versión fisiológica, pero jalado entre dos fuerzas: la de la cabeza, que se manifestó como una cinta de hierro negro que terminaba en una especie de cabeza en forma de gota, negra también, y me remitía a la energía de mi padre: racional y crítica. Por el otro lado, había más bien una ausencia, un hueco en la energía que reside debajo del ombligo, fuente de la creatividad y la intuición. La cabeza negra amenazaba con ocupar ese lugar también, pero el corazón sabía que no era conveniente si quería alcanzar un equilibrio. Y entonces, habló con la fuerza negra y le dijo que no hacía falta que ocupara tanto espacio, que la tomaría en cuenta, pues tenía algunas cosas importantes que decir, pero nada más. La cinta racional volvió a su lugar, dejando espacio a un tejido verde claro, como de hierba recién nacida, que empezó a surgir en la parte baja del vientre. Al final el corazón, en versión dibujo y de color rosa, quedó equilibrado entre el negro y el verde, entre la razón y la intuición, más o menos así:





Y yo, mucho más tranquila y abierta, for the time being.
(Gracias, Isa, otra vez.)

domingo, 21 de julio de 2019

Invitado: Chagdud Tulku Rinpoché


No cargues a los demás con tus expectativas. Entender sus limitaciones puede inspirar compasión en lugar de decepción y asegurar relaciones beneficiosas y trabajables. Recuerda que disponen solo de poco tiempo para estar juntos. Agradece cada día que compartan.




Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

martes, 16 de julio de 2019

p.o.e.m.a.g.e.n



                       Una mantis
                                          guarecida en una rosa
                                                                            de pétalos
                                                                                             salpicados por la lluvia

viernes, 12 de julio de 2019

Invitado: Mingyur Rinpoché




Mantener la conciencia


Mientras que puedas mantener la conciencia o atención plena, no importa lo que suceda en tu práctica, tu práctica es meditación. Si observas los pensamientos, eso es meditación. Si no puedes observar tus pensamientos, eso es meditación, también. Cualesquiera de estas experiencias pueden ser apoyos para la meditación. Lo esencial es mantener la conciencia, independientemente de los pensamientos, emociones o sensaciones que aparezcan. Si recuerdas que la conciencia de lo que sucede es meditación, entonces la meditación se vuelve mucho más fácil de lo que podrías pensar. 


el laurel y la luna

Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

martes, 9 de julio de 2019

balcón 3












En el balcón de doña Pina las estaciones hacen lo que se les da la gana. Se mezclan. Se enciman. Se quitan los nombres.

O tal vez sea que el balcón de doña Pina no se preocupa por las estaciones. Sus plantas florecen cuando les apetece.
No cuando deberían.

Hace un par de días, me pasé por ahí, como hago con frecuencia, y me encontré con este cempasúchil en pleno verano.

Qué más da que no sea la época de muertos.
Y que este cempasúchil de doña Pina                                   
 no tenga veinte pétalos.
   Es un sol encendido que alumbra el balcón                                     
y a quien se pasa por allí.



viernes, 5 de julio de 2019

Autorretrato 9


Cuando la vida deja de hacer sentido
Y el virus del pasado ataca de nuevo
Solo queda reconocer que es un virus
Que pasará y que la fuerza, la confianza y la salud
Volverán a salir a flote
                                  si las dejamos.

Como surge una imagen roja
Sin intención
Solo porque la vida se coló
                                        en la cámara
                                                             con la luz
                                                                            en una ventana cualquiera.




miércoles, 26 de junio de 2019

Invitado: Karmapa 17




Distinguir entre deseos y necesidades 


Es importante que desarrollemos el hábito de distinguir entre los deseos y las necesidades, porque está en juego mucho más que solo nuestro propio bienestar personal. Solo tenemos que ver la rápida degradación de nuestro ambiente natural para notar los efectos destructivos de nuestro consumismo. 
Happy birthday, Your Holiness!
May your compassionate enlightened activity pervade the hearts of all sentient beings and lead them to build toghether an awakened world where love and cooperation dictate the way to interact with each other...

Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

martes, 25 de junio de 2019

Invitado: Chogyam Trungpa Rinpoché



Mensajes constantes, respuestas constantes

El karma es uno de los puntos más importantes de la tradición budista. Significa que tu mundo no está dictado por un poder superior, un poder cósmico, una deidad externa, o Dios. En cambio, tu funcionamiento en la vida es constantemente un resultado de tus acciones previas. Las personas reciben mensajes constantemente —si van demasiado rápido o si están disminuyendo la velocidad, si se están desconectando o no, lo que sea que estén haciendo—. Te llegan respuestas constantes, lo cual es una expresión del karma: causa y efecto.







Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

lunes, 24 de junio de 2019

Happy birthday to my teacher, dpr!


May the drops of your compassion and wisdom refresh and liberate all the cornerns of the universe.
May you and your loved ones be happy and free from suffering.
I love you.

sábado, 22 de junio de 2019

4 imágenes de junio


gotas

en la alberca, la jacaranda, la farola y el cielo

camino de bugambilias

el geranio, la telaraña y la reja

domingo, 16 de junio de 2019

goodbye time



Invitado: Thrangu Rinpoché




Tomar el dolor y la enfermedad como el camino  



Cuando te enfermas, no deberías de regodearte en la enfermedad. No te enfoques en el dolor, pensando:
«Estoy enfermo. Me duele la cabeza. Me duele el diente». Eso es regodearse en la enfermedad. El dolor y la enfermedad  simplemente suceden, y cuando lo hacen, no podemos nada más detener la sensación. En cambio, podemos descansar, relajando nuestra mente y dejándola asentarse en la naturalidad en relación con la esencia de la sensación misma sin ningún sentimiento de  desagrado o de no quererla, observando la esencia de la sensación misma. En los sutras, a esto se le llama el fundamento de la atención plena de la sensación.


Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

viernes, 14 de junio de 2019

f.l.o.r.i.s.t.a


Cuando regreso caminando de la escuela, suelo ir cámara en mano. Uno de los puntos clave en mi trayecto en pos de imágenes es el puesto de flores que se pone todos los días frente a un portón a medio camino entre el colegio y mi casa. Lo que más me gusta es que no haya nadie atendiendo el lugar. (La florista, quien vende flores y prepara adornos florales para su venta, como dice el DRAE, suele estar detrás de la puerta. Me imagino que vive ahí con su familia, quizás cuidando un predio que parece grande.)

Me gusta, pues, encontrarme con el puesto desatendido porque entonces puedo tomar alguna que otro foto, rápido, a hurtadillas, casi subrepticiamente, y hacerme de una dosis de adrenalina, pues siento como que me robo algo. (La verdad es que cuando la florista o alguien de su familia me han cachado, han sonreído. De hecho, he llegado a pedirles permiso para hacer las fotos, pero eso es menos divertido.)

Las flores más constantes son los girasoles.

Detrás de ellos, suele haber otras flores, como estás que podrían ser dalias.





Y de pronto, me encuentro con alguna sorpresa como esta: flores de ajo, ni más ni menos, según me explicó la florista cuando le compré unas la semana pasada.


A veces me llevo unas como estas y las mando hasta Argentina para celebrar el cumpleaños de una amiga queridísima.


O simplemente disparo mi cámara al pasar, antes de que salga la florista y, ya en casa, veo qué flores se colaron en mi vida.











A veces también me pregunto qué hago sacando fotos de flores cuando en mi país siguen muriendo jóvenes, víctimas de la delincuencia, o mis exalumnos, de los sensibles e inteligentes e informados, comparten posts en Facebook diciendo que dejemos de hacer planes, pues podríamos extinguirnos antes del 2050 a causa del calentamiento global. 

Y como no me puedo contestar, hago fotos de flores...

jueves, 6 de junio de 2019

Invitado: Jamgon Kongtrul Lodro Thaye


Sinopsis de todas las enseñanzas

La mente misma y la naturaleza verdadera de los objetos no tienen ninguna realidad en absoluto, están más allá del intelecto y son inexpresables. Este solo punto bien podría ser la sinopsis de todas las enseñanzas. 




Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

martes, 4 de junio de 2019

Caperucita remasterizada

(hallazgo 22)


Está Caperucita, una niña pequeña, de cinco o seis años, parada en mitad del bosque. En un claro, pequeño también, rodeada de árboles enormes, cuya copa no alcanza a ver. Está oscuro porque se cuela poca luz entre las ramas. Caperucita, que soy bastante yo, claro, está asustada, sobre todo porque no sabe para dónde ir. Porque teme que el lobo salga en cualquier momento de cualquier lugar. (No lleva canasta ni va a ver a su abuelita, solo quiere encontrar una forma de volver a moverse.)

—¿La puedes acompañar? —me pregunta Isa.
—Yo creo que sí —le respondo y me le uno a la niña en el claro del bosque.

Le tomo la mano y las dos nos sentimos mejor. Sabemos que el lobo puede aparecer, pero ahora sentimos que lo podemos enfrentar. Entonces, lo distinguimos entre unos árboles. Podríamos patearlo, pienso y se lo digo a la niña. O aventarle piedras, para que se vaya. Pero cuando el lobo sale de las sombras, vemos que está flaco y descolorido, macilento, y viejo. El pelaje gris se ve casi blanco. Y entonces lo invitamos a reunirse con nosotras. Él se acerca, aliviado, y recibe agradecido las caricias que le damos. Y nosotras nos sentimos bien, acompañadas, como más completas.

Volteamos hacia arriba y alcanzamos a ver las copas de los árboles, el azul del cielo, la luz del sol que nos alcanza. Y emprendemos camino, juntos, sin destino definido, pero contentos y entusiasmados. Hacia una casita, quizá, o hacia el mar, que debe estar lejos porque estamos en un bosque, pero qué importa. Por cierto, Caperucita se deshace de su caperuza, que ya le viene estorbando.

El "te lo dije" que había llevado, en primera instancia, a la niña a ese sitio oscuro y amenazador se convierte en un "te lo dije" de los que confirman que las cosas pueden tener un mejor (e inesperado) final. Ahora somos tres que nos podemos apoyar en lo que la vida nos presente.
                              
En las despedidas.
                          En los sueños.
                                              En lo que venga.