viernes, 19 de abril de 2019

Viernes Santo


Salgo rumbo al consultorio. Sí, solo a mí se me ocurre citar a una paciente en Viernes Santo (así, con mayúsculas, no sé bien por qué...). Me voy caminando y la calle tiene un aire sepulcral. Todo está cerrado, casi no hay coches ni gente. Solo pájaros, muchos pájaros diferentes. Que cantan, gorjean, trinan y, de pronto, se dejan ver entre las ramas de un árbol o en el cielo entre un árbol y otro. También están los que planean más alto, zopilotes supongo, con el azul nublado de fondo. 

A más de medio camino, empiezo a ver decoraciones blancas y moradas sobre algunas casas. Y altares. Con velas, flores y el Cristo. Y la gente se va juntando. Van en procesión, con micrófono y toda la cosa y se paran en cada altar. Estaciones les llaman. No alcanzo a saber cuántas son. Sí que en alguna la Verónica le ofrece un paño y en otra él consuela a las mujeres que lloran.

Yo me cuelo entre los devotos y destaco porque voy más rápido y no tengo cara devota ni me paro a rezar. Me preocupa que me tapen la entrada al consultorio. Me adelanto y alcanzo a tomar algunas fotos. Es una fe que no comparto, pero que es parte de mi entorno. Es mía también en una medida extraña y mínima.

Al final entro al consultorio y me asomo por la ventana, cuidando de que no me descubran. No quiero ser irrespetuosa, pero la curiosidad me gana. Oigo hablar de cómo nos estamos volviendo paganos. Yo ya lo soy y no me preocupa.

Y así sigo esperando a mi paciente, que al final no llega. Entonces me salgo al jardín, mientras sigo oyendo el final de la procesión y haciendo fotos experimento. De mí. De flores. Hasta que decido volver a casa. 



En el camino de vuelta, el aire sepulcral se ha levantado. Hay más coches. Más ruido. Más pájaros. Una corona de espinas. Y tapetes de flores de tabachín. 




martes, 16 de abril de 2019

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo



Identificación con nuestros pensamientos y sentimientos




Cuando estamos enojados, cuando estamos emocionados, cuando estamos deprimidos, cuando estamos entusiasmados, estamos completamente sumergidos en nuestros pensamientos y sentimientos y estamos identificados con ellos. Es por ello que sufrimos. Sufrimos porque estamos completamente identificados con nuestros pensamientos y sentimientos y pensamos esto soy yo. Esto es quien yo soy. 


Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

miércoles, 10 de abril de 2019

*****56******


Hace cinco días, el 5, cumplí 56 años. Los días anteriores al cumpleaños fueron difíciles esta vez. Bastante difíciles.

(Aciagos sería una exageración, quizá, pero la palabra me gusta y más saber que viene del latín medieval: aegyptiacus [dies] '[día] infausto'; literalmente '[día] egipcio'. Aunque el diccionario no explica por qué un día egipcio acabó siendo un día infausto, infeliz, desgraciado o de mal agüero.)

A mí se me juntaron varias cuestiones de salud, no graves, pero incómodas: Una tos que duró 5 meses, la extracción de una muela (con endodoncia y rota) que tardó en cicatrizar el triple de lo previsto y, finalmente, una caída sobre las rodillas cuando una de las gatas que vive en mi consultorio, Tantra, se me metió entre los pies y me hizo perder el poco equilibrio que me quedaba... (a una semana y pico del dichoso cumple).

La lesión en las rodillas me llevó de emergencia a la Cruz Roja (radiografías = sin fractura) y al especialista (quien extrajo una jeringa llena de sangre de la rodilla + medicamentos varios para la inflamación y el dolor + hielo) al día siguiente. Ah, y encima de todo, empecé a ver luces, provenientes del interior de mis ojos y acabé de emergencia casi en el oftalmólogo, quien determinó, por fortuna que mis retinas están bien, pero la catarata del ojo izquierdo necesita operarse YA.

Todo esto junto cristalizó en un ataque de vulnerabilidad, que casi llegó al pánico los días siguientes. Y, sí, el telón de fondo es la conciencia del envejecimiento. Qué se le va a hacer.

Aparejado a estos cambios físicos, están, también, los emocionales. La inminente despedida, otra vez, de mi hijo (y ahora también de su novia, con quien me he encariñado profundamente). La inminente soledad. Otra vez.

Entonces, llegado el 5o día de abril, decidí que podía emprender un.nuevo.comienzo (que puede hacerse en cualquier momento que uno lo decida, si se da cuenta). Y empezó con Bruno, estilista-terapeuta-amigo y su mano mágica.

El.nuevo.comienzo no me libra, claro está, del procesamiento de los pendientes presentes, viejos y antiquísimos (búsqueda de terapia, nuevamente; lectura de un libro buenísimo, Alquimia emocional, sobre los patrones mentales propios y la forma en que nos provocamos nuestro propio sufrimiento).


Al final (y después de casi negarme a hacerlo), pude celebrar. Con Santiago, con Yare, con Luz, con Eduardo, con Ángeles y sus hijos. Y a través de las llamadas y los mensajes. De cariño. Y emprender el nuevo ciclo. Un poco a trompicones. Pero ahí voy.

Y tres días después del cumple, recibí una felicitación.regalo.carta.mensaje de feisbuc de una querida amiga, Fernanda (que fuera alumna ya hace como 10 años). Me dejó llorando. De emoción. De tristeza (de ese duelo por el paso inevitable del tiempo). De cariño. En su mensaje me hacía unas preguntas y aprovecho este espacio para contestarle algunas y cerrar mi reflexión cumpleañera.

Sí, Fernanda, son 56. Y me hacen sentir extraña. Vulnerable. Viva. Cercana a la muerte. Consciente de la muerte. Vieja. Sobre todo por fuera. Joven. Sobre todo por dentro. Confundida. Contenta. A veces. Angustiada. Otras.

Y, sí, también es esa sensación que tú tan bien describes cuando me preguntas: «Te sientes nueva o, como yo, sientes que empiezas a caminar una vida nueva después de ya haber vivido cientos de veces». Quizá sean miles de veces. O más.

Ver las efemérides ir y venir me provoca nostalgia. Tristeza. Emoción a veces. Susto, otras. (Lo azotada no se me ha bajado demasiado con el paso de los años, aunque me controla menos. Creo. O intento que me controle menos.)

Te sentí siempre cercana. Niña, no mucho. Más amiga. Hoy distante, por el espacio y la vida que nos separan. Pero reencontrada en el espacio virtual del 4 de abril, ese día que media nuestros cumpleaños y que alguna vez compartimos. Y que espero volvamos a compartir. Y me pregunto cómo serás ahora. De adulta. De 25. Lavando tu ropa en la azotea de tu casa nueva viendo Tacubaya. Como si te conociera de siempre y precisara volverte a conocer.

Intuyo la medida en que tu destino se trazó tras nuestro encuentro. (Escritora lo eras ya.) Celebro que compartamos este espacio de la escritura. A veces te leo. Y otras no. (No sé bien en dónde.) Pero conservo en mi blog enlaces a tus primeros blogs de hace añísimos. Y a veces te pienso. Y otras, como hoy, te vuelvo a escribir. Redescubro nuestro diálogo. Y, sí, la responsabilidad del oficio es extraña. Abrumadora a veces. Celebro, tanto, que hayas empezado tan joven. Sigue. Sigue siempre. Y vuelve, cuando puedas y quieras, a tus ficciones. Maravillosas.

Sigamos dialogando y reuniéndonos los 4 de abril por venir. Gracias, Fernanda. Por todo. Por ti. Por tus palabras. Por el lazo que nos une.


Y que queden como broche de oro de la nueva vuelta al sol estas flores de celebración que otra amiga nos las trajo a mi hijo y a mí, por mi cumple y por su siguiente paso en la vida:


Gracias, Frida.

  

sábado, 30 de marzo de 2019

Invitado: Khenpo Tsultrim Gyamtso Rinpoché



La fuente de todo nuestro sufrimiento


Nuestro apego o aferramiento emocional instintivo a una vaga noción de un yo es la fuente de todo nuestro sufrimiento. De la idea de «yo» viene la idea de «otro». Es a partir de la interacción entre «yo» y «otro» que surgen el deseo, el odio y el engaño. Hay muchos tipos de deseo, incluyendo la avaricia, la envidia y la tacañería. El odio puede tomar la forma de los celos, el enojo y el resentimiento. El engaño incluye la opacidad mental, la estupidez y la confusión. De estos estados mentales poco saludables surgen acciones motivadas por ellos y se manifiestan sus resultados. Los resultados toman la forma de todos los tipos de sufrimientos, de los cuales uno no puede escapar mientras que se identifique con el «yo» que está sufriendo.
 
Así, la única manera de remover el propio sufrimiento es tener la realización de la ausencia del yo. La mente de sabiduría que tiene la realización de la ausencia del yo es como la luz que remueve la oscuridad. Así como la oscuridad no puede existir en la luz, el sufrimiento no puede existir en la luz de la mente de sabiduría.



Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

lunes, 25 de marzo de 2019

a l c a t r a z


A veces, indagar en el diccionario acaba convirtiéndose en una aventura. Quién lo diría.

Todo empezó, como otras veces, en el balcón de doña Pina, mi vecina del primer piso. 
Así. Con dos alcatraces. Al sol.



Después de fotografiarlos, me di a la tarea de averiguar un poco más sobre su nombre. Y resulta que alcatraz es el nombre que en México les damos: 3. m. Méx. Planta arácea que tiene una bráctea blancaen forma de cucuruchoque rodea una columna de flores amarillas pequeñísimas.

Lo primero, entonces, fue advertir que lo que yo siempre vi como un gran pétalo blanco no lo es, sino que es una bráctea (o espata): 1. f. Bot. Hoja que nace del pedúnculo de las flores de ciertas plantasy suele diferir de la hoja verdadera, por la forma, la consistencia y el color.

Y las flores, por su parte, son minúsculas y están en esa espiga (o espádice) amarilla, donde hay tanto flores femeninas como masculinas, las primeras situadas por debajo de las segundas. (A todas ellas habrá que hacerles un acercamiento.)

Por otro lado, como vocablo, alcatraz es una variante de alcartaz. Esta última proviene del árabe hispánico alqarṭás o alqirṭás, que a su vez proviene del árabe clásico qirṭās, y este del griego χάρτης chártēs 'hoja de papiro'. Y significa cucurucho, papel arrollado en forma cónica. Claro, si bien mirada la flor de alcatraz es un cucurucho perfecto, ¿no?

Y de ahí pasé al origen de la planta y a sus diferentes nombres. Ya cuando compartí la foto en el feisbuc, mi amiga Joana la llamó lirio y mi amiga Isabel comentó que en Andalucía le decían cala. También va de cala de Etiopíaaro de Etiopíalirio de aguacartuchoflor de pato o flor del jarro. Y viene de Sudáfrica, aunque se ha adaptado a varios lugares del mundo, y se le ha clasificado como una especie tóxica para animales y humanos. Es, además, la flor nacional de Etiopía y su nombre científico es, justamente, Zantedeschia aethiopica.

Resulta curioso que si uno busca cala en el diccionario de la RAE, sí nos refiere al latín científico y consigna Calla [Aethiopica], pero en la definición desaparecen la bráctea (o espata) y el cucurucho:  1. f. Planta ornamentalpropia de suelos húmedoscon hojas radicalespecíolos largos y flor blanca en forma de copa.

Como suelo decirles a mis alumnos, las cuestiones del lenguaje no conforman una ciencia exacta y, además, corremos el peligro de perdernos entre tanta etiqueta y definición (por más fascinantes que resulten) y distanciarnos de la experiencia directa.

Para acercarnos de nueva cuenta a ella, otras perspectivas del alcatraz en el balcón de doña Pina:


















Qué haríamos sin el balcón de doña Pina...

domingo, 17 de marzo de 2019

Invitado: Tsoknyi Rinpoché


Sé gentil contigo mismo

La imagen puede contener: 1 persona, sonriendo, exterior


Sé gentil contigo mismo a medida que procedes a lo largo de este viaje. Esta gentileza, en sí misma, es un medio para despertar la chispa del amor dentro de ti y ayudar a otros a descubrir esa chispa dentro de ellos mismos. 




Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía. 

lunes, 11 de marzo de 2019

Dos pistilos



pistilo
Del lat. pistillum.
1. m. Bot. Órgano femenino vegetalque ordinariamente ocupa el centro de la flor y consta de uno más carpelosEn su base se encuentra el ovario  y en su ápice el estigma, frecuentemente sostenido por un estilo. Su conjunto constituye el gineceo.

sábado, 9 de marzo de 2019

"me gusta"


Mucho se comenta y se escribe y se discute sobre la persecución que solemos emprender tras los "me gusta", los "likes", en las redes sociales. Incluso se ha llevado al extremo en forma de ficción, como en el capítulo "Caída en picada" de la serie distópica Black Mirror.

Yo uso feisbuc, además de este blog. Y sí, me gusta cuando algo que subo le gusta a la gente. Y sí, el sentimiento es más intenso cuando le gusta a más gente. Pero la verdad es que tampoco me obsesiona.

Hace unos días, los "me gusta" que recibió una foto que escogí para mi portada del feis (que cambio con frecuencia porque tengo muchas y, así, me desaburro de alguna traducción, por ejemplo) hizo más que provocarme un alegría pasajera. Cuando me fijé que varios "amigos" la likeaban (qué horror de palabreja, ¿no?), me detuve a verla y entonces la vi, como por primera vez.

Vi la flor de centro rojo y cinco pétalos blancos, como si no la hubiera visto. Ligerísimamente fuera de foco. Y sus hojas verdes, perfectamente enfocadas. Y entonces, descubrí que sobre otra de las hojas se había formado una estrella: el sol que se coló por los huecos entre los pétalos la dibujó. Y yo recién la descubría.

Y además de los "likes", que ni fueron tantos (33, para ser exacta), llegó un comentario de un amigo ("Linda foto") que contribuyó también a que volviera a ver lo que ya había visto sin haberlo visto.





martes, 5 de marzo de 2019

Invitado: Yongey Mingyur Rinpoché


Mucha gente piensa que la meditación requiere de mucho esfuerzo y es algo que tienes que ganarte. Nos conectamos con la idea de que de algún modo es algo que tenemos que forzarnos a hacer y al final, tendremos éxito o fracasaremos. Y creo que es muy importante darnos cuenta de que no tiene nada que ver con eso. Ese es solo el ego queriendo ser un meditador. 

Todo el secreto de la meditación es aprender simplemente cómo estar presente en el momento y en un estado de apertura y relajación completas. No es una cuestión de ganar; es una cuestión de perder, de dejar caer: soltar, soltar, soltar. Me parece que es realmente muy importante, en especial en esta era donde estamos todos programados para querer obtener algo, que no se trata de lo que obtienes; se trata de lo que pierdes.



la jacaranda y la luna

Original en inglés aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

sábado, 2 de marzo de 2019

: t:r:a:i:c:i:ó:n: : : :

traición

Del lat. traditio, -ōnis.
1. f. Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.
2. f. Der. Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria.
alta traición
1. f. traición cometida contra la soberanía o contra el honorla seguridad y la independencia del Estado.
traición
1. loc. adv. Alevosamentefaltando a la lealtad o confianza.

Para arrancar con esta entrada, que me viene dando vueltas en la mente hace días pero no logro acabar de pillar, ayer les pregunté a mi hijo y a su novia qué era lo primero que les venía a la mente al escuchar la palabra «traición». Él dijo primero «Bruto y Julio César» (y yo comenté que lo interesante en ese par sería ver quién traicionó a quién) y luego complementó nombrando a Figo y a Ronaldo, futbolistas que abandonaron el Barça para irse al Real Madrid. Yare, por su parte, se refirió a una amiga con la cual había hecho el plan de estudiar en Cuernavaca y la cual, finalmente, se regresó a su Acapulco natal, porque no le gustó la carrera que habían elegido. (Lo que más me llamó la atención de su relato es que siguen siendo amigas.)

Para mí, en estos días, lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en esa palabra es Oporto (sí, la ciudad portuguesa). O más bien, fue al revés: Cuando supe de Oporto, donde yo no estuve (pero estuviste tú, sin mí), lo que se me vino a la mente fue la palabra «traición». Y entonces la busqué en el diccionario para ver si se me aclaraba un poco eso que estaba sintiendo, ese «sentirme traicionada» . Por descontado está que nada tiene que ver con soberanías, militares o la patria (con quienes trato de no mezclarme), pero me queda más o menos claro que el quebranto de la fidelidad o la lealtad se acercan a explicar lo que a mí me sigue doliendo (después de años, por dios...).

La verdad es que con eso de la fidelidad y la lealtad la RAE no se aclara mucho. Acaba mezclando fe con perros y caballos (y yo haciendo un resumen muy a mi modo).

Así, dándole vueltas al asunto, llegué hace un par de días a mi clase de biodanza y en uno de los ejercicios, creo que cuando hicimos un círculo donde rítmicamente fuimos llevando primero una mano y luego la otra al corazón de las compañeras que teníamos a nuestros lados, se me escurrieron las lágrimas, despacito y suave, y me di cuenta de que mi sensación de traición tenía que ver con una herida antiquísima de desconfianza básica. Es decir, el dolor que persiste tiene que ver con el hecho de haber confiado (haber depositado en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa, como el amor, por ejemplo [aquí la RAE y yo al alimón]) y haberse quebrantado esa confianza o, más precisamente, esa capacidad para confiar.

Entonces se me ocurrió buscar en el diccionario el verbo «traicionar» y en su segunda acepción, el asunto se me acabó de aclarar: 2. tr. Fallar a alguienabandonarloSí, así me he sentido, abandonada, sin haber recibido la respuesta que esperaba. Pero, en última instancia, el problema, el patrón de conducta, es mío (y de mi ego), no de quien (me) pudo haber abandonado, fallado o traicionado. O así tendría que ser porque entonces estaría en mí acabar de curar la mentada herida y no en nadie más. Asumir esa responsabilidad es, además, un paso indispensable para poder llegar a perdonar de verdad, sobre todo a mí misma.


Y se me viene a la mente una cita de Cormac McCarthy, que alguna vez usé
como epígrafe para un cuento:

Toda valentía es una forma de constancia. Es siempre a sí mismo a quien un cobarde abandona primero. Después de esto, vienen todas las demás traiciones.


El meollo del asunto está, pues, en tener la lucidez suficiente para no traicionarnos a nosotros mismos, aun si alguien externo parece haberlo hecho.
Y ahí es justo donde engancha esta cuestión con el asunto del perdón,
que se queda para una próxima entrada.