martes, 19 de junio de 2018

Invitado: Chogyam Trungpa Rinpoché


Ternura teñida de tristeza

El miedo no permite que la ternura fundamental forme parte de nosotros. Cuando la ternura teñida de tristeza toca nuestro corazón, sabemos que estamos en contacto con la realidad. Lo sentimos. Ese contacto es genuino, fresco, en carne viva. 




Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

lunes, 18 de junio de 2018

8/10


Resultado de imagen para luis miguel romance 1 Aunque la elección de este álbum entre los 10 favoritos de todos los tiempos me valió "un no maaaaaa" por parte de mi amiga rockera por excelencia, no solo la selección de boleros me parece entrañable y la voz de Luis Miguel, inigualable, sino que el disco tiene una lugar especial en mi vida: Nos gustaba mucho a Adrián y a mí y, además, contiene alguna de las canciones tema de nuestra relación amorosa. Lo conservo en CD y solo ver la portada me lleva de vuelta a nuestros primeros días, semanas y meses viviendo juntos, allá en la calle de Bartolache en la Colonia del Valle, varios años antes de la llegada de Santiago. Entonces yo  trabajaba en la UAM y cuando volvía a casa, donde él se había pasado el día pintando, me encontraba con la comida recién hecha por él y, varias veces, a Luis Miguel como música de fondo.

Después pasó el tiempo, nos fuimos de la ciudad, nos mudamos a Cuernavaca, nació Santiago, y Luis Miguel fue dejando de sonar. Yo ahora lo escucho poco, muy poco, pero puedo volver a él y disfrutarlo y recordar, como sucedió con este reto.

Aquí la canción tema (una de ellas) de Adrián y mía
(un bolero precioso de Armando Manzanero):


jueves, 14 de junio de 2018

Amistad 22


Muchas veces he recurrido a esta palabra para describir diferentes relaciones y momentos en mi vida, de los buenos y de los malos, o sea, de los más amorosos y de los más dolorosos. Que el samsara — esta dimensión engañosa donde vivimos y que, según las enseñanzas budistas, nos tomamos como sólida y real (y de ahí nuestro sufrimiento)—, así está armado. O, más bien, así nos lo armamos. Segundo a segundo.

La que hoy me ocupa es de las amistades que duelen. Quizá, sobre todo, por su calidad de espejo de mis propias neuras. En resumen: Alrededor de 20 años de encuentros y desencuentros, exigencias, decepciones, juicios, reclamos y mil pláticas donde parece que las cosas se arreglan. Pero, claro, luego volvemos a hacer lo que siempre hacemos, y el resultado (oh, sorpresa) se repite: decepciones, reclamos, juicios, exigencias.

Eso sí, en cada round, acabamos ella (mi creo que ya examiga) y yo más cansadas y nuestra relación más desgastada. (Qué triste.) Pero, quizá tenga ella razón y lo que toca es estar cerca de gente que nos hace sentir bien. Y parece que ni yo soy eso para ella ni ella lo es para mí.

Cuando ayer trataba de explicarme lo que nos sucedía y de encontrar una salida, me vino a la mente una imagen (con una frase): «Amistad minada».

Estar en esta relación es entrar en un espacio donde en cualquier momento puedo pisar una mina (olvidar una fecha, retrasarme en hacer una llamada, no leerle la mente, no responder a una necesidad suya) y entonces me convierto en el blanco de la ira, la decepción y demás parientes.

Y siempre acabo pisándolas. No hay manera de no hacerlo. Y siempre acabo sintiéndome culpable (además, de juzgada y poco apreciada).

Luego pasa el tiempo, hablamos, rescatamos el cariño, incluso parece que desactivamos las minas. Y entonces vuelvo a caminar confiada por el mismo espacio (pensando que es diferente) y (oh, sorpresa) me explota la siguiente mina.

La única manera de evitar el daño (para mí y para ella) es salirme del campo minadao. Alejarme de la amistad minada. Poner distancia. Poner tiempo. Y seguir trabajando con mis propias neuras.


Así el trabajo en el samsara, que no es más que el trabajo con la propia mente, fuente última de todo sufrimiento y fuente última de toda liberación posible.

miércoles, 13 de junio de 2018

comienzan las lluvias








Y las plantas recogen diamantes de agua.
Y brotan otras flores silvestres.
Minúsculas.
Apenas perceptibles.
Tímidas.
Presentes.













Y entre los diamantes de agua.
Se cuela un grillo.
En mi foto.
En mi vida.
Sin que me dé cuenta.
(Hasta después.)





domingo, 10 de junio de 2018

Zapote blanco


Cuando mi prima Mary Carmen vino a México hace casi dos años me visitó en Cuernavaca con sus hijas. Mientras platicábamos junto a la alberca del fondo, pegadita a la barranca, ella descubrió un árbol con frutos verdes, del otro lado de la barda. "¡Es un zapote blanco!", exclamó entusiasmada y las dos recordamos el mismo árbol en la huerta del rancho de mi tía Marisa (su abuela), a quien le encantaban sus frutos. En esa ocasión, los frutos aún no estaban maduros, así que yo me los comí cuando ellas ya se habían ido.

El zapote blanco no es un fruto fácil de conseguir, pues tiene la cáscara tan delgada que no aguanta el transporte. Así que solo se puede comer si se tiene acceso a algún árbol. Y aún así, hay gente que nos los consume. (No me explico cómo, pero en gustos se rompen géneros, como decía mi abuela Rosa.)



La pulpa es blanca, de ahí su nombre, y dulce, pero de sabor muy sutil. La cáscara tiene un gusto amargo, "como de lima", me decía hoy una alumna con quien compartí los zapotes de la cosecha de este año, que doña Anabel me regaló hace unos días. Y según lo que encontré en internet, la planta —en particular la corteza, las hojas y las semillas— tiene propiedades medicinales, entre las que se cuentan sus efectos hipnóticos, sedantes e hipotensores; además se usa como antirreumática y antidiarreica. Es una especie nativa de México y América Central, que se cultiva en otras regiones del mundo, tan lejanas como Nueva Zelanda o el sur de África.

 A mi hijo también le gustan y con el calor que hace hay que comérselos pronto antes de que se pasen. Recuerdo que mi tía, que cosechaba muchísimos, hacía un mousse licuándolos con leche condensada. Lo servía como postre exótico cuando tenía invitados a comer. También recuerdo que cuando la visitaba en esta época, siempre me regalaba zapotes para traerme a casa.

Hoy, comerlos me sabe a ella. Ojalá pudiera enviar alguno a Barcelona para que los pudiera disfrutar Mary Carmen.

sábado, 9 de junio de 2018

7/10


Madredeus fue un descubrimiento que hicimos en pareja Adrián y yo y se convirtió en parte esencial de la BSO de nuestra historia. Este fue el primer disco que tuvimos de ellos y que se vino conmigo cuando el divorcio. No me acuerdo (de cuánto se olvida uno al paso del tiempo) si vimos La historia de Lisboa o no (creo que no), pero nos enamoramos del grupo portugués. Llegamos incluso a verlos en vivo en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México y pasamos esa noche en un hotel de la capital.

Resultado de imagen para ainda madredeusLa hija de Adrián me regaló un CD para un cumpleaños (o Navidad) y mi amiga Frida, años después, me regaló otro para otro cumpleaños. Yo pensé que la banda se había desintegrado al salir Teresa Salgueiro (de quien tengo un CD como solista), pero hoy me entero que Madredeus ha seguido y anda planeando un disco celebración para sus 25 años (habrá que estar pendientes).

Estos portugueses me llevan también, sin remedio, a José Saramago (me parece que incluso tocaron cuando recibió el Nóbel de Literatura) que fue otra pasión compartida con mi exmarido. Todo empezó cuando me regaló Todos los nombres, hace más de 20 años.


Y, bueno, qué decir de Lisboa, que me robó el alma. Desejo voltar, como dice la Salgueiro en "Alfama". Aquí el precioso video de esta canción del álbum (en la capital portuguesa):



jueves, 7 de junio de 2018

Fascinante y aterradora


Así es la naturaleza.
A veces.
Como hoy cuando llegué a mi casa después de la escuela y descubrí, en la jacaranda que crece junto a la barda del estacionamiento, a este pájaro de pecho naranja (y nombre desconocido para mí), con una lagartija en el pico.
Algo llamó mi atención al bajarme del coche. El ave estaba inmóvil sobre una rama. Sabía que eso no duraría mucho. Saqué mi camarita rosa de mi bolsa e hice tres disparos. Después del tercero, el ave voló con la presa, enorme para su tamaño, en la boca. (Supongo que ya estaría muerta.)


Recordé a mi maestro, Ponlop Rinpoché, quien, mitad en broma y mitad en serio, ha comentado cómo en los "hermosos" documentales del Discovery Channel suelen verse una sucesión de imágenes de predadores devorando a sus presas.
Fascinante y aterrador.
Sin duda.

miércoles, 6 de junio de 2018

Invitado: Dzongsar Jamyang Khyentse




Autorretrato del autor
Un practicante maduro tendrá, por lo regular, una percepción mucho más pura de los demás que un principiante. Entre más cualidades iluminadas adquiere un practicante, más humilde se volverá; entre más tiempo pase con su guru, mayor es su compasión, y entre más escuche y contemple el dharma, más rápido disminuirán su orgullo y su arrogancia.

El signo supremo de un gran practicante no es que le brote un halo, que tenga sueños extraordinariamente auspiciosos, que experimente un éxtasis continuo, o que pueda adivinar nuestros futuros miserables.


El signo supremo es que ya no tenga ningún interés en la ganancia material, la fama, el respeto de los demás o en ser el centro de atención.




Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

lunes, 4 de junio de 2018

me cuesta tanto olvidarte



6/10


Este no es en realidad mi disco favorito de Mecano, pero me gusta el diseño de la portada, fue el primero que tuve y es, además, una rareza: Me lo regaló mi hermano una Navidad, creo, hace miles de años. (Creo que tengo solo uno más, Aidalai, y la impresión de haber tenido en algún momento Descanso dominical.Eso sí, mis 80, sobre todo, estuvieron marcados por su música, que marcaba también una brecha con los gustos de mis papás.

No recuerdo cómo empecé a escucharlos. Pero sí recuerdo haber bailado al ritmo de su canciones en alguna fiesta de la época de la facultad (en casa de mi amiga Claudia) o llorando junto a mi amigo Miguel Ángel en alguna noche de azote, escuchando "Me cuesta tanto olvidarte", del álbum Entre el cielo y el suelo, que es el que contiene mis temas favoritos, aunque nunca lo tuve físicamente.


Pasó el tiempo, terminó la facultad, los amigos nos fuimos separando y yo seguí escuchando a Mecano, aunque no volví a adquirir ningún disco más. Ya con Santiago, un amiga nos pasó, vía compu, dos recopilatorios de su música. Y cuando di clases en una prepa, uno de mis alumnos, metalero de hueso colorado, se burlaba de mí, en buena onda, diciéndome que seguro me gustaba Mecano, como a su mamá. Y sí. Así era.


Hoy vuelvo a ellos de repente, poco. Pero si alguna de sus canciones aparece en algún lado, siempre me provoca una sensación rica.


Entre sus rolas clásicas, "Cruz de navajas", "Hijo de la luna" o "Naturaleza muerta".

Aquí, las tres (¿por qué no?):









sábado, 2 de junio de 2018

n.a.r.a.n.j.a


Además de ser uno de mis colores favoritos (junto al morado o despuecito de él), hoy descubrí (en el DLE, claro) que la palabra tiene un origen muy lindo: Viene del árabe hispánico naranǧa, que a su vez viene del árabe nāranǧ, que viene del persa nārang y este, del sánscrito nāraṅga.

Todo un viaje en un solo fruto. Mil vidas en un color. 
Y el vocablo, casi el mismo, en distancias y tiempos impensables.

Aquí en forma de geranio (o malvón, nunca los distingo), bañado por la luz del atardecer del domingo de nuestra última función de la primera temporada de Los Cuánticos:



viernes, 1 de junio de 2018

Invitado: Karmapa 17


Paciencia persistente

En general, la forma en que nos relacionamos con la paciencia es que algunas veces podemos ser pacientes y otras, sentimos que no podemos. El tipo de paciencia que necesitamos cultivar es la paciencia persistente, que significa que somos pacientes cuando podemos ser pacientes y somos pacientes cuando sentimos que no podemos ser pacientes. Si nos falta esto, entonces no tendremos manera de sobreponernos a nuestras kleshas porque la paciencia es lo opuesto al enojo y al odio y el remedio para ambos.




Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

jueves, 31 de mayo de 2018

5/10


Este álbum marcó mi independencia musical de mis padres (sobre todo de mi papá; no recuerdo que mi mamá tuviera preferencias propias). No me acuerdo cómo conocí a Silvio. Debo haber estado en la prepa. Quizás a través de mi amigo Andrés (también mi primer novio, aunque eso duró muy poco). Pero el enamoramiento fue total. Y para siempre (con las limitaciones propias del adverbio, claro). 

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También conservo el elepé. (Quizá vaya siendo hora de que me haga de una nueva tornamesa...) Es la edición mexicana. (Parece que la edición cubana, según mi amigo Eduardo, —más fan de Silvio incluso, y bastante más joven que yo—, llamada Días y flores, se editó censurada en otros países.) Es marca Polydor, del año 1978 (yo tenía 15), y ostenta un sello que reza "NUEVA TROVA". Hoy ya no es tan nueva, pero, para mí, igual de emocionante que hace 41 años. En el anverso del disco vienen las letras de todas las canciones y el lema "EL DISCO ES CULTURA". (De otra época, sin duda.)


He cantado las canciones de Silvio junto a Mariel (en la voz) y a David (en la guitarra). Junto a Eduardo (en la guitarra) y a Gemma (en la voz). Con la compañía de Santiago. Y me falta hacerlo al lado de mi amigo Luis María, de aquel lado del mar.

Silvio fungió, también, como puente entre la Ciudad de México y la de Barcelona hace treinta y pico de años. Con "Óleo de mujer con sombrero" y "Te doy una canción". Pero si tuviera que quedarme con una sola de sus canciones, sería "Ojalá", que entra en mi colección de himnos personales.

Y aquí esta canción "que es como una suerte de arte poética de mi trabajo" (y —según me contó Octavio— la favorita de mi amiga Grace, todavía más joven que Eduardo, tanto que podría ser mi hija):


Y nomás por no dejar, una más:



martes, 29 de mayo de 2018

Día del Buda Shakyamuni




«Siempre acudiré a ti por refugio, Señor, 
El Jina que es un sol brillante
en el cielo del vasto cielo de la sabiduría,
Que disipa la oscuridad con la luz del amor y la compasión,
Y que es el maestro del extremadamente profundo
Dharma de la verdad última.»

Extraído del Sutra del Rey de los Samadhis, 10.12

Aquí la traducción completa del sutra al inglés.
Traducción del fragmento al español, mía.
Imagen tomada de acá.


lunes, 28 de mayo de 2018

La última y nos vamos (o no...)




Y aquí, en La Nueva Casa de Loto (gracias, Marie), donde empezaron nuestros talleres y ensayos hace más de ocho meses, concluyó la primera temporada de nuestro grupo de teatro espontáneo Los Cuánticos. (Aquí y acá puedes revivir nuestras funciones anteriores y algo de nuestra historia.)



Nos reunimos dos horas antes de la cita con el público para caldear y repasar algunas cuestiones técnicas. Y, oh sorpresa, descubrimos que estábamos todos (o casi) desconcentrados y que esto se manifestaba, sobre todo, en la literalidad de nuestras representaciones. 



Por fortuna Grace lo detectó a tiempo (cómo no) y nos preguntó qué nos pasaba. Había de todo un poco: miedo, nervios, tristeza, efectos secundarios de antibióticos. Y nuestros invitados estaban por llegar. Horror momentáneo. Qué queremos de esta función. Ser lo que no somos en otros espacios de la vida. Hacer el ridículo y disfrutarlo. ¿Cómo? Soltando. Olvidándonos de "hacerlo bien", de "encontrar la metáfora perfecta", de "quedar bien". Oh liberación.



Acomodamos sillas, saludamos gente, dimos vueltas, fuimos al baño, tomamos agua y, finalmente, nos reunimos en la cocina a puerta cerrada antes de entrar al escenario. Y comenzaron las historias y la magia. Un reencuentro amoroso de una madre y una hija. La certeza de que la última actualización de Windows 10 acabará por hacer tronar toda máquina que use ese sistema operativo. Chimino: un tlacuache que pasó de monstruo a ternurita. Alguna preocupación escolar y anécdotas gatunas. Caracoles franceses, que no eran de Francia, y abejas constructoras de panales.


Y estábamos todos entregadísimos, actores y público. Había risas. Y aplausos. Y silencios. Y calor. Y casi lágrimas. Y la historia de un bebé que llegó al mundo y la de unas amigas que bailaron salsa. Una rodilla lastimada. Y alguien medio atrapado entre la incertidumbre y las vocecitas insistentes, irritantes. Y miedos enfrentados que se hicieron chiquitos y una reconciliación con el intelecto. Y una clavícula rota. Y el temblor del 19 de septiembre en una zona donde ni siquiera se sienten.


Y diamantes. Y coros. Y esculturas fluidas. Y pares opuestos. Historias largas. Historias en tres. 


¡Cuánto aprendimos! ¡Cuánto recibimos! ¡Cuánto dimos!


Terminamos contentos. Agotados. Llenos de energía y empapados en sudor. Satisfechos. Acompañados. Y con la determinación de seguir con una segunda temporada, aunque nuestros "fundadores" se vayan al otro lado del mar. (Siempre estarán con nosotros. Siempre seremos nosotros.)


Y ya sin público, nos la seguimos. Festejando un cumpleaños. Con pastel. Y mañanitas. Y baile. Mucho baile. Y chelas. Y pizza. Y coca. Y un adolescente persiguiendo a una joven en pos de un riñón.



Así es el teatro espontáneo. Y podemos, sí, ser lo que queramos y liberarnos de lo que nos ata y hacer grandes amistades en un tiempo tan corto como larga es la vida.



Todo mi amor y mi agradecimiento Grace, a Demian, a Octavio,
a Ángeles, a Cati, a Lupita, a Ale.

sábado, 26 de mayo de 2018

De nombres, flores y abuelas



Hace unos días, me fui a cortar el pelo. Para llegar al espacio donde Bruno hace su magia, hay que caminar por un pasillo junto a un jardín. Esta vez, estaba tomado por unas flores amarillas, casi doradas, enormes, colgantes. Y entonces me tomé unos minutos para sacar algunas fotos.

Más tarde, aproveché una de las imágenes para cambiar mi portada del Facebook y  recordé de mi abuela Rosa, que las llamaba "trompetas de ángel". Y, así, se inició una conversación virtual sobre los diferentes nombres que reciben las flores. "Floripondios", comentó Natasha que las llamaba su abuela (nombre bastante común en México). Pero en casa de Ángela, las llaman "campanas" (como en República Dominicana, Cuba y Puerto Rico). Y resulta que del otro lado del mar, la bisabuela de mi amiga Isabel les decía "zapatillas de Venus" (me encanta). Y mi prima Carmela señaló que era "burundanga", nombre que yo no había escuchado jamás, pero eso me hizo recordar haber oído que las dichosas flores eran venenosas o soporíferas o algo así, a lo que alude este último apelativo.

Y entonces me di una vuelta por google, que me llevó a wikipedia, y me enteré que el nombre científico del género es Brugmansia, que son nativas de América, que su perfume se manifiesta sobre todo al anochecer (de donde debe de venir su nombre en Costa Rica: "reina de la noche"), que las polinizan principalmente los murciélagos, y que todas las partes de la planta son tóxicas, producen alucinaciones y pueden llevar incluso a la muerte. Hay pueblos, como los jíbaros del este del Amazonas, que las usan en ceremonias chamánicas. Bueno, el dichoso artículo hasta mencionaba  los métodos para su uso como alucinógeno. (No por nada en Colombia la llaman "borrachero" o "cacao sabanero".)

Todo genial, pero lo mejor fue la plática con las amigas, aunque haya sido solo a través de comentarios feisbuqueros.

jueves, 24 de mayo de 2018

4/10


Este álbum me remite plenamente a mi papá. No sé de dónde le vino a él la afición por Mari Trini, cantante y compositora murciana que tuvo gran éxito en los años setenta y ochenta del siglo pasado. Pero en casa teníamos muchos de sus discos, quizá todos. Y yo me encariñé especialmente con este, que según constaté en google es la (rara) "edición mejicana". 

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Hacía años que no lo veía, pero en cuanto me lo topé en línea, no solo lo reconocí, sino que volví a sentir la sensación que me daba escucharlo de niña, de adolescente, de joven adulta, como ya conté aquí alguna vez (hace casi exactamente cuatro años).

Quizá la mejor manera de describir lo que se me dispara es con una palabra galesa que me encontré ayer en el Facebook: Hiraeth, que apunta a esa sensación de tristeza, de melancolía por la tierra natal (morriña, murria, cabanga), por un hogar adonde no podemos regresar, un hogar que quizá nunca lo fue; la nostalgia, la añoranza, el pesar por los lugares perdidos del pasado.


Ahí es donde me lleva la voz de Mari Trini.
Aquí dos de mis canciones predilectas del disco.





viernes, 18 de mayo de 2018

balcón 2



En el balcón de doña Pina cabe de todo.

Tres jitomates. 

Una fresa o dos.

Un geranio blanco, casi gris, con toques naranjas.




Y una o dos flores exóticas.

Espectaculares.

Que cuelgan.

Con un pistilo largo largo.





Además, todo se refleja en el los vidrios de su balcón.

Y el mundo se duplica.

Hoy, me acerqué subrepticiamente mientras ella veía la tele.





Y me robé estas imágenes.

Y me fui sin saludarla.

 (Mal hecho. Dirían mi tía Olga y mi abuela Rosa.)






Así es el balcón de doña Pina.

jueves, 17 de mayo de 2018

3/10


Los Beatles no podían faltar. Claro. Herencia de mi padre (cuyo elepé aún conservo), se volvieron míos. Los compartí con Adrián y, de ahí, pasaron a Santiago. Cuando iba (o íbamos) a dejarlo a su primer kínder, hace muchos años (tendría apenas los dos), prendíamos la radio y justo a esa hora tocaba programa con el Cuarteto de Liverpool. Y entonces él decía: "¡Bicle! ¡Bicle!". Y si se me olvidaba prender la música, me lo recordaba con la misma palabra.

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Y de Los Beatles hay muchos álbumes (y muchas personas asociadas) pero este resalta en mi memoria por las cuatro fotos de sus integrantes, que me recuerdan, además, a mi primo Jose. Él las tenía pegadas en la pared en su cuarto de adolescente y yo lo admiraba porque se sabía todas las canciones de los ingleses, aún sin saber su idioma. Un fan de hueso colorado.

Creo que de Los Beatles no me he comprado un CD aún, pero se pueden escuchar en cualquier lado, aunque mis alumnos adolescentes ya no se relacionen con ellos.




Entre mis rolas favoritas: "Yesterday" y "Eleanor Rigby" (y mil más).

De este álbum, además del himno que le da título, "The Long & Winding Road":




martes, 15 de mayo de 2018

Día del Maestro



Y así, con este dibujo me lo celebró mi muy querida amiga Fuen, convirtiendo en presencia la ausencia de mi tía Olga, que siempre me llamaba por teléfono para felicitarme los 15 de mayo.

Y me acordé, claro, de los maestros que han marcado mi vida, en especial de Ángeles Rull que nos dio todas las literaturas (en español) en la secundaria y en la prepa. Sus clases me llevaron a estudiar, a mi vez, literatura y a convertirme, más tarde que temprano, en escritora.


Y así la vida.
Unas veces maestros y otras discípulos, vamos andando el camino.
Aprendiendo y desaprendiendo.
Para volver a aprender.

domingo, 13 de mayo de 2018

Invitado: Chogyam Trungpa Rinpoché


El valor para trabajar con nosotros mismos deriva de una confianza básica en nosotros mismos, una especie de optimismo fundamental. Al principio, actúas como un guerrero, y entonces, de hecho, te vuelves valiente.



la luna y la araucaria


Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.


viernes, 11 de mayo de 2018

2/10


Y este álbum llegó a mi vida junto con mi novio hindú, Deepak. También Janis Ian y "Knocking on Heaven's Door" (que hasta hoy me entero que es de Guns N' Roses). En casetes, grabados por él, de esos que rebobinábamos con un lápiz o una pluma Bic y que, a veces, acabaron sumergidos en una cuba (de ron y coca). 

Cuando terminó la relación con Deepak y yo estaba desolada, por supuesto, recuerdo que fui a la Gandhi con mi padre y merodeando en la sección de elepés, me encontré con los Miles of Aisles de la cantante canadiense, Joni Mitchell.

Imagen relacionada
No me acuerdo si le pedí a mi papá que me lo comprara o él, en un acto de consuelo y complicidad, me lo compró. Pero llegué a casa con el álbum que contenía dos discos.


Y así me enamoré de "Cactus Tree", "A Case of You" y la clásica de clásicas "Both Sides Now". Y me desenamoré de Deepak.

Hace unos años, pocos, me encontré el CD del álbum y me lo compré también. (Conservo el LP, pero ya no tengo tornamesa donde escucharlo.)



Y aquí dos versiones de "Both Sides Now" con una Joni joven en el 70 y con una Joni mayor, en pleno siglo XXI. A cual más bella.








jueves, 10 de mayo de 2018

Mother's Day




Porque, a veces, la maternidad duele.
Porque, a veces, se juntan en el cielo un cable, una luna despistada y una lluvia de oro.
Porque ser madre también es súper divertido, a veces.
Porque extraño a mi mamá y le agradezco.
Porque agradezco seguir compartiendo tiempo, espacio, pelis, series, continentales, pláticas con mi hijo.
Porque algunas madres nos acompañan a la vista y otras nos apapachan sin que se mire 
(como dice mi amigo Sergio).
Porque no siempre importa que las cosas hagan sentido.
Porque la vida, muchas veces, no lo tiene.
Y seguimos viviendo y buscamos dárselo.


miércoles, 9 de mayo de 2018

1/10


Hace poco más de 10 días, mi hijo me nominó a un reto por Facebook: "10 álbumes favoritos de todos los tiempos que tuvieron un gran impacto en tu vida y que sigues escuchando, aunque sea de vez en cuando". La instrucción también indicaba que no hacía falta ninguna explicación, sino solo la imagen de la portada. Me pareció divertido (y un honor que me nominara), así que le seguí el juego.

No usé ningún método ni orden particular para seleccionar los álbumes, sino cada día dejé que saliera uno, pero sí descubrí cosas interesantes en cada elección y pensé que sería chido compartir alguna explicación en este espacio.



Aquí va el primero:

La imagen puede contener: 1 persona, texto

Hasta donde recuerdo, este disco fue el primero que me compré (yo a mí) en CD. En aquella época, hace 26 años (el álbum se publicó en abril del 92) trabajaba en la Galería Metropolitana de la UAM, allá en la Roma Norte, cerca del Metro Insurgentes. Recuerdo haber comprado el compacto en la Zona Rosa. Yo tenía ya algún otro disco de Sabina en elepé, su Juez y parte, donde venía "Princesa".

Varias canciones de este álbum me han acompañado estos años, formando parte de mi BSO. Entre ellas, destacan sin duda: "Y nos dieron las diez", "A la orilla de la chimenea" y "Peor para el sol". Y, claro, "La del pirata cojo" también.

Santiago, después de terminar su reto de los 10 álbumes, añadió cinco menciones honoríficas. Este disco fue la primera.



lunes, 7 de mayo de 2018

sábado, 5 de mayo de 2018

matemática(s)


A falta de mejor título, recurro a esta palabra, cuyo origen es así:

Del lat. mathematĭcus, y este del gr. μαθηματικός mathēmatikós; la forma f., del lat.mathematĭca, y este del gr. [τὰ] μαθηματικά [tà] mathēmatiká, der. de μάθημα máthēma 'conocimiento'.


Porque 365 (días) por 4 (años) es igual a 1,460 días.

"Matemática", como adjetivo, significa:

1. adj. Exactopreciso.

Y como sustantivo:

5. f. Ciencia deductiva que estudia las propiedades de los entes abstractoscomo númerosfiguras geométricas o símbolosy sus relaciones.

Y resulta, además, que en otro tiempo "matemática" era sinónimo de "astrología" y "matemático", de astrólogo. Quién lo hubiera dicho.

Porque 365 (días) por 56 (años) es igual a 20,440 días.

Y la vida es a veces, muchas veces, más rara que los entes abstractos y sus relaciones.

Si mis padres vivieran, hasta el día de hoy habrían estado casados 20,440 días. (Para cuando mi papá murió, andaban cerca de los 13,000.)

Y si las historias de amor tuvieran finales felices (bueno, algunas los tienen, supongo, o más o menos) hoy se cumplirían los 1,460 días de un reencuentro.

En realidad se cumplen. (Eso no lo puedo cambiar.) 

Pero me pregunto si un aniversario que no se celebra, pues se acabó lo celebrable, se sigue llamando aniversario o si mejor le buscamos otro nombre.

Qué sé yo.

Algo como coincidencia desafortunada que espero dejar de recordar en algún momento. (Por ejemplo.)

Y para cerrar esta entrada bastante disparatada, este video con que di en el feisbuc varias veces ya: