lunes, 19 de noviembre de 2018

Para Mausy


Como cada año, hoy recuerdo el día en que moriste. (Se cumple ya una década).

Como cada año, con un agradecimiento profundo por tu generosidad y tu amor, que se materializaron en el departamento donde hemos vivido desde 2005. (Y con un poco de tristeza por los malentendidos que nos separaron.)

Este año, te dejo el atardecer de ayer desde el balcón de nuestra casa:




















¡Gracias, Mausy!
Siempre.

viernes, 16 de noviembre de 2018

El (enorme) peligro de los bandos


A propósito de la #MarchaFifí (sic), un exalumno y yo tuvimos un intercambio interesante de ideas en el Facebook, que me hizo seguir reflexionando sobre un tema que me ocupa (y me preocupa) desde hace tiempo:

Él: Está cabron, pero también está chido ver las asociaciones civiles que se pronuncian a favor de esta ridiculez. Quedan claros, muy claros los bandos jeje.

Yo:  Ahí radica el peor peligro, en la claridad de los bandos, en la necesidad de bandos, en la creencia en los bandos...😵

Él:  Adela Iglesias pero la sociedad está materialmente divida en “bandos”. Por supuesto que lo ideal sería una sociedad en donde no existiesen, pero ante su existencia... me parece oportuno la claridad de los mismos.

Yo: Si no tengo problema con la claridad, pero creo que sería muy provechoso trabajar, a nivel personal primero, para ir trascendiendo las etiquetas de "buenos" y "malos" (los dos bandos por excelencia) y sentar las bases para una sociedad compasiva y sabia.

"Bando", dice la RAE, es 1. m. Facciónpartidoparcialidad.

"Facción", 2. f. Grupo de personas unidas por ideas o intereses comunes dentro de una agrupación colectividad. La facción conservadora del partido3. f. Bando, pandilla o partido violentos o desaforados en sus procederes o sus designios.

"Partido", 5. m. Conjunto o agregado de personas que siguen y defienden una misma opinión o causa.

Y "parcialidad", 1. f. Unión de algunas personas que se confederan para un fin, separándose del común formando cuerpo aparte2. f. Conjunto de muchas personas, que componen una familia o facción separada del común.

En resumen, todos estos vocablos apuntan a separación, a establecer distancia, a diferenciarse. Y de ahí a la justificación de la agresión dirigida a quien no es como nosotros, al que piensa de otra manera, al que defiende otras ideas, no hay más que un paso. El contenido del discurso, en última instancia, es lo de menos (aunque llevemos tanto tiempo pensando que es lo de más). De hecho, esa "defensa" de nuestra ideología nos acerca (por no decir hermana) a nuestros "enemigos", pero no nos damos cuenta. Porque estamos en lo cierto. Porque estamos en lo justo. Y porque nuestros amigos (incluidos los del Facebook por supuesto), no solo piensan igual que nosotros, sino que le echan leña al fuego de nuestra superioridad moral.

Fifí. Amlover. / Pro aeropuerto. Pro lago. / Del Tec. De la UNAM. (por aquello del frapuchino azul) / Fascista. Liberal. / Los Nuestros. Los Migrantes / El Barça. El Real Madrid. / Alopatía. Homeopatía. Son meras etiquetas que apuntan no más que a constructos mentales, a ideas que solidificamos, nos creemos y por las cuales somos capaces de matar. Bastiones tras los cuales nos defendemos y nos creemos que estamos seguros. A buen recaudo.

Ellos versus Nosotros: He ahí la separación primigenia. La causa de toda agresión y apego. La ignorancia fundamental.

Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, aunque nos empeñemos en ver (y querer demostrar) lo contrario. Los amigos de hoy son los enemigos de mañana y viceversa. Nada es tan sólido como parece. Nada justifica la intolerancia y el juicio y la descalificación.

Por supuesto que se vale disentir, tener sentires o pareceres distintos de los de los demás. Pero lo que no se vale es blandirlos como armas para atacar desde la falta de apertura, la sordera y la ceguera. Para dialogar con los demás (en particular con quienes piensan de otra manera) e imaginar otras alternativas se necesita entrar en contacto con la propia vulnerabilidad y atrevernos a poner en duda lo que tomamos como cierto e inamovible.

El único lugar en donde puede empezar el trabajo es en nosotros, cada quien consigo mismo, con la mirada vuelta hacia dentro. Y de ahí, las olas de compasión y sabiduría se extenderán. Es imposible cubrir la tierra entera de piel para no lastimarnos los pies. Pero sí es posible trabajar con nuestra propia mente para borrar las barreras entre los "buenos" y los "malos" y entonces, los enemigos dejarán de serlo, ya no se diferenciarán de los amigos. Y entre todos podremos, en verdad, construir un mundo mejor.


Pero este camino requiere, sí, de mucha más valentía que el de atacar a quien es diferente a nosotros. 

miércoles, 14 de noviembre de 2018

a m n e s i a




once de diez


Mi amiga Soledad me invitó a seguir con lo de las portadas de libros en el Facebook y decidí aprovechar para referirme a una de mis autoras favoritas que, por azares del destino, no quedó en la lista original de mis 10 lecturas más impactantes (además, Soledad y yo compartimos esta predilección). 

A Carmen Martín Gaite me la presentó mi papá en mi adolescencia y me leí todo lo que él tenía y lo que iba adquiriendo. La amábamos los dos. Entre sus múltiples libros, el primero en mi memoria es siempre Retahílas e incluyo aquí la foto de la misma edición que yo leí (esas tan bonitas de la Colección Áncora y Delfín de Ediciones Destino).

Como me pasa con lo libros impactantes, al paso de los años me acuerdo más de las sensaciones que me provocaron que de los detalles de la trama. Por eso volví a esta novela hace un tiempo (en versión digital para mi kindle, pues el libro de mi papá se perdió, por ahí en la vida). Me volvió a impactar y a producirme las sensaciones, incluso corporales, que recordaba a lo largo de la plática entre tía y sobrino mientras muere la abuela. Me recordó también por qué amo leer y por qué amo escribir. 

Sigo amando a Carmen Martín Gaite. Mucho.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Invitado: Karmapa 17

Aceptar la muerte 

La imagen puede contener: una o varias personas, personas sentadas e interior
Foto: Alemania, septiembre de 2015 – vía Kamalashila Institut
Karmapa khenno
Una mujer austriaca de 23 años explicó que su abuela estaba vieja y enferma. Preguntó cómo podría ayudarla a medida que se aproximaba más y más a morir.

 «Lo más importante», dijo el Karmapa, «es aceptar la muerte. Como seres humanos somos egoístas de modo poco realista y queremos desafiar a la naturaleza. No queremos  envejecer ni morir nunca. Pero una vez que hemos nacido, es natural que algún día muramos. Si no aceptas esto, solo habrá más sufrimiento. Y sucederá, de cualquier manera.  Es mucho menos problemático si lo aceptas. 

Pero necesitamos entrenamiento o ejercicio para ayudarnos a aceptar la muerte. Hay muchas maneras, y una es considerar un día como una vida entera. Cuando te despiertas, puedes pensar que levantarte de la cama es como nacer, y al final del día, cuando te vas a dormir, es como morir. Si te habitúas a hacer esto, entonces aceptarás 
naturalmente tu muerte última, puesto que sabrás que, en un sentido, ha estado sucediendo cada día y sabrás que no es un final terminante. Esta es una manera de entrenarte para no temerle a la muerte o preocuparte por ella. Puedes aprender a ver que es solo como irte a dormir y despertar en otra vida.»


Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español, mía.

sábado, 10 de noviembre de 2018

l i b é l u l a 3



Y esta es la libélula que cuando está en reposo mantiene las alas pegadas al cuerpo. La damselfly que le dicen en inglés. Y sí, parece una damisela. Su color es alucinante. Nunca había visto un ser de un azul así.

Y en mi recorrido al borde del río que viene de La Nopalera (cerca de Yautepec), según me dijo mi afitriona, una de ellas, quizá esta misma, quizá otra, se me posó un instante en el brazo.

Una caricia fugaz.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Bloguiversario #9


Así bautizaron hace un año mis alumnas de tercero de secundaria (hoy ya graduadas y en la prepa y muy extrañadas) al "aniversario del blog". Hoy hace, pues, nueve años desde aquella primera entrada.

Contando la entrada de hace tres días, las estadísticas de blogger me dicen que hay 2,373  publicadas y 146 borradores (2,519 en total). Luego hay muchos más números que no acabo de entender del todo. Y blogger lleva un registro, también, de las veces que alguien ha visitado cada entrada.

Al principio, las visitas no llegaban ni a 10. En los últimos años, alguna ha llegado más allá de las 300; alguna otra, más de las 200, y unas cuantas más, por ahí de las 100. Hace algunos meses que, en promedio, 50 personas visitaban una entrada (un mundo de gente para mí). De pronto, en los últimos días, parece que hubiéramos vuelto al principio, cuando alcanzar 20 vistas era todo un logro.

Así es la vida del blog y, en realidad, poco importa (aunque al ego le escueza un poco) porque el espacio que me brinda va más allá de cualquier conteo.



A través del blog, me amigo conmigo misma (como ilustra Molly Hahn en este Buddha doodle de hace unos días). Con lo que me gusta y lo que no. Con lo que me asusta y lo que me entusiasma. Con lo que me conmueve, para bien o para mal. Con lo que me aterra. Con lo que no entiendo. Con lo que creo que entiendo y resulta que no tanto. Con las imágenes que me regalan mis ojos o mi intuición y que se hacen palpables a través de mi camarita rosa.



Como este sol de tarde que enciende unas hojas en Chimal:










Y así me amigo con el mundo, aun cuando me desamigue con alguno en el camino. Recorro las cuatro estaciones cada año. Los colores recurrentes. Y los nuevos. Me encuentro con algunos. Me desencuentro. Nos reencontramos. Y nos reconocemos. O no. Escribo, que es lo que más me gusta hacer en la vida. Y, a veces, converso con quien se pasa y me deja un comentario (haciéndome inmensamente feliz).

martes, 30 de octubre de 2018



Impermanencia 12


Me asomo por la ventana de mi estudio.
Veo una nube en forma de luna.
Corro por mi cámara.
Le hago una foto.
Le hago otra.
Las bajo a mi compu.
No me encantan.
Corro a la ventana.
La luna en forma de nube se ha ido.


He aquí lo que atrapé.
Una imagen solo.
De algo que ya es pasado.
Mientas el presente sigue manifestándose.
Momento a momento.
Cambiante.
Siempre.
Irrepetilbe.

lunes, 29 de octubre de 2018

Rómulo y Remo


Este es Rómulo, porque fue el primero (también era el más grande). Allí, entre el tallo de esa planta que puse en agua para que echara raíces (lo cual no sucedió), está una larva de mosco, según me ilustró mi amiga y alumna Luz, que es bióloga.

En la misma agua que Rómulo, había otra larva más pequeña, su hermano Remo. (El bautizo fue ocurrencia de Santiago, cuando llegó de México y le enseñé a estos seres que nos habían nacido en casa.)

Eso sí, cuando Luz me dijo qué eran (yo los veía como extraterrestres minúsculos), saqué el vasito al balcón, para que una vez que completaran su desarrollo (de larva a pupa y de pupa a mosco) volaran felices.

Luz me dijo, también, que podía echar un poco de cloro en el vasito. Pero se morirían, ¿no?, pregunté. Ella asintió. Si a mis alumnos en la secundaria no les dejo matar bichos durante mis clases, no me voy a poner a matar a las crías de unos moscos, le expliqué.

Quizás mi postura sea un poco grotesca desde algunas perspectivas, como la de la salud púbica. Desde la del budismo, se considera que todos los seres fueron alguna vez nuestra madre y se enseña a tenerles compasión (y no matarlos... si se puede evitar.) Pero lo más importante, me parece, es que se trabaja para erosionar el patrón mental de la agresión, de matar porque sí o por alguna razón aparentemente válida, como protegernos de quienes nos quieren hacer daño. Es decir, los "enemigos" que están más en nuestra mente que "allá afuera".

En fin, después de varios días, resulta que Remo aún tiene chance. Rómulo, el pobre, no lo logró. Parece que una vez transformado, no pudo abandonar el vasito y se ahogó.

Así la vida, tan fascinante como cruel.

viernes, 26 de octubre de 2018

diez de diez


El primer libro de la saga del mago adolescente, bueno casi niño al principio, se publicó en 1997, al año siguiente de que naciera mi hijo, o sea, hace ya 21 años. (Inevitable pensar cómo pasa el tiempo...) Yo supe de él un tiempo después, gracias a una amiga con una hija mayor que Santiago, que  nos habló entusiasmada del primer libro. En principio no hice demasiado caso. Mi hijo era aún muy pequeño.

Ya no sé si después vino la primera película (lanzada en 2001) o la recomendación que me hizo un paciente adulto, alentándome a leer los libros. Supongo que fue lo primero porque recuerdo que empecé a leerlos, en inglés, después de ver la tercera entrega cinematográfica (dirigida por Alfonso Cuarón, mi favorita sin duda).

Para entonces ya Santiago y yo estábamos enganchadísimos con la historia. Y él ya era un lector bastante empedernido. Empezó leyendo los libros en español y acabaría releyéndolos en su idioma original.

Recuerdo que un amigo de entonces criticaba a J.K. Rowling, diciendo que era un mero producto de la mercadotecnia. La realidad es que no había leído ninguna de sus obras. A mí, en cambio, me parece una gran escritora, tanto en cuanto a contenido como a forma (de otro modo no sería "gran", claro). Tiene una imaginación envidiable (sobre todo por mí que soy de corte más bien realista), una capacidad de integrar elementos culturales diversos, un sentido del humor brillante, un entendimiento profundo de la psicología de los niños y los adolescentes y una capacidad innegable para crear personajes entrañables, por decir lo menos.

Cuando llegué al séptimo libro de la saga y murió Dumbledore, no podía parar de llorar, como si hubiera muerto mi padre (o peor). Además, tuve que fingir frente a Santiago, que aún no llegaba a ese episodio. Tampoco cabía en mí de emoción cuando Harry conjuró su patronus al final del tercer libro (que aparece aquí) y me puse a bailar alrededor de la mesa del comedor. Y qué satisfacción la mía cuando comprobé mi teoría de que Snape era de los "buenos". No podía ser de otro modo, y menos después de que le diera vida el guapísimo (y desaparecido) Alan Rickman.

Ahora me da un poco de tristeza cuando algunos de mis alumnos adolescentes declaran, sin conocimiento de causa, que les choca Harry Potter, después de haber visto quizá escenas de alguna película y nunca haberse acercado a uno de los libros. Pero la cantidad de lectores que nacieron gracias a J.K. Rowling ya no tiene vuelta atrás. Y yo no soy la misma persona después de deambular por Hogwarts y combatir a Voldemort.