sábado, 26 de mayo de 2018

De nombres, flores y abuelas



Hace unos días, me fui a cortar el pelo. Para llegar al espacio donde Bruno hace su magia, hay que caminar por un pasillo junto a un jardín. Esta vez, estaba tomado por unas flores amarillas, casi doradas, enormes, colgantes. Y entonces me tomé unos minutos para sacar algunas fotos.

Más tarde, aproveché una de las imágenes para cambiar mi portada del Facebook y  recordé de mi abuela Rosa, que las llamaba "trompetas de ángel". Y, así, se inició una conversación virtual sobre los diferentes nombres que reciben las flores. "Floripondios", comentó Natasha que las llamaba su abuela (nombre bastante común en México). Pero en casa de Ángela, las llaman "campanas" (como en República Dominicana, Cuba y Puerto Rico). Y resulta que del otro lado del mar, la bisabuela de mi amiga Isabel les decía "zapatillas de Venus" (me encanta). Y mi prima Carmela señaló que era "burundanga", nombre que yo no había escuchado jamás, pero eso me hizo recordar haber oído que las dichosas flores eran venenosas o soporíferas o algo así, a lo que alude este último apelativo.

Y entonces me di una vuelta por google, que me llevó a wikipedia, y me enteré que el nombre científico del género es Brugmansia, que son nativas de América, que su perfume se manifiesta sobre todo al anochecer (de donde debe de venir su nombre en Costa Rica: "reina de la noche"), que las polinizan principalmente los murciélagos, y que todas las partes de la planta son tóxicas, producen alucinaciones y pueden llevar incluso a la muerte. Hay pueblos, como los jíbaros del este del Amazonas, que las usan en ceremonias chamánicas. Bueno, el dichoso artículo hasta mencionaba  los métodos para su uso como alucinógeno. (No por nada en Colombia la llaman "borrachero" o "cacao sabanero".)

Todo genial, pero lo mejor fue la plática con las amigas, aunque haya sido solo a través de comentarios feisbuqueros.

jueves, 24 de mayo de 2018

4/10


Este álbum me remite plenamente a mi papá. No sé de dónde le vino a él la afición por Mari Trini, cantante y compositora murciana que tuvo gran éxito en los años setenta y ochenta del siglo pasado. Pero en casa teníamos muchos de sus discos, quizá todos. Y yo me encariñé especialmente con este, que según constaté en google es la (rara) "edición mejicana". 

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Hacía años que no lo veía, pero en cuanto me lo topé en línea, no solo lo reconocí, sino que volví a sentir la sensación que me daba escucharlo de niña, de adolescente, de joven adulta, como ya conté aquí alguna vez (hace casi exactamente cuatro años).

Quizá la mejor manera de describir lo que se me dispara es con una palabra galesa que me encontré ayer en el Facebook: Hiraeth, que apunta a esa sensación de tristeza, de melancolía por la tierra natal (morriña, murria, cabanga), por un hogar adonde no podemos regresar, un hogar que quizá nunca lo fue; la nostalgia, la añoranza, el pesar por los lugares perdidos del pasado.


Ahí es donde me lleva la voz de Mari Trini.
Aquí dos de mis canciones predilectas del disco.





viernes, 18 de mayo de 2018

balcón 2



En el balcón de doña Pina cabe de todo.

Tres jitomates. 

Una fresa o dos.

Un geranio blanco, casi gris, con toques naranjas.




Y una o dos flores exóticas.

Espectaculares.

Que cuelgan.

Con un pistilo largo largo.





Además, todo se refleja en el los vidrios de su balcón.

Y el mundo se duplica.

Hoy, me acerqué subrepticiamente mientras ella veía la tele.





Y me robé estas imágenes.

Y me fui sin saludarla.

 (Mal hecho. Dirían mi tía Olga y mi abuela Rosa.)






Así es el balcón de doña Pina.

jueves, 17 de mayo de 2018

3/10


Los Beatles no podían faltar. Claro. Herencia de mi padre (cuyo elepé aún conservo), se volvieron míos. Los compartí con Adrián y, de ahí, pasaron a Santiago. Cuando iba (o íbamos) a dejarlo a su primer kínder, hace muchos años (tendría apenas los dos), prendíamos la radio y justo a esa hora tocaba programa con el Cuarteto de Liverpool. Y entonces él decía: "¡Bicle! ¡Bicle!". Y si se me olvidaba prender la música, me lo recordaba con la misma palabra.

La imagen puede contener: 3 personas, personas sonriendo, texto

Y de Los Beatles hay muchos álbumes (y muchas personas asociadas) pero este resalta en mi memoria por las cuatro fotos de sus integrantes, que me recuerdan, además, a mi primo Jose. Él las tenía pegadas en la pared en su cuarto de adolescente y yo lo admiraba porque se sabía todas las canciones de los ingleses, aún sin saber su idioma. Un fan de hueso colorado.

Creo que de Los Beatles no me he comprado un CD aún, pero se pueden escuchar en cualquier lado, aunque mis alumnos adolescentes ya no se relacionen con ellos.




Entre mis rolas favoritas: "Yesterday" y "Eleanor Rigby" (y mil más).

De este álbum, además del himno que le da título, "The Long & Winding Road":




martes, 15 de mayo de 2018

Día del Maestro



Y así, con este dibujo me lo celebró mi muy querida amiga Fuen, convirtiendo en presencia la ausencia de mi tía Olga, que siempre me llamaba por teléfono para felicitarme los 15 de mayo.

Y me acordé, claro, de los maestros que han marcado mi vida, en especial de Ángeles Rull que nos dio todas las literaturas (en español) en la secundaria y en la prepa. Sus clases me llevaron a estudiar, a mi vez, literatura y a convertirme, más tarde que temprano, en escritora.


Y así la vida.
Unas veces maestros y otras discípulos, vamos andando el camino.
Aprendiendo y desaprendiendo.
Para volver a aprender.

domingo, 13 de mayo de 2018

Invitado: Chogyam Trungpa Rinpoché


El valor para trabajar con nosotros mismos deriva de una confianza básica en nosotros mismos, una especie de optimismo fundamental. Al principio, actúas como un guerrero, y entonces, de hecho, te vuelves valiente.



la luna y la araucaria


Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.


viernes, 11 de mayo de 2018

2/10


Y este álbum llegó a mi vida junto con mi novio hindú, Deepak. También Janis Ian y "Knocking on Heaven's Door" (que hasta hoy me entero que es de Guns N' Roses). En casetes, grabados por él, de esos que rebobinábamos con un lápiz o una pluma Bic y que, a veces, acabaron sumergidos en una cuba (de ron y coca). 

Cuando terminó la relación con Deepak y yo estaba desolada, por supuesto, recuerdo que fui a la Gandhi con mi padre y merodeando en la sección de elepés, me encontré con los Miles of Aisles de la cantante canadiense, Joni Mitchell.

Imagen relacionada
No me acuerdo si le pedí a mi papá que me lo comprara o él, en un acto de consuelo y complicidad, me lo compró. Pero llegué a casa con el álbum que contenía dos discos.


Y así me enamoré de "Cactus Tree", "A Case of You" y la clásica de clásicas "Both Sides Now". Y me desenamoré de Deepak.

Hace unos años, pocos, me encontré el CD del álbum y me lo compré también. (Conservo el LP, pero ya no tengo tornamesa donde escucharlo.)



Y aquí dos versiones de "Both Sides Now" con una Joni joven en el 70 y con una Joni mayor, en pleno siglo XXI. A cual más bella.








jueves, 10 de mayo de 2018

Mother's Day




Porque, a veces, la maternidad duele.
Porque, a veces, se juntan en el cielo un cable, una luna despistada y una lluvia de oro.
Porque ser madre también es súper divertido, a veces.
Porque extraño a mi mamá y le agradezco.
Porque agradezco seguir compartiendo tiempo, espacio, pelis, series, continentales, pláticas con mi hijo.
Porque algunas madres nos acompañan a la vista y otras nos apapachan sin que se mire 
(como dice mi amigo Sergio).
Porque no siempre importa que las cosas hagan sentido.
Porque la vida, muchas veces, no lo tiene.
Y seguimos viviendo y buscamos dárselo.


miércoles, 9 de mayo de 2018

1/10


Hace poco más de 10 días, mi hijo me nominó a un reto por Facebook: "10 álbumes favoritos de todos los tiempos que tuvieron un gran impacto en tu vida y que sigues escuchando, aunque sea de vez en cuando". La instrucción también indicaba que no hacía falta ninguna explicación, sino solo la imagen de la portada. Me pareció divertido (y un honor que me nominara), así que le seguí el juego.

No usé ningún método ni orden particular para seleccionar los álbumes, sino cada día dejé que saliera uno, pero sí descubrí cosas interesantes en cada elección y pensé que sería chido compartir alguna explicación en este espacio.



Aquí va el primero:

La imagen puede contener: 1 persona, texto

Hasta donde recuerdo, este disco fue el primero que me compré (yo a mí) en CD. En aquella época, hace 26 años (el álbum se publicó en abril del 92) trabajaba en la Galería Metropolitana de la UAM, allá en la Roma Norte, cerca del Metro Insurgentes. Recuerdo haber comprado el compacto en la Zona Rosa. Yo tenía ya algún otro disco de Sabina en elepé, su Juez y parte, donde venía "Princesa".

Varias canciones de este álbum me han acompañado estos años, formando parte de mi BSO. Entre ellas, destacan sin duda: "Y nos dieron las diez", "A la orilla de la chimenea" y "Peor para el sol". Y, claro, "La del pirata cojo" también.

Santiago, después de terminar su reto de los 10 álbumes, añadió cinco menciones honoríficas. Este disco fue la primera.



lunes, 7 de mayo de 2018

sábado, 5 de mayo de 2018

matemática(s)


A falta de mejor título, recurro a esta palabra, cuyo origen es así:

Del lat. mathematĭcus, y este del gr. μαθηματικός mathēmatikós; la forma f., del lat.mathematĭca, y este del gr. [τὰ] μαθηματικά [tà] mathēmatiká, der. de μάθημα máthēma 'conocimiento'.


Porque 365 (días) por 4 (años) es igual a 1,460 días.

"Matemática", como adjetivo, significa:

1. adj. Exactopreciso.

Y como sustantivo:

5. f. Ciencia deductiva que estudia las propiedades de los entes abstractoscomo númerosfiguras geométricas o símbolosy sus relaciones.

Y resulta, además, que en otro tiempo "matemática" era sinónimo de "astrología" y "matemático", de astrólogo. Quién lo hubiera dicho.

Porque 365 (días) por 56 (años) es igual a 20,440 días.

Y la vida es a veces, muchas veces, más rara que los entes abstractos y sus relaciones.

Si mis padres vivieran, hasta el día de hoy habrían estado casados 20,440 días. (Para cuando mi papá murió, andaban cerca de los 13,000.)

Y si las historias de amor tuvieran finales felices (bueno, algunas los tienen, supongo, o más o menos) hoy se cumplirían los 1,460 días de un reencuentro.

En realidad se cumplen. (Eso no lo puedo cambiar.) 

Pero me pregunto si un aniversario que no se celebra, pues se acabó lo celebrable, se sigue llamando aniversario o si mejor le buscamos otro nombre.

Qué sé yo.

Algo como coincidencia desafortunada que espero dejar de recordar en algún momento. (Por ejemplo.)

Y para cerrar esta entrada bastante disparatada, este video con que di en el feisbuc varias veces ya:


sábado, 28 de abril de 2018

Crónica de una ceremonia de honores a la bandera


Ayer hubo Consejo Técnico Escolar, ese viernes al mes en que se suspenden las clases y los maestros nos reunimos. En esta ocasión, la reunión era en grande para llevar a cabo un trabajo de aprendizaje entre escuelas, observando clases de nuestros colegas para después comentarlas. Nos tocó ir a la Secundaria 2, escuela pública, en Altavista, en una zona bastante pobre de la ciudad, donde, en la época posterior al temblor del año pasado, hubo un albergue para los damnificados.

Yo iba de muy mal humor. Lo admito. Y ese mal humor venía desde el día anterior en la escuela.

Lo primero que hicimos fue participar en una ceremonia de honores a la bandera, con todo y la banda de guerra de la escuela. Éramos muchas personas, entre alumnos y maestros y directores, inspectores, coordinadores: todos acomodados formando un cuadrado alrededor del patio. A mí me tocó estar en el extremo derecho al fondo, del lado opuesto a la banda. Desde ahí, veía todo el patio y a los músicos, que estaban en alto. A pesar de mi ánimo, me emocioné. Siempre me emociona cantar el himno nacional (más que saludar a la bandera), aunque reconozco que estas ceremonias, como alguien me dijo hace algunos años, tienen un sabor bastante rancio y patriotero, más que patriótico. 

El lugar donde está la secundaria, cerca de una barranca, está rodeado de árboles preciosos, llenos de pájaros (algunos de los cuales buscaban sitios donde anidar, supongo, en unos huecos debajo de los techos) y de chicharras. A media ceremonia, además, salió a pasearse por el mero centro del patio un perro callejero, grisáceo, de pelo corto y patas cortísimas. Súper simpático. Y me sonreí, casi a mi pesar. La escolta marchaba, la banda tocaba y el perro como si nada. En un momento pensé que lo único que faltaba es que se cagara a medio patio mientras "las autoridades" daban sus discursos, también con sabor a rancio, aunque con buenas intenciones (quiero pensar).

No lo hizo, pero su presencia me hizo pensar que cómo era posible que siguiéramos así, como si nada, como si no hubieran secuestrado, torturado, matado y disuelto en ácido a tres estudiantes de cine, Javier, Daniel y Marco, en Jalisco, por grabar un documental "donde no debían". Como si no hubieran desaparecido (hace ya más de tres años) 43 normalistas de Ayotzinapa, que se atrevieron a protestar. Como si no hubiera muerto Mara por salir a divertirse o Lesvy por pasar una tarde bebiendo con sus amigos (feminicidios no esclarecidos, como tantos otros). Como si unos policías no se hubiera llevado a Marco Antonio y no lo hubiera torturado por sacar fotos de graffitis y luego huir de ellos. Como si no hubieran asesinado a tres estudiantes de la UACM por caminar por la calle en la noche. Como si no nos faltaran cientos de miles más.

Y entonces me di cuenta que mi "mal humor" era más bien una enorme frustración y una enorme impotencia ante este país nuestro en este momento ("Carajo, México", como decía hace unos días una amiga del Facebook). Tengo un hijo estudiante. Muchas amigas tienen hijos estudiantes. Y tengo alumnos de secundaria —chicos aún, bastante inocentes todavía— a quienes les hablé un poco de esta realidad el jueves y no supe qué responderles cuando algunos me preguntaron qué podían hacer. (Otros de plano declararon que no había nada que hacer.)

Y fue entonces cuando llegué a dar mi última clase y perdí los estribos, o más bien para no perderlos y soltarme llorando (de frustración, de impotencia y, además, de desilusión por el desinterés que ha ido permeando a mis chicos poco a poco, desde hace semanas, desde hace meses), opté por ponerles  una tarea aburridísima con tal de que se quedaran callados.

Ya hablaré con ellos el miércoles, que, afortunadamente, ni lunes ni martes tendré que ir a darles clase.


Y de mi archivo de fotos salieron estas dos, que vienen a cuento con lo que cuento y siento:

Unos lábaros patrios (qué nombre tan rimbombante para una bandera) encarcelados, tomados,
y un perro callejero, que no se parece al de la secundaria, pero cuando lo fotografié me dio una ternura parecida a la que sentí con el perro de ayer.













viernes, 27 de abril de 2018

Desamigar, bloquear y demás parientes


Yo que pensé que eso de "desamigar" era un neologismo proveniente del unfriend inglés, surgido a partir del auge de las redes sociales, pero resulta que la RAE tiene ya consignado el término, aunque no con el giro tecnológico que ahora tiene.

desamigar
 De des- y amigar.
1. tr. p. us. enemistar. U. t. c. prnl.

Ahora es un "verbo transitivo poco usado" y "usado también como pronominal". La RAE aún no lo ha relacionado con esa simple acción de dar un clic en el Facebook para eliminar a alguien de nuestra lista de amigos, que vendría siendo, digo yo, un acto de "desamigar".

Si nos vamos a "enemistar", nos encontramos con que significa:

1. tr. Hacer a alguien enemigo de otra personao hacer perder la amistad.

Y esto se parece bastante a lo que sucede con el mentado clic.

Yo en mi historia feisbuquera he desamigado a varias personas y la mayoría de las veces me he arrepentido, no porque la persona en cuestión y yo hubiéramos dejado, efectivamente, de ser amigos (aunque sin convertirnos en enemigos, creo), sino porque las circunstancias cambian y volver a enviar una solicitud de amistad (para amigarnos nuevamente) suele no llevar a ningún lado. Porque desamigar así es una ofensa, o se toma como tal.

En otras ocasiones, desamigar a alguien ha sido un paso hacia la resolución de un duelo por una relación amorosa concluida. Simbólico, quizá, pero un paso igual. (Así como borrar los propios comentarios y los comentarios de la persona en cuestión, antes del desamigamiento.) Supongo que esto sería como rasgar o quemar cartas, cuando eran de papel. Y se vale, creo yo, pues tiene que ver más con un proceso interno que externo. Y externamente, simplemente se logra que lo que es se parezca más a lo que es y no a lo que nos gustaría o nos hubiera gustado que fuera.

Por otro lado, a mí también me han desamigado varias veces. De esas no llevo la cuenta: primero, por salud y segundo, porque Facebook te avisa cuando alguien quiere ser tu amigo, pero no cuando alguien ya no quiere. La primera vez me di cuenta porque disminuyó mi número de amigos. Ahora ya tampoco me fijo demasiado en eso. De vez en cuando me pregunto qué será de alguien de quien hace mucho que no veo ningún post y así he descubierto que algún exalumno, por ejemplo, optó por eliminarme de su lista de amigos. A veces me he preguntado por qué y otras, no. (Pero si me enviaran una nueva solicitud de amistad, la aceptaría.)

En muchas ocasiones, me parece que este desamigamiento responde simplemente al hecho de que la relación que una sostuvo con alguien más yo no es tal, sin resentimientos escondidos (con suerte...).

Pero resulta que hay un paso más allá de retirarle nuestra amistad a alguien y ese consiste en bloquearlo de nuestro Facebook, para lo cual hay que seguir un proceso un poco más largo (y con más voluntad, supongo). Hay varias vías, según acabo de informarme vía google porque nunca lo he hecho. Una de ellas responde, ni más ni menos, a la pregunta: "¿Cómo evito que alguien me siga molestando?". También se puede hacer desde la página de la persona que queremos bloquear.

Y de las 6 acepciones de bloquear que consigna el diccionario, quizá la más cercana a la acción que aquí me ocupa sea:

1. tr. Interceptarobstruir o cerrar el pasoLa nieve bloqueó la carretera.U. t. c. prnl.

Se cierra el paso a la amistad, a la relación, a las disculpas, al arrepentimiento y se solidifican, aún más, la enemistad, el enojo, el rechazo, todo aquello que a veces creemos que necesitamos para sentirnos seguros.

A mí sí me han bloqueado, dos veces que me haya dado cuenta (porque Facebook tampoco te avisa, por fortuna, creo). Una vez me enteré porque busqué a alguien para felicitarla por su cumpleaños y no la encontré. Cuando alguna vez me había pasado esto antes, había sido porque la persona en cuestión había cerrado su Facebook y por eso no le encontraba. Segura de que este era el caso, lo confirmé con un amigo mutuo y resultó que no, que ella no había cerrado su Facebook, pero no quería tener nada que ver conmigo. (Bueno, que si nos bloquean es como si no existiéramos o más bien como si esa persona no existiera ni hubiera existido nunca para nosotros.) Y sí me dolió. Para qué decir que no. Pero al fin y al cabo, la decisión habla de las necesidades o conflictos sin resolver de quien bloquea y no del bloqueado.

Y recientemente descubrí que otra amiga, amiga da años de la vida real con quien se dio una situación en la que me sentí muy violentada, me había bloqueado. Lo supe porque la busqué después de haberla desamigado y no la encontré por ningún lado. Y puedo entender, sí, que el bloqueo haya sido la reacción a mi desamigamiento. Y me dolió. Otra vez. Sí. (El rechazo duele, por lo menos mientras logramos alcanzar un desapego sano). Y me pregunté qué podría haber hecho yo de manera diferente. Y también qué podría haber hecho ella de manera diferente.

En fin que, como vengo pensando desde hace mucho tiempo ya, el Facebook y demás redes sociales no son nocivas en sí mismas, sino que simplemente intensifican y magnifican nuestros patrones neuróticos habituales. Es ahí, me parece, donde está el origen del sufrimiento y ahí también donde podemos empezar a superarlos, recordando que los amigos y los enemigos no son tan diferentes como creemos, ni tan duradera ni sólida la etiqueta que les plantamos encima.