domingo, 30 de septiembre de 2012

Meditación 9

Through the window flows an autumn breeze carrying songs of early birds, carrying the breath of my teacher's heart...

sábado, 29 de septiembre de 2012

Meditación 8

                 the cat's eyes
                 are the gaze of the buddha

the soft crackling leaves
    under the soles of my feet
          are the speech of the buddha

my radiant feelings, emotions and thoughts
are the mind of the buddha

viernes, 28 de septiembre de 2012


Juana dice que septiembre es el mes cuando más llueve. Yo ni cuenta me había dado, pues otoño ya no me sonaba a lluvia. Lluvia, en mi tierra, la del verano -húmedo y nublado.

Pero Juana tiene razón: anoche el agua volvió a arremeter. Lo supe en la madrugada, cuando salí a llevar a mi hijo al transporte y vi las baldosas empapadas y la niebla que se cernía sobre nosotros, haciéndose pasar por luminosidad apagada.

Y con todo y la fuerza de la lluvia de septiembre, su recuerdo sigue arremetiendo en mi interior, colándose en mi psique desprevenida.

Ya llegará el invierno...

martes, 25 de septiembre de 2012

Invitado: Robert Brault

"Life becomes
easier when you
learn to accept
an apology you
never got."

Así reza una cita que me encontré en internet y que me dejó pensando. Para desentrañar mejor su significado, o más bien su sentido en mi propia experiencia de vida, la traduje (a mi modo, claro, no puedo de otro): La vida se vuelve más sencilla cuando aprendes a aceptar una disculpa que nunca te dieron. O tal vez, se me ocurre hoy, una disculpa que nunca recibiste.

Desde la primera lectura supe que estas palabras me decían algo, aunque no tenía del todo claro qué. Y, así, me fui inventando diferentes posibilidades:
  • Quizás más que no recibir esa disculpa tan esperada, no mi di cuenta de que alguien me la había ofrecido, y entonces me seguí complicando la vida.
  • Quizás mi orgullo herido me impidió soltar la necesidad de una disculpa y entonces me seguí complicando la vida.
  • Quizás se trate solo de no aferrarme a la (supuesta) afrenta de la que fui víctima y seguir con la vida sin complicarla de más y así, la disculpa se da por recibida.
  • Quizás sea solo cuestión de no tomarse uno (o una) a sí mismo (o a sí misma) tan en serio, abrirnos a lo que la vida trae y lo que se lleva y, en el proceso, disfrutar mientras dure, llorar cuando se acabe y soltar, sin tanta complicación emocional ni conceptual.
  • Quizás la liberación esté -simple, sencilla- en la mera paradoja entre aceptar aquello que nunca se recibió y así, se disuelven tanto la ofensa, como quien ofende y el ofendido y entonces la vida se hace más fácil.
Al seguir contemplando la frase, su sentido se me irá revelando -casi seguro- de diferentes maneras hasta llegar, quizás, a una certeza más allá de las palabras y, entonces, la habré internalizado (y la podré soltar también). Mientras tanto, intentaré reírme un poco más de mis propios azotes y dejar de esperar disculpas las más de las veces probablemente innecesarias...

sábado, 22 de septiembre de 2012

crisis de otoño

Según la medicina tradicional china, el cambio de las estaciones es un momento de tensión especial - la transición en términos de temperatura, de humedad, de duración de los días y las noches, supongo yo, constituyen desafíos varios para el cuerpo y para la mente: los pensamientos y las emociones no están ajenos al ajetreo. Por lo menos, para mí cada llegada de otoño, con una puntualidad inglesa, se manifiesta en una, dos o tres gripas eslabonadas (quizá sea solo una que dura mucho más de lo esperado) con sus buena dosis de tos (que amenaza con quedarse hasta la siguiente primavera).

Será porque según la mitología griega, en otoño es cuando Perséfone debe volver al inframundo a pasar una temporada con su esposo Hades, porque la oscuridad va ganando implacable el terreno de la luz, porque toca reflexionar después de la cosecha y prepararse para el invierno, que en esta época (y en especial en este año - el de mis 49 otoños) se han dado cita ausencias (como mi padre aparecido en un sueño convertido en fabricante de perfumes, entre los cuales destacaba el perfume de la muerte, sutil pero constante), pérdidas recientes (como la mejor amiga que dejó de serlo y cuya presencia aún se me manifiesta con profunda tristeza), y vulnerabilidades (como el pulgar de mi mano derecha, sanando de una operación y cuatro puntos hechos con hilo de plástico negro).

Época de recogimiento (recuerdo a otra mejor amiga perdida que comentaba que, llegado el otoño, prefería guardarse temprano en casa y no salir de noche), de mirar más hacia adentro que hacia afuera, de chiflones de aire helado y de alguno que otro rayo de sol candente, en mi tierra donde las hojas no se vuelven naranjas ni rojas ni hay presagios de nieves y heladas - un otoño más para reflexionar, apreciar, guardar y soltar, en preparación para el renacimiento del siguiente equinoccio.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Invitado: David Whyte

Amistad


La amistad es un espejo de la presencia y una evidencia del perdón. La amistad no solo nos ayuda a mirarnos a través de los ojos de otro, sino que puede sostenerse a lo largo de los años solo con alguien que reiteradamente nos ha perdonado por nuestras transgresiones, como nosotros debemos encontrar adentro nuestro el perdonarlos también. Un amigo conoce nuestras dificultades y sombras y se mantiene cercano, compañero de nuestras vulnerabilidades más que de nuestros triunfos, cuando estamos bajo la extraña ilusión de que no los necesitamos. Un trasfondo de verdadera amistad es una bendición precisamente porque su forma elemental se redescubre una y otra vez a través del entendimiento y la compasión. Todas las amistades de cualquier extensión están basadas en un perdón mutuo, continuado. Sin tolerancia y compasión todas las amistades mueren.

Traducción del inglés de Adela Iglesias
(Texto original disponible aquí.)

jueves, 13 de septiembre de 2012

Experimento

Nació sobresdrújulo. Su madre lo programó desde su estancia en el vientre. Solo le hablaba en verbos imperativos pegados a un me, a un lo, a un te. Quítateme. Cállamelo. Cuando debía aprender a hablar, solo supo agachar la cabeza y asentir. Triste lo describiría también, grave, llano. Jamás logró poner el acento en la sílaba final ni hacer valer un monosílabo. Ni yo, ni sí, ni no. Murió sobresdrújulo.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Invitado: Sogyal Rinpoché

Incluso cuando se trata de una buena relación, el amor sufre a causa del apego, con su inseguridad, su posesividad y su orgullo; y después, cuando el amor se ha perdido, lo único que nos queda de él son los «recuerdos» del amor, las cicatrices del apego.
Antes de irme a la cama, leo un rato y recuerdo todas las conversaciones que nunca tendremos, todas las palabras que se nos quedaron en el tintero y las que optaron por quedarse en el refugio de mi garganta. Me pregunto, otra vez, si las tuyas no fueron meras proyecciones de mi anhelo.

Yet another September storm washes away the lingering scent of what we had together. Will it ever be gone or will I find the way to get on with life and not mind that much?

lunes, 10 de septiembre de 2012

Metáfora

o los gajes de mi oficio

Hoy no voy a recurrir a ninguna definición académica del término que nos ocupa, sino más bien a los riesgos profesionales de ser maestra de español en secundaria.

Llegué a clase, lunes temprano, segunda y tercera horas con tercer año, o sea, chicos de entre 14 y 15 años que se graduarán en algunos meses de su educación media. No sobra decir que me había pasado el fin de semana prácticamente en cama, tosiendo y moqueando e intentando estar suficientemente recuperada como para volver a la vida real al iniciar la semana (no es que tuviera la opción de no hacerlo...)

Y qué mejor que seguir trabajando con los tropos, sobre todo para una mañana sin voz y con alumnos que no paran de comentar sus andanzas de sábado y domingo. "Voy a anotar algunos ejemplos en el pizarrón para que me digan qué tropo se está usando", alcanzo a decir con la garganta a punto del ataque de tos, "y apuntan la respuesta en sus cuadernos". 

Entre los mentados ejemplos, tuve a bien incluir el trilladísimo "la primavera de la vida". "Es una metáfora", gritan varios entusiastas a la vez". "¿Por qué?", los interrogo, yo. "¿Cuál es la comparación implícita?" Entre contribuciones de unos más inspirados y otros menos, llegan a identificar las estaciones del año frente a las etapas de la vida. "¿A qué corresponde la primavera entonces?", sigo cuestionando, al tiempo que supongo que la respuesta será "a la juventud". Pero me sorprendo cuando alguien dice: "No, más bien es la niñez, miss...". Estoy por disentir y argumentar cuando una chica, linda y vivaracha, me pregunta (o eso creo yo, pues más bien sospecho que afirmaba): "Entonces, tú ya estás en el otoño, ¿no?, miss".

Estupefacta, boquiabierta y a punto del desmayo, solo atino a responder: "Para que sepas, yo apenas estoy terminando el verano...", tratando de salvar mi orgullo herido. Todos se ríen frente a mi réplica, quiero pensar que con más complicidad que otra cosa, y yo me llevo de tarea la reflexión sobre las etapas de mi vida y las estaciones del año...


para Lariza y sus secuaces, por seguirme enseñando

viernes, 7 de septiembre de 2012

Amistad 17

En mis andanzas matutinas por la internet, hoy me encontré una cita en inglés, atribuida al Buda, sobre la amistad. Inmediatamente la traduje y la compartí y lo vuelvo a hacer aquí, aun con la conciencia de que estas palabras bien podrían, como sucede tantas veces en el mundo virtual, no ser de quien se supone que son. Poco importa si resonamos con ellas:

Cultiva un amigo cuyas maneras son siete. ¿Cuáles siete? Da lo que es difícil de dar, hace lo que es difícil de hacer, soporta lo que es difícil de soportar, confiesa sus propios secretos y guarda los tuyos, en tiempos difíciles no te abandona, y no te abandona cuando estás triste. 

Casi medio siglo de vida y yo me sigo haciendo bolas con mis relaciones amistosas. Casi cinco décadas de buscar amistades, de encontrar amistades, de inventarlas y, finalmente, de decepcionarme de ellas. Qué patrón tan agotador. Pero cuando hoy leí esta supuesta enseñanza del Buda, algo me quedó claro: Yo quiero amigos que sean así y, de hecho, los tengo y los he tenido en el pasado. Pero también es cierto que me he especializado en relaciones que me enseñan más por sus carencias que por sus obsequios. Aunque es indudable que tales personajes iluminan mis propias faltas y me obligan a enfrentarlas y responsabilizarme de ellas, también constituyen una fuente constante de desgaste. Es como pedirle a un olmo, una y otra vez, que me ofrezca peras.

Supongo, más bien sé de cierto, que el telón de fondo para tales charadas es la complicada relación que tuvimos mi madre y yo. Pero ya va siendo tiempo de que la acabe de soltar, deje de buscar el mismo patrón en otras mujeres (y hombres también) y disfrute de quienes tienen las siete maneras que describe el Buda. Por descontado queda que este trato implica que las siga cultivando en mí, que no siempre soy una perita en dulce...