miércoles, 6 de agosto de 2014

.A.m.a.n.e.c.e.r.



para Javier
deseando amanecer entre tus brazos
otra vez






De las ocho acepciones (siete como verbo y una como sustantivo) que tiene el vocablo amanecer (Del lat. hisp. manescĕreen el DRAE, dos resuenan con lo que quiero decir: 1. intr. impers. Empezar a aparecer la luz del día 3. intr. Dicho de una cosa: Aparecer de nuevo o manifestarse al rayar el día

Pues a mí la luz del día me apareció, como consta arriba, a bordo de un avión hacia Madrid el 5 de mayo de 2014. Volar no figura para nada entre mis actividades predilectas, pero esa vista al salir del duermevela en el minúsculo asiento aéreo bien valió la pena el coctel de miedo e incomodidad. Además, no solo me quitaba el aliento ver el azul del cielo y la brillantez del sol en el horizonte, sino la conciencia del segundo amanecer que me esperaba al aterrizar: Después de más de 10,000 días y noches, mi primer amor estaba a nada de volver a aparecer en mi horizonte y yo en el suyo, al rayar el día.

Y el amanecer de esta segunda oportunidad ha continuado desde entonces, con alguna que otra nube o de repente alguna tormenta como era de esperarse, pero también con la certeza de la confianza, como la de los rayos del sol después de una noche de oscuridad. 

Hoy estamos a escasos dos días (con sus noches) de volver a amanecer abrazados, ahora a este lado del Atlántico. Y el aliento se me entrecorta como cuando me asomé por la ventanilla del avión hace tres meses...


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