martes, 14 de octubre de 2014

.a.l.e.g.r.í.a.


Mi amiga Marie dice que, aun en la tristeza más profunda, hay visos de alegría. Y yo le creo. (No podría ser de otro modo).

Hoy pasó volando una mariposa blanca frente al parabrisas de mi coche.

Hoy vi cómo llovían hojas secas de un ficus enorme y al rozar el piso desprendían una melodía suave.

Hoy me abordó una excompañera de trabajo a la que hacía años que no veía. Me llamó por mi nombre (yo no recuerdo el suyo, pero sí sé que tiene unas gemelas y le pregunté por ellas). Luego me dio un abrazo muy cálido.



La RAE, entre varias acepciones, dice que alegría es un 1. f. Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores. Yo no es que en estos momento pueda manifestarla con muchos signos exteriores, pero sí puede conectarme, dentro muy dentro de mí, con la sensación de que, aun en la negrura, pasan revoloteando unas diminutas mariposas amarillas, como aquellas que nos encontraban al paso en el malecón de Loreto. A mí me parecían preciosas y tú no entendías mi entusiasmo.

Y parar cerrar, la mejor definición de alegría que encontré en el diccionario: 6. f. Nuégado o alajú condimentado con ajonjolí. Solo escuchar el juego de los sonidos me sugiere una sonrisa.

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