lunes, 17 de noviembre de 2014

-a-c-e-p-t-a-r-


Para Marisa, por recordármelo,
por ser compañera en el camino


Esta entrada podría ser la continuación de lo que escribí hace un poco más de cuatro meses a propósito de la confianza, donde hablaba de soltar las dudas, las inseguridades, los miedos. Hoy, esas dudas, inseguridades y miedos confirmaron que tenían razón de ser. Lo que hay entre tú y yo hoy poco tiene que ver con lo había entonces o quizá bastante más de lo que entonces pude, o quise, ver.

El caso es que mi amiga Marisa me hizo recordar las instrucciones que uno de nuestros maestros, Acharya Lhakpa, me dio a principios del año cuando lo consulté sobre mi incipiente relación contigo. Después de varias reflexiones, me dijo que si en algún momento sucedía que tú dijeras que no, tendría yo que aceptarlo también. Yo, por supuesto, este detalle lo había olvidado. Eso es imposible, debo haber pensado entonces.

Hoy sé que no solo es posible, sino que así es. Y llevo varios meses luchando contra esa realidad, con justificaciones mejores o peores, pero al final, solo justificaciones inventadas por mi mente de apego. ¿Y qué hacer cuando finalmente me cae el veinte? Aceptar. No hay otra salida si quiero dejar de infligirme más sufrimiento (que soy solo yo la que lo hace, tú eres una mera condición que apoya mis patrones habituales, no la causa de mi sufrimiento). Aceptar que las cosas son como son, no como quisiera que fueran. Aceptar que estoy donde estoy, no donde quisiera estar.

Estos días estoy trabajando en la corrección de la traducción al español del libro Mind Beyond Death (La mente más allá de la muerte) de mi guru raíz, Dzogchen Ponlop Rinpoché. Y como por arte de magia, o sea, las bendiciones del linaje, me encuentro con la siguiente cita, a propósito de los estados que atraviesa la mente después de la muerte física: "Si somos estadunidenses en la India, entonces no queremos intentar estar en los Estados Unidos. Fingir no cambiará nada. Seguiremos estando en la India y seguiremos enfrentando las mismas cosas. De igual manera, si tratamos de estar en el bardo de esta vida cuando estamos en el bardo de dharmata, no va a funcionar. No importa cuánto lo intentemos, ahí no es donde estaremos. Estamos en el bardo de dharmata y, por lo tanto, tenemos que estar ahí".

Y sí me ha tomado una serie interminable de días darme cuenta, primero, que estaba fingiendo, fingiendo que las cosas no son como son; segundo, ver que este fingimiento lejos de ayudarme, me estaba lastimando más profundo cada día, y tercero, que solo yo puedo optar por otra vía para enfrentarme a la realidad tal cual es. Y como broche de oro a mis reflexiones, ayer recibí desde Seattle más instrucciones a través de otro maestro, Mitra Mark Power, quien en un panel al que nos conectamos por internet habló sobre nuestra increíble capacidad para mantener la atención en las situaciones negativas de nuestra vida, comentando: "Intenta soltarlas" (y verás lo difícil que resulta, escuché y reconocí yo...).

Así que, en resumen, hoy acepto (o empiezo a aceptar, por lo menos) que dijiste no. Y este paso es uno más en el igualmente largo proceso de soltar, de soltarte, de soltar la relación que fue y la relación que ya no es, de soltar mis expectativas y mis miedos, de soltarme en la corriente cierta y contundente del camino espiritual que he elegido.


5 comentarios:

  1. Brindo por esto, salud!
    Nos vemos en la próxima cerveza de trigo.

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    1. Pues ¡salud!
      Y también una cerveza chocolatosa para cuando repitamos...

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  2. Gracias por estas reflexiones, querida Adela, parece que estuvieran hechas para mí!!! ojalá encontremos el camino para aceptar y soltar, y liberarnos de expectativas y sobre todo, dejemos de alimentar el sufrimiento. Te quiero amiga!!!

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    1. ¡Gracias a ti, Silvana, por pasarte por aquí, comentar y vivirlo conmigo. Yo también te quiero.

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  3. Aceptar: rendirse ante la Gran Alma que es mucho mas sabia y grande que nosotros. Asentir a lo que "es".
    Trabajo de vida.
    Te quiero y te abrazo

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