lunes, 24 de noviembre de 2014

Para mi tía Olga


Hoy que, según mis cálculos, cumpliría 99 años, pero bien podrían ser ya los 100. Y hará alrededor de 18 que murió; lo sé porque mi hijo aún no cumplía su primer año de vida. Ella ya no lo conoció, aunque él sí que la ha conocido a ella por mis múltiples referencias a todo lo que me enseñó y al amor incondicional que siempre nos profesamos. Además, conservamos una manta azul claro que le tejió a Santiago cuando él apenas venía en camino.

Hoy la sigo echando en falta como siempre, quizá un poco más por aquello de este corazón roto al que le vendrían muy bien sus apapachos, aunque se mezclaran con posibles consejos retroactivos sobre mi no haber tomado nota suficiente de lo que se hacía manifiesto desde el principio en la relación que culminó con mi más reciente ruptura amorosa, además de que ella fue cómplice también hace esos famosos 31 años. Así era mi tía. Sé que le gustaría haberme visto feliz y sé que me habría acompañado a llorar.

Hoy le dejo esta mariposa, tan efímera en su volar como la vida misma, recordatorio de que todo pasa y de que no hay más que vivir cada momento como si fuera el último.

Te quiero, tía.

Chimal, octubre de 2014


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