sábado, 5 de septiembre de 2015

Invitado: Jeff Brown


A veces la gente se aleja del amor porque es tan hermoso que les aterra. A veces se van porque la conexión alumbra sus lugares oscuros con una luz brillante y no están listos para atravesarlos. A veces huyen porque, en términos del desarrollo, no están preparados para fundirse con otro —tienen que hacer más trabajo de individuación primero—. A veces se van porque el amor no es una prioridad en sus vidas —tienen otro camino y propósito hacia el cual caminar primero—. A veces lo dan por terminado porque prefieren una relación que sea más práctica que consciente, una que no amenace las maneras en que organizan la realidad. Puesto que tantos de nosotros cargamos con culpa, tenemos una tendencia a personalizar las ausencias del amor, disparada por el rechazo y los sentimientos de abandono. Pero esto no es siempre cierto. A veces no tiene nada que ver con nosotros. A veces quien se va simplemente no está listo para mantenerlo seguro. A veces saben algo que nosotros, no —conocen sus límites en ese momento en el tiempo—. El amor verdadero no es un camino fácil —la disposición lo es todo—. Que podamos llorar la pérdida sin personalizarla. Que aprendamos a amarnos en la ausencia del amante.


Rueda de la fortuna vacía en la Feria de Tlaltenango
Cuernavaca, agosto 2015

Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

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