miércoles, 23 de septiembre de 2015

Otoño 4


Algunos años lo menciono por su nombre, en general con bastante nostalgia (como acá aquí) y a veces con un tono más juguetón (como aquí y acá). Otros años, el otoño se cuela en mis escritos más subrepticiamente. Hace un año se cubrió de impermanencia y de carácter inexorable (justo aquí), o sea, andaba yo bastante azotada. Lo inexorable se cumplió, como le suele suceder.

Hoy recibo el otoño, el paso del sol por el equinoccio en su camino hacia el sur (claro desde la óptica del hemisferio norte), con una gripa marca diablo (el cambio de estación + los rezagos del famoso antibiótico) y muy buen humor (extraño caso, sin duda). Por fin, y después de muchos meses, hoy siento que empiezo, también yo, una nueva estación en mi vida, que el camino se vuelve a abrir, que vuelvo a tener mi vida en mis manos (con la conciencia, por supuesto, de lo poco que en realidad llegamos a tener nunca en nuestras manos) y que la tos y los mocos son una suerte de despedida final del ciclo anterior.

Y, bueno, hasta los muertos que vienen se sienten más luminosos.


Aquí unos cempasúchiles silvestres y tempranos para recibir el otoño:


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