martes, 5 de enero de 2016

De sabores, confianzas y reyes

sabor

Del lat. sapor, -ōris.

1. m. Sensación que ciertos cuerpos producen en el órgano del gusto.

Y no nada más en el órgano del gusto (entiéndase la lengua y anexas), sino también en muchos otros lugares del cuerpo y de la mente. Así son los recuerdos gustativos (como los olfativos, que dicen que son los más primitivos).

Hace unos días que estuve en Chimal con mi comadre Ma. Eugenia, tuve dos experiencias saporíferas fuertes: sopa de fideo y dulce de zapote negro. La primera inspirada en la comida que a sus gatos les prepara mi comadre tres veces al día, y que siempre se me antoja. Así que accedió a mis ruegos de preparar caldo de pollo y echarle los fideos en crudo para que se cocieran ahí, como hacía mi abuela Ma. Luisa todos los martes que íbamos a su casa a comer cocido. A mí esta sopa tan simple me deja una sensación profunda de calidez, de apapacho, de confianza.


Un día antes, habíamos ido de paseo a Tlayacapan donde compramos, entre otras cosas, zapotes negros, frutos típicos de esta temporada, que se pelan (tienen una cáscara verde muy delgadita) para sacar la pulpa (a la cual se le quitan las semillas y hay quienes —como mi hacía mi madre— la cuelan) y mezclarla con jugo de naranja (o mandarina), azúcar y un chorrito de licor (o no). A mí de niña me contaban que yo, desde bebé, tenía fascinación por este postre (no hay fotos que lo comprueben pero se cuenta que lo comía batiéndome cara y manos, mientras mi abuelo Óscar me veía fascinado). Yo no recuerdo el momento, pero lo he he incluido en mi versión de mí misma y el dulce de zapote me hace sentir viva y contenta y me encanta. (Aun más compartido con Ma. Eugenia.)

Y hablando de confianza (aunque no ya de sabores, pero sí de sensaciones), ayer después de cinco años fue a una sesión de terapia sacro-craneal con alguien que tiene las manos más maravillosas del mundo. Como era de esperarse, durante las casi dos horas que estuve ahí acabé llorando y soltando los restos de dolores, miedos y tristezas. Él me comentó que, a juzgar por la forma en que mi cuerpo recordaba cómo soltar, no tenía duda que sería capaz de confiar nuevamente, a pesar de los pesares... Y yo le creo.

Hoy (en un rato) será la noche de reyes y en ellos también sigo confiando (y me siguen cumpliendo). Con mi amiga Fuen, hablábamos hace unos días de pedirles algo, en palabras de ella: "un alguito o alguiencito.  Yo namás para soñar y tú para disfrutar 3D!" Yo en general no les he pedido, sino que he confiado, pero tampoco es mala idea darles una ayudadita. 

Para mí, volver a confiar y trascender el miedo y terminar el duelo: bastante más que poco, pero todo es cuestión de un último empujón, confío yo...

Y aquí vienen, camino de Belén, desde Chimal, entre pastores y hartas luces:


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