lunes, 2 de mayo de 2016

t.a.z.a.(s)./.r.e.c.u.e.r.d.o.(s)./.r.e.f.l.e.j.o.(s)


Hace casi dos años, en Lisboa, me regalaron esta taza con la firma de unos de mis escritores favoritos, José Saramago. La RAE dice que una "taza" es una 1. f. Vasija pequeña, por lo común de losa o de metal y con asa, empleada generalmente para tomar líquidos.

También dice que el vocablo viene del ár. hisp.  ṭássa, este del ár. ṭassah o ár. clás. ṭast, y este del persa tašt 'cuenco'. En fin, dice tanto y dice tan poco, al mismo tiempo.

Esta taza pasó a ser mi favorita en cuanto llegué a casa después de aquel viaje. Casi a diario me tomo en ella, por lo menos dos tés, si no es que más. Y cuentan, creo que Pilar del Río, la viuda de Saramago, que beber en una taza como esta, con la firma del escritor portugués, es como besarlo. Para mí, durante unos meses, fue como besar a alguien más. Pero pronto volví a imaginar que beso a Saramago.

El año pasado, una amiga mía estuvo de visita. No podía atenderla todo el tiempo, así que le pedí que se sintiera como en su casa. Cuál no sería mi sorpresa cuando vi que se había preparado un té en mi taza de Saramago. No le dije nada, pero traté de esconder la taza para que al día siguiente eligiera otra. Inútil afán. La volvió a encontrar y se volvió a preparar ahí el té. Qué oportunidad para ver mi mente: ¿por qué mi taza?, ¿y si se le rompe?, ¿por qué no usó cualquiera de las otras tazas? quiero mi taza. La última tarde de su estancia le confesé lo que la famosa taza representaba para mí. Me dijo que ella la había escogido porque le gustaba el color y el tamaño le parecía ideal y tras mi relato estuvo a punto de levantarse y devolvérmela. Le pedí que no lo hiciera y que la siguiera disfrutando y dándome la oportunidad de trabajar con mi apego.

Hace un par de días, en un incidente poco agradable con mi hijo, estuve a punto de dejarla caer al piso, pero no cayó, por fortuna, quizá. Antes había intentado también sacarle fotos y ninguna me había convencido, hasta que se me ocurrió incluirla como un reflejo entre los reflejos de mi casa.

Cada vez que la lavo (trato de ser yo quien la lave y no alguien más), contemplo la posibilidad de que se rompa. No se ha roto, pero puede pasarle, como a cualquier otro fenómeno compuesto, incluidas las relaciones y las fantasías. Escribiendo sobre mi taza roja de Saramago, recordé también otra taza: aquella era blanca con el borde azul y con mi nombre escrito con letra manuscrita en el mismo azul.  De aquella no conservo ni foto. Era parte de un juego que me regalaron de bebé, que incluía, además de la taza, un plato hondo (en cuyo fondo se leían las palabras "All gone") y un plato extendido, también con mi nombre. Hoy solo sobrevive este último (y adorna, cuando no lo descuelgo para lavarlo o fotografiarlo, una pared de mi cocina):


Con aquella taza protagonicé una de las escenas más fuertes de mi apego a mí misma, a mi nombre, a lo que yo creía que era el amor, sólido e inmutable. Cuando me casé, se la regalé a Adrián, mi marido, quien tomaba incontables tazas de café mientras pintaba. Según yo, fue un acto de amor, igual que lo era que él bebiera ahí todos los días, como si me besara, supongo. Una mañana o tarde, no recuerdo, la tiró al piso sin querer y se hizo añicos. Yo me puse fatal, pensando que aquello era una traición al amor. No fue sino hasta años después cuando comprendí que las tazas y las cosas en general, incluyendo las relaciones y las promesas, y yo misma y los demás, somos impermanentes. Disfrutarlos, disfrutarnos, mientras duren y duremos, no tiene nada de malo. Pero soltarlos, soltarnos, cuando se terminan o se rompen provoca menos sufrimiento.

Hoy se supone que lo sé. Espero poder practicarlo cuando me toque ver a mi taza de Saramago o a mi plato de león hacerse añicos o a mí disolverme también, como las relaciones, las promesas, la fantasías, y la vida misma.

2 comentarios:

  1. Muy bonito texto....Espero que tu taza te dure muchos años....

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    1. Gracias, Ángeles. Es un gusto siempre leer tus comentarios. Te mando un abrazo con calorcito de estas tierras...

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