sábado, 8 de abril de 2017

.54.


Hace tres días cumplí 54 años y desde el mero 5 intenté sentarme a escribir algo, pero hasta hoy me fue imposible. Cumplir años me gusta y me gusta celebrar y que me celebren. También me recuerda tiempos pasados, que no siempre fueron mejores, pero donde se quedaron personas que hoy (por una cascada de diferentes motivos) ya no están. Y yo, cada año, las vuelvo a recordar.

Los días anteriores al cumpleaños fueron raros, difíciles, largos, tristes. Sentía que un manto, muy negro y muy pesado, se había aposentado sobre mí. Duelos. Dudas existenciales. Ansiedades. Llantos. Y demás compañeros oscuros.

También es cierto que aunque ese lugar no me resulta extraño (lo he visitado varias veces a lo largo de mi vida), en esta ocasión pude ver, aun estando dentro, que era pasajero. (En general cuando estoy ahí, estoy convencida de que no pasará nunca.) Y también, pude darme cuenta cómo el tejido del manto no es tan sólido como parece, sino que la tela ha empezado a abrirse, dejando huecos entre los hilos por donde se cuela la luz. Y entonces la experiencia misma fue menos trágica de lo que solía ser. Todo un hallazgo.

Y así llegué al aniversario decidida a acabar de quitarme el manto de encima. Primer remedio: corte de pelo "en privado" con Bruno. Y los restos de depresión quedaron junto con los mechones, tirados en el piso. Salí de ahí contenta y muy regalada y sin planes definidos para el resto del día. En casa me esperaba mi hijo con Protágoras, mi regalo de cumple. Al rato llegó mi amiga Evelyn y los cuatro nos fuimos a comer. Aquí una de las fotos que ella nos hizo:


El día terminó con mi vuelta al espacio de biodanza, donde mi amiga Ángeles también aprovechó la sesión para celebrarme. Y me sentí muy querida (lo cual dejo de ver cuando me creo que el manto oscuro es insuperable).  

Al día siguiente, pensando que ya había pasado todo, llegué a la escuela para encontrarme con la fiesta sorpresa que me habían organizado mis alumnitas (y mis dos chicuelos) adorados de octavo. El festejo fue completamente inesperado (si hasta optaron por no felicitarme por FB, para que no sospechara nada...) y yo quedé profundamente conmovida. He aquí la constancia:



Y así vienen y van los días y se pasa la vida. Solo me queda vivirla y dejar ir los momentos para dar la bienvenida a los que siguen, intentando fluir más y azotarme menos.

2 comentarios:

  1. Feliz vida!! Me dijo Moni que se verán mañana. No puedo así que festejamos en la semana. Besos

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