lunes, 24 de julio de 2017

Reencuentro (35)

reencontrar

Tb. rencontrar.
Conjug. c. contar.
1. tr. Volver a encontrarU. t. c. prnl.
2. prnl. Dicho de una personaRecobrar cualidadesfacultadeshábitosetc., que había perdido.

Y arrancamos así porque "reencuentro" es, como era previsible, la "acción y efecto de reencontrar", fórmula que parece apuntar a mucho, pero que en realidad dice muy poco. Y aún menos cuando hablamos de "volvernos a encontrar" después de 35 años con una colección de personas a las cuales conocemos, como mínimo, desde hace 38 años y, en otros casos, desde hace 50, como nos hizo notar uno de los compañeros de la escuela que comenzó el viaje, como yo, desde el kínder. Esta vez nos reuníamos a celebrar siete lustros de habernos graduado de la preparatoria.




Hace cinco años, celebramos los 30 y entonces yo describí aquí mi experiencia como una "reconciliación" (tanto para afuera como para adentro). Esta vez mi vivencia, y creo que la de muchos, fue más suave, en el sentido de que el miedo o el nerviosismo por volver a ver a la gente que nos conoció de tan jóvenes, antes de dejar el nido por así decirlo, era menor que la emoción del reencuentro. Yo, por lo menos, ya había superado las etiquetas añejas (propias y ajenas), sabía que había personas a quienes quería ver y abrazar y tenía la expectativa de encontrarme de nuevo con otras y restablecer el vínculo. (Es cierto que hay vínculos cuya intensidad ha disminuido tanto que están a punto de desvanecerse, pero eso no es más que una señal más del paso de la vida.)

Hubo, pues, pláticas largas, otras más cortas, algunas que quedaron pendientes "para la próxima". Hubo brindis, varios, con diferentes personas, o con la misma, con diferentes bebidas o con la misma. Hubo tequilas compartidos. Y abrazos, más largos y más cortos. Y muchos besos. Y fotos. Y pasas con chocolate. Y un pastel que mandó la escuela. Y recuerdos. Muchos recuerdos.

Que si el debate que protagonizamos en 6o de prepa lo habíamos arreglado premeditadamente. Un compañero afirmaba que sí; otra, que no; y yo en realidad no me acuerdo para nada.

Que si yo me mecía en la banca de la escuela. (Parece que esto fue muy llamativo porque en cada reunión siempre hay alguien que lo saca a colación.) Y que si no prestaba mis apuntes. Pero luego resultó que hubo gente que se acordó que sí los prestaba y que les fueron de ayuda en algún momento. (Uf. Qué alivio.) Que si la niña que siempre sacaba 10, pero que afortunadamente dejó ser aburrida (dije yo). Pero si no lo eras, dijo alguien más. (Menos mal.)

Que si nos vestíamos de tal o cual manera y, al final, igual no acabábamos de encajar, como cuando se me ocurrió ponerme unos (entonces famosísimos) jeans Jordache, para gran enfado de un compañero (que en esta ocasión no estuvo presente).

Que si Fulano había sido novio de Mengana o Zutano se le había declarado a Perengana. Y así le conté a un amigo que me acordaba de cuando se me había declarado enfrente de la biblioteca de la escuela. Y él recordó que mi respuesta había sido negativa. Y yo le dije que me había arrepentido y que, además, había conservado su carta. (Y sí, hace un rato la encontré en mi maleta de los recuerdos, junto con varias cosas más, entre ellas el discurso de graduación que leí en nuestra ceremonia, las cartas a mano de varias amigas [hasta una en clave y con un código para poderla leer], una conversación escrita con otra [como un especie de chat prehistórico], el examen arrugado de un chico que me fascinó durante años...)

Y leyendo ese discurso di también con unas palabras que hoy vuelven a hacerme sentido:

Parece como si de pronto nos viéramos en el espejo sin reconocer nuestra imagen, pues es el momento de valorar, de dudar y de confirmar lo que hemos llegado a ser. Y poco a poco la imagen se aclara cuando nos vamos aceptando con lo bueno y lo malo que tenemos, cuando empezamos a definir el camino que cada uno quiero seguir como ser humano iniciando una vida cada vez más autónoma e independiente, buscando encontrar la respuesta a tantas preguntas, la persona tantas veces soñada, la verdad que nos hace seguir hacia adelante siempre.

Así, como un juego de espejos vuelve a ser hoy la reunión: podemos recuperarnos a nosotros mismos y a los demás, reconocernos (quizá después de algún desconocimiento momentáneo) y reencontrarnos (como individuos en constante cambio y como seres que no podríamos sobrevivir sin relacionarnos con los demás). Me viene a la mente con claridad la cara de sorpresa y entusiasmo de un compañero que no había asistido a las reuniones anteriores y que estaba viéndose reflejado en cada uno de los ojos que ahora encontraba (según lo comentó al llegar).

Es como si en la mirada de los demás pudiéramos encontrar pedazos nuestros, perdidos u olvidados o solo traspapelados, y en la nuestra hubiéramos guardado también los de los otros. Cada vez que nos volvemos a ver, los compartimos de nueva cuenta y, de alguna manera, nos reconstruimos otra vez.

Como comentaba hace apenas un rato en el chat (electrónico, claro) con una querida amiga —recuperada justamente hace cinco años—, fue sin duda una reunión entrañable que hoy nos deja, quizá, con cierta nostalgia, mezclada con una sensación de plenitud. Como con una resaca dulce, le decía yo.

Y mientras iba escribiendo todo esto, me acordé de una canción que escuchaba de recién casada, cuando viví en un pueblo cerca del volcán, y el lechero, al otro lado de la barranca, la ponía a todo volumen cada mañana (y a mí me encantaba):





Es indudable que los caminos de la vida no son como yo pensaba, pero es un enorme regalo volver a coincidir en ellos con las personas que guardan, a su manera, un pedazo mío y yo, uno de cada una de ellas.


1 comentario:

  1. Querida Adela
    Me encanto tu relato, lo leí con un enorme gusto y lo compartí con mi esposa quien comenta lo bien que escribes.
    Efectivamente, creo que cada uno de nosotros en diferente medida tenemos algo de los demás y en ellos vemos nuestro pasado, lo que fuimos, lo que hemos superado y lo que no.
    Para mí fue un re encuentro muy sincero, agradable, sin prejuicios sin rencores y lleno de alegría
    Como siempre sigo leyéndote y prometo comentarte más pues muchas de tus vivencias y sentimientos que expresas coinciden mucho con los míos
    Besos

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