lunes, 21 de agosto de 2017

Coming of Age


A veces, las palabras para darle nombre a lo que siento o a lo que me pasa se me presentan en inglés. Como hoy y como ayer y antier en que he estado cavilando sobre la edad y el envejecimiento y me vino a la mente la expresión "coming of age".

El Cambridge Dictionary apunta aquí a tres significados de la frase: 1. momento en que la persona se hace oficialmente adulta y puede votar; 2. momento en que alguien madura emocionalmente o de alguna otra manera, y 3. momento en que algo comienza a tener éxito. A mí se me presentó una cuarta posibilidad, que abarca varias cuestiones.

Habiendo cumplido con la 1 hace mucho tiempo, me sigo preguntando cómo se verá aquello de alcanzar la madurez (a lo que hace poco aludía acá) en cualquier sentido y si es algo a lo que en verdad aspiro. Y tampoco estoy muy segura sobre lo que es el "éxito" ni si quiero llegar allí. Lo que sí sé es que yo durante mucho tiempo me vi más joven de lo que era, o sea, fui muy come(o traga)años. (Hace poco me encontré una foto de unos meses antes de divorciarme, así que tendría 39 años y parecía de 29 o menos...) Sin embargo, ahora me parece que ya me veo de la edad que tengo: cincuenta y tantos. Bien llevados, creo.

Asumirme y aceptarme así, con los cambios que implica (los muy evidentes, como a nivel corporal, —incluyendo la papada que es herencia directa de mi papá— y los menos evidentes, como a nivel emocional y de carácter —las tablas para dar clase, la capacidad de reírme de mí misma o la caída en cuenta de que la soledad, en el sentido de no tener pareja, puede ser una bendición en disfraz) es lo que hoy me parece ese coming of age: Alcanzar mi edad, sabiendo que día a día se acumula más, amar mis canas, liberarme de expectativas y presiones sociales (sí al estilo de alguna declaración atribuida a Meryl Streep, que anda por ahí dando vueltas en el internet). Y, así, a la edad que tengo, siento que tengo el mundo y la vida a mi disposición otra vez: para escribir en serio, para meditar en serio, para ir al cine a la hora que se me dé la gana, para esperar la visita de fin de semana de mi hijo y armarme un buen plan cuando no viene, para pensar en mudarme de país durante un rato...

Y también para contestarle "Cómo tú quieras" a la chica que me vendió hace 2 días un boleto de cine, después de que hubo de preguntarme tres veces, porque ni le oía ni le entendía, si el boleto era "De tercera edad o de adulto." Entonces decidió cobrármelo de 3a edad y como iba yo a una función doble, pagué un boleto por ver dos películas, aunque me falten 6 años para tener la credencial que me acredite oficialmente como "vieja". (Aún recuerdo la impresión que fue que me llamaran "señora" por primera vez, en lugar de "señorita" y eso que no tenía ni idea de lo que se vendría después.)

O replicarles a mis alumnos cuando, por quedar bien conmigo, me dicen que parezco de 27, que si tuviera 27 y me viera como me veo, me tiraría por un balcón...

Quizá estos "privilegios" de los cincuenta sean otra manera de "madurar" y "tener éxito".
O no...

1 comentario:

  1. Absolutamente amiga,para mi coming of age, resulta emocionante,liberador e interesante. Puro gozo!!!!

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