jueves, 7 de septiembre de 2017

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Pues eso, que ya se han pasado dos semanas, quince días, 336 horas, desde la última publicación en el blog. Ma. Eugenia, mi comadre, dice que cuando esto sucede, ella sabe que algo me está pasando. Emocionalmente. Que las cosas no andan del todo bien o andan muy movidas. Afuera, quizás, pero probablemente, más adentro. Casi seguro.

Y no se equivoca. 

A mí, la llegada del otoño suele hacérseme cuesta arriba. Y eso que aún no llega. Oficialmente. Porque el clima ha estado, bueno, más "veraniego" que de costumbre: Lluvia incesante, casi total ausencia de sol y viento helado. Si a eso le sumamos, el silbato de los policías que intentan dirigir el tráfico enloquecido por la Feria de Tlaltenango, el tiempo está en plena metamorfosis.

Y así mi humor, mi salud, mi ánimo.

Aclimatarme de nuevo al trabajo ha sido más arduo que otros años. Tal vez porque la vuelta a las clases coincidió con la partida de Santiago a las suyas en la UNAM en México. Y también porque el número de horas frente a alumnos aumentó considerablemente, incluyendo por lo menos cuatro grupos con caras nuevas. 

Se han quejado mis rodillas. Y mi panza. Y mi cabeza. Y mi mente, por supuesto. Le cuesta (me cuesta) soltar. Y suelta, finalmente, (suelto) pero luego se (me) vuelve(o) a apegar.

Y me resisto. Y me tenso. Y me sigo tensando. Hasta que la tensión alcanza su punto máximo: Y entonces me caigo (por fortuna, del suelo no paso), o lloro (con razón o sin ella), o intento escribir (y no puedo). Y entonces vuelvo a soltar (cuando ya no queda de otra): Me levanto. Sigo llorando. Dejo de llorar. Vuelvo a escribir. Lloro un poco más.

Y me voy a dar un paseo por la feria. Y compro macetas (para trasplantar violetas), cocoles (para que Santiago se lleve a México) y me encuentro imágenes:



Como la vida.

Siempre en movimiento.

Yendo hacia arriba.
Hacia abajo.

En soledad.
O en compañía.

Y el ciclo vuelve a empezar. Las rodillas, a sanar. Las migrañas, a ceder.

El sol, a abrirse paso entre las nubes.
(Unos días más que otros.)

Y las palabras, a abrirse paso entre la ansiedad y los silencios.
(De momento y, después, ya veremos...)


6 comentarios:

  1. Amiga podemos llorar y dolernos acompañadas. No estas sola!! Te abrazo mucho, mucho

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  2. Adela... creo que nos haría bien un día de estos platicar y llorar juntas... los vuelos de los hijos... Un abrazo enorme

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    Respuestas
    1. ¡Hagámoslo, Tamara! ¿Vienen en noviembre al programa con Ponlop Rinpoché? Te mando un abrazo enorme de vuelta. (Qué gusto que te pases por este espacio...)

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    2. Si vamos en Noviembre. Nos veremos pronto por allá. Te he leído mucho y me gusta leerte.

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    3. ¡Perfecto! Y con eso que es trabajo con la emociones, ya podremos darnos la oportunidad de llorar juntas... ;)

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