domingo, 15 de abril de 2018

De bebidas, recuerdos y Jalisco 1


Yo fui a Guadalajara por primera vez cuando tenía 11 años (sí, me parece que fue el mismo año que fui a Disneylandia, pero antes). De hecho, el viaje a la ciudad de mi abuela Rosa ("tapatía venturosa" como ella se calificaba) fue la primera vez que volé en avión. Recuerdo también que llevaba mi cámara instamatic de Kodak. La única imagen tomada con ella que sobrevive (en mi memoria) es la de una Ciudad de México desde el aire (a nuestro regreso) cubierta por una espesísima nata entre café y gris. Debe haber habida alguna, quizá, del Teatro Degollado, pero no estoy segura.

No volví a la capital de Jalisco sino hasta el verano de hace cuatro años, a visitar a mi tía Marisa. Ese mismo año, regresé en diciembre a presentar un libro y volví a visitar a mi tía (fue la última vez que la vi). En esas ocasiones, no paseé mucho.

Y esta Semana Santa estuve de vuelta, ahora sí de turista, guiada por nuestros amigos del teatro, oriundos de Jalisco. Y paseamos muchísimo, tanto que tres días rindieron como quince.

Hicimos las visitas obligadas en el centro de la capital: el Hospicio Cabañas, el Teatro Degollado, la catedral. 









Y probamos nuestro primer tejuino, a la salida del hospicio. No fue el mejor, pero sí una buena introducción a esta cerveza de maíz, típica de la zona. Al día siguiente, probaríamos uno buenisísimo en San Pedro Tlaquepaque: más oscuro y sin nieve, solo con sal y limón. Es súper refrescante y rico y alimenticio (y un favorito de Demian).

En aquel viaje hace 44 años, con mi abuela, mis papás y seguramente mi hermano, no tomamos tejuino (casi seguro), pero sí visitamos Tlaquepaque. Yo lo recordaba como un lugar muy bonito, aunque no tenía imágenes claras. Efectivamente es un sitio muy lindo para pasear y tiendear y echarse una típica cazuela: bebida a base de jugos de cítricos, refrescos con sabor a cítrico y un caballito (carísimo) de tequila, en el Parián.







(foto tomada por Grace)


Y hasta acá Guadalajara, bueno esto sin contar las comidas típicas que también probamos: lonches, tortas ahogadas, carne en su jugo, o sea, mi dosis de carne para el resto del año.

Continuará este relato, fuera de Guadalajara, allá por la tierra de las tolvaneras...

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