martes, 31 de marzo de 2026

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo


Este peso de intentar siempre atraer el placer y eludir el dolor; el hecho de que no aceptamos que esta existencia no es satisfactoria. Una vez que aceptamos eso, entonces de pronto ya no hay ningún problema. Toda esa defensa que montamos frente a cualquier cosa que percibimos como desagradable, puede entonces simplemente desaparecer. Y entonces, suceda lo que suceda, podemos lidiar con ello. 

Una vez cuando estaba en Tailandia —recién me había ordenado hacía unos cuantos meses— me encontré con una princesa tailandesa. Ella me invitó a ir y quedarme en su finca junto al mar. Tenía una propiedad muy hermosa y me ofrecieron una pequeña casa tailandesa de teca pulida en medio de un lago de lotos y dos sirvientes para ocuparse de todas mis posibles necesidades. A dos minutos a través de huerto de mangos, había una playa plateada con palmeras, agua profundamente turquesa y nadie más: era una playa privada. Me empecé a sentir culpable. Pensé: "Aquí estoy, una monja que ha renunciado al mundo y ¡mira esto!". Le dije a la princesa: "Me siento muy incómoda en esta situación". Ella respondió: "¿Por qué? Tú no lo pediste , no trataste de maniobrar las cosas para obtenerlo. Todo ha simplemente llegado a ti. No va a durar mucho tiempo, pero mientras esté aquí, simplemente acéptalo. Cuando las cosas llegan a ti, está bien. Y cuando las cosas no llegan a ti, también está bien".

Esa ecuanimidad de la mente es lo importante. Podemos ir hacia el lado opuesto y solo sentirnos satisfechos cuando las cosas se ponen difíciles y empezar a sentirnos culpables cuando las cosas van bien. La mente humana es muy tramposa. Es esa ecuanimidad: cuando las cosas van bien, lo aceptamos; cuando las cosas no van bien, también lo aceptamos. Eso es una gran libertad de la mente. 


ecuanimidad en Playa Ventura  (enero 2025)















Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

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