miércoles, 8 de abril de 2026

aleatorio, random pues 4


Cuando duermo, sobre todo si me despierto a media noche y me está costando volver a conciliar el sueño o si me quiero dormir un ratito más en la mañana después de alguna ida al baño, me hago una especie de nidito en la cama: un almohada pequeña pegada a la espalda (duermo de lado) y Peludín (mi oso de peluche del UNICEF [era de Santiago]) abrazado enfrente. La sensación de contención ayuda. Casi siempre. Descubrí esta estrategia después de que naciera Santiago y mis patrones de sueño cambiaran drásticamente.

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Una amiga me felicitó por correo electrónico y me preguntó cómo sentía la confluencia entre mi cumpleaños y el domingo de pascua. Le contesté que estoy acostumbrada a cumplir años en semana santa o cerca de ella, así que no le doy especial importancia. Sé (y creo que ya lo conté en este espacio) que nací un viernes de dolores y por suerte no me pusieron ese nombre (como sugería mi abuelo materno) sino el de la mamá de mi mamá.

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Ahora que sé que tienes muchos más tatuajes de los que yo alcanzaba a ver en nuestras reuniones virtuales, tengo nuevas fantasías.

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La planta del amor florece otra vez, como cada año, desde hace más de 30: recordatorio ineludible.

 




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Yo soy de las personas que pone el papel de baño con el extremo del papel colgando hacia adelante, no pegado a la pared. De niña me imaginaba que así se veía el pelo largo de una chica. Cuando lo ponía al revés, me imaginaba que era su cara. A saber por qué una cara sin rasgos. En internet dice (en una visión creada por IA, que, dicho sea de paso, abomino) que el primero es el correcto mientras que el segundo no lo es y da razones. Qué manías maniqueas que tenemos.

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También de chica jugaba, después de bañarme, a ponerme la toalla cubriéndome la cabeza y dejando que cayera hacia atrás e imaginaba que era monja mientras me veía en el espejo. Mejor ni tratar de averiguar por qué.

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Después de que hice hoy la cama y antes de poner la colcha, la Khandro dejó sus huellas sobre la sábana antes de echarse. Casi tan efímeras como las estelas en el mar.

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