jueves, 30 de abril de 2026

Día del Niño


Aunque hoy políticamente incorrecto, yo celebro el Día del Niño, porque así lo celebré siempre. Y por supuesto que hay niñas y niñes e infancias y niñez. La intención está más allá de las palabras y qué duda cabe que también está incluida en las palabras. 

Pero basta de justificaciones.

Este día de celebración de las infancias lo instauró la ONU en 1955 y aunque la fecha escogida por ellos fue el 20 de noviembre, dio libertad a los países para que escogieran cualquier otra fecha que les quedara mejor según sus calendarios. El 20 de noviembre, cuando nosotros celebramos nuestra revolución, conmemora, además, la adopción de la Declaración de los Derechos del Niño (1959) y la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989). Cómo se les/nos olvidan los niños gazatíes y sudaneses y ucranianos e indígenas de tantos lugares...

En México, ya desde 1924 se celebra a los pequeños para reafirmar los derechos de la infancia, promover su bienestar y desarrollo integral, según internet.  La tradición la instauraron Álvaro Obregón, presidente, y su ministro de educación, José Vasconcelos. Y la fecha, un día como hoy, se escogió porque coincide con la ratificación de la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, que parece que es válida para algunes niñes y para otres, no. Tristemente.

Ayer a mí se me ocurrió buscar algunas fotos mías de niña. Ya sé dónde están, porque tengo muy pocas. La mayoría se quedaron allá en Uxmal 548 y sabe dios qué fue de ellas. Encontré un par en las que salimos mi hermano y yo. Quién sabe por qué este año se me anda apareciendo Román. Será por su contundente ausencia en mi vida.

Aquí estamos, como en la otra también, en la casa de Cuernavaca de mi abuela Rosa, donde languideció durante 9 años mi abuelo Óscar. Nos acompaña, además, mi Salustia, mi muñeca de trapo, mi lugar seguro portátil. ¿Qué tendremos 4 y 6 años, 5 y 6? Me conmueven las sonrisas y la mano de él sobre mi hombro. Me llaman la atención su pelo lacio y mis rizos, su overol y mi blusita con lunares (creo que eran rosas), tan aseñoradita desde pequeña. Y lo que más me sorprende es la posibilidad de que hubiera habido algún momento feliz y cariño juntos. Eso parece, ¿no? 

El árbol del fondo es una jacaranda.



Y luego esta otra, en el mismo lugar, en movimiento, desde el ángulo opuesto y con otra jacaranda al fondo:



Quizá fuéramos más chicos en esta, con nuestra ropita y nuestros zapatitos de niño y niña muy bien escogidiitos. Él sonríe y yo me sorprendo, quizá de quien nos sacaba la foto, ¿Mi papá con su vieja Retinette de Kodak?

Vaya recuerdos que se quedaron sobre todo en papel e imágenes blanco y negro.

Y celebro hoy, por supuesto, a mi niño favorito (Santuch, Santo, Chan, Changuito) que vive dentro del hombrón de casi 30: aquí en Tepoztlán con su gran amigo (también niño queridísimo) Leoncito, hace varios años, en una imagen tomada por Daniel, el hermano de Leo:

















Los quiero.

1 comentario:

  1. Que bonitaaa!! Tu parado en la primera foto y la expresión en la segunda, las conservas! Feliz día a tu niña ♥️susy

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