jueves, 14 de mayo de 2026

sin título 8


Dentro de mi colección de lugares inexistentes, destaca hoy la Bahía de Kino. Porque jamás caminamos juntas por la arena a la orilla del Mar de Cortés. Porque tú ni siquiera sabes de ese lugar ni podrías pronunciarlo comme il faut.

En el horizonte inexistente y oscuro que veo a través del balcón, el cielo negro se enciende violeta apenas y de pronto irrumpe un rayo.  Blanquísimo. Luminoso. Y yo temo que pueda ser una de mis retinas desprendiéndose.

Silvio canta, de nuevo, desde un cedé en mi aparato.
Oh, mujer, ojalá que contigo se acabe el amor. Ojalá hayas matado mi última hambre. El ridículo acaba implacable conmigo. 

Recién me doy cuenta del duelo: irritación, miedo, ansiedad. Chispazos de gozo, aquí y allá. Tanto hablamos tú y yo de soltar que hoy me resulta inefable.

Oh, mujer, si supieras lo breve que entraba esa luz. En una casa que se llamaba la noche. 

Escribirte desde una vulnerabilidad medida. Honrándote y honrándonos.
Qué tristeza más grande.
No te asustes del día que va a terminar.
No te asusten los puentes que caigan al mar.
No te asustes de mi carcajada final.
Qué tristeza más profunda.
Cuántas veces nos dijimos que así era eso
que había entre las dos.
Profundo.
Inexpresable como el amor.
Como la budeidad.
Pero impermanente.

1 comentario:

  1. Sorrow gives way to insight and a newfound peace. Un abrazo, jefa; acá estamos pa' lo que se ocupe <3

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