Es 2 porque resulta que hay un "Duelo", así sin número, aquí, en una entrada del 11 de abril de 2011. Es un poema sobre la pérdida y el dolor, pero hoy no tengo ni idea quién era el objeto perdido. Y el 1o de junio de 2012, 14 meses después, aparece un "bereavement", aquí, un duelo en inglés, cuyo objeto supongo que era L.
Antier cuando desperté, me encontré con Celeste iluminada por gotas de luz matutina en mi recámara. Y pensé en ella, claro, en quien me la regaló para mi vigésimo cumpleaños, hace más de 43 años (como cuento detalladamente acá). Y pensé también cómo la pérdida de esa amistad es un duelo que se me ha ido quedando pendiente y eso que ya va más de una década. J y yo fuimos, me parece, mejores amigas y cómplices totales: en nuestro amor por Mr. Hendricks (maestro guapísimo de inglés en la Moderna), en nuestro primer trabajo en Interlingua (saliendo de la prepa), en nuestro viaje a Europa (para el cual es que habíamos trabajado por primera vez), en nuestras primeras relaciones amorosas (ambas derivadas de aquel primer trabajo). Después hubo un desfase en nuestra relación (matrimonio y maternidad) y nos reencontramos como madres solteras, tras nuestros respectivos divorcios. Y viajamos juntas, con todo y nuestros respectivos retoños, que también se hicieron amigos (y un poquito más) durante un rato. Nos visitábamos en nuestras respectivas casas; nos recomendábamos libros, pelis y series; nos escuchábamos y apoyábamos en los avatares de la vida. Hasta que ya no.
No sé a ciencia cierta qué llevó al rompimiento definitivo, al final de nuestra amistad. Recuerdo entre brumas una llamada de ella para felicitarme por un cumpleaños. Me regañaba (en el contestador del teléfono fijo) por no estar disponible para tomar la llamada. Recuerdo su ausencia en una comida con otras amigas para presentarles a mi "prometido" (ella era la única que lo había conocido antes en aquel viaje a Europa). Recuerdo unos cuadros de Adrián medio envueltos en periódico y dejados en la caseta de guardias de su condominio (yo se los había prestado para que decorara su casa y los necesitaba para sufragar la clavícula rota de Santiago). Y sé también de un triángulo amistoso del cual yo quedé eventualmente excluida.
Así es la vida y cada una tiene su responsabilidad en lo sucedido. Yo hoy tengo la necesidad de darle un cierre a la historia que se había quedado nada más trunca. Sin reclamos. Sin resentimientos. Aún con tristeza pero con la certeza de que soltarla, soltarnos, soltar es la única opción viable a estas alturas del partido. Agradeciendo y apreciando lo que disfrutamos y compartimos y dejando ir lo que ambas, más inconsciente que conscientemente, nos lastimamos a pesar de nuestras mejores intenciones.
Antier, cuando abrí mi compu acompañada de mi primera taza de té negro me encontré con la noticia de la muerte de Bonnie Tyler, cuyo "Total Eclipse of the Heart" conocimos J y yo en nuestro periplo por las calles de Londres (como conté aquí hace 14 años), antes de París, Celeste y Ámsterdam. Entonces ella completó el relato en un comentario a la entrada. Aún éramos amigas. El eclipse total del corazón sigue encabezando mi banda sonora original.
Como bien sé, como paciente y como terapeuta, un duelo nuevo abre o remueve duelos viejos. Hoy les empiezo a dar espacio a esos duelos removidos con la intención de ir cerrando pendientes. Quizá lo más doloroso sea la pérdida de espacios donde me sentí segura y querida. Como dice mi maestro, esperar no encontrar dolor en samsara (esta dimensión confusa en la que habitamos) es como esperar no encontrar hamburguesas en un lugar de hamburguesas. Traer el dolor al camino, junto con la alegría cuando la haya, es la manera de transformar nuestros patrones habituales y trascender el sufrimiento que nos generamos muchas veces sin darnos cuenta.
Así que a darle y a seguir escuchando y cantando a Bonnie Tyler:
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