martes, 7 de octubre de 2014

Hace 10 años


Murió mi mamá, si mal no recuerdo. Todos los años recuerdo su cumpleaños (el día de Santa Cecilia), pero esta vez se me ha hecho presente, con una sensación incluso corporal, el día de su muerte.

Varias razones me hacen pensar que mi cálculo del 7 de octubre de 2004 no es erróneo. 

En cuanto al año, fue el posterior a mi divorcio y ese, seguro (o casi) se dio en el 2003. Doce meses y pico después de haberme ido a vivir sola de nuevo, compartiendo a mi hijo con su padre, recontacté, después de años sin vernos ni  hablarnos, a mi mamá. (Tuvimos un fugaz encuentro en el funeral de mi papá -cinco años antes- donde intercambiamos teléfonos.)

En cuanto al día y el mes, recuerdo que la última vez que la vi (y la primera después de reestablecer la comunicación) fue el 7 de agosto de ese mismo 2004 y que murió exactamente dos meses después, cuando empezábamos a hacer planes para que volviera a ver a su nieto mayor, mi Santiago, a quien había conocido, también fugazmente, el día posterior a su nacimiento.

Hoy volví a vivir cómo esa mañana de hace 10 años salí a lavar ropa al patio afuera de mi casa de entonces. Sonó el teléfono. Decidí no tomar la llamada (por no salir corriendo con las manos empapadas y chorreando agua). Volví después a ver si alguien había dejado un mensaje. Me encontré con la voz de mi tía Marisa que hablaba de una tragedia en relación con mi mamá. De inmediato llamé a su casa, me contestó Lupe, la mujer que le ayudaba en casa todos los días, y me dijo que mi mamá había muerto y que me pasaba con la vecina de arriba, una enfermera a quien había pedido ayuda. La Sra. Burak me confirmó la noticia. Lupe había encontrado el cuerpo de mi madre, inerte, al pie de la escalera, junto a un vaso y un cenicero rotos.

Me tomó varias horas (y la compañía de mi gran amiga Dasha) recomponerme para emprender el camino al funeral. (Mi amiga Evelyn me llevó a México, manejando mi coche, que se quedó en la agencia funeraria hasta que ella volvió por mí al día siguiente.) Muchas personas desfilaron ante mí. Mi tía Consuelo intentó que mi hermano y yo nos reconciliáramos (después de años de una relación casi inexistente). Mis amigas de siempre de la escuela estuvieron a mi lado. Algunos familiares se acercaron con más cariño que otros. Y yo sentía que flotaba en un sueño al que no sabía muy bien cómo había llegado.

Dos momentos sobresalen en mi memoria: Cuando un amigo de mi mamá (español refugiado como mi padre) me dijo que hacía poco habían comido él y su familia con ella y que ella había comentado que la hacía muy feliz que yo la hubiera vuelto a buscar. (Hoy vuelvo a agradecer a Horacio y Angelita que me lo dijeran.)

El segundo fue cuando me acerqué al féretro, después de que mi amiga Jessica me ayudara a quedarme sola en el recinto. Ahí estaba el rostro de mi madre, como de cartón, debajo de un vidrio. (El sueño parecía continuar.) Como despedida, le puse encima un cordón bendecido por uno de mis maestros y le pedí a mi hermano (encargado de todos los trámites) que por favor lo incineraran con ella.

De ahí, mi tía Mari me llevó a dormir a su casa. (El sueño no terminaba.) Me dio algo de cenar y me llevó a un cuarto donde la cama, blanca en mi memoria, parecía enorme. Creo que llevaba conmigo un libro de la saga de Harry Potter (vaya ocurrencia...), pero no pude leer. Cuando se cerró la puerta de la recámara, sentí un hueco profundo, muy profundo entre el pecho y la panza y supe que estaba más sola que nunca.

Hoy han pasado más de tres mil días desde aquel al que no había vuelto con tanto detalle. Hoy, y desde hace un tiempo, ha vuelto a visitarme esa sensación de un espacio vacío en mi interior, profundo, muy profundo. Y hoy sigo caminando por el mundo, procesando las pérdidas y las despedidas, con la convicción de que esto forma la vida, así como los encuentros y los reencuentros. Hoy sé también que ese hoyo no soy yo, sino una sensación, pasajera como todas.

Hoy recuerdo a mi mamá con amor y con extrañamiento y le dejo estos claveles que le compré ayer, sin ninguna intención particular, a una señora mayor que puso su puesto a la salida del estacionamiento del súper. (En la foto, mi mamá de niña vestida de gala para una boda. "Creí que era usted", me dijo hoy Juana cuando se la enseñé y le conté la historia del 7 de octubre de 2004).


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4 comentarios:

  1. Amiga,el dolor solo es una ilusión que nos refuerza la idea de que estamos separados, la realidad que que eres amor, tu mamá vive en tí y no hay ausencias.
    Te abrazo desde el alma

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