lunes, 22 de diciembre de 2014

Incertidumbre


amanece tras el solsticio de invierno

¿Y quién nos podría asegurar que mañana amanecerá así? Es bastante probable (aunque no 100% seguro) que amanezca, eso sí, pero quién sabe cuál será la combinación entre el sol y las nubes. Quién sabe cómo se manifestarán las nuevas condiciones. Ni siquiera es seguro que me despierte a tiempo para atestiguar el alba o que me salga una buena foto con mi camarita rosa.

Me parece que la incertidumbre está muy desprestigiada hoy en día (desde siempre tal vez), además de definida con muy poca inspiración por el diccionario (así que hoy ni me molesto en citarlo). Quizá porque la falta de certeza da miedo y frente al miedo solemos paralizarnos o intentamos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, empresa por demás inútil.

Bien mirada, la incertidumbre (como la impermanencia, la transitoriedad de todo lo que somos y de todo lo que sucede) es en realidad un espacio abierto donde todo puede suceder porque nada está marcado. Es un espacio de libertad donde podemos respirar a nuestras anchas. Lo que sucede, creo, es que no estamos acostumbrados a hacerlo.

Y, bueno, tan lúcida y sensata que me veo, y cada día sigo luchando por soltar mi necesidad de sentirte, mi necesidad de escucharte, mi necesidad de mirarte a los ojos, esperándote sin la menor certeza de que aparezcas y sin saber de cierto que no lo harás. Qué oportunidad inigualable de seguir trabajando con mi propia mente, de la cual en última instancia depende mi estado anímico, aunque a veces lo olvido y pienso que el agente de mi felicidad o tristeza eres tú.

Hoy me lo recuerdo otra vez. Ya veremos cómo amanece mañana...

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