domingo, 14 de febrero de 2016

San Valentín


Este santo, de historia legendaria, se asocia con un par de obispos italianos y con un médico sacerdote que casaba soldados en Roma cuando el emperador Claudio II lo había prohibido. Su festividad se borró del calendario católico en 1969 por lo dudoso de sus orígenes. Se dice que es patrono de los enamorados por las prácticas secretas del médico romano o porque su celebración —que coincide con la fiesta patronal del lugar de nacimiento de uno de los dos obispos y que, en su origen, estuvo destinada a contrarrestar a las paganas lupercales— coincide con la época en que las aves comienzan a aparearse (en el hemisferio norte, claro).

Hoy San Valentín, o el día dedicado a él para celebrar el amor y la amistad, tiene detractores y devotos, con argumentos más o menos convincentes ambos. Haciendo un recorrido por el blog, he visto que yo todos los años hago alguna alusión a esta fecha. La mayoría han sido fotografías solas (123) o con alguna cita de un maestro budista (45). En otro momento conté la historia de mi tía Rosita, que durante años me mandó una tarjeta para este día. Recuerdo con claridad una sola ocasión cuando yo le regalé a mi primer novio novio, Deepak Lakshminarayana, un enorme Hershey's. Para entonces ya me había ido de casa de mis padres y vivía en casa de mi amiga Natasha. Deepak me regaló un chocolate igual, pero en versión reducida. No recuerdo haber hecho demasiada alharaca durante los años que estuve casada.

Hoy celebro el amor que tengo en mi vida y cómo poco a poco he aprendido a verlo en sus diferentes manifestaciones, no nada más en la romántica. Mi hijo. Mis amigos. Mis parejas. (Los nuevos, los viejos, los que ya no están, los que recién llegaron.) Celebro también la amistad conmigo misma: Ayer me regalé una función doble de cine (se acercan los óscares y aún me queda alguna por ver) y la pasé genial.

Y celebro que el corazón, al romperse, lejos de desaparecer, se haga aún más grande.

Para cerrar unas palabras que mi amigo y maestro, Tyler Dewar, escribió hace tres años (la traducción al español es mía): 

Ya sea que estés trabajando en ser más gentil y bondadoso contigo mismo o en extender tu calidez y apoyo hacia los demás, la clave para recordar es que el entrenamiento en el amor, como todos los entrenamientos budistas, es un camino. Lo que nosotros como individuos —y lo que el mundo en el siglo xxi— estamos buscando no es el amor perfecto. Lo que estamos buscando es solo un poco de esfuerzo. Incluso dando los pasos más pequeños con la intención de desarrollar amor más allá de lo que hemos conocido hasta ahora, bien podrían revelársenos los siguientes.

Fragmento tomado del artículo "Buddhist Perspectives on Love Toward Self and Other",
que puedes leer completo en inglés, aquí.

Y una foto (claro):

Khandro y corazones

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