domingo, 10 de julio de 2016

p/u/e/r/ta/s


Hoy amanecí con ganas de escribir sobre puertas. Hay puertas por todos lados: adentro y afuera, arriba y abajo, en las casas, en los autos, en los muebles, en las calles, en el tiempo, en la memoria.

La Real Academia consigna 10 definiciones del término, 15 tipos de puertas y 34 expresiones donde aparece la palabra.

Es curioso que para describir algo tan común y corriente se necesiten tantas palabras. Así va la primera acepción: 1. f. Vano de forma regular abierto en una pared, una cerca, una verja, etc., desde el suelo hasta una altura conveniente para poder entrar y salir por él. Que es una forma sofisticada de plantear la tercera acepción: 3. Agujero o abertura que sirve para entrar y salir por él, como en las cuevas, vehículos, etc.

El caso es que no importa dónde estemos ni qué estemos haciendo: en casa, de vacaciones, trabajando, descansando, soñando, siempre habrá una puerta que abrir o dejar abierta o que cerrar o dejar cerrada (o entreabierta), según las circunstancias. Algunas las abre el viento. Otras las cierra, dando un portazo. O lo hace quien sale de nuestra habitación o de nuestra vida.

A veces las pasamos de largo y ni las notamos, la mayo parte del tiempo quizá. A veces las cerramos a sabiendas: buscando un espacio de intimidad o un lugar donde guarecernos durante un rato, sin interrupciones. O simplemente tenemos una que sirve para que la gata joven deje comer a la gata vieja en paz (sí, a la pequeña le toca pasarse un rato en el baño todos lo días).

Estas me las encontré caminando por las calles de Lisboa, bajando hacia la catedral. Me gustaron los colores, los techitos de teja que protegen la entrada. Volviendo a ver hoy la foto, descubro también esa jaula con un pájaro dentro. No alcanzo a distinguir si está vivo o si es un adorno. También distingo tres faroles, un pedazo de hidrante y la cajuela de un auto. Todo parte de un momento desaparecido hace tantísimo otros.



Y también toca aprender cuándo dejar de tocar una puerta, ni en la realidad ni en la imaginación y, como quien dice, a otra puerta, que esta no se abre
(1. expr. U. para despedir a alguiennegándose a conceder o a hacer lo que pide.) O simplemente darnos cuenta que esa puerta no lleva a ningún lado, como la pintada de azul en la imagen...

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