miércoles, 2 de noviembre de 2016

Día de Muertos 2


Ayer vinieron unos amigos a la casa. Nuestra ofrenda ya estaba puesta y una chica comentó que nunca había visto una como esa, que le gustaba. Y sí, todos los años cambia y aunque seguimos algunos lineamientos tradicionales (la sal, el agua, el espejo, las veladoras, las flores), Santiago y yo le vamos dando nuestro giro particular según en qué andemos en la vida cuando nos visitan los muertos.



Sin fotos este año, decidimos. Y yo le propuse que pusiéramos elementos más simbólicos de los seres queridos que ya no están y siguen estando, y de nosotros mismos, que seguimos estando y somos otros a cada momento. Y así se fue armando nuestro altar, incluyendo unas flores de papel que me regalaron unas alumnas, calaveritas de azúcar que otras hicieron en la escuela (incluyendo una de Trump), cempasúchiles y alhelíes, y recuerdos de su papá y de los míos, de mi tía Olga y de Dasha, de algunos que no murieron físicamente, pero se fueron como si lo hubieran hecho.




*



Y yo me sorprendí a mí misma, poniendo una figura que hace años encargamos Adrián y yo para celebrar nuestro aniversario de bodas. Una señora en Tlayacapan nos hizo unos novios de barro: Marcelino y Eloísa, como nos decíamos de cariño. En algún momento, la novia (o sea, yo) se rompió (no recuerdo en qué circunstancias). La pegamos, y le pedimos a la misma señora de Tlayacapan (cuyo nombre se me escapa) que nos hiciera otra novia. Al paso del tiempo, Adrián y yo nos separamos y el se quedó con la figura que lo representaba a él y "novia nueva". Yo me traje la mía.




Este año la puse en el altar, cerca de la muerte, para celebrar cómo ya no soy la que era y la que soy hoy, será otra mañana. Van quedándonos marcas, a veces cicatrices, de lo que hemos vivido, pero la muerte diaria nos hace cambiar y renovarnos a cada instante, en una suerte de ensayo para cuando llegue el acto final.

Y en mi corazón un lugar siempre especial para la presencia suave y amorosa de mi tía Olga, de quien conservo esta dama china de marfil que me acompaña siempre desde el librero de mi estudio.



Para cerrar la celebración de hoy, una reflexión de Aurora, la señora que me ayuda en la casa, que cuando vio la ofrenda, exclamó: "¡Qué bueno que les puso algo! Que si no se van muy tristes..."

2 comentarios:

  1. Me encantó y recordé cuantas cosas se han "muerto" en mi para dar lugar a la vida!! Te extraño

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por leer y comentar, Susi. Me alegro que te gustara. No estaría nada mal vernos para platicar...

      Eliminar