lunes, 13 de febrero de 2017

3


Ayer mi hijo se fue de casa por tercera vez. Y por tercera vez se me rompió el corazón. (Y las que faltan... si de esto nomás se trata la vida, de que se rompa y crezca el corazón.)

Y sé que es para bien. De él. Mío. De nuestra relación. Sé que es sano. Sé todo eso. Y me alegro. Y me duele.

Y sé que el dolor es pasajero, que es parte de la vida. Y que la vida sigue. Luminosa y oscura. Oscura y luminosa.

Y sé que son mis heridas viejas. Abandonos viejos, que nada tienen que ver con él. Pero igual se disparan. Y de nueva cuenta, los veo, los reconozco, los trabajo y los vuelvo a soltar.

La primera vez se fue a vivir a la Ciudad de México y así fue la despedida. No duró mucho. Volvió a casa después de un par de meses. La segunda se fue a Europa y fue tan fuerte que ni despedida escribí. Esta separación duró 10 meses. Eso sí, cuando regresó, fue una fiesta. Y ahora vino la tercera, más inesperada que las anteriores. Quizá más definitiva. Esta vez, me da a mí, también, la oportunidad de irme. De seguir mis propios sueños.

Y al vivir esta tercera vez, me acordé de cuando yo misma me fui de casa de mis padres, un poco más grande de lo que él es ahora. Yo me fui dos veces. En ambas me corrieron a la voz de "Eres una puta". Después de la primera, volví cuando me aseguraron que las cosas cambiarían. Que ya era una adulta. Que si avisaba dónde estaba no habría problema. Cuando avisé, como habíamos quedado, y me colgaron el mismo apelativo, me fui definitivamente. Volví solo como visita, intentando cerrar algunas cosas que habían quedado abierta. Quizá uno no acabe de irse por completo. Quizá siempre queden pendientes por cerrar. Pero igual la vida sigue y uno con ella.

Así son los procesos. A veces llevan tiempo. A veces llevan varios intentos.

Mis mejores deseos para ti, changuito, en este intento. Yo también intentaré seguir cerrando mis propios pendientes.

Cuenta conmigo siempre. Donde quiera que estemos. Como quiera que estemos.




Aquí nuestras sombras vespertinas, la tarde de la despedida, antes de una rápida ida al súper.


2 comentarios:

  1. Amiga te entiendo,lo comparto,lloro contigo,me recuerda mi dolor,y me alegra profundamente porque te estas Amando. Te abrazo muchisimo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y yo te abrazo de vuelta, Susy. Hagámoslo en persona pronto y mejor con café de por medio...

      Eliminar