domingo, 10 de junio de 2018

Zapote blanco


Cuando mi prima Mary Carmen vino a México hace casi dos años me visitó en Cuernavaca con sus hijas. Mientras platicábamos junto a la alberca del fondo, pegadita a la barranca, ella descubrió un árbol con frutos verdes, del otro lado de la barda. "¡Es un zapote blanco!", exclamó entusiasmada y las dos recordamos el mismo árbol en la huerta del rancho de mi tía Marisa (su abuela), a quien le encantaban sus frutos. En esa ocasión, los frutos aún no estaban maduros, así que yo me los comí cuando ellas ya se habían ido.

El zapote blanco no es un fruto fácil de conseguir, pues tiene la cáscara tan delgada que no aguanta el transporte. Así que solo se puede comer si se tiene acceso a algún árbol. Y aún así, hay gente que nos los consume. (No me explico cómo, pero en gustos se rompen géneros, como decía mi abuela Rosa.)



La pulpa es blanca, de ahí su nombre, y dulce, pero de sabor muy sutil. La cáscara tiene un gusto amargo, "como de lima", me decía hoy una alumna con quien compartí los zapotes de la cosecha de este año, que doña Anabel me regaló hace unos días. Y según lo que encontré en internet, la planta —en particular la corteza, las hojas y las semillas— tiene propiedades medicinales, entre las que se cuentan sus efectos hipnóticos, sedantes e hipotensores; además se usa como antirreumática y antidiarreica. Es una especie nativa de México y América Central, que se cultiva en otras regiones del mundo, tan lejanas como Nueva Zelanda o el sur de África.

 A mi hijo también le gustan y con el calor que hace hay que comérselos pronto antes de que se pasen. Recuerdo que mi tía, que cosechaba muchísimos, hacía un mousse licuándolos con leche condensada. Lo servía como postre exótico cuando tenía invitados a comer. También recuerdo que cuando la visitaba en esta época, siempre me regalaba zapotes para traerme a casa.

Hoy, comerlos me sabe a ella. Ojalá pudiera enviar alguno a Barcelona para que los pudiera disfrutar Mary Carmen.

3 comentarios:

  1. prima!!!! gracias por pensar en mi. Me hubiese encantado disfrutarlos contigo, pero este detalle tan hermoso me ha hecho sentir como si estuviera contigo en el rancho, comiéndonos un zapote blanco. UN beso enorme.

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    1. Qué bueno que te gustó, Mary. Espero que tengamos oportunidad de compartir alguno de este lado del mar u otra cosa de aquel lado. Un beso enorme de vuelta.

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  2. Comenta mi amiga Susana: "Gracias por haberme traído a mi abuela de quien aprendí el gusto por las frutas exóticas. Besos, amiga."

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