miércoles, 19 de noviembre de 2025

20 años no es nada





Yo hace 20 años (y 6 meses para mayor exactitud) que vivo en el departamento de La Arboleda que me regalaron mis tíos Mausy y Leni. Santiago vivió aquí de tiempo completo más de la mitad de ese periodo y aún hoy conserva su cuarto y lo considera un lugar seguro. Hoy es el aniversario luctuoso de Mausy, de quien me acuerdo especialmente y a quien le agradezco, como cada año, haber sido la artífice esencial para que este espacio nos haya acogido convirtiéndose en nuestro hogar.

Además del propio depa, están las áreas comunes: 2 albercas, algunos trozos verdes y el enorme estacionamiento donde camino casi cada mañana, y alguna tarde, con mi camarita rosa en mano. A veces pienso que ya no tendré nada más que fotografiar, después de todo este tiempo, pero siempre hay algo, incluso si es "lo mismo" de ayer o hace 2 días, porque nunca nada es "lo mismo". Todo es fresco y nuevo cada vez que lo miras. 

Como estos últimos días, por ejemplo, en que me he encontrado:  una mariposa estampada en café, beige y anaranjado; unas flores de trébol lilas, en una maceta de doña Pina; una flor de trébol amarilla en una maceta de mi balcón; un precoz balcón navideño; la sombra del Buda junto a la jirafa que hizo Yare con sus manos; una cochinilla en una de las bardas que da al súper; una balda de mi estudio llena de plantas enlatadas; unos colibrís y su sombra en el balcón de otra vecina; unas fresas y unas flores de fresas en el balcón contiguo a este; un pétalo descolorido de bugambilia encendido por el sol; mi sombra en el agua de la alberca del fondo; una flor morada y otra blanca en el balcón de doña Pina; un insecto hoja y su sombra sobre la pared de uno de los edificios; un pinzón mexicano trepado donde pasa la manguera para recargar los tanques estacionarios de gas; un capullo (de una rosa naranja jaspeada) "lozano y prometedor" como comentó Joana en FB; unos botones de flores de aguacate; el centro de una flor blanca enorme abriendo apenas (también de doña Pina); un árbol en un charco salpicado de bugambilias color bugambilia; una esfera de deseos por cumplirse...






















Y me podría seguir. A cada paso que doy, con cada encuentro, cada imagen y cada palabra sobre este lugar le vuelvo a dar las gracias a Mausy por su amor, su regalo, su protección al insistir que el depa estuviera a mi nombre y su presencia, aunque demasiado breve, en mi vida.

Ojalá estés en el camino hacia la felicidad duradera y la ausencia de sufrimiento, Mausy querida...

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