Yo le sigo diciendo "de efe", porque es allí donde yo nací: en el DF, en el defectuoso, en el Distrito Federal o México DF. Ciudad de México, o peor CDMX, no me dice nada. Me resulta ajeno, como de alguien más. También me puedo referir a la megalópolis meramente como "México", pero hoy hay a quien eso le resulta confuso.
En fin, que el pasado fin de semana me fui de "vacaciones" al DF. Estuve de visita con mi amiga más antigua (como dice ella y es cierto, desde los primeros años de la primaria; antes decía "la más vieja" pero hemos rectificado): Pilar (Pili pa los cuates), quien se encargó de organizarnos unos días de actividades típicas capitalinas: cine (no se pierdan Cocodrilos, que llega a la Cineteca Nacional el 25 de septiembre), teatro, museo, comidas, exposición de joyería (ámbar chiapaneco y un joyero audaz y carismático) y exposición (maravillosa) de cerámica/escultura de Elena Somonte, comadre de Pilar. También hubo comida india (buenísima), continentales y reencuentro con otras amigas. ¿Qué más se puede pedir?
El domingo nos lanzamos a La Lagunilla, primera vez para mí. Caminar por los puestos del famoso mercado (supongo que parecido al Rastro madrileño que la pandemia me impidió conocer) fue como volver al mundo de mis papás, sobre todo el de él: antigüedades, muebles, adornos, que podrían haber sido suyos. Me pregunto por qué mi papá, con su pasión por el centro de la ciudad y los objetos antiguos y el arte y la ropa nunca me llevó a La Lagunilla. Sería un escenario de su otra vida, quizás.
Me hubiera comprado una pareja de elefantes pequeños, de cerámica brillante con un diseño sencillo (¿minimalista?) y curvo en rojo y blanco y blanco y rojo. De los 70, dijo la dueña del puesto. Como de película vieja de Jane Fonda de joven.
| el reloj de Bucareli (regalo del último emperador chino, Puyi, con motivo del primer centenario de nuestra independencia) |
Andar por el DF siempre tiene para mí un sabor a viaje en el tiempo. Hace 30 años que no vivo allá y tengo más recuerdos que otra cosa. Cuando voy ahora, se me queda un pie en el pasado y aunque lo disfruto, no volvería a vivir allá. Ya no sabría cómo.
El último día fue de andar por el centro hasta llegar a la Academia de San Carlos, al lado de Palacio Nacional (para la expo Temporal de Elena). Como otra vida. Como otro mundo: lleno de gente y con la posibilidad de comprar algo a cada paso, muchas veces en la calle misma (desde jengibre fresco de tamaño espectacular, hasta calcetines, 3 encendedores por el precio de 1 o frascos gigantes de crema Teatrical, de la rosa, con olor a mi tía Olga y a la abuela de Pilar).
Me acuerdo que cuando estudiábamos en La Moderna, habrá sido en la secundaria, nos dejaron hacer un trabajo sobre el primer cuadro de la ciudad y su arquitectura y su historia. Fue mi papá quien nos llevó a mí y a mi equipo, cuyos integrantes ya no recuerdo, a hacer el recorrido y a sacar fotos de las de antes, con cámara y rollo que luego había que esperar a revelar. Hoy uso una cámara digital, cuyo contenido tengo que pasar a la compu antes de poder compartir. Mi vocación vintage. Qué se le va a hacer.
Mi amigo Carlos Candiani comentó en FB: "Muy bonito texto, como siempre. Me parece muy interesante la transición del nombre D. F. al nombre de hoy. Sobre esto tengo un apunte muy personal. Hay muchos Distritos Federales en el mundo. Yo siempre sentí algo de “impersonal” en esa denominación. Buenos Aires era un Distrito Federal, pero en el 94 dejó de ser manejada por la presidencia y se convirtió la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con Ciudad de México dejamos atrás una época en la que no había elecciones en la ciudad, tampoco Constitución. Me encanta la canción de Chava Flores y su Distrito Federal, eso ya quedó inmortalizado, pero también me gusta mucho Ciudad de México y CDMX, porque me recuerda que está ciudad volvió a nacer, una vez más."
ResponderBorrarMe hizo muy feliz y yo le respondí: "Gracias por leerme y por comentar, querido Carlos, completando así el circuito de comunicación más allá del blog. Me encanta tu apunte personal y tu reflexión sobre el nombre de nuestra ciudad capital y su renacimiento. A mí, como a ti, el nombre actual me gusta, pero lo que me sucede es que cuando me refiero a ese espacio, naturalmente (o sea, sin pensarlo) le digo DF pues así me acogió durante 30 años más o menos".
BorrarY él volvió a contestar: "Claro. Y muchísimo tiempo, wow. Siempre estará contigo esta ciudad, de una u otra forma. Espero que también esté siempre conmigo, porque la adoro. Un abrazo muy grande".
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