jueves, 10 de septiembre de 2026

la feria 7.......




Hace dos días fue el mero día de la Feria de Tlaltenango, el día que se celebra el nacimiento de la Virgen María. Escuché más pitidos de agentes y muchos cohetes mientras atendía en línea a una paciente que vive en Cholula. No fui a la feria, pero cumplí el domingo pasado.

Fuimos tarde, nos agarró la noche, a Santiago, a Yare y a mí (se suponía que iba más banda que, al final, canceló) y nos tocó una feria a tope de gente. En muchos tramos hubo que caminar como trenecitos para no perdernos y casi haciendo pasos de gallo-gallina, mientras Yare se iba fijando en los ojos de la gente y señalándonos lo bonitos que eran algunos. Yo tenía mi concentración puesta en no dar un mal paso y caer o tropezarme. Qué susto cuando vi a un hombre con un palo largo de madera terminado en una filada punta, lo que había quedado de una banderilla que se comió. Me pareció peligrosísimo: entre empujones y tal podría haberse sacado un ojo o el de alguien más. Ojalá no.

Entramos a la feria más o menos por en medio, quizás un poco más hacia arriba, a la altura de una calle cercana donde dejamos el coche. Bajamos hasta abajo (valga la redundancia, porque la feria es redundante), o sea, pasando la oficina de Telmex. Pasamos por el puesto de cosas chiapanecas, donde vimos unos pies jugando abajo de una de las mesas con blusas y huipiles preciosos. No me iba a llevar nada, pero vi un pantalón de esos que cuando era yo joven calificábamos con el genérico "guatemaltecos" y tuve que compararlo. 

Después de los juegos mecánicos, que solo a Yare le gustan y a mí me hacen las piernas de espagueti aunque solo los vea desde tierra firme, encontramos el mejor puesto: unos chicos artistas pertenecientes a una cooperativa vendían grabados, playeras estampadas, estíquers (las calcomanías de antaño) con sus propias obras. Yo creo que hicieron su agosto (o su septiembre) con Santiago y conmigo que compramos regalos para fechas venideras y un poco más (como una playera hermosa que combinaba de maravilla con el pantalón). 

Seguimos bajando para buscar a la chica que hace juguetes tejidos y a su tío, que hace velas. Ella no estaba, aunque sus creaciones, sí. Él cuidaba ambos puestos y yo me hice de una colección de velas para la ofrenda próxima (en forma de cempasúchil, de pan de muerto y de cactus). Y para entonces ya casi se me había acabado el dinero y eso que no había comprado lo único en mi lista: un pocillo de peltre para calentar agua para té.

Así que emprendimos la subida, más en modo tren que la bajada, y pensé que no llegaría. Y entonces ya estábamos en el puesto de la pareja de Cuetzalan, quienes nos saludaron con sonrisas y apretones de mano. Platicamos. Vimos sus cosas. Me compré unos aretes que parecen una lluvia de florecitas rosas (la cereza del pastel para el atuendo de pantalones azul-verdes y playera rosa con estampado en sepia). Los hizo una de las hijos de los señores con chaquira calibrada. No podía irme sin comprarles algo, aunque me quedé con las ganas de una blusa de manta, con una cenefa bordada en verde y negro en el cuello redondo. Siempre me quedo con ganas de algo en la feria. Es su naturaleza, como la de la vida y la de esta mente confundida.

Y aún seguimos subiendo. Ya estamos aquí, busquemos el pocillo, insistió Santiago, a pesar de su cansancio y engentamiento. Lo conseguimos: blanco con borde azul oscuro y flores, no el típico azul más claro, pero bonito (y funcional). Y seguimos subiendo (ya faltaba nada para llegar hasta arriba) en pos de las maravillosas ciruelas morelenses, de hueso enorme y poca pero deliciosa pulpa amarilla casi ocre. Las conseguimos y luego fuimos aún por unos tamalitos de elote para la cena. Buenísimos.

Hoy ya estarán desmontando la feria y a punto de reabrir Avenida Zapata. Es cierto que interrumpe el tráfico y hace un poco de caos, pero es maravillosa. Ojalá no se la lleven nunca a un "recinto ferial" porque la calle es su mundo. Y total 10 días se pasan como un suspiro y a mí me dejan una nostalgia donde el otoño ya se está instalando...




viernes, 4 de septiembre de 2026

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo


El signo supremo de logro es la disminución continua de nuestros deseos y necesidades. Así que cuando estamos interminablemente insatisfechos, siempre queriendo algo más, si solo tuviera esto, si solo las cosas sucedieran de esta manera, entonces todo estaría bien. Cuando esto empieza a tranquilizarse y reconocemos, de hecho, justo en este momento tengo todo lo que necesito. Tengo todo. ¿Qué más? Entonces eso es un signo de que algo adentro de nosotros está empezando a abrirse. Realmente, el mantra budista no es OM MANI PADME HUM. El mantra budista es suelta. Suelta. Suelta. Externo, interno, secreto. Suelta. Es nuestra mente de aferramiento lo que es el problema. El Buda dijo que la fuente de nuestra insatisfacción, nuestro desasosiego, nuestro dukkha, es la mente de aferramiento. Eso no puede enfatizarse lo suficiente.  

efímera en Chimal

Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

jueves, 3 de septiembre de 2026

otoño 12


En Cuernavaca, creo que lo he dicho antes, el otoño llega con la Feria de Tlaltenango.

El sol lo sabe y se suaviza. Se esconde, de pronto, tras las nubes y coquetea. El viento lo sabe y se refresca. Se cuela por las rendijas cuando no me doy cuenta. Me hace estremecerme en la madrugada cuando entra por la ventana entreabierta.

Y la lluvia. Parece que a la lluvia le llega la total licencia de lanzarse con todo lo que tiene, que este año, en Cuernavaca, no ha sido mucho. La verdad. Pero es ponerse los puesteros sobre Avenida Zapata y empezar a diluviar, sobre todo de noche. 

Ya me decía Juana que septiembre es el mes que más llueve.

Lo que echo en falta mucho este año es el sonido de los pitidos de los agentes de tránsito. Por una extraña razón me daban sensación de seguridad al cambiar la estación y empezar el mes patrio. Hoy en la mañana, me pareció distinguir algunos muy lejos, pero sobre todo resuena su ausencia y una parte de mí se pregunta si la feria sí habrá empezado. Me pregunto también cómo se estará organizando la vialidad, siempre caótica en los días de feria. Ahí están los claxonazos como prueba. Esos sí se oyen.

Y yo he empezado a nadar muy de mañana (entre 7:30 y 8:30) a instancias de Santiago. Con suerte y así las gripas otoñales se espantan y yo me sigo sintiendo bien.

Me encontré en mi balcón esta flor de hoya que me pareció una metáfora de la llegada del otoño: la flor ya grisecita como símbolo del mundo que empezará a dormirse un poco, como Perséfone de regreso al inframundo, y sus hermanas rosas aun resplandecientes, restos del verano. Y aunque en mi latitud los cambios no son tan profundos, igual impactan en su sutileza.



Y, ¿por qué no?, unos pedacitos más del inicio de septiembre: un rompecabezas recién terminado, mi gata en el sol de la tarde y la luz en la ventana de la sala frente a mi mesa de trabajo, que es también la mesa del comedor:









martes, 1 de septiembre de 2026

Invitado: Chagdud Tulku Rinpoché


No agobies a otros con tus expectativas


Entender sus limitaciones puede inspirar compasión en lugar de desencanto, asegurando relaciones beneficiosas y trabajables. Recuerda que solo cuentan con poco tiempo juntos. Agradece cada día que compartan. 

Siempre reconoce las cualidades parecidas a un sueño de la vida y reduce el apego y la aversión. Cultiva una disposición gentil y amable hacia todos los seres. Sé amoroso y compasivo sin importar lo que los demás te hagan. Lo que hagan no importará tanto cuando lo veas como un sueño. El truco es tener una intención positiva durante el sueño. Este es el punto esencial. Esta es la verdadera espiritualidad. 

No tengo alas, pero aun así vuelo en el cielo;
No tengo poderes mágicos, sin embargo, como la magia
Viajo a lo largo de los reinos de despliegue ilusorio,
aquí y allá, en nueve direcciones,
explorando las conexiones de mi karma.


cielo chimaleño

Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.