Pasó el día de tu cumpleaños (el mismo de mi hijo, difícil de olvidar) y no te felicité . Fue una decisión consciente. No tenía caso reabrir nada, aunque tú estés convencida de lo contrario. Te pensé y te mandé aspiraciones de las buenas, aunque tú no lo sepas. Como dices, tú fuiste el objeto de muchas emociones, de las buenas y de las malas, no la fuente. Y para mí lo único que hace sentido hoy, para seguir trabajando en el camino (como me lo sugeriste tantas veces), es soltar ese objeto (soltarte que no es lo mismo que sacarte de mi vida) y centrarme en lo que a mí me pasa adentro, en pos de mi verdadera naturaleza.
Tristemente tu compañía dejó de ser un apoyo en este camino y tampoco puedo ya ofrecerte yo la mía. Se nos perdió la resonancia.
¿Por qué?, te preguntarás (o no). Tu decisión consciente de no mirar hacia adentro, sino invertir tu energía en juzgarme, analizarme, decirme qué hacer, interfiere con una relación genuina. Las palabras no importan llegaste a decir en tu último mensaje de correo (que de alguna manera, a mi manera, te contesto aquí). Eso equivale a contravenir una instrucción clave de Guru Rinpoché, citada en numerosas ocasiones por nuestro propio maestro vajra:
Though my view is as spacious as the sky, my actions and respect for cause and effect are as fine as grains of flour / Aunque mi visión sea tan espaciosa como el cielo, mis acciones y respeto por la causa y el efecto son tan finos como granos de harina
En otras palabras, no se vale descartar nuestras palabras ni nuestras acciones con la justificación de que todo es vacío y entonces no importa lo que digamos y hagamos: principio básico del budismo en todos los vehículos. Quizás sea tu forma de defenderte de tu propio dolor, de tus propias kleshas, de todo aquello que has proyectado en mí sin darte cuenta.
Lo siento, pero es justo eso lo que no quiero ni puedo sostener.
Me pregunto si habrá algo de salvadurismo blanco en tu actitud, en tu hacer tonglen por mí, en tu falta total de conciencia de ti misma, en tu incapacidad para mostrarte vulnerable y ver para adentro. Quizás. Ojalá lo puedas ver y trascender algún día. No hace falta que te lamentes por mi dolor (ese que tú imaginas que tengo) ni por ninguna de mis experiencias: juzgarlas no te hace entenderlas en absoluto. Taking the high ground, tampoco.
Getting over a little hurt, dices sin abrir la puerta ni un ápice para saber qué pasa más allá de tu propia nariz. Pero si hace años decidí no confrontar a mi mamá cuando ella decidió quitarme el departamentito que ella y mi papá me había regalado, menos me voy a poner a discutir contigo, intentando inútilmente dialogar con alguien que ha decidido no escuchar. Mejor opto por trabajar con mi propia mente y te agradezco la oportunidad para hacerlo.
Tu irresponsabilidad emocional es tu responsabilidad.
Y me doy cuenta, sí, que aún hay enojo y molestia de mi lado. Mejor que ansiedad y angustia, sin duda. Y todo, parte del camino. Para seguir andándolo necesito recuperar mi agencia y escribir estas palabras es parte del proceso. Aunque nunca las leas.
Recuerdo que durante los primeros meses de nuestra relación, cuando fuimos tan felices reuniéndonos a practicar y platicar todos los martes por la mañana, te compartí un sueño que había tenido contigo y en el cual nos habíamos enfrentado a un conflicto. "¿Entre nosotras?", preguntaste asustada. "Noooo", te contesté, nosotras estábamos intentando resolver la situación juntas. ¿Habrás tenido acaso una premonición de lo que vendría después? ¿Habrás vivido momentos similares antes con otras personas? Me pregunto, pero ya no le doy vueltas.
Hablar distintos idiomas no es para mí que yo me enfoque en el sufrimiento y tú en la iluminación, según tu explicación. Pareces olvidar que samsara y nirvana son los dos lados de la misma moneda y no se resuelve el primero ignorándolo y centrándonos en el segundo. De hecho, es imposible hacerlo así, pues solo se logra perpetuar la separación de la que surgen la confusión, la ignorancia y ese sufrimiento al que tanto le temes.
Hablar distintos idiomas es para mí el resultado de dejar de escuchar a la otra persona e interpretar lo que lo que dice exclusivamente desde nuestra perspectiva. No hay ya posibilidad de comunicación. ¿Para qué desgastarse entonces?
Nunca se trató de que no me gustaran tus respuestas y de que, por ende, no quisiera dialogar al respecto. Mi vivencia fue sentir que me dejabas de escuchar y de ver y, desde ahí, ¿cómo podría dialogar? Ojalá hubiera podido explicártelo. Ojalá lo hubieras entendido. Pero como dice mi hijo: "El hubiera no existe".
¿Cómo vas a remover los oscurecimientos que nublan tu verdadera naturaleza si no los puedes ver, si no quieres verlos?
Tristemente, no te puedo ayudar. O quizás sí, dejando de interferir. Distanciándome sabia y hábilmente, como sugirió nuestra maestro que hiciéramos cuando una situación solo estaba causando daño.
Te deseo, pues, que encuentres la felicidad trascendente y trasciendas el sufrimiento.
Las rosas estos días ya se han secado.
Y conservan trazas de una belleza que también pasará.
Ponerle nombre a lo que sientes ayuda al camino de atravesar el duelo y quitarle poder al dolor. Te abrazo. Susy
ResponderBorrarAsí es, Susy. Te abrazo de vuelta 🥀
Borrar